Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

viernes, 26 de julio de 2019

AMOR Y MUERTE EN SEIS LECTURAS PARA EL VERANO


1.- ALBERT CAMUS, EL REVÉS Y EL DERECHO. DISCURSO DE SUECIA: LA LUZ QUE  ILUMINA LOS RECUERDOS Y SUS EMOCIONES

La mirada del hombre sobre el niño. De la fama no buscada sobre la soledad y el silencio de la infancia que le acompañaron junto a su madre. Del paso del tiempo sobre los recuerdos. Y hacerlo con la pureza del que se siente afortunado y ya no puede pedir nada, salvo mostrar la dignidad de la pobreza de sus inicios y su firmeza ante la envidia, y valentía y decisión ante la injusticia. Así se nos muestra el Camus del año 1958 en el prefacio de El revés y el derecho. Un librito que contiene sentencias como esta: «No hay amor por la vida sin desesperación por la vida». Esa fue la auténtica desesperación que le llevó a luchar con todas sus fuerzas contra el Hombre que se convirtió en un devorador de hombres. La luz y la pureza que acompañan a estos relatos que componen el primer libro que, el escritor francés publicó cuando tenía veintidós años, nos llevan hasta la esencia que buscó a lo largo de sus algo más de veinte años de carrera literaria antes de encontrar la muerte de una forma absurda junto a un árbol contra el que chocó el vehículo conducido por su editor: «Si, pese a tantos esfuerzos para construir un lenguaje y dar vida a unos mitos, no consigo un día volver a escribir El revés y el derecho será que nunca he conseguido nada. He ahí algo de lo que estoy oscuramente convencido. En cualquier caso, nada me impide soñar que voy a conseguirlo, a imaginarme que volveré a colocar en el centro de esta obra el silencio admirable de una madre y el esfuerzo de un hombre para recuperar una justicia o un amor que equilibren ese silencio».

2.- IRÈNE NÉMIROVSKY, DOMINGO: QUINCE RELATOS SOBRE LA NECESIDAD DE VIVIR Y SER AMADO

Allí donde las vidas comienzan y acaban. Allí donde las historias que nos narran descubren todo aquello que se esconde debajo de nuestra piel. Allí donde los sentimientos no entienden de convencionalismos porque están atrapados por la pasión del amor, la oscuridad de la codicia, o el trágico destino de las guerras. Espacios interiores y exteriores que se entremezclan a medio camino entre el reconocimiento y el sufrimiento de aquel que entiende su existencia como la necesidad de vivir y ser amado. Dos pliegues de una misma tela que, sin embargo, al menor descuido se rasgan y son imposibles de volver a componer. Estos quince relatos de Némirovsky reunidos bajo el título de Domingo son un canto a la incertidumbre del fracaso y al miedo a la pérdida. Y son castillos de naipes que penden de un frágil hálito de aliento que los derribe sin apenas dejar rastro. En estas quince historias, cuya extensión muchas veces van más allá del clásico relato corto para acercarse sin miedo a una novela corta, la escritora ucraniana nos desglosa de una forma inteligente y didáctica todos los valores existenciales que forman parte de su narrativa. Un estilo narrativo ampliamente contrastado en las numerosas novelas publicadas en España por Salamandra. Una de esas características presente en su narrativa es la necesidad de amar independientemente de la edad que se tenga. El amor está por encima del engaño y es una necesidad, nos expresa Némirovsky en el relato homónimo que abre esta recopilación. Una advertencia que también está presente en Las orillas dichosas, cuando nos acerca al amor visto por los ojos de una mujer vieja, abandonada y que se dedica a la prostitución. Una forma de ver el amor que la autora confronta con una joven bella, rica y ambiciosa. El contrapunto, en este caso, está entre lo ya hecho (pasado), y lo que se va a hacer (futuro). Como si, en el amor, estuviésemos condenados al fracaso. Un fracaso que nos nubla el corazón y la ideas. Estos dos ejemplos del amor visto por los ojos y el prisma de la mujeres abren este magnífico libro.

3.- JAY McINERNEY, LA BUENA VIDA: LA RENUNCIA QUE YACE BAJO LOS ESCOMBROS Y SUS CENIZAS

El día que la cúpula que nos protege de todo aquello a lo que nunca imaginamos que deberíamos enfrentarnos, cae encima de nuestras vidas, emprendemos un nuevo camino. Incierto, por lo inesperado. Trágico por la dimensión de lo inaccesible que tiene. Increíble, por su capacidad para trastornarnos. El día que las Torres Gemelas sucumbieron al terrorismo en el Bajo Manhattan, no sólo cambió el skyline de la ciudad de Nueva York, ni la concepción de intocables de los norteamericanos resguardados en sus celdas doradas repletas de dinero, codicia y poder, sino que también lo hicieron las vidas de los seres humanos que allí vivían; vidas que fueron obligadas a reinventarse de una forma tan abrupta como desesperada. Aquel día, los muertos dejaron sus vidas en el recuerdo imborrable de millones de personas para siempre; y los vivos tuvieron que aprender a experimentar la vida con otra escala de valores que, sin embargo, al poco tiempo volvieron a su norte cual brújula que sólo pierde su orientación por un pequeño espacio de tiempo. En este sentido, Jay McInerney, en La buena vida, trata de convencernos de que por encima de toda tragedia, el ser humano es capaz todavía de crear el milagro del amor. Una esperanza, la del amor, que corre el riesgo de mitigarse tras la renuncia que yace bajo los escombros y sus cenizas. Allí, donde la pasión busca desprenderse del fuego y el humo de dos rascacielos calcinados. Allí, donde la muerte y la sinrazón de los muertos se dan la mano. Allí, donde el pánico sólo engendra miedo. Lejos de un lugar, en el que la esperanza, ya no es la que atesoró la juventud. 

