Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

viernes, 17 de febrero de 2012

HERMAN MELVILLE, BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE: LA PUERTA DE ATRÁS DE LA REALIDAD.

Si abriésemos la puerta de atrás de nuestras “programadas” vidas, quizá nos llevaríamos más de una sorpresa. La cara oculta de nuestro otro yo, permanece dormida hasta que algo o alguien la pone a prueba o la despierta. Nosotros no somos eso nos decimos, pero en realidad sí lo somos. Una vez que se termina de leer este ejercicio de estilo literario (quizá sin serlo), precursor para algunos del existencialismo y de la literatura del absurdo, lo primero que nos llama la atención no es la consabida frase de Bartleby: “preferiría no hacerlo”, sino el cambio o metamorfosis existencial del no nombrado protagonista del relato, que no es otro que el abogado que nos describe la historia. La pertinaz resistencia del escribiente a no obedecer o a mostrar algún tipo de sentimiento o tan siquiera a vivir más allá de la contemplación de la pared de ladrillo que tiene a pocos metros de la ventana donde trabaja, pone en jaque la tranquila y acomodada existencia del abogado. Esa falta de sentimientos e inacciones, hacen comprender, tambalear y hasta cambiar la forma de vida y pensamiento del abogado, que lejos de distanciarse de su enigmático empleado, se inmiscuye cada vez más en un discurso vital que primero no entiende, después auxilia, para finalmente apadrinar. Lo que nos lleva a ser testigos de un trayecto de realidades no imaginadas que nos hace asistir sin pestañear al proceso de empatización del uno hacia el otro, en lo que podríamos adivinar como el acercamiento del poderoso hacia el distinto y el diferente. Acercamiento o no, el relato describe con una prosa rápida, mordaz y poderosa, esta metamorfosis de falsas vacuidades del comportamiento.

Este Bartleby de Herman Melville, también se nos presenta como un desafío; un reto al día a día de nuestra monótona existencia. Algo tan sencillo como un frase de tres palabras, pone en jaque toda una vida laboriosa y cimentada en mil sólidos pilares (la abogacía, la solvencia económica, la posición social…) Esa falta de respuesta de Bartleby, se transforma en distinta y diferente, y trasgrede las normas sociales a las que está acostumbrado a hacer frente el prestigioso abogado, por lo que podríamos decir, que una de las interpretaciones de este relato, es poner en solfa las costumbres y el sistema de la época (mediados del siglo XIX) como precursor de los cambios sociales que se produjeron en el siglo XX y que tuvieron como primera gran consecuencia la Primera Guerra Mundial. Pero regresando a lo concreto y dejando a un lado la magnificencia del cuento, Bartleby parece anunciarnos que existe una realidad ajena y muy diferente a la que nosotros vivimos y vemos. Y es, en esa oscura realidad, donde la pertinaz actitud del escribiente nos deja entrever esa puerta de atrás que todos poseemos, y que fluye paralela a nuestra realidad, hasta que algo o alguien las hace confluir. Realidad y ficción, van de la mano en un magnífico ejemplo de relato corto, que se comporta a lo largo del tiempo como una quimera que admite mil y una interpretaciones, y de ahí quizá, le venga su gran valor añadido.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

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