Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

viernes, 28 de junio de 2019

JULIO LLAMAZARES, MEMORIA DE LA NIEVE: EL SILENCIO, LA MEMORIA, LA NIEVE…, EL PASO DEL TIEMPO



Buscar aquello que fuimos entre la niebla que se extiende por la geografía del silencio. Entre paredes que ya no son, y árboles que se sumergen debajo del agua. El atlas de la vida reconvertido en un fugaz espasmo del pasado. Pasado reconvertido en nieve. Nieve que se derrite y solidifica con el paso del tiempo. Nieve como estaciones que se suceden sin más propósito que dejar las huellas del tiempo pasado. Un tiempo en el que se pueden recuperar los dioses perdidos, los guerreros muertos y las batallas sangrientas de las que ya nadie se acuerda. Grosellas de color rojo que tintan la memoria de pasión, muerte y olvido. Árboles de hoja caduca quemados por el paso del tiempo y hojas secas dibujadas sobre un papel de fondo blanco. Terrenos oníricos en los que siempre cabe la posibilidad de dar vida a la muerte, al recuerdo, a la memoria, a la infancia…, y a los padres. Miradas sobre uno mismo que devienen en falsos espejismos como si todo fueran sombras en un bosque de noche. Bosque helado y solo iluminado por un mar de estrellas. Estrellas como nada más que se pueden ver en el campo. Lejos de la ciudad. Del ruido. Y la luz. Estrellas que iluminan aquellos caminos que recorrimos una vez. Lucecitas que nos recuerdan que un día fuimos felices sin nada, con tal solo mirar al cielo y ponernos a soñar. Lucecitas que sostiene los hilos invisibles de una Luna portentosa, perenne y que solo pueden llegar a ver aquellos que saben de lo que está fabricada la noche: de silencios, ausencias, ruidos y ecos olvidados y, sin embargo, tan presentes. Todo eso y más es Memoria de la nieve de Julio Llamazares... Memoria de la nieve también es pasear por la vida sin pisarla, sobre sendas que ya forman parte del pasado si no fuera por los recuerdos, tan presentes, como la nieve en invierno o efímeros como la noche en verano. Memoria de la nieve es una sucesión de estaciones. Estaciones de los sentidos que no se dejan atrapar por todo aquello que no merece la pena ser recordado. Memoria de la nieve levanta la iconografía de esa España olvidada a través de un rico léxico rural que apenas ya nadie conoce y que, sin embargo es muy evocador: urces, muérdago, marzales, pedernales... Fuerza sublime las de las palabras que nos llevan, una vez más, allí donde no creíamos que pudiésemos llegar. Memoria de la nieve es perderse entre la espesura del bosque y la sinuosidad de un niebla que no es de caramelo, pero sí evocadora de todo aquello que ya no somos: «No existe otra espiral que el bramido del tiempo».



Y detrás de todo ese paisaje brumoso, el nogal. Nogal como efigie del mundo de los sueños. Poderoso como solo puede llegar a serlo el más épico de nuestros recuerdos. Recuerdos en blanco y negro que se transponen en unas acuarelas teñidas de añiles, grises, blancos o incluso violetas. Acuarelas con las que Adolfo Serra da forma a este sueño de sueños. Impresionantes imágenes que perpetúan, más si cabe, el poder de las palabras de un Julio Llamazares que, al irse a vivir a Madrid, nos dibuja esta geografía del silencio a través del paso del tiempo a la que tituló Memoria de la nieve. Palabras e imágenes que, en este caso, son el complemento perfecto de un universo único, por lo potente que resulta su mensaje. Mensaje atribulado de un mundo que ya no existe: «Solo estoy, en esta noche última, como un toro de nieve que brama a las estrellas».



Ruidos de bueyes y carretas, orfebres y alfareros, árboles y hojas de riberas que ya no existen y que no volveremos a oír en la espesura de la noche salvo si nos invocamos a través de la magia de los sueños. Sonidos y ecos que pertenecen al otro lado del edén donde descansan los guerreros, el silencio, la memoria, la nieve…, el paso del tiempo.



Ángel Silvelo Gabriel.

martes, 25 de junio de 2019

LUCIA BERLIN, MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA: LA BÚSQUEDA DE LA LUZ AL OTRO LADO DEL EDÉN



Situar la mirada en el margen de la vida que transcurre silenciosa, anónima y sin otros altibajos que la heroica necesidad de seguir viviendo en los arrabales de una sociedad que no entiende más que mirar hacia adelante. Detenerse en el tiempo, en las sombras que nos proporcionan aquellos hechos de nuestras vidas que, por insólitos, no dejan de ser importantes, y que nos llevan a remover las montañas de basura que se conforman en nuestro día a día. Desesperación, incomprensión, soledad y, al final, una sonrisa que nos sale desde lo más profundo del alma y que por sí sola es capaz de comportarse como la búsqueda de la luz al otro lado del edén. Todo ello conforma el mapa vital y literario de esta antología de relatos que se comporta como un territorio propio. Territorio original e inexpugnable que una y otra vez visita y nos narra Lucia Berlin en sus cuentos. Historias de luces y sombras que dibujan el atlas geográfico de una vida llena de vitalidad, fracasos y adicciones que, sin embargo, siempre encuentran el cauce de la literatura para ser reabsorbidas por el mundo. Parajes inciertos, historias del día a día plagadas de enigmas sin solución, viajes existenciales que van desde El Paso a Nueva York, o del jazz a las rancheras mexicanas. En todas ellas, la escritora norteamericana parece decirnos que siempre hay dientes que sacar, aunque el único objetivo sea el de colocarnos una dentadura postiza. Ese es el mágico sortilegio por el que se desenvuelven sus personajes ante la vida que, como la protagonista del cuento que da título a esta antología, se deja llevar por las decisiones propias y ajenas sin importarle mucho las consecuencias de sus actos, algo parecido a lo que hacía la señora de la limpieza de uno de los cuentos más increíbles del genial Truman Capote, titulado Un día de trabajo.



¿Por qué debemos reverenciar el ritmo de Lucia Berlin a la hora de marcar los latidos de su prosa? Quizá, porque, sin duda, pertenece a escuela de escritores norteamericanos que han hecho del fracaso y la desidia toda una poesía de la heroicidad y de la derrota. Carver, Bukowsky y Fante en su vertiente más errática. O Capote, en su vertiente más despiadada y morbosa. Es cierto que la obra de Lucia Berlin es comparada con cierta asiduidad con la del poeta y escritor, Williams Carlos Williams, que aborda la creación desde una realidad capaz de despertar la imaginación de quien la percibe, algo que también lleva a cabo Berlin en sus relatos, pero sin dejar de ser menos cierto que la realidad le sirve a ella para crear obras de ficción que no son ni buscan ser un retrato exacto de la realidad, sino un aparte donde el proceso creativo que la transforma es el verdadero protagonista de la misma. Esa mezcla, no obstante, no distorsiona aquello que se nos quiere narrar, sino que le proporciona a la historia contada márgenes de no realidad que de otra forma no existirían. Y es ahí, donde se encuentra una buena parte de la fuerza como narradora de Lucia Berlin que, al igual que el nadador del cuento de John Cheever, va atravesando los setos de las casas ajenas para zambullirse en sus piscinas y respirar algo de libertad cuando se encuentra debajo del agua, como si ese elemento acuoso fuese el medio en el que evadirse de todo aquello que le persigue y atormenta. Una muestra de libertad que también se aprecia en su técnica narrativa, donde los giros sorprendentes e insospechados, así como las expresiones festivas, populares o simplemente chisposas, forman parte de sus relatos de una forma natural, lo que contrasta con la solidez de la pérdida o el fracaso que persiguen a sus personajes, siempre envueltos en fases de rehabilitación o búsqueda. La búsqueda de la luz al otro lado del edén.

