Tiempo de comunicaciones rotas

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domingo, 31 de julio de 2011

WINTER'S BONE: LA SUPERVIVENCIA A TRAVÉS DEL ORGULLO

La desolación en mitad de la nada es el alma de esta película que funciona como drama social, pero que a veces se acerca al gore o al noir de tal forma, que nos obliga a retirar la mirada de la pantalla. Ree Dolly (Jennifer Lawrence) y sus dos hermanos, transitan por la vida en la profuda inmensidad de los bosques de Kentucky olvidados por todos: la familia, sus vecinos y el gobierno. No es fácil sobrevivir a esta gran descarga de ausencias sino es a través del orgullo, y eso es lo que hace la protagonista, una increíble y espabilada Jennifer Lawrence, que a pesar de su corta edad, afronta todos los contratiempos que se le van presentado con una entereza a prueba de bombas. Su mirada fría en unas ocasiones y perdida en otras, retrata a la perfección los estados de ánimo por los que va pasando no sólo ella, sino también la acción de la película, con unos personajes fríos, distantes, misteriosos y tenebrosos, a los que ella se va a enfrentar a la hora de buscar a su padre recién salido de la cárcel.


Winter's Bone, está basada en la novela homónina de Daniel Woodrell, y la verdad es que se comporta como un magnífico retrato de los hillbillies de la zona de Ozark, lo que en España podríamos denominar paletos pobres. Una sociedad plagada de miedos, venganzas y egoísmos elevados a la enésima potencia, com reflejo de un poderoso magnetisno de incomunicación que se desarrolla a lo largo de toda la película, donde nunca sabemos por qué Jennifer Lawrence debe ir a buscar una y otra vez a su desperdigada familia por los fríos y desalentadores bosques de Ozark. Esa disgresión incomunicativa se vuelve en crítica social cuando asistimos a la desestructuración de las familias que allí habitan, y que se han visto sometidas tanto a la desolación de las drogas como a la ausencia de una atención que los ha llevado a ese ritmo mitad salvaje mitad egocéntrico que caracteriza a casi todos los personajes de la película, donde como un dardo lanzado directamente al corazón, el Estado sólo aparece a través del ejército, y sólo lo hace como una salida que los jóvenes tienen para poder conseguir una buena suma de dinero, eso sí, a cambio de ir a combatir a Irak o Afganistán; o través de una policía corrupta, como los propios vecinos de la zona.


Debra Granik tuvo el acierto de ir a rodar directamente a la zona donde se desarrolla la acción, y nos muestra como sólo lo podría hacer una mujer, en un ritmo lento y contenido, una historia del olvidado submundo de la profunda Norteamérica, que ya subyace en películas como Frozen River, y que consiguió contra todo pronóstico colarse en la carrera de los Oscar de este año.


Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

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