Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

domingo, 21 de enero de 2018

EL HOMBRE LIBRO.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
Tenía la sensación de estar laminado, como si mi cuerpo fuese un libro lleno de hojas. Al incorporarme fui consciente de que algo había cambiado, pues en mi brazo derecho pude leer: «En un lugar de la Mancha». Incrédulo, giré mi cabeza a la izquierda, y leí: «de cuyo nombre no quiero acordarme». Todo me resultaba extraño, como en un sueño. Yo nunca quise tatuarme y ahora me había convertido en un hombre libro. Mi piel estaba rugosa como las hojas de papel. Mis manos habían crecido hasta convertirse en unas perfectas pastas con las que recubrir todas y cada una de las frases que decoraban mi cuerpo. Incluso mi olor era muy parecido a esa leve fragancia de tinta e imprenta que impregna a cada libro. Todo era nuevo y diferente, como cuando te enamoras por primera vez. Sin embargo, el pánico se apoderó de mí, al pensar que, en algún lugar de mi cuerpo, tendría tatuada la palabra fin.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

miércoles, 17 de enero de 2018

JESÚS MARCHAMALO; VIRGINIA WOOLF, LAS OLAS (ILUSTRADO POR ANTONIO SANTOS): LA FAMILIA, LOS AMIGOS, LA LITERATURA Y… LAS OLAS


 
Tal y como reza la leyenda que acompaña a cada uno de los libros de Nórdica: «Pronto llegará la nieve. Se siente en el aire» y, tal y como es costumbre en los últimos años, cuando el calendario llega a su fin: «Pronto llegará un nuevo libro del tándem formado por Marchamalo y Santos». En esta ocasión, la escritora elegida ha sido Virginia Woolf. Una escritora que, como los anteriores —en palabras del escritor y periodista Jesús Marchamalo— también tiene el sesgo de rara o especial. Una virtud a la que el escritor, una vez más, ha sacado brillo y singularidad, porque este corto e intenso retrato que nos brinda sobre la famosa escritora del grupo de  Bloomsbury, es entrañable a la vez que genial, a la par que: único, sintético, luminoso, certero, lírico o sobrecogedor. No hay detalle que se escape a la mirada de Marchamalo, pues en apenas ocho folios deja una semblanza inolvidable del personaje que aborda que, como un eco, se repite dentro de nosotros una y otra vez sin tiempo para la negación. Su escritura, lírica y elíptica, es una majestuosa sucesión de imágenes que nos atrapan y nos devuelven a ese tipo de literatura hipnótica y magistral que nos deja sin aliento. No nos dejemos engañar, porque este pequeño libro: Virginia Woolf, Las olas, te invita a su lectura no sólo una vez, sino varias, por la profundidad de sus frases y palabras y, como no, por las magníficas ilustraciones de Antonio Santos que, de nuevo, nos arrastra con sus imágenes a esa Inglaterra victoriana de principios del s. XX. Magníficas son sus ilustraciones que, en ocasiones, nos recuerdan a ese desnudo intelectual presente en los cuadros metafísicos de De Chirico; o en otras nos evocan a los grandes maestros de la pintura española a través de sus imponentes retratos que nos obligan a  dejar de leer para contemplar en toda su plenitud la esencia de los gestos y los trazos —sencillos y sobrecogedores— de este artista que desnuda almas y que, a través de su dualidad: blanco-negro, proyecta la austera plenitud de la vida, ya sea ésta alegre o triste, luminosa u oscura, parca o metafórica. 

Virginia Woolf, Las olas es una vida en sí misma, pero también, una vida en muchas otras y a la inversa, pues todas ellas confluyen en el alma trabajosa y atormentada de uno de los mitos de la literatura. Un mito que expresó sus miedos y su libertad cuando decidió poner fin a su vida: «¡Contra ti me lanzaré, entera, invicta, oh muerte!». Un extraordinario epitafio que fue esculpido en una placa que, a su vez, fue depositada entre dos olmos. En su sombra esa Ofelia trágica paró su reloj a las doce y cuarto del día en el que decidió marchar sola en busca del rugir de las olas que la mecieran y acompañaran en el letargo del sueño eterno. Un sueño eterno que nos retrotrae hasta su recuerdo. Un recuerdo que siempre irá acompañado de su familia, los amigos, la literatura y… las olas. 

