Tiempo de comunicaciones rotas

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martes, 13 de marzo de 2018

GAITO GAZDÁNOV, EL ESPECTRO DE ALEKSANDR WOLF: LAS TRAMPAS DEL DESTINO



Gaito Gazdánov en El espectro de Aleksandr Wolf nos invita a reflexionar sobre el poder que el destino ejerce sobre nuestras vidas, y lo hace a través de un juego de espejos en los que se reflejan —entre otros— el amargo existencialismo dominado por la inhospitalidad del alma propia, el amor, la literatura, el periodismo... y París. Un incidente del pasado relacionado con la muerte —la propia y la ajena— le sirve al escritor ruso para armar una trama a medio camino entre lo filosófico y lo misterioso con matices de novela negra. Un incidente donde el protagonista se enfrenta a la soledad de la muerte y a su destino. Un incidente que ya no le abandonará jamás porque enseguida es consciente de que forma parte de las trampas del destino que se sumergen en cada una de nuestras vidas. Ese esperanzador inicio, sin embargo, se diluye en las sombras de un París casi siempre nocturno al que nos traslada el narrador para mostrarnos sus dotes como periodista todo terreno, pues tanto aborda la escritura de los obituarios como la narración de las crónicas deportivas, hasta que al final se dedica a los artículos de ámbito cultural. Ese recorrido al que nos invita Gazdánov está salpicado de ese malestar existencial que le lleva de una u otra forma a recabar siempre en la soledad y en la muerte, y en su incapacidad para ser feliz; una virtud a la que sólo llega, si acaso, por el reflejo de un rayo de luz pero, que como éste, dura un efímero instante. La aparición en la novela de la misteriosa mujer rusa Yelena Nikoláievna se convierte en una especie de esa expiación interior de la culpa a través del amor, una dualidad que el autor nunca llega alumbrar, ni tan siquiera por el camino de las confesiones íntimas. Siendo esa, quizá, una de las fallas de esta novela, que siempre se queda en un grado de incertidumbre que más allá de los interrogantes, deja insatisfecho al lector, incluso en su final sorprendente, más propio de un relato corto que de una novela y, que es precedido, de una narración con tintes de novela negra con la que se intenta dar razón de ser al desenlace.



El espectro de Aleksandr Wolf es una novela de recuerdos escrita entre 1947 y 1948, y que nos muestra en toda su amplitud esa capacidad de narrar de los escritores rusos, donde se antepone la economía verbal que se enfrenta a la gran magnitud de los escenarios que nos muestran —tanto interior como exteriormente— y que juegan con la imaginación del lector, que se acopla muy bien a lo que se le narra. Si Irène Némirovsky era una escritora rusa exiliada en París que nos narraba las llamas del alma de una forma impetuosa y profusa mediante las descripciones interiores de sus personajes, Gazdánov se nos revela como su reflejo exterior, pues dota a sus personajes de ese mismo empuje, pero en esta ocasión, sustentado por las calles y ambientes nocturnos de un París que se comporta como una sombra del protagonista y que, además, le sirve para describirnos el desarraigo de los seres que la pueblan y el estigma que ellos ejercen sobre él, no en vano, Gaito Gazdánov fue taxista nocturno en París entre 1928 y 1952.



Gaito Gazdánov pertenece, junto a Vladimir Nabókov entre otros, a la denominada como “Generación Desapercibida”, y esta novela de estepas y bares nocturnos parisinos de Montmartre es un buen ejemplo de ello, pues la gran estepa rusa da paso a esa inevitabilidad del destino que nos arrastra en nuestro día a día lejos del lugar que nos vio nacer; un azar que, en ocasiones, nos convierte en una especie de espectro que sólo se desvanece cuando somos capaces de vencer a las trampas del destino.

 

Ángel Silvelo Gabriel.

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