Tiempo de comunicaciones rotas

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lunes, 2 de mayo de 2016

JULIA MARGARET CAMERON: EL LENGUAJE DE LAS MIRADAS PERDIDAS



La percepción de la vida o del alma humana admite múltiples interpretaciones, una de ellas, sin duda, es la fotografía. Esa especie de flash donde se detiene el tiempo y, que además, nos permite ver la huella del momento retratado dibuja como pocas artes la posibilidad de lo imposible. No obstante, si nos trasladamos al unísono con las manecillas del reloj, ese fugaz instante se borra de nuestra memoria, y si lo queremos volver a atrapar, tenemos que regresar a los recuerdos. Las fotografías de Julia Margaret Cameron https://es.wikipedia.org/wiki/Julia_Margaret_Cameron son esos recuerdos extraídos del pasado que, gracias a su particular forma de reinterpretar la fotografía, se posan sobre nosotros como un manto mágico capaz de trasladarnos a lo largo de una máquina del tiempo que nos sitúa mucho tiempo atrás. Esa puede ser la primera sensación que a uno le dejan los retratos, en ocasiones, deliberadamente desenfocados, de esta mujer británica nacida en la India. Hay un mestizaje de tonos y composiciones en sus fotografías que nos trasladan al mundo de los sueños. Sus personajes parecen hipnotizados por la fuerza del objetivo de la cámara, como si quisieran reinterpretarse a sí mismos a través del lenguaje de las miradas perdidas. Lengua universal el de las imágenes y las miradas, pues no necesitan el apoyo de la palabra. Ahí radica la fuerza de las fotografías de Julia Margaret Cameron que, a pesar de que empezó a hacer instantáneas a la nada despreciable edad de 48 años, enseguida descubrió cual era el camino a seguir.

En este sentido, el método especial que utilizaba a la hora de revelar sus negativos, la llevaron a concebir la fotografía como una suerte de imperfecciones aderezadas con el magnetismo de sus composiciones —algunas de ellas basadas en composiciones poéticas de grandes voces líricas— y, sobre todo, en la capacidad que tenía de congelar ese mágico instante donde a través de los ojos de sus personajes, somos capaces de adivinar muchas cosas de ellos. Esa percepción de la fotografía la convierte, sin duda, en una especie de vampiro del alma humana sólo difuminada por la belleza y la crudeza de muchas de sus imágenes, pues muchas de ellas nos invitan a traspasar esa frontera que divide a la realidad de los sueños, ya que muchos de sus retratos nos invitan a eso, a soñar cómo eran aquellas personas que ella retrató y cómo se desarrollaban sus vidas en una época que, para nosotros, ya es demasiado pretérita. Su tesón, su atrevimiento y su entusiasmo por derribar barreras configuran a Julia Margarte Cameron como una de las precursoras de las fotografías artísticas, bellas en sí mismas y que no admiten otra interpretación que la de la contemplación de la propia belleza. En este sentido, el lirismo de muchos de sus retratos de mujeres, se contrarrestan con la dureza de las fotografías masculinas que denotan esa fuerza aguerrida de los hombres del s. XIX, con sus grandes barbas y sus rostros llenos de arrugas modeladas por el paso del tiempo.

Visitar la exposición de Julia Margaret Cameron en la Fundación Mapfre de Madrid https://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/cultura-historia/nuestras-salas/barbara-braganza/ es concederle una oportunidad al pasado, y revisitarlo de una forma muy especial, por intensa, bella, lírica, e impregnada con ese amargo sabor que nos deja el paso del tiempo, aunque en esta ocasión sea menos trágico, pues lo hacemos con la sensibilidad de una mujer que supo ver el mundo y la vida a través de las miradas de los otros —lejanos y cercanos—, porque quizá, no haya una mejor forma de reinterpretar el mundo que hacerlo a través del lenguaje de las miradas perdidas.

Ángel Silvelo Gabriel

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