viernes, 13 de junio de 2014

FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2014: DESCUBRIENDO A LOS VERDADEROS HÉROES DE LA LITERATURA


Qué fácil es hacerse una foto al lado del escritor de éxito que genera largas y tediosas colas en los laterales de la caseta donde firma, para después, encima, colgarlas en las redes sociales cual trofeo propio, siendo este muy ajeno. Sin embargo, cualquiera que escriba desde la esperanza de que otra literatura es posible, sabrá que la esencia de este oficio está al otro lado; justo el que se sitúa más allá de la línea del horizonte que dibujan las mismas novelas caseta tras caseta en una anodina Feria del Libro. La originalidad brilla por su ausencia, una vez más, en esta Feria del Libro de Madrid 2014, y lo dice uno que, en su modestia, siempre la recordará hasta el día que se muera por tener el privilegio y ser la primera vez, y quizá la última, de verse del otro lado de la caseta firmando ejemplares de su nueva novela (la deseada y la soñada a cada minuto, a cada párrafo y a cada línea, durante los últimos seis años de mi vida literaria). Pero no nos engañemos con falsas deidades, porque la realidad es otra, y se halla mucho más lejos de la sombra del éxito personal de cada uno, por eso, hoy aquí, y públicamente, me gustaría rendir mi más sincero homenaje a los verdaderos héroes de la literatura en la sociedad del siglo XXI; una sociedad marchita y condenada a la animosidad efímera de las redes sociales, y que además, a estas horas pastorea sus sueños delante de un televisor con veintidós incultos dando patadas a un balón, y encima, en un país roto por la falta de bienestar, la pobreza y la violencia. Sí, hoy más que nunca deberíamos enarbolar una bandera que llevara inscritas en letras bien grandes esta proclama: LA NECESIDAD DEL HÉROE EN LA LITERATURA. Sí, a día de hoy, hay muchos héroes en el ámbito de los libros, por ejemplo, los libreros que no cierran porque siguen soñando que algún día alcanzarán la cifra de ventas que les permita seguir en este maltrecho negocio sin miedo. Los pequeños editores que sueñan con dar en el clavo con alguno de sus autores para poder continuar repartiendo sueños con el resto, y sobre todo, los escritores anónimos, esos que no se reparten royalties, pero que escriben cada día como si les fuera la vida en ello. Baste recordar que John Keats murió joven, pobre y olvidado, o que Fernando Pessoa solo vio publicado un poemario en su vida, pero dejó cerca de dos mil manuscritos mal ordenados en un baúl que todavía siguen viendo la luz como estrellas fugaces que desde el cielo nos mandan una señal: la de la verdadera literatura.
 

Hoy, he compartido, aunque de una forma breve, la intrahistoria de cuatro héroes: Anamaría Trillo, Ana Belén Rodríguez Patiño, Miguel Hernández García (que ha llegado a Madrid desde Salamanca, para regresar más tarde a su ciudad de residencia para cumplir con su trabajo mañana a primera hora) y Ángel Berrocal que, como los que más, han cumplido con uno de los sueños que todo escritor (por muy anónimo que este sea) tiene dentro de su alma: firmar en la Feria del Libro de Madrid. Yo solo puedo decir que: ¡señor@s, sueño cumplido, y con nota! Los ejemplares firmados de esta Nueva carta sobre el comercio de los libros, como el mío, lucirán igual de brillantes en nuestra estanterías, pues en su modestia, pulcritud y sobresaliente edición, encierran grandes apocalipsis, tristes realidades es verdad, pero por encima de ellas, hoy salen victoriosas las ilusiones de estos auténticos héroes de la literatura; esos que muchos años después, continuarán brillando en el firmamento, cuales estrellas brillantes, iluminando el camino de nuevos escritores (como siglos atrás hicieron otros), ojalá tan valientes y decididos como ellos.
 

Ángel Silvelo Gabriel.

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