Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

viernes, 31 de mayo de 2019

EL ESCRITOR ÁNGEL SILVELO PRESENTA SU ÚLTIMA NOVELA, LA UTOPÍA DEL PORTERO (1º PREMIO DE NOVELA BREVE CARLOS MATALLANAS), EN MADRID: MARTES 4 DE JUNIO A LAS 19:00 H. EN LA LIBRERÍA LÉ (Pº DE LA CASTELLANA, 154)



La luz que ilumina los recuerdos y sus emociones se convierte en la protagonista de esta historia en la que un adolescente sin nombre se erige en el representante de toda una generación, aquella a la que se le dio el sobrenombre de baby boom. Sin más referencias vitales que aquellas que han aprendido en un terreno de juego, junto a las duras reglas de un barrio del extrarradio de Madrid, el protagonista de La utopía del portero y sus amigos harán frente —desde su inocencia— a los éxitos y fracasos que la vida les irá poniendo en su camino, lo que les llevará, incluso, a convertirse en nómadas de sus propios sueños cuando, sin más equipaje que un balón de fútbol, se vean forzados a buscar un nuevo terreno de juego en el que poder dar vía libre a sus anhelos.



El Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, dijo que: «El fútbol es la inteligencia en movimiento». Una frase que, en sí misma, encierra toda una serie de matices y significados que cubren y encumbran al llamado deporte rey a lo más alto de las pasiones humanas. A simple vista, parece que no exista una clara relación entre la literatura y el fútbol, sin embargo, en los dos hay reflexión, técnica, exigencia, precisión y conocimiento. De ahí que, en La utopía del portero, a lo largo de su texto aparezcan autores universales como Modiano, Yeats, Günter Grass, Benedetti o Borges; unos autores que ejercerán a la vez de contrapunto y faro de una historia narrada con la pasión de un adolescente que se abre a la vida y, sin embargo, no sabe, como sí sabía Pasolini que: «El fútbol tiene un lenguaje de poetas y otro de prosistas. Hay un fútbol narrativo u otro lírico». Como decía Pasolini: «El fútbol es la última representación sagrada de nuestra época.»



El Premio Carlos Matallanas de novela breve está impulsado por la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), y celebra la vida y la lucha de Carlos Matallanas —único miembro honorífico de AFE—, exfutbolista, analista futbolístico y periodista. Carlos tiene ELA, una dolencia degenerativa de tipo neuromuscular, y se ha convertido en una de las puntas de lanza en la visibilización de esta enfermedad. Soñaba con ser jugador de fútbol, ahora su meta es exigir y propiciar la investigación necesaria para derrotar a la enfermedad.



Los beneficios de la venta del libro irán destinados íntegramente a FUNDELA (Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica).

miércoles, 29 de mayo de 2019

ÁNGEL SILVELO FIRMARÁ EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2019 EJEMPLARES DE SU NOVELA, EL ARTE DE AMAR (EDITORIAL DENES), 1º PREMIO ADELANTE 2018 DE CREACIÓN LITERARIA DEL AYTO. DE CHIVA: DÍA 5 DE JUNIO DE 19: 00 A 21: HORAS —CASETA N.º 44 DE LA DISTRIBUIDORA MAIDHISA—


El amor, en sus diferentes vertientes, es un bien escaso en la sociedad actual. Una sociedad que se caracteriza por intentar ganar tiempo al tiempo, pero que sin embargo no sabe cómo utilizar esa ínfima ganancia que muchas veces está llena de prejuicios, reproches o remordimientos. Como dice Eric Fromm en su ensayo El arte de amar: «Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.» 

En la novela de Ángel Silvelo esa falta de tiempo es a la que se enfrentan Inés, Ana y Esther, tres hijas de una madre que se denomina a sí misma como La hija del olvido. En los días que preceden a la celebración de la Navidad, las cuatro darán rienda suelta a sus miedos e inquietudes. Y, harán frente a esas incertidumbres que las atenazan, y a un sinfín de preguntas para las que no tienen respuesta. En esa indefinición del tiempo y los afectos, sus diferentes soledades se llenarán de ecos y resonancias. Para la madre, ese runrún procede de los libros de poesía que le regalan sus hijas y, que han encontrado su máxima expresión, en los duros poemas de la poeta rusa Marina Tsvietáieva. Y, para sus hijas, se hallarán en las particulares aristas que gobiernan sus vidas, donde el trabajo y las relaciones de pareja nunca llegan a ser lo que ellas habían soñado. Como dice Inés, la hija mayor, al final de esta novela corta: «Sólo somos conscientes del verdadero significado del amor cuando el corazón se nos encoge delante de nuestros recuerdos, sobre todo, en ese instante donde la soledad se difuma tras el horizonte en el que indagamos la posibilidad de que el tiempo nos devuelva aquello que añoramos.»

