Tiempo de comunicaciones rotas

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viernes, 21 de enero de 2011

IRÈNE NÉMIROVSKY, NIEVE EN OTOÑO: LA CADENCIA NOSTÁLGICA DE LOS TIEMPOS PERDIDOS


En apenas noventa páginas, y con una prosa muy cercana a la poesía, Némirovsky vuelve a brillar con luz propia en el mundo de la literatura. En esta novela corta o relato largo (según se prefiera), las grandes dotes narrativas de la escritora rusa se ponen de nuevo de manifiesto, y una vez más, se deshace de todo aquello que es superficial o innecesario para su historia, lo que repercute notablemente en la intensidad lírica de su prosa, y que nos da como resultado, que su lectura esté plagada de imágenes y sensaciones conmovedoras.
Nieve en Otoño es un ejercicio mayúsculo sobre la cadencia nostálgica de los tiempos pasados. En nueve capítulos a modo de nueve imágenes, Némirovsky nos da las pistas suficientes para poder recrear en nuestra memoria no sólo la vida su protagonista, la aya Tatiana Ivanovna, sino también la de la familia Karin a la que sirve. La acción de esta pequeña joya de la literatura transcurre a lo largo de cuatro años, que en su decorado de fondo, se circunscriben a la convulsa guerra entre rojos y blancos como colofón de la Revolución del 17, y el éxodo de un gran número de ciudadanos rusos a lo largo de Europa (y especialmente París como destino final), pero con todo, ese no es el tema de la novela.
La esencia humana con la que Némirovsky sabe pigmentar a sus personajes, en esta ocasión hace que su heroína Tatiana Ivanovna (muy a su pesar), se convierta en el recipiente que contiene algunas de las mayores virtudes que puede atesorar una persona, que no son otras que la lealtad, el amor o la necesidad de libertad, a las que habría que contraponer otras características con las que Némirovsky también dota a su protagonista (como ejemplo de las muchas contradicciones que son inherentes al ser humano) y con las que parece decirnos bien a las claras cuáles han sido algunos de los grandes defectos del pueblo ruso (que no de sus barin) como son su fe ciega en la religión, en el orden prestablecido y en la necesidad de volver una y otra vez a las referencias del pasado, porque el pueblo ruso anterior a la Revolución no tenía otras referencias, y que en relato que nos ocupa, se plasma en la magnífica contraposición de imágenes que a modo de metáfora Nérimovsky emplea en el título de la novela, Nieve en Otoño.
Si en David Golder (su primera novela) retrató de una forma admirable el infarto que el protagonista sufre en el viaje que le llevará al reencuentro con su familia, en Nieve en Otoño (su tercera novela) se alía con la nómina de grandes escritoras del siglo XIX, como precursoras de un nuevo tipo de protagonistas femeninas en el mundo de la literatura, y nos crea un arquetipo de heroína diferente, cuyo final en busca de su liberación, se enraíza sin ningún sonrojo con la heroína de Kate Chopin en El Despertar, novela de culto para el movimiento feminista y para todo aquel que le guste la literatura.
Nieve en Otoño, es un mágico ejercicio sobre la servidumbre que nos deja el paso del tiempo. Una tiranía a la que todos dotamos de imágenes y sentimientos que ensalzan lo mejor de nuestras vidas, y que Némirovsky ha tenido el gran acierto de retratarnos tan intensamente, que nos resultará muy difícil olvidarlo .

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