Ángel Silvelo Gabriel. 

domingo, 14 de enero de 2018

COMPAÑERAS DE VIAJE.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
Cruzamos la línea roja que divide realidad y ficción en nuestro potente Ford Mustang. Empezamos pisando fuerte, porque no queríamos llegar tarde a nuestro destino, pero algo salió mal en nuestro viaje iniciático a ninguna parte y salimos despedidas de nuestra road movie como dos sirenas a las que se les ha saco precipitadamente del agua. El coche en el que nos habíamos subido se paró en mitad de la nada. Maldije nuestra mala suerte y miré a mi compañera de viaje, que hasta ese momento creí que era Louise. Me miré a mí misma, pero tampoco encontré ningún rastro de Thelma. «¿Dónde estamos?», me preguntó ella. «Creo que nos hemos equivocado de película», le respondí. Y entonces, como dos idiotas, nos bajamos del tiovivo al que nos habíamos subido.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

domingo, 7 de enero de 2018

BAJO CONTROL.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
Un pájaro se posó en el alfeizar. Revoloteaba de un lado a otro sin tener ninguna sospecha de las dudas que me atenazaban. Mañana defendía mi último examen ante el Tribunal y, si todo salía bien, y el fallo era positivo, se abría ante mí un futuro prometedor como Abogado del Estado. Desde que nací, nunca tuve poder de elección, y mi vida se desarrolló en un planeta gobernado por mi madre. Una valiente jueza que no se permitía la más leve vacilación. Una cualidad que incluyó: mi carrera de Derecho, mi oposición, mi futura boda con María… Sin dudarlo, ella convirtió mi vida en una aburrida procesión de imágenes prefabricadas, lo que instintivamente me llevó a mirar de nuevo al pájaro revoloteador que, inquieto, parecía invitarme a seguirle. No sé cómo lo hice, pero no dudé en aceptar su tenaz invitación sin pensar que tampoco estaba preparado para volar.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

miércoles, 3 de enero de 2018

TEATRO TRIBUEÑE: PROGRAMACIÓN ENERO 2018

TEATRO TRIBUEÑE

TEATRO DE REPERTORIO

PROGRAMACIÓN ENERO

La auténtica verdad es que en el arte dramático no hay tal cosa como una verdad única. Hay muchas. Y cada una de ellas se enfrenta a la otra, se alejan, se reflejan entre sí, se ignoran, se burlan la una de la otra, son ciegas a su mera existencia.

– Harold Pinter –
 
 
 
FINES DE SEMANA DE MUSICAL
 
 
TRIBU DE POETAS DE ESTE MES
 

viernes, 29 de diciembre de 2017

NAVEGANDO ENTRE GIGANTES.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO



Al despertarse, el dinosaurio se vio reducido a un diminuto muñeco de peluche. «Navegando entre gigantes», pensó. Pero justo antes de cerrar de nuevo sus ojos para poder seguir soñando, se dijo: «ayer también imaginé que ponía un pie en el aire y veía la ciudad iluminarse por arriba y no por eso dejé de ser lo que soy, un enorme dinosaurio».
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

martes, 26 de diciembre de 2017

EL PODER DE LA INFORMACIÓN. Un artículo de Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz

 
Supongamos que mandan a un periodista a cubrir una charla de un autor de prestigio. Supongamos que el tema de la charla no se toca más que de refilón. Supongamos, también, que para escribir el artículo echa mano de sus mejores dotes de redacción. Imaginemos, ahora, que nosotros hemos asistido a la misma charla y al día siguiente leemos ese artículo, lo que provoca que, en nuestro estado de ánimo, se genere una reacción en cadena: sorpresa, incredulidad, consternación, auto convencimiento y, al final, enfado.
 
Sorpresa, porque con solo cuatro datos, pero bien distribuidos y en párrafos perfectamente desarrollados, ha expuesto el tema.
 