 
Ángel Silvelo Gabriel. 

lunes, 17 de junio de 2019

EXPOSICIÓN DE DARÍO VILLALBA, “POP SOUL, ENCAPSULADOS & OTROS”, EN LA SALA ALCALÁ 31 DE MADRID: LOS ESPACIOS DEL AISLAMIENTO AL SERVICIO DEL ALMA



Las burbujas del alma esparcidas en espacios transparentes y aéreos, libres y prisioneras a la vez, de sí mismas y de las miradas del otro. Ser transparente admite un doble riesgo: ser invisible, o también, poder ser traspasado con una simple mirada. En esa desnudez sin matices se nos presenta en los personajes rosas o fluorescentes de los primeros encapsulados de Darío Villalba en la Sala Alcalá 31 de Madrid, y también, en tonalidades grises con matices que van del negro al blanco más despiadado en otros. Espacios de aislamiento al servicio del alma que retratan a los olvidados del mundo sobre los que Darío Villalba apenas se atreve a trazar unos ligeros brochazos de color rojo como elemento discordante y sutil en forma de grieta más que de contrapunto. En la determinación de retratar y vincular el arte a la soledad y al desasosiego que acoge a sus encapsulados o retratos, el artista apuesta por la dureza y el sobrecogimiento a la hora de llamarnos la atención sobre ese otro mundo al que todos condenamos al ostracismo o al olvido. Un arte de lo undeground, si queremos denominarlo así, que traspasa la barrera de lo anecdótico para convertirse en una singular muestra del arte de almas, o como nos diría el poeta portugués Fernando Pessoa: alma de almas, pues sus fotografías de gran formato buscan la expresión de lo único, pues únicos son cada uno de sus personajes, verdaderos artífices de mundos fronterizos donde la cotidianeidad no está exenta de un magnetismo cercano a lo inquietante, pues esa es una de las peculiaridades de la exposición Pop soul, encapsulados & otros, la de transmitirnos la inquietud del otro sobre nosotros, nuestro universo y nuestro limitado campo de sensaciones, anodinadas o aletargadas en la vulgaridad casi todas ellas a lo largo de nuestras insulsas vidas. Hay mucha vida y plenitud en los encapsulados que deambulan a lo largo de la exposición como cortinas de estados de ánimos, que a la vez que los vamos atravesando, se van apoderando de nuestros sentidos en una especie de tromba de imágenes que nos inundan sin pedirnos permiso, pues su fuerza es arrebatadora.



Al otro lado de esa profunda sordidez, Villalba se permite también mirar a la belleza de una, forma tan natural, que resulta hipnotizante. Un ejemplo de ello es su fotografía titulada, La novia que nunca tuve, donde el rostro de la joven que ha retratado se erige con una gran fuerza sobre la extemporaneidad de los sueños. Lo que en ocasiones no es tan apabullante, si no tan solo sugerido, como el tríptico del que forma parte Chica rubia, donde el juego de contrates entre la claridad de los blancos y la opacidad de los negros hace que deseemos conocer el rostro de la joven en cuestión. Esa firmeza a la hora de manifestar la libertad del gesto a través de la pureza de la mirada engalana una parte de las fotografías o montajes de la segunda planta de la exposición, eso sí, si nos abstraemos de la inigualable dureza de Lágrimas; una instantánea que por sí sola se hace merecedora de ser visitada la exposición. Una exposición de un Darío Villalba que se nos muestra como un maestro a la hora de mostrarnos los espacios del aislamiento al servicio del alma.



Ángel Silvelo Gabriel.

jueves, 13 de junio de 2019

SEGUNDA EDICIÓN DEL ‘PREMIO CARLOS MATALLANAS’ DE NOVELA BREVE: ABIERTO EL PLAZO DE ENTREGA.



Las botas con las que jugaba Carlos Matallanas, periodista, ex futbolista, único miembro honorífico de AFE e incansable luchador contra la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), presiden la sede de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) en Madrid y son un símbolo de la lucha, la firmeza, la rebeldía y los valores de un enorme deportista.

En honor a su valentía y determinación, y coincidiendo con el 40º Aniversario de AFE, la asociación convocó el I 'Premio Carlos Matallanas' de novela breve, símbolo de la unión entre cultura y fútbol. Esta iniciativa, que se realiza anualmente, surge en línea con el compromiso firme de AFE en la defensa de los valores y la responsabilidad social por la que apuesta desde hace años con diversas acciones como la lucha contra la ELA.

1ª PARTICIPANTES

Podrán participar en este concurso todos los escritores, cualquiera que sea su nacionalidad, que presenten una novela sobre el mundo del fútbol que sea original e inédita y escrita en castellano. Quedan excluidas las obras de aquellos autores que fallecieron antes de anunciarse esta convocatoria.

2ª PRESENTACIÓN DE OBRAS AL CONCURSO

Los escritores que deseen optar al Premio deberán presentar las obras por duplicado ateniéndose a cualquiera de las dos opciones siguientes:

(I) Enviando dos juegos impresos, en cuyo caso deberán ser remitidos por correo postal a las oficinas de Prisma Publicaciones, de GRUPO PLANETA, sitas en Avda. Diagonal, 662- 664, 4ª planta, 08034 Barcelona, España, haciendo constar en la primera página que concurren al Premio Carlos Matallanas, objeto de estas bases; o

(II) Enviando un ejemplar impreso, que deberá ser remitido como se indica en el apartado anterior (I), más un ejemplar enviado por correo electrónico a, en formato word o pdf (lo cual no eximirá de la obligación de presentar la novela impresa por correo postal), indicando en el «asunto» del correo electrónico el título de la obra. La recepción del juego impreso en las oficinas de Prisma Publicaciones es la fecha que marcará la presentación de la OBRA a concurso.

Las obras deberán tener una extensión comprendida entre las 120 y las 150 páginas, tamaño DIN A4 (210 x 297 mm), claramente mecanografiadas a doble espacio y a doble cara. Los originales deberán enviarse debidamente encuadernados. A su entrega, las obras deberán estar terminadas, en condiciones aptas para su publicación. Las obras presentadas que no reúnan los requisitos anteriores no serán admitidas a concurso.

En caso de que las obras se presenten bajo seudónimo, deberán remitirse por correo postal y los datos personales deberán constar junto con la novela en un sobre aparte. Se considerará que la presentación al Premio bajo seudónimo se efectúa a los solos efectos del desarrollo del concurso hasta su fallo.

Toda obra irá acompañada de un sobre aparte donde figuren como mínimo los siguientes datos:

I) Identificación (nombre y apellidos del autor y, en su caso, el seudónimo que se utilice).

II) Domicilio y número del Documento Nacional de Identidad, pasaporte o cualquier otro documento oficial identificativo.

III) Manifestación expresa del carácter original e inédito de la obra que se presenta, así como que no es copia ni modificación, total o parcial, de ninguna otra obra propia o ajena.

IV) Manifestación expresa de la titularidad del autor sobre todos los derechos de explotación de la obra, y que ostenta la plena disposición de los mismos.

V) Manifestación de que la obra presentada al Premio no ha sido presentada a ningún otro concurso que esté pendiente de resolución en el momento de la presentación de la obra al Premio.

VI) Manifestación expresa de la aceptación por el autor de todas y cada una de las bases del Premio.

VII) Fecha de la declaración y firma original.

El autor de la obra presentada al Premio se obliga a mantener totalmente indemne a la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) por cuantos daños y/o perjuicios pudiera ésta sufrir como consecuencia de la inexactitud o falta de veracidad de cualquiera de las manifestaciones indicadas anteriormente y realizadas por el autor en el momento de la presentación de la obra. AFE mantendrá informados a los participantes en el Premio a través de los comunicados que publicará en los medios de comunicación y mediante la web https://premioscarlosmatallanas.com, al margen de los cuales no existirá correspondencia ni comunicación alguna entre los participantes y Prisma Publicaciones.

La admisión de originales se cierra el día 1 de octubre de 2019. No obstante, Prisma Publicaciones podrá admitir aquellos respecto de los que tenga constancia de que han sido enviados hasta tal fecha, siempre que se reciban en un plazo que no altere el normal desarrollo del concurso.