Adoptando el título del ensayo homónimo de Eric Fromm, El arte de amar, el escritor español Ángel Silvelo realiza una expiación sobre las relaciones humanas. En este caso, sobre las relaciones entre madres e hijas, y sobre las diferentes formas de interpretar tanto el amor fraterno como el conyugal al que cada una de ellas se debe enfrentar. En ese ámbito de tierras movedizas es donde la esencia del amor es capaz de cambiarlo todo, aunque lo más difícil quizá sea abstraerse de la soledad que conlleva su fracaso. Como dice el propio Fromm: «Quien salva una sola vida, es como si hubiese salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiese destruido a todo el mundo.»

martes, 28 de mayo de 2019

SERGI PÀMIES, EL ARTE DE LLEVAR GABARDINA: LAS BRUMAS DEL PASADO QUE SE TORNAN FALSOS ESPEJISMOS DE UNO MISMO.



Recuperar los recuerdos como si fueran objetos que dejamos olvidados en un espacio que ya nos es ajeno. Descuidos que, sin embargo, son la mejor manifestación de esa libertad que tanto miedo nos produce a la hora de desprendernos de aquello que nos hace daño, nos duele o nos resulta ajeno, porque la proyección de nuestros actos en muchas ocasiones no deja de ser una manifestación de lo que no queremos ser. Atrapar esas sensaciones y vivencias tiempo después, es como rescatar a un náufrago moribundo de una pequeña isla perdida del mundo. Entonces, es cuando los recuerdos se convierten en esas islas que, por fin, nos atrevemos a revisitar para de esa forma recuperar a nuestros huérfanos instantes de vida olvidados por el paso del tiempo y esa intrínseca búsqueda de nuevas emociones con las que pretendemos seguir manteniéndonos vivos. Sin embargo, al volver a ellos es cuando las brumas del pasado se tornan falsos espejismos de uno mismo. Sergi Pàmies, una vez más, en esta última recopilación de relatos titulada, El arte de llevar gabardina, inicia ese retorno a las vivencias que como una gabardina olvidada en el armario, regresan a nuestras vidas cada vez que lo ordenamos, o queremos pasar página de todo aquello que ya no nos consuela. El consuelo y la misericordia, como dice el propio autor en uno de los relatos, yacen en un pasado que hoy en día parece no tener razón de ser. No obstante, con la destreza que le caracteriza a la hora de diseccionar los pequeños detalles, Pàmies nos lleva a esos territorios que ya nadie quiere visitar, y lo hace para demostrarnos la importancia de esas brumas del pasado que visita a la hora de ficcionar la realidad —la suya propia en realidad— y convertirla en micro historias con las que poder llenar los bolsillos de esa gabardina que se torna en el álter ego de la vida, la de Pàmies y la nuestra, pues todos somo el resultado de esas pequeñas piezas de realidad que de vez en cuando se nos presentan de repente y sin avisar para recordarnos lo que fuimos y en lo que nos hemos convertido. En este sentido, la destreza del escritor catalán se muestra más incisiva y mordaz cuando nos relata esos pequeños espacios donde la anécdota encaja a la perfección con la sorpresa y esa historia encubierta que sale al final de la misma, y que todo buen relato debe tener. Es ahí, cuando se aleja de los relatos de sus padres y sus ajustes de cuentas más familiares, cuando el arte del autor de La bicicleta estática o Si te comes un limón sin hacer muecas se muestra más necesario y pulcro con el arte narrativo, pues le dota de esa sintonía apenas perceptible y equilibrada existente entre realidad y ficción, y que tan bien maneja este autor nacido en París durante el exilio de sus padres.



