sábado, 19 de marzo de 2011

RAYMOND CARVER, PRINCIPIANTES: LA FUERZA DE LOS SENTIMIENTOS


Intentar buscar las diferencias entre este libro de relatos que lleva por título Principiantes (versión tal y como la escribió Carver) y el su ya famosísimo De qué hablmos cuando hablamos de amor (versión revisada y recortada por su editor Gordon Lish) es tratar de buscar las diferencias en las viñetas de los dibujos de los periódicos e intentar acertar y ganar el juego. Pero ese camino es el equivocado, porque si bien, las diferencias entre uno y otro libro son más que notables (no hace falta más que acudir a las web que nos muestran las mutilaciones de Lish) también es minimizar la obra del gran Raymond Carver.

En De qué hablamos cuando hablamos de amor tenemos al Carver sutil, duro, cortante y frío que nos deja con los sentimientos a flor de piel y trastornados, pero con Principiantes tenemos al Carver más auténtico y profundo que también busca en el lado humano de sus personajes y en el que también están presentes las digresiones que cualquiera tiene a la hora de expresar para sí un sentimiento íntimo o cuando contempla un bello paisaje. Digresiones que contribuyen a dotar de una gran carga de suspense a sus relatos, y que tienen la virtud de hacerlos más reales y cercanos, donde la fuerza de los sentimientos está en todo su esplendor sin por ello rebajar un ápice la magnitud literaria de sus historias, que si cabe poner una pega, habría que hacérsela a los tres relatos más cortos dentro del conjunto, pues son apenas unos retazos de su genialidad que quizá no llegan a cumplir con las reglas estrictas del estilo y la forma de su gran obra.
Gracias a Tess Gallagher (su última pareja y gran amor) hemos podido descubrir al auténtico Raymond Carver, y al escritor en su esencia, que al igual que cualquier otra persona, tenía sentimientos y dudas a la hora de proyectar su obra, lo que no hace sino engrandecerle a él y a su leyenda. La tenacidad de Tess a la hora de salvaguardar la obra de Carver nos ha permitido conocer doblemente su obra, y para nada disminuirla, a pesar de lo paradójico del caso y de las grandes polémicas y sorpresas que han causado esta última edición de Principiantes, que necesitarán del paso del tiempo para poner a cada versión en su sitio y a la obra del autor en su justo puesto, pero que no debería de ser otro que entre los grandes.

La fuerza de los sentimientos a la que alude el título de esta reseña, viene plasmada de una forma portentosa en el relato que lleva por título ¿Dónde esta todo el Mundo? cuando el personaje femenino le dice al alter ego de Carver que: "cuando estaba embarazada de Mike me llevabas al cuarto de baño porque no podía ni levantarme de la cama de lo preñada que estaba. Me llevabas tú. Nadie volverá a hacer eso nunca, nadie podrá amarme de esa forma, tanto. Teníamos eso, pasara lo que pasara. Nos amábamos el uno al otro como nadie podrá amarnos ni volverá a amarnos nunca". Un párrafo en el que cabe el amor, la pérdida y la añoranza de los buenos tiempos, una corta declaración que contiene una gran carga de humanidad y trascendencia que no le hace perder al relato nada de fuerza, sino más bien todo lo contrario, por lo que no cabe decir que este Principiantes sea una colección de relatos devaluados.
Pero el gran estilista que era Raymond Carver no para aquí, y por ejemplo, en el relato titulado Dummy fuerza el estilo narrativo al darnos en las primeras líneas la información que debería estar situada al final del mismo, para luego construirnos la vida del personaje y las circunstancias que le han llevado hasta su trágica muerte de una forma magistral a través de la voz de un chico joven, y que en esta ocasión nos ha recordado a su venerado Chéjov. O en el cuento titulado La Distancia con un final en falso, y cuyo párrafo final, se convierte en el resumen de toda una existencia, donde ese breve espacio contiene por sí mismo la virtud de contarnos la vida futura de sus personajes, con una expresión de la felicidad presente y el fracaso futuro con unas dosis de melancolía sencillamente sublimes.
Pero como para el final siempre se reserva lo mejor, en este caso lo mejor es su celebérrimo relato Principiantes, donde de una forma coral, sus personajes van hablando del amor ("en el amor no somos más que unos completos principiantes"), y en el que Carver de una forma muy sutil nos va llevando hacia donde él quiere, con digresiones magníficamente resueltas, y que sirven para introducir esa incertidumbre necesaria en las historias cortas, hasta acercarnos a los verdaderos sentimientos de los protagonistas y a la verdadera historia que en el relato se quiere contar, con un final sorprendente que te da un vuelco al corazón, como este magistral Principiantes.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel

1 comentario:

Zeuxis Vargas dijo...

gracias, me gustó mucho la entrada y la forma como exploras la estética de Carver