Tiempo de comunicaciones rotas

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miércoles, 16 de febrero de 2011

IGLOO, INFINITO 3: EL LADO MÁS EXTRAÑO DE LOS LUGARES CONOCIDOS.


Las vibraciones que nos producen las canciones de este Infinito 3, las podemos definir como de escalas siderales de buena música, porque los temas de este cd se proyectan como infinitas dosis de desarraigo emocional que comienzan con una potente canción (Nanomédicos) repleta de sonidos que nos hacen visitar el lado más oscuro de nosotros mismos, y que se entronca con la más genuina tradición de las grandes bandas inglesas de los ochenta que también jugaban a esconderse en lo más profundo de sus oquedades.

Igloo nos ha planteado Infinito 3 como un puzzle musical con una visión cinematográfica, y nosotros hemos seguido ese hilo argumental, donde se mezclan sin dificultad las canciones más aguerridamente rítmicas con otras más lentas, pero que tienen en común la búsqueda de la buena música que les haga llegar hasta sus seguidores. No en vano, pueden airear con orgullo que recibieron el Premio del Público de Radio 3 (suponemos que de ahí su guiño a dicho galardón con el 3 de infinito).

Cientos de motivos es la canción elegida como estandarte de este trabajo, de la que podemos decir que resume muy bien la filosofía conceptual del álbum, donde se fusionan a la perfección las interesantes letras (todas las palabras huecas que me han hecho sangrar), con la música del grupo, que rastrea entre ritmos a medio tiempo, la cadencia de las notas nostálgicas que proyectan brillos de solemnidad con otros acordes más rasgados de unas guitarras que quieren acompañar a una gran canción. Cientos de motivos es sin duda una de las grandes canciones de este Infinito 3, un infinito caleidoscopio musical que avanza hacia una de las baladas del disco, Nina Kulagina, que para nada se olvida del nervio profundo que subyace bajo cada una de las composiciones de Beni Ferreiro, a la sazón alma del grupo.

Desastrología es el punto de partida más potente del disco, acústicamente hablando, con unas guitarras poderosas y nada tímidas en su ejecución, que tienen una magnífica réplica en el siguiente tema E.L.O. (única canción en inglés) y que resume a la perfección una batalla repleta de victorias y derrotas, cuyo resultado es de los más brillantes (¿quizá sea el segundo sencillo?) lo que nos hace preguntarnos por qué no hay más canciones con ésta con ese rasguño tan anglosajón.

La antagónica, por corta en la duración, Infinito 3, les sirve al grupo para aportar ese toque personal de oscuros y lejanos teclados que nos permiten transportarnos por el espacio y el tiempo y convertirnos en el astronauta que mira asombrado la pecera gigante de la portada del disco, y que casi se fusiona con Ausencia Parcial, otro tema que posee unos sonidos pregrabados casi lunáticos y que poco a poco sube de ritmo hasta convertirse en un poderoso y clásico tema pop con toda la cafeína. Al que sigue otra de las sorpresas de este Infinito 3, Momentos Buenos, donde las mágicas cuerdas de la guitarra acústica se convierten en protagonistas de la alabanza a la sencillez cálida y cercana, por mucho que su letra sea de una pérdida. El desenlace de este hilo argumental se produce con dos temas cargados de la mejor munición guitarrera de Igloo (Años Luz y Zumo V) donde vuelven a proyectar sonidos muy cercanos a los de las mejores bandas épicas de los años ochenta.

Igloo y su Infinito 3, salen victoriosos de las batallas que se plantearon a la hora de concebir y crear esta magnífica recopilación de canciones, donde nos demuestran que merece la pena sumergirse en el lado más extraño de los lugares conocidos, porque en nuestra absurda teoría del caos también podemos salir indemnes.

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