La naturaleza de los relatos de El arte de llevar gabardina es la propia, aquella que nadie conoce mejor que uno mismo. Sin embargo, es a partir de ahí desde donde lo particular se convierte en universal, y ocupa el gran hueco que los seres humanos dejamos libre para rellenarlo con nuestros recuerdos. Como dice Vila-Matas de El arte de llevar gabardina: «Libro tristísimo, pero escrito con una felicidad monumental… Cuanto más brutalmente autobiográfico se muestra Pàmies, más ficción es lo que leemos». Y de este inicial contrasentido Pàmies aborda la actualidad política del pasado, o los atentados del 11-S, con una percepción íntima y cercana al terror que nos causan las grandes afrentas ante las que el ser humano sólo se muestra débil y cobarde. El arte de llevar gabardina es un libro de desasosiegos diarios que se nos presentan a destiempo, y que son el contrapunto de esos otros sueños que nunca se cumplen y que nos pasamos toda la vida persiguiendo, como si en esa balanza en la que siempre gana el fracaso, sólo existiera la posibilidad de desprenderse de los errores del pasado; única opción a nuestro alcance para llegar a nivelarla pues no existe la posibilidad de hacerlo con los aciertos del presente o del más próximo futuro, quizá, porque los recuerdos a la hora de hacerlos nuestros de nuevo, poseen la opción de poder modelarlos a nuestro antojo, porque como dice Patrick Modiano: «Los recuerdos son sólo la realidad fragmentada y desordenada de nuestras vidas». Vidas que se abalanzan sobre las brumas del pasado que se tornan falsos espejismos de uno mismo. 


Ángel Silvelo Gabriel.

lunes, 20 de mayo de 2019

ÁNGEL SILVELO GABRIEL, LA UTOPÍA DEL PORTERO: TRAS LA BÚSQUEDA DEL PRIMER HOMBRE



La luz que ilumina los recuerdos y sus emociones se convierte en la protagonista de esta historia en la que un adolescente sin nombre se erige en el representante de toda una generación, aquella a la que se le dio el sobrenombre de baby boom. Sin más referencias vitales que aquellas que han aprendido en un terreno de juego, junto a las duras reglas de un barrio del extrarradio de Madrid, el protagonista de La utopía del portero y sus amigos harán frente —desde su inocencia— a los éxitos y fracasos que la vida les irá poniendo en su camino, lo que les llevará, incluso, a convertirse en nómadas de sus propios sueños cuando, sin más equipaje que un balón de fútbol, se vean forzados a buscar un nuevo terreno de juego en el que poder dar vía libre a sus anhelos.

El Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, dijo que: «El fútbol es la inteligencia en movimiento». Una frase que, en sí misma, encierra toda una serie de matices y significados que cubren y encumbran al llamado deporte rey a lo más alto de las pasiones humanas. A simple vista, parece que no exista una clara relación entre la literatura y el fútbol, sin embargo, en los dos hay reflexión, técnica, exigencia, precisión y conocimiento. De ahí que, en La utopía del portero, a lo largo de su texto aparezcan autores universales como Modiano, Yeats, Günter Grass, Benedetti o Borges; unos autores que ejercerán a la vez de contrapunto y faro de una historia narrada con la pasión de un adolescente que se abre a la vida y, sin embargo, no sabe, como sí sabía Pasolini que: «El fútbol tiene un lenguaje de poetas y otro de prosistas. Hay un fútbol narrativo u otro lírico». Como decía Pasolini: «El fútbol es la última representación sagrada de nuestra época.»

La utopía del portero es una novela que nos habla de la vida. Su autor nos dice que el fútbol es vida y, también, que del fútbol se aprende para la vida. El fútbol es una expresión de libertad y de pasión, de diversión y mito, pero por encima de todo, es una infinita fábrica de sueños; un lugar donde se propician las segundas oportunidades, tal y como le ocurre al protagonista sin nombre de esta historia cuando declara que: «La utopía del portero es marcar un gol. De falta. De cabeza. A la desesperada en el rechace de un saque de esquina. La utopía del portero es desear lo imposible…»
Ángel Silvelo utiliza, con criterio y habilidad, las referencias futbolísticas de algunos de los hitos de la selección nacional de los últimos cuarenta años, para trazar el arco vital del protagonista. Como eje narrativo principal, y a partir del cual se despliega toda la narración, el autor escoge el mítico partido del 12-1 de España a Malta, además de ser éste el único anclaje que el protagonista encuentra para que su padre, enfermo de alzheimer, vuelva a ser quien fue. La utopía del portero es una novela que reflexiona sobre los sueños y las decepciones que el tiempo acarrea, y a su vez, sobre la necesidad de madurar, luchar y no perder la esperanza.   