3ª AUTORÍA, ORIGINALIDAD Y DIVULGACIÓN DE LAS OBRAS

La presentación de una novela al concurso implica necesariamente la aceptación íntegra e incondicional de las presentes bases por parte del optante, así como:

(I) El consentimiento irrevocable del optante a la divulgación de la obra presentada en caso de resultar premiada o finalista.

(II) La garantía por parte del optante, con total indemnidad para la Asociación de Futbolistas Españoles, de la autoría y la originalidad de la obra presentada, y de que ésta no sea copia ni modificación total o parcial de ninguna otra obra propia o ajena.

(III) La garantía por parte del optante, con total indemnidad para la Asociación de Futbolistas Españoles, del carácter inédito en todo el mundo de la obra presentada y de la titularidad en exclusiva y sin carga ni limitación alguna de todos los derechos de explotación sobre la misma y frente a terceros, sin hallarse sometida a ningún otro concurso pendiente de resolución. 

La presentación de la obra conlleva, asimismo, el compromiso de su autor a no retirarla del concurso.

4ª JURADO Y VOTACIÓN

El JURADO estará formado por cinco personalidades, que serán designadas libremente por la Asociación de Futbolistas Españoles.

Las decisiones del Jurado, incluido el fallo definitivo, se adoptarán por mayoría simple. Cualquier deliberación del Jurado será secreta. Sin perjuicio del contenido del fallo definitivo del concurso, la Asociación de Futbolistas Españoles no responde de las opiniones manifestadas por el Jurado o por cualquiera de sus miembros, antes o después de la emisión de aquél, en relación con cualquiera de las obras presentadas.

5ª PREMIO

La cuantía del Premio será de 18.000 €.

El concurso no podrá ser declarado desierto ni distribuirse el premio entre dos o más obras concursantes. El fallo del Jurado, que será inapelable, se hará público en el transcurso de una velada que se celebrará en Madrid el 4 de marzo de 2020.

6ª CESIÓN DE DERECHOS DE EXPLOTACIÓN

El otorgamiento del Premio supone que el autor de la obra galardonada ceda en exclusiva a la Asociación de Futbolistas Españoles todos los derechos de explotación sobre esa obra, incluyendo entre otros los de reproducción por cualquier sistema gráfico, mecánico, electrónico, reprográfico, digital, o de cualquier otra índole; distribución en cualquier formato o soporte y canal, y mediante venta, alquiler, préstamo o cualquier otra forma; comunicación pública a través de proyección audiovisual, representación escénica, emisión por radiodifusión, transmisión por cable, fibra óptica, alámbrica o inalámbrica, sistemas telemáticos, digitales u on-line, incorporación a bases de datos, o mediante cualquier otro sistema; transformación, incluida la traducción y la adaptación a obra audiovisual o dramática, u otras obras derivadas, y en general, para todas las modalidades de explotación y medios de difusión conocidos en el momento del otorgamiento del Premio, en todos los países y lenguas del mundo, y por todo el período de vigencia de los derechos de Propiedad Intelectual.

La cesión de los derechos de explotación de la obra ganadora supone la cesión de derechos de edición en forma de libro, bajo las modalidades de tapa dura o cartoné, tapa flexible, rústica, ediciones económicas y/o de bolsillo, de lujo, de bibliófilo, ilustradas, especiales para empresas u otras editoriales, para escuelas, club, club digital, CD-ROM u otros soportes digitales o magnéticos, inclusión en colecciones de la editorial o en publicaciones periódicas de forma parcial o completa, y cualesquiera otras modalidades conocidas en ese momento.

La Asociación de Futbolistas Españoles podrá efectuar la explotación de los derechos sobre las obras galardonadas directamente por sí misma o suscribir, con cualquier otra compañía de su grupo empresarial o con terceros, en exclusiva o no, los acuerdos que resulten precisos para posibilitar la mejor explotación y ejecución de aquéllos y en las diversas modalidades, tanto en España como en el extranjero. El autor galardonado se obliga a suscribir el contrato o contratos de edición, de cesión de los derechos de explotación sobre la obra premiada y demás documentos que sean precisos para formalizar oportunamente dicha cesión. Con el objetivo de lograr la mayor difusión del Premio, el autor se comprometerá activa y personalmente en la presentación y promoción de la obra ganadora en aquellos actos que Prisma Publicaciones estime conveniente.

GRUPO PLANETA efectuará una primera edición de la obra galardonada con el tiraje que estime oportuno, y con las reimpresiones que libremente decida la Asociación de Futbolistas Españoles.

El precio de venta al público de los ejemplares vendidos será cedido íntegramente a la Fundación FUNDELA.

7ª INSCRIPCIÓN DE DERECHOS EN REGISTROS PÚBLICOS

Quedarán bajo la exclusiva responsabilidad del autor la inscripción de la obra presentada al Premio en el Registro de la Propiedad Intelectual, así como los efectos de su no inscripción frente a terceros.

Cada autor se obliga, además, a suscribir cuantos documentos sean necesarios para que los derechos cedidos a la Asociación de Futbolistas Españoles sobre su obra queden inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual y en cualesquiera otros registros públicos nacionales, extranjeros o internacionales.

8ª DEVOLUCIÓN DE ORIGINALES

Una vez adjudicado el Premio no se devolverán a los autores no premiados los originales presentados, que serán destruidos. En ningún caso se facilitará copia de los informes realizados para la evaluación de la obra.

9ª PROMOCIÓN DE LA OBRA GANADORA DEL PREMIO

Con el objetivo de lograr la mayor difusión del Premio, el autor premiado se compromete activa y personalmente en la promoción de la obra ganadora que la Asociación de Futbolistas Españoles estime necesaria.

10ª SUMISIÓN EXPRESA
Para cualquier duda, discrepancia, reclamación o cuestión que pueda suscitarse directa o indirectamente con ocasión de la interpretación y ejecución de las presentes bases, las partes se someten a la legislación española y renuncian al fuero propio que pudiera corresponderles y se someten expresamente a la jurisdicción de los Juzgados y Tribunales de Barcelona.

lunes, 10 de junio de 2019

CRÓNICA DEL CONCIERTO DE McENROE EN LA SALA DE COLUMNAS DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID: UN UNIVERSO PLAGADO DE PASIONES Y DESAMORES



La mirada del hombre sobre sus sueños, sus esperanzas y también desesperanzas. Todas ellas acotadas bajo la distancia que nos marca el tiempo. El tiempo y los recuerdos que, sobre imágenes fragmentadas, se diluyen en nuestra memoria. La plenitud que da la madurez provoca notas que salen de un baúl en forma de Aleph musical que se desborda sobre las teclas de un piano o en las cuerdas de una guitarra, precipitando con ello un universo de sonidos y melodías que trascienden la barrera de nuestros sentidos y se depositan en la nebulosa de los deseos; deseos que no buscan más trascendencia que la necesidad de ese íntimo hedonismo que nos vuelva a hacer disfrutar con aquello que nos hace felices. La felicidad de un instante que nos hace estallar sin apenas hacer ruido. Ahí donde el silencio de las emociones no entorpece el caudal de imágenes que nos devuelven a aquellos momentos en los que verdad sentimos la necesidad de sentirnos vivos. Ahí es donde reside la riqueza de matices que McEnroe consigue concierto tras concierto y los convierte en un espasmo donde los sueños se hacen realidad. El pasado viernes, en una abarrotada Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes, así lo atestiguaron. Y lo hicieron desde la serenidad del que se siente a gusto con lo que hace. Desde esa plenitud que nos proporciona la certeza de las buenas vibraciones que los demás nos logran transmitir fueron atacando un setlist perfecto de ritmo y melodías; un setlist perfecto que se comportó como una sinfonía sin más límites que el de los sueños y las sensaciones que lograron despertar en sus seguidores que, hipnotizados, se dejaban hacer y llevar, por más que en la parte de atrás de la sala el sonido no fuera todo lo bueno que cabía esperar, pero no así en la parte delantera, cerca del escenario, donde la reverberancia del local no fue capaz de apoderarse del sonido del grupo vasco. A todo ello, habría que añadir el gran momento de forma de un Ricardo Lezón, casi inmune al escenario y lo que eso le comporta para su afamada timidez, pues imbuido del buen ambiente del concierto puso de su parte lo mejor que sabe hacer: transmitir emociones a raudales con una voz rasgada y entrecortada por la fuerza que poseen cada una de las letras de sus canciones, que se comportan como poemas cargados de algoritmos que van y vienen en busca de la necesidad de ese arrebato que los hace únicos. Metáforas poderosas que transmiten imágenes únicas unas veces, sencillas otras, pero que sin duda, son el eco de un universo plagado de pasiones y desamores.