4.- JESÚS MARCHAMALO.- STEFAN ZWEIG, LA TINTA VIOLETA (ILUSTRADO POR ANTONIO SANTOS): “EL PELUQUERO DE LOS HÉROES”

Zweig, buen lector, mal deportista y estudiante —como nos apunta Jesús Marchamalo en La tinta violeta, la última entrega de la colección sobre autores universales que comparte con el ilustrador Antonio Santos y publica Nórdica libros. Zweig— fue, por encima de todo, un hombre que siempre persiguió la libertad. Un mal estudiante que, sin embargo, llegó a ser un autor admirado y de éxito en vida. Un autor, que es cierto que vio recompensado su esfuerzo a nivel internacional, pero también, que sacrificó buena parte de su existencia a la escritura. Una escritura que él cultivó como ejercicio de generosidad, pues no en vano, él lo sacrificó todo en pos de su pensamiento. En su obra, como en su vida, la lucha del individuo frente al Estado y los totalitarismos fue una rebelión interior a la que él aportó inteligencia y análisis; inteligencia y análisis con los que buscó dar al resto de la humanidad la oportunidad de salvarse de ese yugo acosador que fueron los totalitarismos. Para él, Europa era el último baluarte donde el individualismo en general y su individualismo en particular, eran la máxima expresión de la libertad, el respeto hacia los demás y la manifestación más pura de la cultura y del pensamiento libres. Una forma de pensar y vivir que él expresó tanto a través de la escritura como del coleccionismo, lo que le llevó a adquirir infinidad de objetos, partituras, manuscritos y originales de aquellos autores que él consideraba únicos y cercanos a la esencia de la que surge la creación. Una creación que, como una luz, Marchamalo vierte sobre su texto en Stefan Zweig, La tinta violeta. Una vez más, el periodista y escritor madrileño vuelca su buen hacer literario sobre una de las grandes figuras de la literatura, y lo hace con esa genialidad de la frase concisa, el verbo voraz, los adjetivos únicos e inclasificables, adjetivos solo separados por sabias comas; comas reveladoras de un ritmo frenético y apaciguado a la vez, comas que, como partituras de una melodía, nos introducen en un profundo éxtasis de palabras del que es muy difícil salir. Este arte en movimiento, en el que tan bien se maneja Jesús Marchamalo, tiene su complemento y su visualización en las magníficas ilustraciones de un Antonio Santos en estado de gracia —vean si no, su magnífico retrato de Zweig, digno del mejor de los coleccionistas—. La profundidad del mensaje y su contraste en blanco y negro en imágenes, son una muestra más de la simbiosis de esta extraña pareja. Una extraña pareja que, con el tiempo —ya van seis volúmenes con éste de la colección iniciada con Pío Baroja—, se han convertido en inseparables, y no solo eso, sino también, en una magnífica muestra de lo que se puede conseguir con un texto dinámico y lírico, y unas ilustraciones impactantes y demoledoras como pocas.



5.- JULIO LLAMAZARES, MEMORIA DE LA NIEVE: EL SILENCIO, LA MEMORIA, LA NIEVE…, EL PASO DEL TIEMPO



Buscar aquello que fuimos entre la niebla que se extiende por la geografía del silencio. Entre paredes que ya no son, y árboles que se sumergen debajo del agua. El atlas de la vida reconvertido en un fugaz espasmo del pasado. Pasado reconvertido en nieve. Nieve que se derrite y solidifica con el paso del tiempo. Nieve como estaciones que se suceden sin más propósito que dejar las huellas del tiempo pasado. Un tiempo en el que se pueden recuperar los dioses perdidos, los guerreros muertos y las batallas sangrientas de las que ya nadie se acuerda. Grosellas de color rojo que tintan la memoria de pasión, muerte y olvido. Árboles de hoja caduca quemados por el paso del tiempo y hojas secas dibujadas sobre un papel de fondo blanco. Terrenos oníricos en los que siempre cabe la posibilidad de dar vida a la muerte, al recuerdo, a la memoria, a la infancia…, y a los padres. Miradas sobre uno mismo que devienen en falsos espejismos como si todo fueran sombras en un bosque de noche. Bosque helado y solo iluminado por un mar de estrellas. Estrellas como nada más que se pueden ver en el campo. Lejos de la ciudad. Del ruido. Y la luz. Estrellas que iluminan aquellos caminos que recorrimos una vez. Lucecitas que nos recuerdan que un día fuimos felices sin nada, con tal solo mirar al cielo y ponernos a soñar. Lucecitas que sostiene los hilos invisibles de una Luna portentosa, perenne y que solo pueden llegar a ver aquellos que saben de lo que está fabricada la noche: de silencios, ausencias, ruidos y ecos olvidados y, sin embargo, tan presentes. Todo eso y más es Memoria de la nieve de Julio Llamazares... Memoria de la nieve también es pasear por la vida sin pisarla, sobre sendas que ya forman parte del pasado si no fuera por los recuerdos, tan presentes, como la nieve en invierno o efímeros como la noche en verano. Memoria de la nieve es una sucesión de estaciones. Estaciones de los sentidos que no se dejan atrapar por todo aquello que no merece la pena ser recordado. Memoria de la nieve levanta la iconografía de esa España olvidada a través de un rico léxico rural que apenas ya nadie conoce y que, sin embargo es muy evocador: urces, muérdago, marzales, pedernales... Fuerza sublime las de las palabras que nos llevan, una vez más, allí donde no creíamos que pudiésemos llegar. Memoria de la nieve es perderse entre la espesura del bosque y la sinuosidad de un niebla que no es de caramelo, pero sí evocadora de todo aquello que ya no somos: «No existe otra espiral que el bramido del tiempo».



6.- STEFAN ZWEIG, MENDEL EL DE LOS LIBROS: LA DEFENSA DE LA MEMORIA INDIVIDUAL QUE, A SU VEZ, DEVIENE EN PROTECCIÓN DE LA MEMORIA COLECTIVA



La curiosidad, la tenacidad, el trabajo y el silencio que acogen a toda misión importante que el hombre realiza a lo largo de su vida, son algunos de los elementos esenciales que la convierten en épica, como épica es la actitud vital de Jakob Mendel. Mendel es una mente privilegiada que vive, por y para los libros, en un mundo donde no existe nada más que el paraíso de las palabras, pues de paraíso idílico puede tildarse su actitud ante la vida y las personas que concitan su mismo interés por los libros. Zweig, en este magnífico relato, nos advierte de que el intelecto — el verdadero intelecto—, no conoce más fronteras que las del propio conocimiento; unas fronteras, eso sí, muy alejadas tanto de los políticos como de sus trágicas pretensiones geopolíticas, pues a éstas, solo les asiste la mezquindad de las nacionalidades. Con un estilo narrativo rico en matices, vivo en su ejecución e impecable en su praxis, el escritor austriaco pone en tela de juicio, una vez más, la división de las fronteras de una Europa que él nunca pudo ver unida. Unas fronteras, en su caso malditas, y que en su tiempo, solo produjeron guerras y también aislamiento, tanto cultural como intelectual, tal y como se demuestra en este librito publicado por Acantilado, Mendel el de los libros, donde él se vale de la figura de un judío ruso para verter sobre el texto todo su potencial como escritor comprometido con su tiempo e impulsor de una forma distinta —por inclusiva— de ver y de plantear y ejecutar las relaciones entre Estados. A través de Mendel, Zweig nos presenta la defensa de la memoria individual que, a su vez, deviene en protección de la memoria colectiva, como la Historia muy bien nos recordó en la primera mitad del siglo XX, donde las guerras, aparte de arrasar el territorio europeo, dejaron una herida que tardó mucho tiempo en cerrarse.



