Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

miércoles, 21 de enero de 2009

PARA LEVANTARSE ANTES HAY QUE CAER



A lo largo de mi vida, tengo la sensación que cada vez que consigo algo, ese objetivo, meta o anhelo siempre llega a destiempo, como demasiado tarde. Parece un capricho del destino, pero cuando las cosas dejan de tener importancia y las doy una cierta distancia, ellas vuelven hacia mí sin yo pedírselo. Mi experiencia vital en el año 2008 no fue ni tan siquiera neutral porque no se cumplieron ni uno de todos los objetivos planteados al principio del año. No obstante, y una vez que me he ido alejando de ellos, y de ese estrés nervioso que envuelve nuestras vidas en la época de la historia que nos ha tocado vivir, me ha permitido pararme a observar esas otras cosas cercanas, nada majestuosas que están a nuestro lado y que nunca, en general, somos capaces de apreciar o de dar el valor que tienen. Me estoy refiriendo al valor de las pequeñas cosas, a una sonrisa, a una caricia, o en definitiva, a la cercanía de las personas que nos quieren, a su fidelidad a veces silenciosa y otras llenas de plenitud, que nos hacen levantarnos una y otra vez después de cada caída. Por eso, desde aquí las quiero dar mil gracias (imagino que cada uno de nosotros tenemos tan siquiera una persona de la que acordarnos) porque ellas son las artífices de un mínimo de bienestar en nuestras vidas.

Por otro lado, y aprovechando que estos días nos inundan los carteles con la gesta y la nueva era que se abre por la toma de posesión de Barak Obama, yo desde aquí también quiero plantear un "Sí, nosotros podemos", pero yo quiero hacerlo desde la íntima soledad del ser humano que cada mañana cuando se levanta y se mira ante espejo, piensa que merece la pena vivir ese nuevo día.

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