Tiempo de comunicaciones rotas

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jueves, 13 de octubre de 2016

RAFA MELERO, FUL: EL ANHELO DE LO POSIBLE



Entre las rendijas de ese brillo oscuro que desprenden los perdedores se pierden esta vez las palabras de Rafa Melero, y lo hacen a través de la monotonía de la derrota, a la que él, sin embargo, consigue sacarle grandes dosis de luz y acción a lo largo de las doscientas cuarenta y nueve páginas con las que cuenta esta novela. Ful es ágil, entretenida, desbordante en ocasiones y entrañable en otras, porque la historia que protagoniza Ful (Fulgencio) es un elixir de contrastes que no defraudará a los seguidores de su autor en particular y a los lectores de novela negra en general, aunque en este ocasión, Rafa Melero se haya ido hasta la otra orilla para darle la voz protagonista a los malos. La trama, el tempo y la concepción de la novela poseen grandes dotes fílmicas, incluso se la podría comparar —salvando la distancia del tiempo, claro— a aquellas películas del lumpen catalán de los primeros años ochenta como la dirigida por Vicente Aranda, Fanny Pelopaja. Sin embargo, como ya ocurría en las dos primeras novelas de Melero —las dedicadas a su mosso d’esquadra, Xavi Masip— hay un enorme poso social que subyace por debajo de la trama. Un poso social que, sin duda, hacen de las novelas de este escritor catalán un fiel reflejo de aquel tipo de novela negra que es un calco de la sociedad que describen y de las personas que las protagonizan. En este caso, Ful y el resto de sus amigos, incluido Pepe el Mosso son, sin lugar a dudas, el anhelo de lo posible. En este sentido, todos aquellas personas que hayan vivido en un barrio del extrarradio de una gran ciudad, se verán plenamente identificadas —más allá de las historias personales de los personajes que nos retrata en esta oportunidad Melero, en las imágenes que éste nos proporciona, pues se comportan como un teatro cuyos escenarios delatan tanto la escasez de oportunidades con las que ya nacen muchas personas como también la iniciativa equivocada de muchas de ellas, pues como nos relató el propio autor hace unos meses en la presentación de la novela en la librería Lé de Madrid: sus protagonistas son el resultado de un encadenamiento de malas decisiones. De ahí que, aparte de ser una profunda oda a la amistad entre aquellos que sí aprovecharon sus oportunidades y los que no, Ful es también la foto fija del anhelo de lo posible, porque en demasiadas ocasiones, al apelativo de imposible, sólo le faltó algo de coraje y valentía en la vida. Un coraje y una valentía que, si devienen en cobardía y dejadez, nos dejan fuera del escenario principal y nos convierten en meros espectadores de todo aquello que en verdad deseamos, porque los personajes de Ful no sólo anhelan una gran cantidad de dinero, sino también esos otros sentimientos más apegados al corazón como son: el amor, la amistad y la familia, símbolos identitarios con los que  se forja mejor y se hace más visible la propia identidad. Esa identidad que, sin embargo, marcha a la fuga tras esa estética —tan literaria como poco recomendable fuera de la literatura— de los perdedores, pues eso es Ful, el oscuro reflejo de unos perdedores que en su huida se mienten a sí mismos diciéndose que son tan pobres que nada más que necesitan dinero.



Ful también es un ejercicio de estilismo narrativo —al que ya nos tiene acostumbrados Rafa Melero en cada una de sus novelas—, el que por ejemplo, en esta ocasión, le ha llevado a distribuir la acción en capítulos cortos e intensos —seña de identidad que esta novela comparte con las anteriores—, así como, a encadenar la última frase del capítulo anterior con el título del siguiente, lo que convierte a la narración en una protagonista más de la novela, y no sólo eso, sino que la lleva a ser el testigo más fiel y metafórico de la cadena y la condena que representa en nuestras vidas el día a día. Un día a día que, en demasiadas ocasiones es el silencioso y sórdido retrato de la otra vida. Además, a este nuevo ejercicio de estilismo narrativo de Melero, hay que unirle la ambivalencia y convivencia a lo largo de los capítulos entre la tercera persona del narrador omnisciente y la primera persona en la voz de los capítulos que protagoniza Ful, proporcionando de esta forma un dinámico juego de contrastes con los que el desarrollo de la acción gana mucho enteros y no los pierde.



En definitiva, Ful es acción, adrenalina, sorpresas y suspenses —marca de la casa— y lumpen, aunque esta vez sea de barrio y de poca monta, pero Ful también es el deseo del amor, de la amistad, de una vida mejor..., en fin, el anhelo de lo posible.  

  

Ángel Silvelo Gabriel

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