Ángel Silvelo Gabriel.

lunes, 22 de julio de 2019

RAMÓN ZARRAGOITIA, TOPÓNIMOS: LOS ESPACIOS GEOGRÁFICOS QUE CUBREN NUESTRAS VIDAS.



Es difícil sustraerse al lugar donde uno vive. El clima, las horas de sol, la lluvia o una sempiterna niebla son accidentes climatológicos que por sí solos nos modelan la vida y el carácter, y lo hacen de un modo que para nosotros muchas veces es imperceptible, pues siempre pensamos que nuestro poder de decisión, o sencillamente nuestros deseos, son más fuertes que cualquier agente externo que no sea una persona. Entonces, ¿qué es lo que nos cambia la vida? En Topónimos, Ramón Zarragoitia, reúne a lo largo de catorce relatos una parte de los porqués y de las razones que muchas veces nos llevan a residir en un determinado lugar, y de cómo ese lugar se comporta como una gran cúpula que nos aísla del resto del mundo, para de ese modo perfilar en silencio los acontecimientos más importantes de nuestra existencia. Los pueblos y ciudades de estos relatos son espacios geográficos que cubren nuestras vidas, pero también, a lo largo de su lectura, somos conscientes que, quizá, ese perfil del horizonte de nuestro día a día lo vamos construyendo cada uno de nosotros a nuestra manera sin necesidad de acudir a agentes externos. No obstante, la toponimia de este conjunto de relatos se extiende como un todo a lo largo y ancho de las palabras y expresiones de cada historia, pues todas ellas están perfectamente documentadas, tanto en lo geográfico como en lo lingüístico, ya que su autor sobresale en el manejo del lenguaje y las distintas lenguas y modismos en los que sus protagonistas se expresan. Esta exhaustividad también está muy presente en las meticulosas descripciones de los paisajes exteriores en lo físico e interiores en lo íntimo, dándose la mano unos y otros sin que apenas seamos conscientes de ello. Esta simbiosis entre lo externo e interno también se produce en el planteamiento de las diferentes tramas, pues en ellas, Ramón Zarragoitia, como buen cuentista que es, juega con la imaginación del lector y le intenta llevar a su terreno; un espacio donde, aparte del factor sorpresa presente en alguno de sus relatos, él nos quiere hacer entrever las razones de sus protagonistas forzándonos a leer entrelíneas, pues entrelíneas nos suceden muchas de las cosas más importantes de nuestras vidas. Ese guante blanco que recorre las historias de Topónimos hace que estas sean una suerte de tour de force vital al que Ramón somete a sus personajes, para de esa forma, poner en valor una parte de sus habilidades como narrador de historias.



A lo dicho hasta ahora, habría que añadir que, el mundo en Topónimos, es un lugar de conflictos, donde una de sus características principales es la presencia en cada relato de dos personajes antagonistas. Así, el suicidio o la muerte se contraponen a la vida o al héroe que por sí mismo es capaz de cambiar el destino que de antemano tenía dibujado en su mente el protagonista de la narración, o donde el riesgo que es recordado a modo de ensoñación del personaje masculino es aplacado por la presencia y visión más realista de su mujer. Sea como fuere, siempre hay una espacio para la sorpresa en estos catorce relatos, pero también para una tensión muy bien perfilada y ejecutada por Zarragoitia, pues sabe perderse muy bien, y de paso, perdernos a nosotros, en esos afluentes que, adyacentes, recorren las líneas de estas historias hasta hacernos llegar al momento álgido en cada una de ellas que, a modo de sentencia, se precipita, como una avalancha de nieve, sobre nuestra imaginación de lectores. Si algo nos queda claro después de leer esta colección de relatos, es que Ramón Zarragoitia no va a dejar indiferentes a todos aquellos que se acerquen a leerlos, pues su técnica narrativa se alza victoriosa por encima de hombres y mujeres, pueblos y ciudades, y sobre todo, por encima de unas vidas que buscan salvarse de alguna manera de la angustia que su propia vida les produce. No obstante, el bueno de Ramón deja espacio para la esperanza, y lo hace en aquellos cuentos que parece que le tocan más de cerca, pues se muestra muy generoso con las personas a las que el destino no parece favorecerles. Esa bondad es un signo más de la majestuosidad de sus planteamientos como escritor, pues como él sabe muy bien, a la hora de plantearse una situación y su resolución, los finales felices también existen. Y un ejemplo de ello es la materialización de este libro, porque a través de su lectura asistimos a esa consagración con la que todo escritor sueña cuando comienza a escribir. Y en donde, además, somos testigos vivos, muy vivos, de que la vida y sus días son los verdaderos héroes de una cotidianeidad que a veces se nos muestra contraria a nuestros deseos.


Ángel Silvelo Gabriel.

viernes, 28 de junio de 2019

JULIO LLAMAZARES, MEMORIA DE LA NIEVE: EL SILENCIO, LA MEMORIA, LA NIEVE…, EL PASO DEL TIEMPO



Buscar aquello que fuimos entre la niebla que se extiende por la geografía del silencio. Entre paredes que ya no son, y árboles que se sumergen debajo del agua. El atlas de la vida reconvertido en un fugaz espasmo del pasado. Pasado reconvertido en nieve. Nieve que se derrite y solidifica con el paso del tiempo. Nieve como estaciones que se suceden sin más propósito que dejar las huellas del tiempo pasado. Un tiempo en el que se pueden recuperar los dioses perdidos, los guerreros muertos y las batallas sangrientas de las que ya nadie se acuerda. Grosellas de color rojo que tintan la memoria de pasión, muerte y olvido. Árboles de hoja caduca quemados por el paso del tiempo y hojas secas dibujadas sobre un papel de fondo blanco. Terrenos oníricos en los que siempre cabe la posibilidad de dar vida a la muerte, al recuerdo, a la memoria, a la infancia…, y a los padres. Miradas sobre uno mismo que devienen en falsos espejismos como si todo fueran sombras en un bosque de noche. Bosque helado y solo iluminado por un mar de estrellas. Estrellas como nada más que se pueden ver en el campo. Lejos de la ciudad. Del ruido. Y la luz. Estrellas que iluminan aquellos caminos que recorrimos una vez. Lucecitas que nos recuerdan que un día fuimos felices sin nada, con tal solo mirar al cielo y ponernos a soñar. Lucecitas que sostiene los hilos invisibles de una Luna portentosa, perenne y que solo pueden llegar a ver aquellos que saben de lo que está fabricada la noche: de silencios, ausencias, ruidos y ecos olvidados y, sin embargo, tan presentes. Todo eso y más es Memoria de la nieve de Julio Llamazares... Memoria de la nieve también es pasear por la vida sin pisarla, sobre sendas que ya forman parte del pasado si no fuera por los recuerdos, tan presentes, como la nieve en invierno o efímeros como la noche en verano. Memoria de la nieve es una sucesión de estaciones. Estaciones de los sentidos que no se dejan atrapar por todo aquello que no merece la pena ser recordado. Memoria de la nieve levanta la iconografía de esa España olvidada a través de un rico léxico rural que apenas ya nadie conoce y que, sin embargo es muy evocador: urces, muérdago, marzales, pedernales... Fuerza sublime las de las palabras que nos llevan, una vez más, allí donde no creíamos que pudiésemos llegar. Memoria de la nieve es perderse entre la espesura del bosque y la sinuosidad de un niebla que no es de caramelo, pero sí evocadora de todo aquello que ya no somos: «No existe otra espiral que el bramido del tiempo».