Lo de menos fue como empezó el concierto: «Ha sido sombra, he sido luz,» de su canción Seré tú, de su último disco titulado La distancia y, del que, como dijo Lezón en el concierto, están muy contentos. O como terminó, con su himno Rayo de luz, en una nueva demostración de la profundidad de sus melodías, que encuentran en la oscuridad un plus de genialidad. Y es ahí, en ese contexto de guitarras armónicas y teclados acompasados donde los de Getxo se convierten en perfectos ejemplos de una autenticidad perdida en el túnel del tiempo. Arrebatadores como pocas veces les hemos visto sobre un escenario, McEnroe demostraron esa necesidad de comunicación con sus seguidores, que eso sí, les acompasaron casi en cada canción con una gran ovación y con unos ¡bravos! que sonaban aquí y allá en una perfecta armonía de felicidad o admiración. Quizá, porque como dice la letra de la canción La distancia de lobo: «Hay un ruido en mí,/ que no sé parar,/ un rumor constante/ como el de las manzanas que no saben caer».   

 

Ángel Silvelo Gabriel. 

jueves, 6 de junio de 2019

MIGUEL A. MOLINA, DILUVIO PERSONAL: UNA LLUVIA IMAGINARIA Y PROFÉTICA SOBRE EL MUNDO Y SUS EMOCIONES




Diluvio personal como forma de empapar el mundo a través de una lluvia imaginaria y profética sobre el mundo y sus emociones. Diluvio personal como agua purificadora que limpia, pero no borra, las aristas de la vida y los sentimientos, pues estos permanecen unidos a nuestra piel de una manera indeleble. Diluvio personal como instrumento con el que dar luz a los más desfavorecidos, a los anónimos, a los desaparecidos de un mundo perdido en los likes de las redes sociales. Chaparrones y aguaceros íntimos, aprisionados en 99 palabras con las que su autor, Miguel A. Molina, perfila la vida de sus personajes y el mundo que les aprieta. Un mundo que los atrapa para luego dejarles libres, como los sentimientos y los reproches que se enquistan en nuestro alma. Alma húmeda y, profusa en oquedades, donde aún podemos resguardarnos de esa tormenta que nunca queremos que sea ni bíblica ni exterminadora, porque los personajes que retrata Molina buscan también la luz y ese último rayo de sol que les envía el mensaje que merece la pena seguir adelante. Diluvio personal es el nuevo libro de Miguel A. Molina, Un volumen de 140 microrrelatos con el que se gradúa de una forma definitiva como un experto narrador del instante encapsulado en sus poderosas 99 palabras. Molina ya no necesita echar siempre mano de la sorpresa o el giro inesperado o fatídico. Ahora le basta fijar su mirada y su pluma sobre aquello que le rodea para marcar un sesgo personal e intransferible a la hora de retratar el microcosmos de unas vidas llenas de amor y desamor, esperanza y derrota, lucha y fracaso. Y, sin dudar, en hacerlo, plasmando en sus micros la realidad social que le está tocando vivir, y así, nos habla de las guerras olvidadas del mundo, de la violencia de género, del abandono de las personas mayores, o del desamor, con la misma facilidad que confronta presente y pasado en una poderosa semblanza de: Sequía, Llovizna, Tormenta o Aguacero.



Diluvio personal comienza con un magnífico micro titulado Hambruna; una historia que por sí sola sería merecedora de un premio y que, en este caso, el autor ha regalado a sus lectores de una forma generosa. En él están presentes muchas de las preocupaciones que ocupan al autor, donde también al literatura y las sinuosidades del camino se hacen tan reales como la felicidad o la muerte lo hacen en nuestras vidas. Por si todavía todo esto no fuera suficiente, Miguel A. Molina nos regala micros escritos en diferentes formas geométricas: como por ejemplo son un corazón o una cruz. O también, mezclando número y letras, en un ejercicio de inteligencia que hace muy visible el desconcierto del ser humano en la actualidad.



En definitiva, Diluvio personal es la confirmación de Miguel A. Molina como un experto microrrelatista, donde a través de las 99 palabras de cada uno de los 140 micros que componen este volumen, nos da muestra de su maestría y acierto a la hora de fijar su mirada en un diluvio personal. Un diluvio personal, como forma de empapar el universo a través de una lluvia imaginaria y profética sobre el mundo y sus emociones.



Ángel Silvelo Gabriel. 

viernes, 31 de mayo de 2019

EL ESCRITOR ÁNGEL SILVELO PRESENTA SU ÚLTIMA NOVELA, LA UTOPÍA DEL PORTERO (1º PREMIO DE NOVELA BREVE CARLOS MATALLANAS), EN MADRID: MARTES 4 DE JUNIO A LAS 19:00 H. EN LA LIBRERÍA LÉ (Pº DE LA CASTELLANA, 154)



La luz que ilumina los recuerdos y sus emociones se convierte en la protagonista de esta historia en la que un adolescente sin nombre se erige en el representante de toda una generación, aquella a la que se le dio el sobrenombre de baby boom. Sin más referencias vitales que aquellas que han aprendido en un terreno de juego, junto a las duras reglas de un barrio del extrarradio de Madrid, el protagonista de La utopía del portero y sus amigos harán frente —desde su inocencia— a los éxitos y fracasos que la vida les irá poniendo en su camino, lo que les llevará, incluso, a convertirse en nómadas de sus propios sueños cuando, sin más equipaje que un balón de fútbol, se vean forzados a buscar un nuevo terreno de juego en el que poder dar vía libre a sus anhelos.



El Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, dijo que: «El fútbol es la inteligencia en movimiento». Una frase que, en sí misma, encierra toda una serie de matices y significados que cubren y encumbran al llamado deporte rey a lo más alto de las pasiones humanas. A simple vista, parece que no exista una clara relación entre la literatura y el fútbol, sin embargo, en los dos hay reflexión, técnica, exigencia, precisión y conocimiento. De ahí que, en La utopía del portero, a lo largo de su texto aparezcan autores universales como Modiano, Yeats, Günter Grass, Benedetti o Borges; unos autores que ejercerán a la vez de contrapunto y faro de una historia narrada con la pasión de un adolescente que se abre a la vida y, sin embargo, no sabe, como sí sabía Pasolini que: «El fútbol tiene un lenguaje de poetas y otro de prosistas. Hay un fútbol narrativo u otro lírico». Como decía Pasolini: «El fútbol es la última representación sagrada de nuestra época.»



El Premio Carlos Matallanas de novela breve está impulsado por la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), y celebra la vida y la lucha de Carlos Matallanas —único miembro honorífico de AFE—, exfutbolista, analista futbolístico y periodista. Carlos tiene ELA, una dolencia degenerativa de tipo neuromuscular, y se ha convertido en una de las puntas de lanza en la visibilización de esta enfermedad. Soñaba con ser jugador de fútbol, ahora su meta es exigir y propiciar la investigación necesaria para derrotar a la enfermedad.