Incredulidad, ya que no se puede expresar mejor; ha puesto en práctica todas las tácticas narrativas:
  • Palabras exactas y buena ortografía para dejar una magnífica impresión.
  • Ideas organizadas y expresadas de modo claro, evitando así confusiones y malos entendidos.
  • Correcta distribución de la información. Una cosa por frase, párrafos cortos y puntos y aparte bien dispuestos para distinguir un asunto de otro, un momento de otro.
Después llega la consternación; es imposible hacerlo mejor:
  • La información es unitaria. Trata solo de un asunto que tiene diversas facetas, a modo de poliedro, pero que compone un todo. No se dispersa en cuestiones diferentes, pues se juega la coherencia.
  • También es completa, no le falta nada: la hora y el lugar en que todo ocurrió, su protagonista principal bien descrito, los detalles de cómo se comportó… Está expresado de una forma natural y sencilla; hasta alguien con un nivel básico entendería el mensaje.
  • Y no deja ningún cabo suelto, lo que termina lo empieza.
Llegados a este punto, aparece el auto convencimiento. Inmersos como estamos en un endiablado ritmo de vida, pendientes de varias cosas a la vez, quizá no prestamos atención y solo escuchamos la mitad de la charla, quizá nos ausentamos mentalmente y el periodista esté en lo cierto. El recién aceptado neologismo de la posverdad acaba de aparecer en nuestras vidas: distorsionamos deliberadamente la realidad, a partir de la lectura del artículo, y nos convencemos de que lo que allí aparece es real y así lo convertimos en cierto.
 
Pero nosotros estuvimos allí. El enfado acaba de hacer su aparición. Sabemos lo que allí se dijo y lo que no, y a renglón seguido nos entra el pánico cuando caemos en la cuenta de que todavía puede ser peor, ya que la forma en que lo narra el periodista hace que terceros que no estuvieron en esa conferencia se lo crean y vivan como verdad indudable algo que es una pura percepción.
 
Empate técnico. Ambos sabemos lo que en aquella charla ocurrió y ambos estamos seguros de ello. Lo dejamos en manos del narrador googlescente: “porque uno de los primeros deberes del periodista es informar de manera veraz”. Ah claro. Ahí está el problema.
 
En este caso hemos utilizado un evento de carácter cultural, donde no hay en juego nada importante para el espectador. Pero ¿y si se tratara de una información transcendental para los ciudadanos? ¿Dónde queda la responsabilidad del informador? ¿Dónde está la ética de la transmisión honesta de los hechos y el rigor en la redacción de una noticia?
 
Vamos a terminar con unas palabras de Jean Louis Servan-Schreiber, presidente del grupo periodístico L’Expansión ―revista de economía francesa fundada por él en 1967―, un especialista en medios de comunicación y un estudioso de economía aplicada a las empresas de prensa. En una entrevista a El País afirma:
”… se olvida que lo que importa es el contenido y la calidad de lenguaje y de estilo. Este problema se hace patente sobre todo en la prensa escrita: la mayor parte de los periódicos actuales se editan no para informar, sino para distraer, y es un hecho que cada vez existen menos periódicos de calidad, que son los propiamente informativos. La información del futuro sólo puede construirse sobre la calidad de los profesionales y de los periódicos y del profesionalismo y la honestidad de los periodistas”.
 
Y es que, a día de hoy, el poder de la información está en sus manos.
 
Un artículo de Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz.