Y detrás de todo ese paisaje brumoso, el nogal. Nogal como efigie del mundo de los sueños. Poderoso como solo puede llegar a serlo el más épico de nuestros recuerdos. Recuerdos en blanco y negro que se transponen en unas acuarelas teñidas de añiles, grises, blancos o incluso violetas. Acuarelas con las que Adolfo Serra da forma a este sueño de sueños. Impresionantes imágenes que perpetúan, más si cabe, el poder de las palabras de un Julio Llamazares que, al irse a vivir a Madrid, nos dibuja esta geografía del silencio a través del paso del tiempo a la que tituló Memoria de la nieve. Palabras e imágenes que, en este caso, son el complemento perfecto de un universo único, por lo potente que resulta su mensaje. Mensaje atribulado de un mundo que ya no existe: «Solo estoy, en esta noche última, como un toro de nieve que brama a las estrellas».



Ruidos de bueyes y carretas, orfebres y alfareros, árboles y hojas de riberas que ya no existen y que no volveremos a oír en la espesura de la noche salvo si nos invocamos a través de la magia de los sueños. Sonidos y ecos que pertenecen al otro lado del edén donde descansan los guerreros, el silencio, la memoria, la nieve…, el paso del tiempo.



Ángel Silvelo Gabriel.

martes, 25 de junio de 2019

LUCIA BERLIN, MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA: LA BÚSQUEDA DE LA LUZ AL OTRO LADO DEL EDÉN



Situar la mirada en el margen de la vida que transcurre silenciosa, anónima y sin otros altibajos que la heroica necesidad de seguir viviendo en los arrabales de una sociedad que no entiende más que mirar hacia adelante. Detenerse en el tiempo, en las sombras que nos proporcionan aquellos hechos de nuestras vidas que, por insólitos, no dejan de ser importantes, y que nos llevan a remover las montañas de basura que se conforman en nuestro día a día. Desesperación, incomprensión, soledad y, al final, una sonrisa que nos sale desde lo más profundo del alma y que por sí sola es capaz de comportarse como la búsqueda de la luz al otro lado del edén. Todo ello conforma el mapa vital y literario de esta antología de relatos que se comporta como un territorio propio. Territorio original e inexpugnable que una y otra vez visita y nos narra Lucia Berlin en sus cuentos. Historias de luces y sombras que dibujan el atlas geográfico de una vida llena de vitalidad, fracasos y adicciones que, sin embargo, siempre encuentran el cauce de la literatura para ser reabsorbidas por el mundo. Parajes inciertos, historias del día a día plagadas de enigmas sin solución, viajes existenciales que van desde El Paso a Nueva York, o del jazz a las rancheras mexicanas. En todas ellas, la escritora norteamericana parece decirnos que siempre hay dientes que sacar, aunque el único objetivo sea el de colocarnos una dentadura postiza. Ese es el mágico sortilegio por el que se desenvuelven sus personajes ante la vida que, como la protagonista del cuento que da título a esta antología, se deja llevar por las decisiones propias y ajenas sin importarle mucho las consecuencias de sus actos, algo parecido a lo que hacía la señora de la limpieza de uno de los cuentos más increíbles del genial Truman Capote, titulado Un día de trabajo.



¿Por qué debemos reverenciar el ritmo de Lucia Berlin a la hora de marcar los latidos de su prosa? Quizá, porque, sin duda, pertenece a escuela de escritores norteamericanos que han hecho del fracaso y la desidia toda una poesía de la heroicidad y de la derrota. Carver, Bukowsky y Fante en su vertiente más errática. O Capote, en su vertiente más despiadada y morbosa. Es cierto que la obra de Lucia Berlin es comparada con cierta asiduidad con la del poeta y escritor, Williams Carlos Williams, que aborda la creación desde una realidad capaz de despertar la imaginación de quien la percibe, algo que también lleva a cabo Berlin en sus relatos, pero sin dejar de ser menos cierto que la realidad le sirve a ella para crear obras de ficción que no son ni buscan ser un retrato exacto de la realidad, sino un aparte donde el proceso creativo que la transforma es el verdadero protagonista de la misma. Esa mezcla, no obstante, no distorsiona aquello que se nos quiere narrar, sino que le proporciona a la historia contada márgenes de no realidad que de otra forma no existirían. Y es ahí, donde se encuentra una buena parte de la fuerza como narradora de Lucia Berlin que, al igual que el nadador del cuento de John Cheever, va atravesando los setos de las casas ajenas para zambullirse en sus piscinas y respirar algo de libertad cuando se encuentra debajo del agua, como si ese elemento acuoso fuese el medio en el que evadirse de todo aquello que le persigue y atormenta. Una muestra de libertad que también se aprecia en su técnica narrativa, donde los giros sorprendentes e insospechados, así como las expresiones festivas, populares o simplemente chisposas, forman parte de sus relatos de una forma natural, lo que contrasta con la solidez de la pérdida o el fracaso que persiguen a sus personajes, siempre envueltos en fases de rehabilitación o búsqueda. La búsqueda de la luz al otro lado del edén.