Los beneficios de la venta del libro irán destinados íntegramente a FUNDELA (Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica).

miércoles, 29 de mayo de 2019

ÁNGEL SILVELO FIRMARÁ EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2019 EJEMPLARES DE SU NOVELA, EL ARTE DE AMAR (EDITORIAL DENES), 1º PREMIO ADELANTE 2018 DE CREACIÓN LITERARIA DEL AYTO. DE CHIVA: DÍA 5 DE JUNIO DE 19: 00 A 21: HORAS —CASETA N.º 44 DE LA DISTRIBUIDORA MAIDHISA—


El amor, en sus diferentes vertientes, es un bien escaso en la sociedad actual. Una sociedad que se caracteriza por intentar ganar tiempo al tiempo, pero que sin embargo no sabe cómo utilizar esa ínfima ganancia que muchas veces está llena de prejuicios, reproches o remordimientos. Como dice Eric Fromm en su ensayo El arte de amar: «Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.» 

En la novela de Ángel Silvelo esa falta de tiempo es a la que se enfrentan Inés, Ana y Esther, tres hijas de una madre que se denomina a sí misma como La hija del olvido. En los días que preceden a la celebración de la Navidad, las cuatro darán rienda suelta a sus miedos e inquietudes. Y, harán frente a esas incertidumbres que las atenazan, y a un sinfín de preguntas para las que no tienen respuesta. En esa indefinición del tiempo y los afectos, sus diferentes soledades se llenarán de ecos y resonancias. Para la madre, ese runrún procede de los libros de poesía que le regalan sus hijas y, que han encontrado su máxima expresión, en los duros poemas de la poeta rusa Marina Tsvietáieva. Y, para sus hijas, se hallarán en las particulares aristas que gobiernan sus vidas, donde el trabajo y las relaciones de pareja nunca llegan a ser lo que ellas habían soñado. Como dice Inés, la hija mayor, al final de esta novela corta: «Sólo somos conscientes del verdadero significado del amor cuando el corazón se nos encoge delante de nuestros recuerdos, sobre todo, en ese instante donde la soledad se difuma tras el horizonte en el que indagamos la posibilidad de que el tiempo nos devuelva aquello que añoramos.»

Adoptando el título del ensayo homónimo de Eric Fromm, El arte de amar, el escritor español Ángel Silvelo realiza una expiación sobre las relaciones humanas. En este caso, sobre las relaciones entre madres e hijas, y sobre las diferentes formas de interpretar tanto el amor fraterno como el conyugal al que cada una de ellas se debe enfrentar. En ese ámbito de tierras movedizas es donde la esencia del amor es capaz de cambiarlo todo, aunque lo más difícil quizá sea abstraerse de la soledad que conlleva su fracaso. Como dice el propio Fromm: «Quien salva una sola vida, es como si hubiese salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiese destruido a todo el mundo.»

martes, 28 de mayo de 2019

SERGI PÀMIES, EL ARTE DE LLEVAR GABARDINA: LAS BRUMAS DEL PASADO QUE SE TORNAN FALSOS ESPEJISMOS DE UNO MISMO.



Recuperar los recuerdos como si fueran objetos que dejamos olvidados en un espacio que ya nos es ajeno. Descuidos que, sin embargo, son la mejor manifestación de esa libertad que tanto miedo nos produce a la hora de desprendernos de aquello que nos hace daño, nos duele o nos resulta ajeno, porque la proyección de nuestros actos en muchas ocasiones no deja de ser una manifestación de lo que no queremos ser. Atrapar esas sensaciones y vivencias tiempo después, es como rescatar a un náufrago moribundo de una pequeña isla perdida del mundo. Entonces, es cuando los recuerdos se convierten en esas islas que, por fin, nos atrevemos a revisitar para de esa forma recuperar a nuestros huérfanos instantes de vida olvidados por el paso del tiempo y esa intrínseca búsqueda de nuevas emociones con las que pretendemos seguir manteniéndonos vivos. Sin embargo, al volver a ellos es cuando las brumas del pasado se tornan falsos espejismos de uno mismo. Sergi Pàmies, una vez más, en esta última recopilación de relatos titulada, El arte de llevar gabardina, inicia ese retorno a las vivencias que como una gabardina olvidada en el armario, regresan a nuestras vidas cada vez que lo ordenamos, o queremos pasar página de todo aquello que ya no nos consuela. El consuelo y la misericordia, como dice el propio autor en uno de los relatos, yacen en un pasado que hoy en día parece no tener razón de ser. No obstante, con la destreza que le caracteriza a la hora de diseccionar los pequeños detalles, Pàmies nos lleva a esos territorios que ya nadie quiere visitar, y lo hace para demostrarnos la importancia de esas brumas del pasado que visita a la hora de ficcionar la realidad —la suya propia en realidad— y convertirla en micro historias con las que poder llenar los bolsillos de esa gabardina que se torna en el álter ego de la vida, la de Pàmies y la nuestra, pues todos somo el resultado de esas pequeñas piezas de realidad que de vez en cuando se nos presentan de repente y sin avisar para recordarnos lo que fuimos y en lo que nos hemos convertido. En este sentido, la destreza del escritor catalán se muestra más incisiva y mordaz cuando nos relata esos pequeños espacios donde la anécdota encaja a la perfección con la sorpresa y esa historia encubierta que sale al final de la misma, y que todo buen relato debe tener. Es ahí, cuando se aleja de los relatos de sus padres y sus ajustes de cuentas más familiares, cuando el arte del autor de La bicicleta estática o Si te comes un limón sin hacer muecas se muestra más necesario y pulcro con el arte narrativo, pues le dota de esa sintonía apenas perceptible y equilibrada existente entre realidad y ficción, y que tan bien maneja este autor nacido en París durante el exilio de sus padres.



La naturaleza de los relatos de El arte de llevar gabardina es la propia, aquella que nadie conoce mejor que uno mismo. Sin embargo, es a partir de ahí desde donde lo particular se convierte en universal, y ocupa el gran hueco que los seres humanos dejamos libre para rellenarlo con nuestros recuerdos. Como dice Vila-Matas de El arte de llevar gabardina: «Libro tristísimo, pero escrito con una felicidad monumental… Cuanto más brutalmente autobiográfico se muestra Pàmies, más ficción es lo que leemos». Y de este inicial contrasentido Pàmies aborda la actualidad política del pasado, o los atentados del 11-S, con una percepción íntima y cercana al terror que nos causan las grandes afrentas ante las que el ser humano sólo se muestra débil y cobarde. El arte de llevar gabardina es un libro de desasosiegos diarios que se nos presentan a destiempo, y que son el contrapunto de esos otros sueños que nunca se cumplen y que nos pasamos toda la vida persiguiendo, como si en esa balanza en la que siempre gana el fracaso, sólo existiera la posibilidad de desprenderse de los errores del pasado; única opción a nuestro alcance para llegar a nivelarla pues no existe la posibilidad de hacerlo con los aciertos del presente o del más próximo futuro, quizá, porque los recuerdos a la hora de hacerlos nuestros de nuevo, poseen la opción de poder modelarlos a nuestro antojo, porque como dice Patrick Modiano: «Los recuerdos son sólo la realidad fragmentada y desordenada de nuestras vidas». Vidas que se abalanzan sobre las brumas del pasado que se tornan falsos espejismos de uno mismo. 


Ángel Silvelo Gabriel.

lunes, 20 de mayo de 2019

ÁNGEL SILVELO GABRIEL, LA UTOPÍA DEL PORTERO: TRAS LA BÚSQUEDA DEL PRIMER HOMBRE



La luz que ilumina los recuerdos y sus emociones se convierte en la protagonista de esta historia en la que un adolescente sin nombre se erige en el representante de toda una generación, aquella a la que se le dio el sobrenombre de baby boom. Sin más referencias vitales que aquellas que han aprendido en un terreno de juego, junto a las duras reglas de un barrio del extrarradio de Madrid, el protagonista de La utopía del portero y sus amigos harán frente —desde su inocencia— a los éxitos y fracasos que la vida les irá poniendo en su camino, lo que les llevará, incluso, a convertirse en nómadas de sus propios sueños cuando, sin más equipaje que un balón de fútbol, se vean forzados a buscar un nuevo terreno de juego en el que poder dar vía libre a sus anhelos.

El Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, dijo que: «El fútbol es la inteligencia en movimiento». Una frase que, en sí misma, encierra toda una serie de matices y significados que cubren y encumbran al llamado deporte rey a lo más alto de las pasiones humanas. A simple vista, parece que no exista una clara relación entre la literatura y el fútbol, sin embargo, en los dos hay reflexión, técnica, exigencia, precisión y conocimiento. De ahí que, en La utopía del portero, a lo largo de su texto aparezcan autores universales como Modiano, Yeats, Günter Grass, Benedetti o Borges; unos autores que ejercerán a la vez de contrapunto y faro de una historia narrada con la pasión de un adolescente que se abre a la vida y, sin embargo, no sabe, como sí sabía Pasolini que: «El fútbol tiene un lenguaje de poetas y otro de prosistas. Hay un fútbol narrativo u otro lírico». Como decía Pasolini: «El fútbol es la última representación sagrada de nuestra época.»

La utopía del portero es una novela que nos habla de la vida. Su autor nos dice que el fútbol es vida y, también, que del fútbol se aprende para la vida. El fútbol es una expresión de libertad y de pasión, de diversión y mito, pero por encima de todo, es una infinita fábrica de sueños; un lugar donde se propician las segundas oportunidades, tal y como le ocurre al protagonista sin nombre de esta historia cuando declara que: «La utopía del portero es marcar un gol. De falta. De cabeza. A la desesperada en el rechace de un saque de esquina. La utopía del portero es desear lo imposible…»
Ángel Silvelo utiliza, con criterio y habilidad, las referencias futbolísticas de algunos de los hitos de la selección nacional de los últimos cuarenta años, para trazar el arco vital del protagonista. Como eje narrativo principal, y a partir del cual se despliega toda la narración, el autor escoge el mítico partido del 12-1 de España a Malta, además de ser éste el único anclaje que el protagonista encuentra para que su padre, enfermo de alzheimer, vuelva a ser quien fue. La utopía del portero es una novela que reflexiona sobre los sueños y las decepciones que el tiempo acarrea, y a su vez, sobre la necesidad de madurar, luchar y no perder la esperanza.   

SOBRE EL AUTOR DE LA UTOPÍA DEL PORTERO
Ángel Silvelo Gabriel (Piedralaves, Ávila, 1964) es funcionario de carrera del Cuerpo de Gestión de la Administración Civil del Estado y autor de las novelas: Fragmentos (Primer Premio Certamen Cultural Universidad Rey Juan Carlos 2001), Dejando pasar el tiempo (2012), Los últimos pasos de John Keats (2014), El juego de los deseos (2017), El arte de amar (Primer Premio XXVIII Premios Otoño Villa de Chiva 2018), La utopía del portero (Primer Premio Carlos Matallanas de Novela Breve 2019), y de la obra de teatro Fanny Brawne, La Belle Dame de Hampstead (2016). 
Es colaborador de la web www.todoliteratura.es, y de los portales www.escritores.org y www.canal-literatura.com 

martes, 14 de mayo de 2019

JULIAN BARNES, LA ÚNICA HISTORIA: EL RECUERDO DESCARNADO DEL DESAMOR



La emoción expresada con la frialdad que nos marcan los recuerdos. Recuerdos que, como cortinas traslúcidas, solo nos dejan apreciar siluetas difuminadas por el tiempo. Siluetas que debemos reinterpretar con la memoria. Una memoria siempre selectiva y caprichosa; una memoria que tiende a reafirmar aquello en lo que creemos y que nos ayuda a separar de una forma definitiva la realidad de la ficción. En este sentido, no es de extrañar que el propio Barnes nos diga que: «La memoria es la identidad; al hacernos mayores la memoria se degrada y la que queda se hace más maleable y eso me preocupa como escritor; y es peor con los recuerdos preferidos e importantes: cuanto más hemos hablado de ellos menos confiables son en la medida de que los vamos modificando imperceptiblemente; la memoria, me temo, tiene que ver más con la imaginación que con la observación». Imaginación y observación que deambulan de una forma magistral entre la primera, la segunda y la tercera personas a lo largo de la novela, lo que le permite al narrador situar al lector en diferentes planos de realidad, cercanos unos y más distantes otros. Un efecto que nos deja comprobar la tensión del recuerdo descarnado del desamor desde diferentes perspectivas, eso sí, todas ellas frías y distantes como un relato de Chéjov. Ahí es donde Barnes abre una senda de exploración para el lector, pues éste se mostrará más cercano o distanciado de la fervorosa inocencia y el alejamiento de la realidad de sus dos protagonistas: el joven Paul de 19 años, y la mujer madura Susan Mclead de 48 años. Todo ello, bajo el impacto y el reflejo social de una Inglaterra de los años sesenta que se aproxima al punk y a la ruptura sin límites con la vetusta sociedad victoriana.



Con todo, lo que más sorprende de esta novela titulada, La única historia, es ese deje de aparente distancia de su protagonista con la historia de amor que le dejó marcado para siempre, tanto a la hora de narrar el inicio de su idilio, como en la parte posterior de alcohol y derrumbe que se instala dentro de ella. A medida que avanza la novela, la crudeza del pasado es como un caballo de tortura sincopado que se perpetúa entre la cruda cotidianeidad de Susan y ese último recuerdo que para Paul supuso su amor. Ahí es donde escarbar en los límites de los recuerdos nos lleva a visitar ese solar vacío que nos enfrenta con el fracaso; un fracaso al que Julian Barnes despoja de toda falsedad o intrépido alumbramiento de fantasías que nunca existieron. Esa pulcritud en su prosa con la que nos presenta La única historia es un perfecto ajuste estilístico narrativo entre realidad y ficción, pues nos deposita más allá del sentimentalismo teñido de falsete. La firmeza y la verdad de esta historia se sostienen en su crudeza y verosimilitud, sin por ello, dejar de lado al amor y sus múltiples manifestaciones y consecuencias, porque Barnes nos presenta la ambivalencia y la doble cara que el amor abate sobre cada persona y, lo hace, «bajo la creencia que existe una autenticidad distinta de la memoria, y que no es inferior». Una autenticidad el universo descarnado del amor desde la lejana distancia de los recuerdos.



La única historia es ese juego perfecto y tenaz sobre aquellas experiencias que nos marcan para siempre, más si éstas se producen en la juventud, porque la vida y, sobre todo, el amor, no entienden de esos espacios intermedios en los que en apariencia no ocurre nada, porque tal y como nos dice el propio autor: «la función del escritor hoy en día es describir con la mayor verdad posible, y con belleza, para tener el mayor impacto», aunque este sea el de describir el descarnado recuerdo del amor.



Ángel Silvelo Gabriel.

viernes, 12 de abril de 2019

ÁNGEL SILVELO GABRIEL, EL ARTE DE AMAR (EDITORIAL DENES 2019): LA POSIBILIDAD DE QUE EL TIEMPO NOS DEVUELVA AQUELLO QUE AÑORAMOS


El amor, en sus diferentes vertientes, es un bien escaso en la sociedad actual. Una sociedad que se caracteriza por intentar ganar tiempo al tiempo, pero que sin embargo no sabe cómo utilizar esa ínfima ganancia que muchas veces está llena de prejuicios, reproches o remordimientos. Como dice Eric Fromm en su ensayo El arte de amar: «Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.»

