¿Dónde nace el proceso creativo que más tarde se transforma en arte? ¿Cuál es la huella que nos identifica y, al mismo tiempo, significa el inicio del cambio que ni uno mismo es capaz de ver? El arte y la vida son fragmentarios porque siempre parten de una ausencia, o de ese hueco que deja aquello que cobra vida en otro lugar, quizá, en otro mundo. De ahí parte esta novela de artista que merodea el abismo que significa en sí misma la pérdida de elecciones. De todos esos noes, nace un único sí, aquel que nos produce la memoria de la cicatriz de la que un día partimos. En esta ocasión, la artista Estela Sanchis ha explorado su arte a través de la novela, lo que la convierte en una novelista accidental o en una artista perfomance que utiliza la palabra en pos de mostrarnos el miedo a la indiferencia que gobierna a la protagonista, álter ego de la autora. Ahí es donde ella nos conduce hasta la posibilidad de la creación y el arte como salvación de los días sin nada. De esa lucha contra el desasosiego nace una historia en tres planos: la de Estela con Jaime, la de Estela con Peter y la de Estela con Greg, donde cada una de ellas representará una misma teoría: la de llegar a traspasar los límites que cada uno de nosotros nos ponemos en nuestras relaciones personales, creativas o sexuales. Sanchis, en Hasta aquí todo va bien, dota a la figura de la mujer de un poder y una autonomía pocas veces tratados en la literatura, porque entre otros aspectos, nos presenta la violencia que protagonizan las mujeres desde otro punto de vista, pues este deja de ser un elemento pasivo para convertirse en activo, por más que sea el objetivo final del arrebato que la protagonista utiliza como instrumento narrativo y de creación. En este sentido, no nos cabe duda de que Sanchis lo hace de un modo consciente porque busca la incomodidad del lector y su complicidad cuando le invita a trasgredir la frontera de lo que conocemos como correcto. De esa premisa es de donde parte el arte que ella nos presenta como un arma colectiva y efímera, por ser éste víctima de la invocación del instante y de la interacción con el otro o los otros. Formando en su conjunto un elemento donde el dolor busca el estallido como si fuese la provocación que precede al grito.
Hasta aquí todo va bien es una sinuosa senda que nos plantea qué es el arte y aquello que entendemos por tal, lo que lleva a Estela Sanchis a mostrarnos, por ejemplo, al artista como dueño de sus silencios y a abordar las diferencias, si estas existen, entre realidad y ficción: «En realidad, lo que ocurre es esto: las etiquetas autobiografía, autoficción o historia real activan el mecanismo del morbo. Ante ello la respuesta es siempre un mayor interés, o bien el rechazo frontal con tal de librarse de ella. Una misma historia cambia de significado en el momento en el que se relaciona el yo narrativo con su creador, sobre todo en el caso de las mujeres artistas. La ficción juega según unas reglas, pero en el momento en que se sugiere que eso ha cambiado de verdad, que quien lo cuenta es quien lo ha experimentado, aparecen los juicios.» De esa necesidad de observar y, en ocasiones, de ser observado, nace el morbo o el mecanismo trasgresor que a la protagonista la lleva a invadir el espacio del otro; una afrenta que se reconvertirá en la memoria: memoria de la cicatriz; momento íntimo en el que somos extraídos del lugar o el cuerpo al que una vez pertenecimos y que, al ser separados de él, nos convierte en algo distinto. Cap ou pas cap. ¿Te atreves? Como si al afrontar ese riesgo perdiésemos el miedo entre hacerlo o morir.
Ángel Silvelo Gabriel.