 
Ángel Silvelo Gabriel. 

lunes, 17 de junio de 2019

EXPOSICIÓN DE DARÍO VILLALBA, “POP SOUL, ENCAPSULADOS & OTROS”, EN LA SALA ALCALÁ 31 DE MADRID: LOS ESPACIOS DEL AISLAMIENTO AL SERVICIO DEL ALMA



Las burbujas del alma esparcidas en espacios transparentes y aéreos, libres y prisioneras a la vez, de sí mismas y de las miradas del otro. Ser transparente admite un doble riesgo: ser invisible, o también, poder ser traspasado con una simple mirada. En esa desnudez sin matices se nos presenta en los personajes rosas o fluorescentes de los primeros encapsulados de Darío Villalba en la Sala Alcalá 31 de Madrid, y también, en tonalidades grises con matices que van del negro al blanco más despiadado en otros. Espacios de aislamiento al servicio del alma que retratan a los olvidados del mundo sobre los que Darío Villalba apenas se atreve a trazar unos ligeros brochazos de color rojo como elemento discordante y sutil en forma de grieta más que de contrapunto. En la determinación de retratar y vincular el arte a la soledad y al desasosiego que acoge a sus encapsulados o retratos, el artista apuesta por la dureza y el sobrecogimiento a la hora de llamarnos la atención sobre ese otro mundo al que todos condenamos al ostracismo o al olvido. Un arte de lo undeground, si queremos denominarlo así, que traspasa la barrera de lo anecdótico para convertirse en una singular muestra del arte de almas, o como nos diría el poeta portugués Fernando Pessoa: alma de almas, pues sus fotografías de gran formato buscan la expresión de lo único, pues únicos son cada uno de sus personajes, verdaderos artífices de mundos fronterizos donde la cotidianeidad no está exenta de un magnetismo cercano a lo inquietante, pues esa es una de las peculiaridades de la exposición Pop soul, encapsulados & otros, la de transmitirnos la inquietud del otro sobre nosotros, nuestro universo y nuestro limitado campo de sensaciones, anodinadas o aletargadas en la vulgaridad casi todas ellas a lo largo de nuestras insulsas vidas. Hay mucha vida y plenitud en los encapsulados que deambulan a lo largo de la exposición como cortinas de estados de ánimos, que a la vez que los vamos atravesando, se van apoderando de nuestros sentidos en una especie de tromba de imágenes que nos inundan sin pedirnos permiso, pues su fuerza es arrebatadora.



Al otro lado de esa profunda sordidez, Villalba se permite también mirar a la belleza de una, forma tan natural, que resulta hipnotizante. Un ejemplo de ello es su fotografía titulada, La novia que nunca tuve, donde el rostro de la joven que ha retratado se erige con una gran fuerza sobre la extemporaneidad de los sueños. Lo que en ocasiones no es tan apabullante, si no tan solo sugerido, como el tríptico del que forma parte Chica rubia, donde el juego de contrates entre la claridad de los blancos y la opacidad de los negros hace que deseemos conocer el rostro de la joven en cuestión. Esa firmeza a la hora de manifestar la libertad del gesto a través de la pureza de la mirada engalana una parte de las fotografías o montajes de la segunda planta de la exposición, eso sí, si nos abstraemos de la inigualable dureza de Lágrimas; una instantánea que por sí sola se hace merecedora de ser visitada la exposición. Una exposición de un Darío Villalba que se nos muestra como un maestro a la hora de mostrarnos los espacios del aislamiento al servicio del alma.



Ángel Silvelo Gabriel.

jueves, 13 de junio de 2019

SEGUNDA EDICIÓN DEL ‘PREMIO CARLOS MATALLANAS’ DE NOVELA BREVE: ABIERTO EL PLAZO DE ENTREGA.



Las botas con las que jugaba Carlos Matallanas, periodista, ex futbolista, único miembro honorífico de AFE e incansable luchador contra la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), presiden la sede de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) en Madrid y son un símbolo de la lucha, la firmeza, la rebeldía y los valores de un enorme deportista.

En honor a su valentía y determinación, y coincidiendo con el 40º Aniversario de AFE, la asociación convocó el I 'Premio Carlos Matallanas' de novela breve, símbolo de la unión entre cultura y fútbol. Esta iniciativa, que se realiza anualmente, surge en línea con el compromiso firme de AFE en la defensa de los valores y la responsabilidad social por la que apuesta desde hace años con diversas acciones como la lucha contra la ELA.

1ª PARTICIPANTES

Podrán participar en este concurso todos los escritores, cualquiera que sea su nacionalidad, que presenten una novela sobre el mundo del fútbol que sea original e inédita y escrita en castellano. Quedan excluidas las obras de aquellos autores que fallecieron antes de anunciarse esta convocatoria.

2ª PRESENTACIÓN DE OBRAS AL CONCURSO

Los escritores que deseen optar al Premio deberán presentar las obras por duplicado ateniéndose a cualquiera de las dos opciones siguientes:

(I) Enviando dos juegos impresos, en cuyo caso deberán ser remitidos por correo postal a las oficinas de Prisma Publicaciones, de GRUPO PLANETA, sitas en Avda. Diagonal, 662- 664, 4ª planta, 08034 Barcelona, España, haciendo constar en la primera página que concurren al Premio Carlos Matallanas, objeto de estas bases; o

(II) Enviando un ejemplar impreso, que deberá ser remitido como se indica en el apartado anterior (I), más un ejemplar enviado por correo electrónico a, en formato word o pdf (lo cual no eximirá de la obligación de presentar la novela impresa por correo postal), indicando en el «asunto» del correo electrónico el título de la obra. La recepción del juego impreso en las oficinas de Prisma Publicaciones es la fecha que marcará la presentación de la OBRA a concurso.

Las obras deberán tener una extensión comprendida entre las 120 y las 150 páginas, tamaño DIN A4 (210 x 297 mm), claramente mecanografiadas a doble espacio y a doble cara. Los originales deberán enviarse debidamente encuadernados. A su entrega, las obras deberán estar terminadas, en condiciones aptas para su publicación. Las obras presentadas que no reúnan los requisitos anteriores no serán admitidas a concurso.

En caso de que las obras se presenten bajo seudónimo, deberán remitirse por correo postal y los datos personales deberán constar junto con la novela en un sobre aparte. Se considerará que la presentación al Premio bajo seudónimo se efectúa a los solos efectos del desarrollo del concurso hasta su fallo.

Toda obra irá acompañada de un sobre aparte donde figuren como mínimo los siguientes datos:

I) Identificación (nombre y apellidos del autor y, en su caso, el seudónimo que se utilice).

II) Domicilio y número del Documento Nacional de Identidad, pasaporte o cualquier otro documento oficial identificativo.

III) Manifestación expresa del carácter original e inédito de la obra que se presenta, así como que no es copia ni modificación, total o parcial, de ninguna otra obra propia o ajena.

