domingo, 4 de abril de 2010

MIQUEL BARCELÓ (1983-2009): LA SOLITUDE ORGANISATIVE


La exhuberancia tanto matérica como colorista preside esta muestra de las últimas creaciones del artista mallorquín, y para cuyo cartel publicitario la comisaria de la misma, Catherine Lampert, ha elegido el último cuadro de la muestra titulado como la exposición La Solitude Organisative, donde el retrato de un gorila (¿Barceló?) con aspecto serio observa desde un rincón.

La muestra se divide en siete salas a modo de conjunto o etapas, que en el fondo no dejan de ser o representar los estados de ánimo y creativos del artista en estos últimos veintiséis años. Antes de iniciar la misma, el autor nos advierte de la importancia en su obra de la cocina, cuya creatividad cree muy conexa con la propia pintura. En este sentido, la exposición comienza con la sala titulada: El Mar, el Museo, la Biblioteca y el Estudio, donde resaltan cuadros como La gran cena española (1985) donde ya se muestra como un pintor típicamente mediterráneo, pleno de una exuberante capacidad de expresión tanto en colores como en materias, proporcionando a sus cuadros el don de la tercera dimensión, con objetos y materias que sobresalen de las clásicas dos dimensiones pictóricas. Asimismo, cabe destacar el cuadro titulado Amor Loco (1984) donde los amantes de la literatura podrán comprobar a poco que se paren a leer los oscuros lomos de los libros, los autores que para él seguramente tengan una especial significación e influencia en su vida y en su obra.

La segunda sala, Un Léxico de Esperanza Humana, se compone de una muestra de acuarelas dedicadas a la Divina Comedia de Dante, con el trasfondo de la guerra de Iraq. En este sentido, las acuarelas que aquí se exponen, trascienden el puro dramatismo, lo que nos lleva a una tercera sala denominada El Mundo Terrenal, donde cuadros como Barca (1984), nos recuerdan la estrecha relación del pintor con el mar y su gran capacidad a la hora de sugerir mediante grandes y sencillos trazos.

Parece que Barceló tuvo un momento en el que quiso descansar de tanto exceso, y en el que sin duda, tuvo una gran importancia su travesía por el desierto del Sáhara, lo que se plasma en los cuadros presentes en la cuarta sala, titulada Huir del Exceso, donde podemos ver a un Barceló más intimista si cabe, y en donde la claridad y calidad de los colores primarios que emplea, se entrelazan con los pequeños cráteres que parecen salir de un espacio cuando menos lunar.

Ese descubrimiento del continente africano, ya no dejará indiferente a Barceló, y ese rasgo lo podemos ver en la siguiente sala, colgada bajo el título de Un Diario, donde podemos ver gran cantidad de acuarelas llenas de colores casi transparentes y escenas de contrabandistas y balseros. Ésta, es una sala larga que se caracteriza por los cuadros de menor tamaño y las singulares obras sobre papel, donde se desarrolla el carácter más étnico, multicultural y racial de Barceló, donde con apenas unas pinceladas remarca de una forma extraordinaria a sus personajes.

La Chemin de Limière es la sexta sala, donde se recoge una enorme y basta escultura sobre Marx, Engels y Lenin como inicio de un Cristo oscuro y crucificado en lo más alto de la sala en forma de altiva cripta, que está presidida por cuadros oscuros y quizá de alguna forma tenebrosos.

La exposición termina con la sala denominada Retratos donde podemos ver el trabajo del artista con diferentes rostros humanos tanto occidentales como africanos y un autorretrato, que se halla colocado fuera de esta sala y tras una pared a modo de escondite. Aquí, es donde se encuentra su Solitude Organisative (2008), alter ego del artista como observador de todo lo que sucede desde el fondo de un rincón.

Sin duda, estamos ante una más que interesante muestra de este artista genial y polémico a partes iguales, que tiene la virtud de mostrarnos con un buen número de obras de arte, el camino recorrido en los últimos veintiséis años, y que estará en el Caixa Fórum de Madrid hasta el próximo 13 de junio.

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