domingo, 24 de diciembre de 2017

WONDER WHEEL DE WOODY ALLEN: LA NORIA DONDE VIAJAN LAS PULSACIONES DEL CORAZÓN


 
La rueda de las preguntas gira y gira del cielo a la tierra sin llegar a pararse o posarse en un lugar determinado, quizá, porque la vida sea el símil perfecto de una noria que nunca se para y va dando vueltas y vueltas, vueltas y vueltas… Así se nos presenta esta pieza melodramática con tintes de comedia que tiende más a la teatralización que a la cinta cinematográfica y bebe casi por igual de las obras dramáticas de Tennessee Williams (Un tranvía llamado deseo), o de Arthur Miller (Panorama desde el puente), para ofrecernos las oscuras pulsaciones del corazón que se hallan escondidas tras cada grieta que nos ha producido la vida. Grietas que representan el fracaso de las elecciones amorosas y existenciales que se van acumulando dentro de nosotros mismos como un peso insalvable que nos impide despegar de nuestro propio foso. Woody Allen tira de esos elementos argumentales para presentarnos su última película, Wonder Wheel, bajo la luz maravillosa de una paleta cromática en tonos pastes del gran Vittorio Storaro, y una escenificación de ensueño que nos envuelve en cada movimiento de cámara y que es el perfecto encuadre material para el nuevo enredo de corazones rotos que nos presenta un Woddy Allen que, en esta ocasión, planea a gran altura sobre las pasiones humanas. En un rasgo fácilmente identificable dentro dela filmografía del neoyorquino, la trama no es introducida por uno de los salvavidas de las playas de Coney Island. Un personaje que es interpretado por un Justin Timberlake muy plano. Poeta de poca monta y joven enamoradizo que sabe aprovechar las oportunidades que se le presentan, es sin embargo, el perfecto paje de ceremonias que todo melodrama necesita como excusa o tarjeta de presentación de todo lo que en verdad mueve el mundo: las pasiones del corazón que, Allen, vierte sobre una magistral Kate Winslet y un estupendo James Belushi. Ambos, representan de una manera muy convincente el calor asfixiante que el corazón ejerce sobre el fracaso y sobre los deseos en un tórrido verano de los años cincuenta en Coney Island. En ese contexto claustrofóbico no hay escapatoria para unos perdedores como ellos, ni tan siquiera a través de la liviandad del mar que aquí se no presenta como un muro y no como una balsa hacia la salvación. No obstante, en el raquítico espacio existente entre las olas de la playa y la pequeña vivienda en la que viven (frente a la majestuosa noria que nunca se para), hay un infinito territorio en el que compartir y representar el gran teatro del mundo que se cierne sobre las almas atormentadas. 

Wonder Wheel, tiene muchos aspectos positivos, que la hacen destacar por sí sola entre los últimos títulos de Allen, pero si de algo podemos estar seguros, es de que asistimos a una de las mejores interpretaciones de Kate Winslet, pues la actriz brilla con luz propia y juega con nuestro sentidos en cada una de las escenas, sobre todo, en aquellas en las que ha sido filmada a contraluz, pues hacen de su presencia una especie de sueño hecho realidad, que se nos cuela entre la bruma de la desesperación que hay tras su mirada, lo que nos lleva a acordarnos de esa otra diva de la interpretación, Vivien Leigh, en Un tranvía llamado deseo, sobre todo, en el tramo final de la película. También reconforta ver la solvente actuación de Juno Temple que nos trae ecos de Kathie, el personaje de Miller en Panorama desde el puente. Ambas, dan luz a los contrastes que se esconden bajo el tamiz del amor que corre o sale corriendo dependiendo de cuál sea el papel que te toque interpretar, igual que una noria donde viajan las pulsaciones del corazón; una noria que no para y da vueltas y vueltas, vueltas y vueltas… 

Ángel Silvelo Gabriel. 

viernes, 22 de diciembre de 2017

RAPHAEL, GIRA LOCO POR CANTAR EN EL WIZINK CENTER DE MADRID: EL TRIUNFO APOTEÓSICO DE UNA “NUEVA” ESTRELLA DEL INDIE ESPAÑOL