IV) Manifestación expresa de la titularidad del autor sobre todos los derechos de explotación de la obra, y que ostenta la plena disposición de los mismos.

V) Manifestación de que la obra presentada al Premio no ha sido presentada a ningún otro concurso que esté pendiente de resolución en el momento de la presentación de la obra al Premio.

VI) Manifestación expresa de la aceptación por el autor de todas y cada una de las bases del Premio.

VII) Fecha de la declaración y firma original.

El autor de la obra presentada al Premio se obliga a mantener totalmente indemne a la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) por cuantos daños y/o perjuicios pudiera ésta sufrir como consecuencia de la inexactitud o falta de veracidad de cualquiera de las manifestaciones indicadas anteriormente y realizadas por el autor en el momento de la presentación de la obra. AFE mantendrá informados a los participantes en el Premio a través de los comunicados que publicará en los medios de comunicación y mediante la web https://premioscarlosmatallanas.com, al margen de los cuales no existirá correspondencia ni comunicación alguna entre los participantes y Prisma Publicaciones.

La admisión de originales se cierra el día 1 de octubre de 2019. No obstante, Prisma Publicaciones podrá admitir aquellos respecto de los que tenga constancia de que han sido enviados hasta tal fecha, siempre que se reciban en un plazo que no altere el normal desarrollo del concurso.

3ª AUTORÍA, ORIGINALIDAD Y DIVULGACIÓN DE LAS OBRAS

La presentación de una novela al concurso implica necesariamente la aceptación íntegra e incondicional de las presentes bases por parte del optante, así como:

(I) El consentimiento irrevocable del optante a la divulgación de la obra presentada en caso de resultar premiada o finalista.

(II) La garantía por parte del optante, con total indemnidad para la Asociación de Futbolistas Españoles, de la autoría y la originalidad de la obra presentada, y de que ésta no sea copia ni modificación total o parcial de ninguna otra obra propia o ajena.

(III) La garantía por parte del optante, con total indemnidad para la Asociación de Futbolistas Españoles, del carácter inédito en todo el mundo de la obra presentada y de la titularidad en exclusiva y sin carga ni limitación alguna de todos los derechos de explotación sobre la misma y frente a terceros, sin hallarse sometida a ningún otro concurso pendiente de resolución. 

La presentación de la obra conlleva, asimismo, el compromiso de su autor a no retirarla del concurso.

4ª JURADO Y VOTACIÓN

El JURADO estará formado por cinco personalidades, que serán designadas libremente por la Asociación de Futbolistas Españoles.

Las decisiones del Jurado, incluido el fallo definitivo, se adoptarán por mayoría simple. Cualquier deliberación del Jurado será secreta. Sin perjuicio del contenido del fallo definitivo del concurso, la Asociación de Futbolistas Españoles no responde de las opiniones manifestadas por el Jurado o por cualquiera de sus miembros, antes o después de la emisión de aquél, en relación con cualquiera de las obras presentadas.

5ª PREMIO

La cuantía del Premio será de 18.000 €.

El concurso no podrá ser declarado desierto ni distribuirse el premio entre dos o más obras concursantes. El fallo del Jurado, que será inapelable, se hará público en el transcurso de una velada que se celebrará en Madrid el 4 de marzo de 2020.

6ª CESIÓN DE DERECHOS DE EXPLOTACIÓN

El otorgamiento del Premio supone que el autor de la obra galardonada ceda en exclusiva a la Asociación de Futbolistas Españoles todos los derechos de explotación sobre esa obra, incluyendo entre otros los de reproducción por cualquier sistema gráfico, mecánico, electrónico, reprográfico, digital, o de cualquier otra índole; distribución en cualquier formato o soporte y canal, y mediante venta, alquiler, préstamo o cualquier otra forma; comunicación pública a través de proyección audiovisual, representación escénica, emisión por radiodifusión, transmisión por cable, fibra óptica, alámbrica o inalámbrica, sistemas telemáticos, digitales u on-line, incorporación a bases de datos, o mediante cualquier otro sistema; transformación, incluida la traducción y la adaptación a obra audiovisual o dramática, u otras obras derivadas, y en general, para todas las modalidades de explotación y medios de difusión conocidos en el momento del otorgamiento del Premio, en todos los países y lenguas del mundo, y por todo el período de vigencia de los derechos de Propiedad Intelectual.

La cesión de los derechos de explotación de la obra ganadora supone la cesión de derechos de edición en forma de libro, bajo las modalidades de tapa dura o cartoné, tapa flexible, rústica, ediciones económicas y/o de bolsillo, de lujo, de bibliófilo, ilustradas, especiales para empresas u otras editoriales, para escuelas, club, club digital, CD-ROM u otros soportes digitales o magnéticos, inclusión en colecciones de la editorial o en publicaciones periódicas de forma parcial o completa, y cualesquiera otras modalidades conocidas en ese momento.

La Asociación de Futbolistas Españoles podrá efectuar la explotación de los derechos sobre las obras galardonadas directamente por sí misma o suscribir, con cualquier otra compañía de su grupo empresarial o con terceros, en exclusiva o no, los acuerdos que resulten precisos para posibilitar la mejor explotación y ejecución de aquéllos y en las diversas modalidades, tanto en España como en el extranjero. El autor galardonado se obliga a suscribir el contrato o contratos de edición, de cesión de los derechos de explotación sobre la obra premiada y demás documentos que sean precisos para formalizar oportunamente dicha cesión. Con el objetivo de lograr la mayor difusión del Premio, el autor se comprometerá activa y personalmente en la presentación y promoción de la obra ganadora en aquellos actos que Prisma Publicaciones estime conveniente.

GRUPO PLANETA efectuará una primera edición de la obra galardonada con el tiraje que estime oportuno, y con las reimpresiones que libremente decida la Asociación de Futbolistas Españoles.

El precio de venta al público de los ejemplares vendidos será cedido íntegramente a la Fundación FUNDELA.

7ª INSCRIPCIÓN DE DERECHOS EN REGISTROS PÚBLICOS

Quedarán bajo la exclusiva responsabilidad del autor la inscripción de la obra presentada al Premio en el Registro de la Propiedad Intelectual, así como los efectos de su no inscripción frente a terceros.

Cada autor se obliga, además, a suscribir cuantos documentos sean necesarios para que los derechos cedidos a la Asociación de Futbolistas Españoles sobre su obra queden inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual y en cualesquiera otros registros públicos nacionales, extranjeros o internacionales.

8ª DEVOLUCIÓN DE ORIGINALES

Una vez adjudicado el Premio no se devolverán a los autores no premiados los originales presentados, que serán destruidos. En ningún caso se facilitará copia de los informes realizados para la evaluación de la obra.

