lunes, 19 de enero de 2026

STEFAN ZWEIG, MIEDO: EL PRECIO DE LA LIBERTAD


 

Ahora que la lucha por la libertad conlleva en muchos casos perder la vida, no resulta baladí acudir a este principio para valorar aquello que tenemos, más si cabe, cuando nuestra existencia pende de un fino hilo, por más que no seamos conscientes de ello. La rutina, la falta de nuevas expectativas, o el aburrimiento, nos sumergen en las aguas tranquilas de un aburguesamiento oscuro hasta que, de repente, la llama de la pasión se enciende y nos conduce a terrenos peligrosos sin la más mínima precaución. Ese estado de beatitud pasajera es el que juega con la parte invisible que nos trastorna y nos posee e, incluso a veces, nos alienta: la otra vida. Esa que nos anuncia que nos puede llevar a muchos destinos. De ese ímpetu inesperado que nos transforma y también nos lleva al abismo parte en esta ocasión Stefan Zweig para, una vez más, mostrarnos esa parte del alma humana que demasiadas veces olvidamos: la íntima necesidad de dar rienda suelta a nuestros sueños. Esta nouvelle escrita a principios del siglo XX es, sin duda, una nueva manifestación de que la esencia del ser humano permanece invariable a lo largo de los tiempos, porque su actualidad es tan significativa que produce miedo. Así, Miedo es una crítica a esa sociedad alejada de la realidad; una sociedad aislada en sí misma como un cofre cerrado. De ese enclaustramiento sale Irene Wagner, la protagonista de esta historia en aras de hallar el deseo fortuito que permanecía dormido tras una vida cómoda y sin deberes. Vida ociosa y burguesa llena de teatros, bailes y cafés en la ciudad de Viena. Un escenario que Zweig conoce muy bien y retrata con gran habilidad y maestría psicológica, porque lo importante en este caso no es el riesgo de saltarse las reglas que marca la sociedad para disfrutar de una aparente pero falsa libertad, sino las múltiples sensaciones y el proceso de autodestrucción que va experimentando la protagonista que va, desde el pánico a la lucidez, pasando por situaciones intermedias de desasosiego y desamparo ante la más que probable asunción de la verdad. 

Stefan Zweig indaga en esta obra acerca de la expiación de la culpa y, por ello, nos plantea si es justo poner a prueba una pasión frente a la posibilidad de que esta salga a la luz a través del chantaje. Porque ese es otro de los dilemas que se nos presenta: ¿merece la pena dar rienda suelta a nuestra libertad en perjuicio de la familia? De ahí, nacen una serie de interrogantes y, sobre todo, experiencias que sacan del letargo a la dulce y bella dama protagonista de esta historia. Unos y otras la llevan a transitar por sendas desconocidas hasta ese momento en su vida. Ese camino de vuelta de una libertad, fugaz, le lleva consigo a Irene Wagner a tener que asumir un precio a pagar por sus deslices extramatrimoniales sin conocer que lo más importante no va a ser que su marido descubra la verdad y, con ello, la pérdida de su status quo, sino verse perdida en sí misma sin llegar a saber si será capaz de encontrar la valentía suficiente para afrontar su nueva realidad. Es en esta dura diatriba de falsas pasiones y nuevos dilemas a través de los que Zweig jugará con sus lectores para plantearles interrogantes no esperados y posiciones en apariencia inverosímiles que acabarán en un final sorprendente digno de un gran novelista. 

Ángel Silvelo Gabriel.

jueves, 8 de enero de 2026

CAITLIN MORAN, CÓMO SE HACE UNA CHICA: LA LITERATURA COMO SALVACIÓN


 

Hay muchas formas de llegar a ser ese otro que no se parezca a la persona que nos concibieron nuestros progenitores, una de ellas, sin duda, es la de crearnos una nueva imagen y personalidad en la que volcar aquello que queremos ser, o en lo que deseamos convertirnos. El único peligro que tiene esta posibilidad de ser ese otro es la de cansarnos de crear una y otra vez a esa otra persona que no somos con el fin de gustar a los demás, o también, la de dar a luz un monstruo que con el paso del tiempo se nos rebela contra nosotros mismos. Un monstruo imposible de parar porque quiere destruirnos. Esos caminos de expiación y salvación son los que recorre Johanna Morrigan cuando se convierte en Dolly Wilde. Una chica ingenua, fresca y atrevida que nos narra su vida durante cinco años. Una experiencia vital que arranca en 1990 y recorre la distancia temporal de una adolescente entre los catorce y los diecinueve años. Cinco espacios de tiempo que nos permiten ver y sentir la influencia que las lecturas que aborda la protagonista tienen en su vida y, sobre todo, en su visión de heroína en un universo tan machista como es el de la crítica musical (en este caso británica). Una visión que, aparte de atrevida, la distancia de las mujeres que intentaron ser como ella en el siglo XIX, o incluso más cercanas en el siglo XX. La ingenuidad, la frescura y el atrevimiento de Caitlin Moran a la hora de crear a su protagonista nos hacen trepar por los múltiples vericuetos de una joven Johanna atrapada en una familia sin recursos en una pequeña ciudad como es Wolverhampton. La desidia, la derrota y la miseria que la rodean, ella las combate con el ímpetu de la búsqueda de su propio placer mientras duerme al lado de uno de sus hermanos pequeños y, sobre todo, a través de la música, donde la autora inglesa despliega un sinfín de grupos y estilos que, junto a las películas, actores y series de televisión convierten a esta novela en un auténtico pergamino histórico de su época, por lo testimonial y amplio que es. Esa diversidad, convierten a Cómo se hace una chica en una cristalina y divertida muestra de escritura pop con grandes destellos irónicos, sarcásticos y un torbellino de palabras, imágenes e ideas a modo de collage universal. 

Cómo se hace una chica va más allá del consabido manifiesto feminista de una joven que se hace a sí misma y se proyecta al mundo a través de una literatura de salvación y sanación, pues en ambas, se sintetiza el alma de un espíritu rebelde que necesita ponerse a prueba y buscarse a sí misma, incluso cuando visualiza a Londres como meta de su anhelado éxito. En este sentido, cabe decir que todos tenemos esa idea final de la culminación de nuestros sueños, pero Moran lo hace muy bien dotando a Johanna de una ingenuidad, una frescura y un atrevimiento únicos, por sencillos y reales. Y lo consigue con una prosa ágil y conscientemente descuidada que se acerca muy bien al carácter confesional que tiene el libro, aunque su autora nos advierta al inicio del mismo que es pura ficción. Lo que nos demuestra que en muchas ocasiones realidad y ficción van de la mano por mucho que nos cueste reconocerlo. El único pero que cabría ponerle a la novela sería su extensión, porque la parte final de la misma por muy ilustrativa que sea sobre las experiencias sexuales y sentimentales de la protagonista pierden la frescura del inicio, aunque no resulten un lastre en el resultado final de la obra, sino más bien, una ralentización del dinamismo inicial y la frescura de un personaje entrañable, por lo real y combativo que es. Una Johanna que no desfallece a la hora de buscar su sueño. Un sueño en clave literaria donde salvación y sanción van de la mano. 

Ángel Silvelo Gabriel.