 
Apabullante como la potencia sonora y visual de las versiones de las canciones, nuevas y de siempre, elegidas para esta última gira: Loco por cantar; indulgente con la mediocridad del mundo; apoteósico en la madurez de su carrera como músico y como mito; el indie más indie del panorama español. Así se presentó ayer en el Wizink Center de Madrid un rejuvenecido Raphael ante 15.000 personas que abarrotaban el recinto de una forma mágica, pues lo hacían a golpe de linterna de móvil o de grabaciones de vídeo que hacían de las gradas y del patio de butacas un éxtasis de luciérnagas nerviosas que luchaban por ese instante de magia que recordar en el futuro. Instantes de magia hubo muchos a lo largo de las dos horas y media que duró el concierto, porque aunque empezó de una forma mucho más cercana al pop-rock (formato elegido por Raphael para esta gira), al cabo de las tres primeras canciones, él les dijo a sus fans: «no os preocupéis que a pesar que de momento han sonado tres de las canciones de mi último disco, todos sabemos a lo que hemos venido aquí». Y dicho y hecho, porque nada más pronunciar esas palabras comenzaron a sonar los acordes de Mi gran noche, lo que produjo la primera gran algarabía de la noche en el patio de butacas. Raphael dice en sus entrevistas que siempre trata de montar un espectáculo distinto en cada gira, y a fe que, por los vistos hasta el momento, lo consigue año tras año. Ayer, acercando con gran acierto sus canciones a un formato pop-rock tan potente como majestuoso, porque la gran profesionalidad de sus músicos así nos lo atestiguaron, llenando de matices cada uno de los temas con las cuerdas de sus guitarras, bajo, baterías, teclados o piano, lo que unido a un no menos acertado juego de luces y elección de las imágenes proyectadas en las pantallas hicieron de su actuación algo distinto, aunque sonaran sus canciones de siempre. 

Fue una noche especial, de eso no cabe duda, de ahí que Raphael también quisiera regalar momentos nuevos y únicos a sus fans. Lo hizo a través de dos colaboraciones. La primera con Vanesa Martín interpretando el tema, Cada septiembre, que ella le ha compuesto para su último disco, Infinitos bailes, donde se ha rodeado de catorce artistas vinculados, de una forma más o menos directa, a lo que los especialistas denominan como indie español. Un tema donde ambos derrocharon una gran complicidad tanto de gestos como de voces. No obstante, la gran sorpresa de la noche fue la presencia de Iván Ferreiro en el escenario, cantaron a dúo Carrusel, el tema que el compositor gallego compuso para este último trabajo de Raphael. Aquí, de nuevo, la complicidad entre ambos fue exquisita, pues no faltaron ni los abrazos ni el baile sintético del gallego Ferreiro que parecía muy a gusto al lado del maestro, como él mismo le llamó al entrar al escenario. En dos horas y media de concierto hubo mucho espacio para todo tipo de canciones, intervalos e interludios musicales, por ello, no fue extraño el tiempo que Raphael le dedicó a sus canciones latinoamericanas, como él mismo las denomina y, que ayer, atacó de una forma más acústica. No obstante, el concierto siguió su curso sin apenas interrupciones más allá de las grandes ovaciones que pusieron en pie a los asistentes en infinidad de ocasiones, o de los cortos sorbos de agua que dio Raphael a lo largo del concierto, o de las tres o cuatro intros con las que nos deleitaron sus músicos, auténticos portentos que ayer exhibieron su músculo musical, infinito de genialidad y talento, pues aparte de la gran voz y personalidad del mito —Raphael— el éxito de éste no sólo se sustenta en la calidad de su voz, su saber estar o la profesionalidad de aquellos que le componen sus canciones, sino que también se sustenta en el soporte de los grandes músicos que le acompañan en sus directos. 

Pasadas las dos horas cualquiera de las canciones elegidas parecía la última, sin embargo, el entusiasmo de sus seguidores que no paraban de aplaudir, y el conocimiento que el artista tiene de los gustos y sensibilidades de sus fans hizo que se fueran descorchando una a una sus grandes bazas musicales. Canciones, todas ellas, que levantaron en infinidad de ocasiones a los allí presentes y, no sólo eso, sino que gran parte de las quince mil almas que allí había, coreaban todos y cada uno de los estribillos en los que Raphael les daba el protagonismo y la oportunidad de compartirlos con todos ellos. Quizá, hoy todavía estaríamos allí, si no fuera porque la hora de cierre de las instalaciones no se podía demorar mucho más allá de las doce de la medianoche, lo que ocurrió como si de unas adelantadas campanadas de fin de año se tratara, pues al llegar a esa hora, la luciérnagas del escenario apagaron sus luces para dar paso a las luces de la imaginación y la ensoñación de sus seguidores, que se fueron convencidos de que habían presenciado un nuevo triunfo apoteósico de una “nueva” estrella del indie español, llamada Raphael.

Ángel Silvelo Gabriel.