9ª PROMOCIÓN DE LA OBRA GANADORA DEL PREMIO

Con el objetivo de lograr la mayor difusión del Premio, el autor premiado se compromete activa y personalmente en la promoción de la obra ganadora que la Asociación de Futbolistas Españoles estime necesaria.

10ª SUMISIÓN EXPRESA
Para cualquier duda, discrepancia, reclamación o cuestión que pueda suscitarse directa o indirectamente con ocasión de la interpretación y ejecución de las presentes bases, las partes se someten a la legislación española y renuncian al fuero propio que pudiera corresponderles y se someten expresamente a la jurisdicción de los Juzgados y Tribunales de Barcelona.

lunes, 10 de junio de 2019

CRÓNICA DEL CONCIERTO DE McENROE EN LA SALA DE COLUMNAS DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID: UN UNIVERSO PLAGADO DE PASIONES Y DESAMORES



La mirada del hombre sobre sus sueños, sus esperanzas y también desesperanzas. Todas ellas acotadas bajo la distancia que nos marca el tiempo. El tiempo y los recuerdos que, sobre imágenes fragmentadas, se diluyen en nuestra memoria. La plenitud que da la madurez provoca notas que salen de un baúl en forma de Aleph musical que se desborda sobre las teclas de un piano o en las cuerdas de una guitarra, precipitando con ello un universo de sonidos y melodías que trascienden la barrera de nuestros sentidos y se depositan en la nebulosa de los deseos; deseos que no buscan más trascendencia que la necesidad de ese íntimo hedonismo que nos vuelva a hacer disfrutar con aquello que nos hace felices. La felicidad de un instante que nos hace estallar sin apenas hacer ruido. Ahí donde el silencio de las emociones no entorpece el caudal de imágenes que nos devuelven a aquellos momentos en los que verdad sentimos la necesidad de sentirnos vivos. Ahí es donde reside la riqueza de matices que McEnroe consigue concierto tras concierto y los convierte en un espasmo donde los sueños se hacen realidad. El pasado viernes, en una abarrotada Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes, así lo atestiguaron. Y lo hicieron desde la serenidad del que se siente a gusto con lo que hace. Desde esa plenitud que nos proporciona la certeza de las buenas vibraciones que los demás nos logran transmitir fueron atacando un setlist perfecto de ritmo y melodías; un setlist perfecto que se comportó como una sinfonía sin más límites que el de los sueños y las sensaciones que lograron despertar en sus seguidores que, hipnotizados, se dejaban hacer y llevar, por más que en la parte de atrás de la sala el sonido no fuera todo lo bueno que cabía esperar, pero no así en la parte delantera, cerca del escenario, donde la reverberancia del local no fue capaz de apoderarse del sonido del grupo vasco. A todo ello, habría que añadir el gran momento de forma de un Ricardo Lezón, casi inmune al escenario y lo que eso le comporta para su afamada timidez, pues imbuido del buen ambiente del concierto puso de su parte lo mejor que sabe hacer: transmitir emociones a raudales con una voz rasgada y entrecortada por la fuerza que poseen cada una de las letras de sus canciones, que se comportan como poemas cargados de algoritmos que van y vienen en busca de la necesidad de ese arrebato que los hace únicos. Metáforas poderosas que transmiten imágenes únicas unas veces, sencillas otras, pero que sin duda, son el eco de un universo plagado de pasiones y desamores.



Lo de menos fue como empezó el concierto: «Ha sido sombra, he sido luz,» de su canción Seré tú, de su último disco titulado La distancia y, del que, como dijo Lezón en el concierto, están muy contentos. O como terminó, con su himno Rayo de luz, en una nueva demostración de la profundidad de sus melodías, que encuentran en la oscuridad un plus de genialidad. Y es ahí, en ese contexto de guitarras armónicas y teclados acompasados donde los de Getxo se convierten en perfectos ejemplos de una autenticidad perdida en el túnel del tiempo. Arrebatadores como pocas veces les hemos visto sobre un escenario, McEnroe demostraron esa necesidad de comunicación con sus seguidores, que eso sí, les acompasaron casi en cada canción con una gran ovación y con unos ¡bravos! que sonaban aquí y allá en una perfecta armonía de felicidad o admiración. Quizá, porque como dice la letra de la canción La distancia de lobo: «Hay un ruido en mí,/ que no sé parar,/ un rumor constante/ como el de las manzanas que no saben caer».   

 

Ángel Silvelo Gabriel. 

jueves, 6 de junio de 2019

MIGUEL A. MOLINA, DILUVIO PERSONAL: UNA LLUVIA IMAGINARIA Y PROFÉTICA SOBRE EL MUNDO Y SUS EMOCIONES




Diluvio personal como forma de empapar el mundo a través de una lluvia imaginaria y profética sobre el mundo y sus emociones. Diluvio personal como agua purificadora que limpia, pero no borra, las aristas de la vida y los sentimientos, pues estos permanecen unidos a nuestra piel de una manera indeleble. Diluvio personal como instrumento con el que dar luz a los más desfavorecidos, a los anónimos, a los desaparecidos de un mundo perdido en los likes de las redes sociales. Chaparrones y aguaceros íntimos, aprisionados en 99 palabras con las que su autor, Miguel A. Molina, perfila la vida de sus personajes y el mundo que les aprieta. Un mundo que los atrapa para luego dejarles libres, como los sentimientos y los reproches que se enquistan en nuestro alma. Alma húmeda y, profusa en oquedades, donde aún podemos resguardarnos de esa tormenta que nunca queremos que sea ni bíblica ni exterminadora, porque los personajes que retrata Molina buscan también la luz y ese último rayo de sol que les envía el mensaje que merece la pena seguir adelante. Diluvio personal es el nuevo libro de Miguel A. Molina, Un volumen de 140 microrrelatos con el que se gradúa de una forma definitiva como un experto narrador del instante encapsulado en sus poderosas 99 palabras. Molina ya no necesita echar siempre mano de la sorpresa o el giro inesperado o fatídico. Ahora le basta fijar su mirada y su pluma sobre aquello que le rodea para marcar un sesgo personal e intransferible a la hora de retratar el microcosmos de unas vidas llenas de amor y desamor, esperanza y derrota, lucha y fracaso. Y, sin dudar, en hacerlo, plasmando en sus micros la realidad social que le está tocando vivir, y así, nos habla de las guerras olvidadas del mundo, de la violencia de género, del abandono de las personas mayores, o del desamor, con la misma facilidad que confronta presente y pasado en una poderosa semblanza de: Sequía, Llovizna, Tormenta o Aguacero.



