miércoles, 8 de marzo de 2017

8 DE MARZO DE 1914, LA NOCHE GLORIOSA EN LA QUE FERNANDO PESSOA DIO A LUZ A SUS HETERÓNIMOS


 
«Un día, cuando finalmente ya había desistido —fue el 8 de marzo de 1914— me acerqué a una cómoda alta y, tomando unos cuantos papeles, comencé a escribir de pie, como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas seguidos, en una especie de éxtasis cuya naturaleza no podía definir. Fue el día triunfal de mi vida, y nunca podré tener otro igual. Comencé con un título, “El guardián de rebaños”. Y lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, al que de inmediato llamé Alberto Caeiro. Discúlpeme lo absurdo de la frase: había aparecido en mí mi maestro. Esa fue la sensación inmediata que tuve. Y tanto fue así que, apenas escritos esos treinta y tantos poemas, inmediatamente cogí otro papel y escribí, también sin parar, los seis poemas que constituyen “Lluvia oblicua”, de Fernando Pessoa. Inmediata y completamente… Fue el regreso de Fernando Pessoa-Alberto Caeiro a Fernando Pessoa a secas. O mejor: fue la reacción de Fernando Pessoa contra su inexistencia como Alberto Caeiro. Aparecido Alberto Caeiro, traté enseguida de descubrirle —instintiva y subconscientemente— unos discípulos. Arranqué de su falso paganismo al Ricardo Reis latente, le descubrí el nombre, y lo ajusté a sí mismo, porque a esas alturas ya lo veía. Y de pronto, y en derivación opuesta a la de Ricardo Reis, me surgió impetuosamente un nuevo individuo. De un tirón, y a máquina de escribir, sin interrupción ni enmienda, surgió la “Oda Triunfal” de Álvaro Campos —la oda con ese nombre y el hombre con el nombre que tiene.»

Extracto de la famosa carta que Fernando Pessoa envía, el 13 de enero de 1935, al joven Adolfo Casais Monteiro en la que confesaba la génesis de sus heterónimos

 

EL GUARDÍAN DE REBAÑOS (Extracto del primer poema)

«Yo nunca guardé rebaños,

mas es como silos guardase.

Mi alma es como un pastor,

conoce el viento y el sol

y anda de la mano de las Estaciones

siguiendo y mirando.

Toda la paz de la Naturaleza sin nadie

viene a sentarse a mi lado.

Pero yo me quedo tan triste como una puesta de sol

lo es para nuestra imaginación,

cuando refresca en el confín de la llanura

y sentimos que la noche ha entrado

como una mariposa por la ventana.»
 

Alberto Caeiro (heterónimo de Fernando Pessoa).

 
Artículo de Ángel Silvelo Gabriel. 

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