jueves, 28 de marzo de 2019

STEFAN ZWEIG, MENDEL EL DE LOS LIBROS: LA DEFENSA DE LA MEMORIA INDIVIDUAL QUE, A SU VEZ, DEVIENE EN PROTECCIÓN DE LA MEMORIA COLECTIVA



La curiosidad, la tenacidad, el trabajo y el silencio que acogen a toda misión importante que el hombre realiza a lo largo de su vida, son algunos de los elementos esenciales que la convierten en épica, como épica es la actitud vital de Jakob Mendel. Mendel es una mente privilegiada que vive, por y para los libros, en un mundo donde no existe nada más que el paraíso de las palabras, pues de paraíso idílico puede tildarse su actitud ante la vida y las personas que concitan su mismo interés por los libros. Zweig, en este magnífico relato, nos advierte de que el intelecto — el verdadero intelecto—, no conoce más fronteras que las del propio conocimiento; unas fronteras, eso sí, muy alejadas tanto de los políticos como de sus trágicas pretensiones geopolíticas, pues a éstas, solo les asiste la mezquindad de las nacionalidades. Con un estilo narrativo rico en matices, vivo en su ejecución e impecable en su praxis, el escritor austriaco pone en tela de juicio, una vez más, la división de las fronteras de una Europa que él nunca pudo ver unida. Unas fronteras, en su caso malditas, y que en su tiempo, solo produjeron guerras y también aislamiento, tanto cultural como intelectual, tal y como se demuestra en este librito publicado por Acantilado, Mendel el de los libros, donde él se vale de la figura de un judío ruso para verter sobre el texto todo su potencial como escritor comprometido con su tiempo e impulsor de una forma distinta —por inclusiva— de ver y de plantear y ejecutar las relaciones entre Estados. A través de Mendel, Zweig nos presenta la defensa de la memoria individual que, a su vez, deviene en protección de la memoria colectiva, como la Historia muy bien nos recordó en la primera mitad del siglo XX, donde las guerras, aparte de arrasar el territorio europeo, dejaron una herida que tardó mucho tiempo en cerrarse.



Mendel es el mejor ejemplo de lo importante que es ser guardián y transmisor de la cultura, en este caso, a través de los libros y su amor hacia ellos. Su forma de catalogarlos, conseguirlos y distribuirlos, nos habla de lo difícil que resulta salir indemne de la ignorancia del hombre, capaz como se dice siempre de lo mejor y también de lo peor. De ahí que, Mendel, sea el símbolo de una contraseña que nos abre el paso hacia una luz que, si dejamos que nos ilumine a lo largo de  nuestra vida, nunca nos arrepentiremos. Los libros y lo que representan. Los libros y su mundo. Los libros y su poder infinito, son los mejores transgresores de las fronteras físicas y mentales que tratan de imponernos nuestros dirigentes políticos en aras a manipular nuestras vidas a su antojo. Es tan fácil engendrar el odio entre los habitantes de un país, que su mecanismo —por simple— asusta, de ahí que la recuperación que hace el narrador de este relato del judío Mendel, sea una de las mejores formas de acercarnos a lo que es y lo que significa la libertad; un espacio cada vez más mermado en la sociedad actual, y del que hace mucho tiempo Stefan Zweig nos alertó de su pérdida, por la carga trágica que en sí misma lleva cuando se abate sobre nuestras vidas.



Mendel el de los libros, es un brillante relato que nos habla de la exclusión que se produjo en Europa en la primera mitad del siglo XX, pero también del poder intrínseco del libro en sí mismo, pues desde un diminuto local dentro de un café vienés, éste puede derribar todas las barreras posibles, y ofrecer al mismo tiempo, la oportunidad de iluminar nuevas mentes que, quizá, con el paso del tiempo se conviertan en transmisoras de una forma de ver y entender el mundo que lo conviertan en un lugar más habitable, porque no se nos debería olvidar que, la defensa de la memoria individual es, también, un signo de la defensa memoria colectiva.

 
Ángel Silvelo Gabriel.

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