Diluvio personal comienza con un magnífico micro titulado Hambruna; una historia que por sí sola sería merecedora de un premio y que, en este caso, el autor ha regalado a sus lectores de una forma generosa. En él están presentes muchas de las preocupaciones que ocupan al autor, donde también al literatura y las sinuosidades del camino se hacen tan reales como la felicidad o la muerte lo hacen en nuestras vidas. Por si todavía todo esto no fuera suficiente, Miguel A. Molina nos regala micros escritos en diferentes formas geométricas: como por ejemplo son un corazón o una cruz. O también, mezclando número y letras, en un ejercicio de inteligencia que hace muy visible el desconcierto del ser humano en la actualidad.



En definitiva, Diluvio personal es la confirmación de Miguel A. Molina como un experto microrrelatista, donde a través de las 99 palabras de cada uno de los 140 micros que componen este volumen, nos da muestra de su maestría y acierto a la hora de fijar su mirada en un diluvio personal. Un diluvio personal, como forma de empapar el universo a través de una lluvia imaginaria y profética sobre el mundo y sus emociones.



Ángel Silvelo Gabriel. 

viernes, 31 de mayo de 2019

EL ESCRITOR ÁNGEL SILVELO PRESENTA SU ÚLTIMA NOVELA, LA UTOPÍA DEL PORTERO (1º PREMIO DE NOVELA BREVE CARLOS MATALLANAS), EN MADRID: MARTES 4 DE JUNIO A LAS 19:00 H. EN LA LIBRERÍA LÉ (Pº DE LA CASTELLANA, 154)



La luz que ilumina los recuerdos y sus emociones se convierte en la protagonista de esta historia en la que un adolescente sin nombre se erige en el representante de toda una generación, aquella a la que se le dio el sobrenombre de baby boom. Sin más referencias vitales que aquellas que han aprendido en un terreno de juego, junto a las duras reglas de un barrio del extrarradio de Madrid, el protagonista de La utopía del portero y sus amigos harán frente —desde su inocencia— a los éxitos y fracasos que la vida les irá poniendo en su camino, lo que les llevará, incluso, a convertirse en nómadas de sus propios sueños cuando, sin más equipaje que un balón de fútbol, se vean forzados a buscar un nuevo terreno de juego en el que poder dar vía libre a sus anhelos.



El Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, dijo que: «El fútbol es la inteligencia en movimiento». Una frase que, en sí misma, encierra toda una serie de matices y significados que cubren y encumbran al llamado deporte rey a lo más alto de las pasiones humanas. A simple vista, parece que no exista una clara relación entre la literatura y el fútbol, sin embargo, en los dos hay reflexión, técnica, exigencia, precisión y conocimiento. De ahí que, en La utopía del portero, a lo largo de su texto aparezcan autores universales como Modiano, Yeats, Günter Grass, Benedetti o Borges; unos autores que ejercerán a la vez de contrapunto y faro de una historia narrada con la pasión de un adolescente que se abre a la vida y, sin embargo, no sabe, como sí sabía Pasolini que: «El fútbol tiene un lenguaje de poetas y otro de prosistas. Hay un fútbol narrativo u otro lírico». Como decía Pasolini: «El fútbol es la última representación sagrada de nuestra época.»



El Premio Carlos Matallanas de novela breve está impulsado por la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), y celebra la vida y la lucha de Carlos Matallanas —único miembro honorífico de AFE—, exfutbolista, analista futbolístico y periodista. Carlos tiene ELA, una dolencia degenerativa de tipo neuromuscular, y se ha convertido en una de las puntas de lanza en la visibilización de esta enfermedad. Soñaba con ser jugador de fútbol, ahora su meta es exigir y propiciar la investigación necesaria para derrotar a la enfermedad.



Los beneficios de la venta del libro irán destinados íntegramente a FUNDELA (Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica).

miércoles, 29 de mayo de 2019

ÁNGEL SILVELO FIRMARÁ EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2019 EJEMPLARES DE SU NOVELA, EL ARTE DE AMAR (EDITORIAL DENES), 1º PREMIO ADELANTE 2018 DE CREACIÓN LITERARIA DEL AYTO. DE CHIVA: DÍA 5 DE JUNIO DE 19: 00 A 21: HORAS —CASETA N.º 44 DE LA DISTRIBUIDORA MAIDHISA—


El amor, en sus diferentes vertientes, es un bien escaso en la sociedad actual. Una sociedad que se caracteriza por intentar ganar tiempo al tiempo, pero que sin embargo no sabe cómo utilizar esa ínfima ganancia que muchas veces está llena de prejuicios, reproches o remordimientos. Como dice Eric Fromm en su ensayo El arte de amar: «Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.» 

En la novela de Ángel Silvelo esa falta de tiempo es a la que se enfrentan Inés, Ana y Esther, tres hijas de una madre que se denomina a sí misma como La hija del olvido. En los días que preceden a la celebración de la Navidad, las cuatro darán rienda suelta a sus miedos e inquietudes. Y, harán frente a esas incertidumbres que las atenazan, y a un sinfín de preguntas para las que no tienen respuesta. En esa indefinición del tiempo y los afectos, sus diferentes soledades se llenarán de ecos y resonancias. Para la madre, ese runrún procede de los libros de poesía que le regalan sus hijas y, que han encontrado su máxima expresión, en los duros poemas de la poeta rusa Marina Tsvietáieva. Y, para sus hijas, se hallarán en las particulares aristas que gobiernan sus vidas, donde el trabajo y las relaciones de pareja nunca llegan a ser lo que ellas habían soñado. Como dice Inés, la hija mayor, al final de esta novela corta: «Sólo somos conscientes del verdadero significado del amor cuando el corazón se nos encoge delante de nuestros recuerdos, sobre todo, en ese instante donde la soledad se difuma tras el horizonte en el que indagamos la posibilidad de que el tiempo nos devuelva aquello que añoramos.»

Adoptando el título del ensayo homónimo de Eric Fromm, El arte de amar, el escritor español Ángel Silvelo realiza una expiación sobre las relaciones humanas. En este caso, sobre las relaciones entre madres e hijas, y sobre las diferentes formas de interpretar tanto el amor fraterno como el conyugal al que cada una de ellas se debe enfrentar. En ese ámbito de tierras movedizas es donde la esencia del amor es capaz de cambiarlo todo, aunque lo más difícil quizá sea abstraerse de la soledad que conlleva su fracaso. Como dice el propio Fromm: «Quien salva una sola vida, es como si hubiese salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiese destruido a todo el mundo.»