lunes, 13 de julio de 2026

DELPHINE DE VIGAN, LOS FIGURANTES: EL IMPERIO DE LAS SOMBRAS

 


Siempre estamos esperando. La llegada de esa noticia que tanto ansiamos. La confirmación del amor por parte de la persona amada. O la felicidad que viene acompañada por la materialización de un sueño que nada más que uno conoce. De esa intimidad no manifestada surge la definición de uno mismo a través del otro. Y, de ese eco, que nos ayuda a confesar aquello que nunca hemos declarado, nace el imperio de las sombras como espacio no revelado en el que transcurren nuestras vidas. De esa espera y su significado en las vidas anónimas que nos poseen parte Delphine de Vigan en Los figurantes para mostrarnos la enorme distancia que existe entre la realidad y los sueños y, por otro lado, de la necesidad de pertenencia al grupo que, a pesar de todo, tenemos a lo largo de nuestra existencia. De este modo, los personajes de la obra de teatro con la que se estrena en la dramaturgia la autora francesa se nos desvelan como sombras que deambulan por la parte trasera de los escenarios: zonas oscuras y anónimas. Zonas de confesiones a extraños que no pueden juzgarnos. Zonas de intemperie sin riesgos añadidos. De esas pausas a las que Delphine de Vigan dota a su obra surge la inevitable comparación con Esperando a Godot de Beckett, si bien, en esta ocasión la transposición de Godot en Dios se diluye por la semblanza de los sueños más terrenales de sus protagonistas, condenados a ser meras sombras de sí mismos. 

Si algo caracteriza a Los figurantes es su capacidad de explorar los tiempos muertos que se convierten en verdaderos confesionarios de verdades y mentiras que, con el paso de las escenas devienen en manifestaciones de las derrotas y sueños rotos de los figurantes, lo que nos permitirá conocerlos mejor y, también, cubrir la distancia que va de la sencillez inicial a la profundidad final expresada de una forma directa y sin más artilugios que la necesidad de alzar la voz en este retrato de la desigualdad que tan bien nos propone de Vigan como maestra de ceremonias a la hora de desmenuzar el alma humana desde la cadencia de la normalidad, porque Los figurantes son personas anónimas que, en el fondo de su ser, aún buscan esa oportunidad que les saque de las largas esperas que ahora padecen, y de ese imperio de las sombras que les define. Ellos representan muy bien al universo al que todos nosotros estamos sometidos en nuestro día a día, pues en la mayoría de las ocasiones somos seres de sombras que ejemplarizamos la igualdad del desigual. Seres de sombras insolidarios, porque la competitividad que nos lleva a perseguir nuestro minuto de gloria no nos deja solidarizarnos con el prójimo. Vivimos demasiado pendientes de ganar mientras que nos acostumbramos a perder sin más. En esa negación del fracaso que nos persigue se alza victoriosa la rendición como contrapropuesta. Una derrota a la que, como siempre, la autora francesa, dota de un último rayo de esperanza. 

Ángel Silvelo Gabriel.

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