En la novela de Ángel Silvelo esa falta de tiempo es a la que se enfrentan Inés, Ana y Esther, tres hijas de una madre que se denomina a sí misma como La hija del olvido. En los días que preceden a la celebración de la Navidad, las cuatro darán rienda suelta a sus miedos e inquietudes. Y, harán frente a esas incertidumbres que las atenazan, y a un sinfín de preguntas para las que no tienen respuesta. En esa indefinición del tiempo y los afectos, sus diferentes soledades se llenarán de ecos y resonancias. Para la madre, ese runrún procede de los libros de poesía que le regalan sus hijas y, que han encontrado su máxima expresión, en los duros poemas de la poeta rusa Marina Tsvietáieva. Y, para sus hijas, se hallarán en las particulares aristas que gobiernan sus vidas, donde el trabajo y las relaciones de pareja nunca llegan a ser lo que ellas habían soñado. Como dice Inés, la hija mayor, al final de esta novela corta: «Sólo somos conscientes del verdadero significado del amor cuando el corazón se nos encoge delante de nuestros recuerdos, sobre todo, en ese instante donde la soledad se difuma tras el horizonte en el que indagamos la posibilidad de que el tiempo nos devuelva aquello que añoramos.»

Adoptando el título del ensayo homónimo de Eric Fromm, El arte de amar, el escritor español Ángel Silvelo realiza una expiación sobre las relaciones humanas. En este caso, sobre las relaciones entre madres e hijas, y sobre las diferentes formas de interpretar tanto el amor fraterno como el conyugal al que cada una de ellas se debe enfrentar. En ese ámbito de tierras movedizas es donde la esencia del amor es capaz de cambiarlo todo, aunque lo más difícil quizá sea abstraerse de la soledad que conlleva su fracaso. Como dice el propio Fromm: «Quien salva una sola vida, es como si hubiese salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiese destruido a todo el mundo.»

SOBRE EL AUTOR DE EL ARTE DE AMAR
Ángel Silvelo Gabriel (Piedralaves, Ávila, 1964) es funcionario de carrera del Cuerpo de Gestión de la Administración Civil del Estado y autor de las novelas: Fragmentos (Primer Premio Certamen Cultural Universidad Rey Juan Carlos 2001), Dejando pasar el tiempo (2012), Los últimos pasos de John Keats (2014), El juego de los deseos (2017), El arte de amar (Primer Premio XXVIII Premios Otoño Villa de Chiva 2018), La utopía del portero (Primer Premio Carlos Matallanas de Novela Breve 2019), y de la obra de teatro Fanny Brawne, La Belle Dame de Hampstead (2016).
Es colaborador de la web www.todoliteratura.es, y de los portales www.escritores.org y www.canal-literatura.com

miércoles, 10 de abril de 2019

ALBERT CAMUS, EL REVÉS Y EL DERECHO. DISCURSO DE SUECIA: LA LUZ QUE ILUMINA LOS RECUERDOS Y SUS EMOCIONES



La mirada del hombre sobre el niño. De la fama no buscada sobre la soledad y el silencio de la infancia que le acompañaron junto a su madre. Del paso del tiempo sobre los recuerdos. Y hacerlo con la pureza del que se siente afortunado y ya no puede pedir nada, salvo mostrar la dignidad de la pobreza de sus inicios y su firmeza ante la envidia, y valentía y decisión ante la injusticia. Así se nos muestra el Camus del año 1958 en el prefacio de El revés y el derecho. Un librito que contiene sentencias como esta: «No hay amor por la vida sin desesperación por la vida». Esa fue la auténtica desesperación que le llevó a luchar con todas sus fuerzas contra el Hombre que se convirtió en un devorador de hombres. La luz y la pureza que acompañan a estos relatos que componen el primer libro que, el escritor francés publicó cuando tenía veintidós años, nos llevan hasta la esencia que buscó a lo largo de sus algo más de veinte años de carrera literaria antes de encontrar la muerte de una forma absurda junto a un árbol contra el que chocó el vehículo conducido por su editor: «Si, pese a tantos esfuerzos para construir un lenguaje y dar vida a unos mitos, no consigo un día volver a escribir El revés y el derecho será que nunca he conseguido nada. He ahí algo de lo que estoy oscuramente convencido. En cualquier caso, nada me impide soñar que voy a conseguirlo, a imaginarme que volveré a colocar en el centro de esta obra el silencio admirable de una madre y el esfuerzo de un hombre para recuperar una justicia o un amor que equilibren ese silencio». Y lo consiguió justo antes de morir, cuando afrontó la escritura de su inconclusa novela, El primer hombre, un chorro intenso de luz que ilumina los recuerdos y sus emociones de una forma magistral, tanto por la forma poética que manifiesta en unas ocasiones como por la fuerza arrolladora y conmovedora con la que se desarrolla en otras. Ahí es donde Albert Camus consigue que la desnudez de la vida adopte la forma de un sol infinito que vigila el mundo desde un cielo que sólo ven aquellos que miran a las estrellas, pues necesitan alimentar su alma de esa íntima necesidad de salir volando de donde el mundo les ha colocado. Camus lo hizo a través de su inteligencia, su coraje y su expediente académico. Una vitalidad intelectual que nunca le abandonó, como tampoco lo hizo su pasión por las cosas sencillas, esas que como él dice no valen nada: «En África, el mar y el sol son gratis». Todo eso que más tarde encontraría un lugar de privilegio en El primer hombre, ya está presente en el relato Entre sí y no, donde el recuerdo de la madre y sus silencios es de nuevo conmovedor por la sencillez y la hondura con los que Camus los narra. Su amor hacia ella es inmenso, como inmensa es la desnudez de los pensamientos de una madre analfabeta y sorda que expresa sus sentimientos a través de sus silencios y sus miradas: «Al llegar a cierto grado de privación, ya nada conduce a nada, no parecen tener base ni la esperanza ni la desesperanza, y la vida entera se resume en una imagen. Pero ¿por qué quedarse en eso? Sencillo, todo es sencillo; en las luces de los faros, una verde, una roja, una blanca; en el frescor de la noche y en los olores de ciudad y de sórdida pobreza que me llegan. Si esta noche lo que regresa hacia mí es la imagen de cierta infancia, ¿cómo no dar acogida a la lección de amor y pobreza que puedo sacar de ella? Ya que esta hora es como un intervalo entre sí y no, dejo para otras horas la esperanza o el asco de vivir. Sí, recoger sólo la transparencia y la sencillez de los paraísos perdidos: en una imagen. Y fue así como, no hace mucho, en una casa de un barrio viejo, un hijo fue a ver a su madre. Están sentados, frente por frente, en silencio. Pero se encuentran sus miradas.»



En los cinco relatos que componen El  revés y el derecho, así como en el discurso que pronunció el 10 de diciembre de 1957 cuando recibió el Premio Nobel de Literatura y en la conferencia que días más tarde pronunció también en Estocolmo bajo el título de Discurso de Suecia, podemos apreciar esa ambivalencia de Camus a la hora de enfrentarse a su vida desde la desnudez de sus recuerdos: «Los principios debemos colocarlos en las cosas grandes; para las pequeñas basta con la misericordia»; y a la vida, desde su fiel compromiso con el hombre y su destino, porque como él mismo dijo: «He aprendido acerca de mí mismo, y sé de mis limitaciones y de casi todas mis debilidades. He aprendido menos acerca de los seres, porque mi curiosidad se refiere más a su destino que a sus reacciones, y los destinos se repiten mucho.» En este sentido, su lucha contra los totalitarismos que le tocaron vivir es firme y sin fisuras, tal y como se puede apreciar en sus dos intervenciones públicas en la ciudad de Estocolmo de 1957. Su destino, como artista y como hombre, estaba y está unido al de toda la humanidad. Su fórmula para no repetirlo: las palabras. «Aquella comarca me devolvía al centro de mí mismo y me enfrentaba con mi angustia secreta… ¿Cómo explicarlo? Cierto es que ante esa llanura italiana, poblada de árboles, de sol y de sonrisas, capté mejor que en otros lugares el olor a muerte e inhumanidad que llevaba un mes persiguiéndome. Sí, esa plenitud de lágrimas, esa paz sin alegría que me llenaba, todo eso no estaba constituido sino de una conciencia muy clara de lo que no volvía a mí: de renuncia y desinterés… Necesitaba una grandeza. La hallaba en el hecho de confrontar mi honda desesperación y la indiferencia secreta de uno de los paisajes más hermosos del mundo. Sacaba de él fuerza para ser a un tiempo valeroso y consciente» Y lo hizo. Lo hizo bajo la luz que ilumina los recuerdos y sus emociones.