SOBRE EL AUTOR DE LA UTOPÍA DEL PORTERO
Ángel Silvelo Gabriel (Piedralaves, Ávila, 1964) es funcionario de carrera del Cuerpo de Gestión de la Administración Civil del Estado y autor de las novelas: Fragmentos (Primer Premio Certamen Cultural Universidad Rey Juan Carlos 2001), Dejando pasar el tiempo (2012), Los últimos pasos de John Keats (2014), El juego de los deseos (2017), El arte de amar (Primer Premio XXVIII Premios Otoño Villa de Chiva 2018), La utopía del portero (Primer Premio Carlos Matallanas de Novela Breve 2019), y de la obra de teatro Fanny Brawne, La Belle Dame de Hampstead (2016). 
Es colaborador de la web www.todoliteratura.es, y de los portales www.escritores.org y www.canal-literatura.com 

martes, 14 de mayo de 2019

JULIAN BARNES, LA ÚNICA HISTORIA: EL RECUERDO DESCARNADO DEL DESAMOR



La emoción expresada con la frialdad que nos marcan los recuerdos. Recuerdos que, como cortinas traslúcidas, solo nos dejan apreciar siluetas difuminadas por el tiempo. Siluetas que debemos reinterpretar con la memoria. Una memoria siempre selectiva y caprichosa; una memoria que tiende a reafirmar aquello en lo que creemos y que nos ayuda a separar de una forma definitiva la realidad de la ficción. En este sentido, no es de extrañar que el propio Barnes nos diga que: «La memoria es la identidad; al hacernos mayores la memoria se degrada y la que queda se hace más maleable y eso me preocupa como escritor; y es peor con los recuerdos preferidos e importantes: cuanto más hemos hablado de ellos menos confiables son en la medida de que los vamos modificando imperceptiblemente; la memoria, me temo, tiene que ver más con la imaginación que con la observación». Imaginación y observación que deambulan de una forma magistral entre la primera, la segunda y la tercera personas a lo largo de la novela, lo que le permite al narrador situar al lector en diferentes planos de realidad, cercanos unos y más distantes otros. Un efecto que nos deja comprobar la tensión del recuerdo descarnado del desamor desde diferentes perspectivas, eso sí, todas ellas frías y distantes como un relato de Chéjov. Ahí es donde Barnes abre una senda de exploración para el lector, pues éste se mostrará más cercano o distanciado de la fervorosa inocencia y el alejamiento de la realidad de sus dos protagonistas: el joven Paul de 19 años, y la mujer madura Susan Mclead de 48 años. Todo ello, bajo el impacto y el reflejo social de una Inglaterra de los años sesenta que se aproxima al punk y a la ruptura sin límites con la vetusta sociedad victoriana.



Con todo, lo que más sorprende de esta novela titulada, La única historia, es ese deje de aparente distancia de su protagonista con la historia de amor que le dejó marcado para siempre, tanto a la hora de narrar el inicio de su idilio, como en la parte posterior de alcohol y derrumbe que se instala dentro de ella. A medida que avanza la novela, la crudeza del pasado es como un caballo de tortura sincopado que se perpetúa entre la cruda cotidianeidad de Susan y ese último recuerdo que para Paul supuso su amor. Ahí es donde escarbar en los límites de los recuerdos nos lleva a visitar ese solar vacío que nos enfrenta con el fracaso; un fracaso al que Julian Barnes despoja de toda falsedad o intrépido alumbramiento de fantasías que nunca existieron. Esa pulcritud en su prosa con la que nos presenta La única historia es un perfecto ajuste estilístico narrativo entre realidad y ficción, pues nos deposita más allá del sentimentalismo teñido de falsete. La firmeza y la verdad de esta historia se sostienen en su crudeza y verosimilitud, sin por ello, dejar de lado al amor y sus múltiples manifestaciones y consecuencias, porque Barnes nos presenta la ambivalencia y la doble cara que el amor abate sobre cada persona y, lo hace, «bajo la creencia que existe una autenticidad distinta de la memoria, y que no es inferior». Una autenticidad el universo descarnado del amor desde la lejana distancia de los recuerdos.



La única historia es ese juego perfecto y tenaz sobre aquellas experiencias que nos marcan para siempre, más si éstas se producen en la juventud, porque la vida y, sobre todo, el amor, no entienden de esos espacios intermedios en los que en apariencia no ocurre nada, porque tal y como nos dice el propio autor: «la función del escritor hoy en día es describir con la mayor verdad posible, y con belleza, para tener el mayor impacto», aunque este sea el de describir el descarnado recuerdo del amor.



Ángel Silvelo Gabriel.