 

Ángel Silvelo Gabriel. 

jueves, 28 de marzo de 2019

STEFAN ZWEIG, MENDEL EL DE LOS LIBROS: LA DEFENSA DE LA MEMORIA INDIVIDUAL QUE, A SU VEZ, DEVIENE EN PROTECCIÓN DE LA MEMORIA COLECTIVA



La curiosidad, la tenacidad, el trabajo y el silencio que acogen a toda misión importante que el hombre realiza a lo largo de su vida, son algunos de los elementos esenciales que la convierten en épica, como épica es la actitud vital de Jakob Mendel. Mendel es una mente privilegiada que vive, por y para los libros, en un mundo donde no existe nada más que el paraíso de las palabras, pues de paraíso idílico puede tildarse su actitud ante la vida y las personas que concitan su mismo interés por los libros. Zweig, en este magnífico relato, nos advierte de que el intelecto — el verdadero intelecto—, no conoce más fronteras que las del propio conocimiento; unas fronteras, eso sí, muy alejadas tanto de los políticos como de sus trágicas pretensiones geopolíticas, pues a éstas, solo les asiste la mezquindad de las nacionalidades. Con un estilo narrativo rico en matices, vivo en su ejecución e impecable en su praxis, el escritor austriaco pone en tela de juicio, una vez más, la división de las fronteras de una Europa que él nunca pudo ver unida. Unas fronteras, en su caso malditas, y que en su tiempo, solo produjeron guerras y también aislamiento, tanto cultural como intelectual, tal y como se demuestra en este librito publicado por Acantilado, Mendel el de los libros, donde él se vale de la figura de un judío ruso para verter sobre el texto todo su potencial como escritor comprometido con su tiempo e impulsor de una forma distinta —por inclusiva— de ver y de plantear y ejecutar las relaciones entre Estados. A través de Mendel, Zweig nos presenta la defensa de la memoria individual que, a su vez, deviene en protección de la memoria colectiva, como la Historia muy bien nos recordó en la primera mitad del siglo XX, donde las guerras, aparte de arrasar el territorio europeo, dejaron una herida que tardó mucho tiempo en cerrarse.



Mendel es el mejor ejemplo de lo importante que es ser guardián y transmisor de la cultura, en este caso, a través de los libros y su amor hacia ellos. Su forma de catalogarlos, conseguirlos y distribuirlos, nos habla de lo difícil que resulta salir indemne de la ignorancia del hombre, capaz como se dice siempre de lo mejor y también de lo peor. De ahí que, Mendel, sea el símbolo de una contraseña que nos abre el paso hacia una luz que, si dejamos que nos ilumine a lo largo de  nuestra vida, nunca nos arrepentiremos. Los libros y lo que representan. Los libros y su mundo. Los libros y su poder infinito, son los mejores transgresores de las fronteras físicas y mentales que tratan de imponernos nuestros dirigentes políticos en aras a manipular nuestras vidas a su antojo. Es tan fácil engendrar el odio entre los habitantes de un país, que su mecanismo —por simple— asusta, de ahí que la recuperación que hace el narrador de este relato del judío Mendel, sea una de las mejores formas de acercarnos a lo que es y lo que significa la libertad; un espacio cada vez más mermado en la sociedad actual, y del que hace mucho tiempo Stefan Zweig nos alertó de su pérdida, por la carga trágica que en sí misma lleva cuando se abate sobre nuestras vidas.



Mendel el de los libros, es un brillante relato que nos habla de la exclusión que se produjo en Europa en la primera mitad del siglo XX, pero también del poder intrínseco del libro en sí mismo, pues desde un diminuto local dentro de un café vienés, éste puede derribar todas las barreras posibles, y ofrecer al mismo tiempo, la oportunidad de iluminar nuevas mentes que, quizá, con el paso del tiempo se conviertan en transmisoras de una forma de ver y entender el mundo que lo conviertan en un lugar más habitable, porque no se nos debería olvidar que, la defensa de la memoria individual es, también, un signo de la defensa memoria colectiva.

 
Ángel Silvelo Gabriel.

lunes, 25 de marzo de 2019

ROJO, DE JOHN LOGAN.- DIRIGIDA POR JUAN ECHANOVE E INTERPRETADA JUNTO A RICARDO GÓMEZ EN EL TEATRO SALÓN CERVANTES DE ALCALÁ DE HENARES (MADRID): EL CAMINO DE TRANSFORMACIÓN QUE VA DEL ROJO AL NEGRO




Místico, exuberante, sensible, intenso, frío, apasionado, egocéntrico, descomunal, enigmático, ensimismado. Tirano, egoísta, interesado, desnaturalizado, atormentado, déspota, desquiciado, insensato, voraz, misántropo. Todo cabe en al voluptuosidad de Mark Rothko y su obra. Rompedor del movimiento cubista, difamador del arte pop. Y, entre uno y otro, aquello que tildaron como algo que él no sentía: expresionismo abstracto. Pintor de veladuras superpuestas. Tonalidades cromáticas de un mismo color que, sin embargo, necesitan de la sensibilidad y la transformación de quien observa. «Mi pintura es un 90% pensamiento y un 10% ejecución», dijo. Su pintura es contemplación. Honda y mística. Filosófica e intensa. Pura y directa. «¿Qué ves?», le pregunta a su ayudante. «Sí, ¿qué ves? Y no me digas lo que todo el mundo. Tómate tu tiempo y contempla. Deja que la pintura entre dentro de ti. Y transformarla a tu manera. Hazla tuya», le repite, no en tono de súplica, sino de mandato. Todo en él es desmesurado: su propuesta artística, su visión del mundo del arte, su planteamiento ético ante su trabajo y la vida. Todo ello le produjo conflicto y desazón: consigo mismo y con los demás. En este camino de transformación que va del rojo al negro y en el que en esta obra, Rojo, hay espacio para el ajuste de cuentas: con su vida y el mundo, su origen y su familia, la universidad y el establishment del mundo del arte. Y, por supuesto, para poner los puntos sobre la íes a Pollock y su obra. A su adoración por Caravaggio: «Y en esa oscuridad nace la luz» nos recuerda cuando rememora su vista a la iglesia de Santa María del Popolo en Roma y contempla La conversión de San Pablo de Caravaggio. Y, por encima de todo, la importancia del rojo. La importancia del rojo y de la obra, Armonía en rojo, de Matisse, ante la que pasó muchas horas: ¿Qué ves? Ahí es donde se encuentra el verdadero secreto de su pintura: desentrañar el misterio que se esconde tras cada capa de color, en la división que supone y significa cada una de ellas, en la reinterpretación de aquello que antes no existía, salvo en su mente. El tabaco y, sobre todo el alcohol hicieron el resto. Y, así, la frialdad se convertía en pasión, la templanza en desmesura y el hecho de pintar en un todo inabarcable en el que solo encontraba sosiego en el texto, El origen de la tragedia, de Nietzsche.



Rojo, de John Logan, es un brillante, intenso y aterrador texto que explora las diferentes capas o veladuras que existen en el mundo del arte, para nada simplista, como puedo parecernos a simple vista en el caso del expresionismo abstracto y, que además, proyecta con vehemencia un punto de vista único sobre lo qué es y cómo se vive y reinterpreta el mundo de la creación sobre la vida a través de la obra de un artista. Las aristas y la dura coraza que envuelven al ser humano se ven expuestas, en esta ocasión, en un perfecto equilibrio entre los excesos del artista y los temores del hombre, cuando éste abandona su estudio y deja olvidado en el suelo su pincel o su brocha de pintar. En este sentido, Juan Echanove está entregado a la causa, y da vida a un inigualable Rothko perdido en sus tinieblas y, que sin embargo, aún lucha por encontrar algo de luz en ese camino de transformación que le llevó del rojo al negro.



Ángel Silvelo Gabriel.