miércoles, 20 de septiembre de 2023

SECOND, HOMENAJE A SUS 25 AÑOS DE CARRERA (IV): FRACCIONES DE UN SEGUNDO, 2009.- CONCIERTO EN LA SALA EL SOL DE MADRID (26/12/2019)

 


La burbuja del tiempo nos aísla de aquellos acontecimientos que, sin saberlo, marcan nuestras vidas de una u otra forma. Aquella canción. Aquel concierto. Aquella letra que tarareamos una mañana sin ser conscientes de lo que significa. Al final, no hay más cuentas que las que cada uno echa a su yo interior. A eso que los filósofos denominaron como alma. Alma rota. Alma partida. Alma apasionada y luminosa, también. El alma, el tiempo y sus fracciones de un segundo donde una mariposa dentro de un reloj de arena es la perfecta metáfora del inicio de algo. De una nueva vida. De miles. De imágenes y sensaciones que pocas cosas como la música logran transmitirnos una y otra vez en forma de bucle. La música y sus múltiples razones contra todo pronóstico. En definitiva, o como Sean Frutos nos recordaba ayer: «El mañana no existe», al abordar Rodamos, la segunda canción de este concierto en el que Los Cinco de Murcia (ahora cuatro) rendían homenaje al décimo aniversario de su disco Fracciones de un segundo; un setlist que comenzó con Conocerte, una gran canción que representa muy bien lo que antes era su gran especialidad: los medios tiempos. Sean nos anunciaba que el mañana no existe, y quizá por eso, lo vivido ayer en la Sala El Sol de Madrid fue como un boomerang que nos llegó del pasado cargado de buenos recuerdos y sensaciones que recuperamos del frasco de la memoria, que siempre nos las guarda esperando la ocasión de devolverlas a ese efímero espacio que es el presente. Un presente, sobre todo eléctrico, el que desplegó ayer Second en el primer concierto de esta mini gira que también parará en Valencia, Málaga y Granada; y que borró casi por competo la producción de Carlos Jean de hace 10 años; un tiempo en el que todo comenzó a cambiar para Second que, después de haber ganado el concurso internacional de bandas GBOB en Londres, accedieron a una gira que les llevaría por las ciudades más importantes de Reino Unido, pero que a pesar de todo, parecía que no acababa de servir para ganarse un sitio destacado en el indie español hasta que compusieron Rincón exquisito, la canción perfecta que lo cambió todo y los llevó hasta las cadenas de radio nacionales que los catapultaron hacia el éxito. Un camino que han conquistado con rotundidad a través de su último disco, Anillos y raíces, incontestable en sus propuestas y un fijo en muchos de los festivales de verano que copan la geografía española. 

Atrás quedó la entrevista que le hice a Sean en el zaguán de las escaleras de la Sala El Sol hace ya diez años; una entrevista donde ambos repasamos nuestra admiración por la música anglosajona. Y un concierto que, entre otras cosas, nos deparó la versión de la canción Sin aliento del grupo malagueño Danza Invisible, como ayer disfrutamos de la versión que hicieron de Anabel Lee de Radio Futura; o donde volvimos a disfrutar de Todas las cosas con un marcado acento gospel al inicio de la misma, como diez años atrás. Lo que nos lleva a recuperar la metáfora del boomerang pues de algún modo Second, ayer, nos llevaron en una máquina del tiempo dominada por la música a ese otro tiempo donde todo estaba por ocurrir. A ellos, a situarlos en la estela de una carrera musical tocada por el éxito y que destierra el nombre del grupo, y a un servidor a cambiar las reseñas musicales por la literatura. Arropados por unos incondicionales seguidores que colgaron el cartel de sold out como en el resto de los tres conciertos que les quedan. Seguidores que vibraron y saltaron en todos y cada uno de los temas que Los Cinco de Murcia, y casi fielmente, reprodujeron en el orden del disco que editaron en 2009, aunque como todo, con algunos pequeños cambios, muy acertados por cierto, a la hora de establecer una intensa relación con el público en un pequeño local que les permitió ver, escuchar y disfrutar, con los múltiples coros que se produjeron a lo largo de la velada: «Es acojonante que sepáis las letras de estas canciones», dijo un Sean emocionado. Y, al que ayer, hay que agradecer el esfuerzo realizado tras confesarnos que llevaba varios días aquejado de una bronquitis a la que presentó batalla, porque según nos dijo: «No me podía perder estos conciertos», tras lo cual gritó: «¡Vamos a celebrar la vida! Después de que tocaran En el viaje, y antes de que sonara Todas las cosas —una de las grandes canciones de la noche—. Tras tocar Como sería —un tema que nunca tocan en directo y que ha sido compuesto por Fran, y al que Sean tildó como la alegría de la huerta— acabó la parte principal del concierto. 

El primer bis comenzó con 2502, logrando recuperar el ritmo frenético de un concierto de alto voltaje musical, y que siguió recuperando canciones como Nivel inexperto —un tema que en palabras de Sean, Fran Guirao no quería incluir en Viaje iniciático— y que fue ampliamente coreada por el respetable. Una versión de la canción mucho más compacta en su sonido desde que el grupo haya incorporado a dos músicos en su formación, dándole a sus melodías un mayor amplitud de matices, lo que también ocurre con Muérdeme, otro de sus clásicos. Anillos y raíces —su último álbum— fue protagonista de la noche con canciones como Sonará en todas partes, destinada a convertirse en otro de sus grandes medios tiempos, algo que fue corroborado con Invierno dulce: «Sácame de las ventanas, no me dejes observando/ sorpréndeme, no pares y llévame, fuera de una vez/ Seremos la combinación alegre y divertida/ de toda la reunión, de toda la ciudad/ saldré con mi versión amable atenta y decidida/ allí donde allá un acción, podríamos estar/ aplaudiendo y bailando nuestros mejores pasos»; una canción con pinta de himno, como ya lo son Mira a la gente y Rincón exquisito, la excusa perfecta para hacer un segundo bis y dar por terminada una fiesta que ayer nos posibilitó reunirnos entorno a la música y sus múltiples razones contra todo pronóstico. 

Ángel Silvelo Gabriel. 

PD: Este disco, en el año 2009, les abre las puertas de Argentina, donde participan en el Festival Ciudad Emergente en Buenos Aires. Además, consiguen congregar, a través de las redes sociales, a 3.000 personas para el rodaje del videoclip del tema Rodamos, convirtiéndolo en una experiencia única.

lunes, 18 de septiembre de 2023

SECOND, HOMENAJE A SUS 25 AÑOS DE CARRERA (III): INVISIBLE, 2006

 


Tres años separan la aparición de Invisible de su anterior trabajo, Pose. Un disco grabado el año 2005 en el Cabo de Gata bajo la producción de Raúl de Lara, al que podríamos denominar como el sexto componente del grupo, por la presencia en la producción que ha tenido en varios de sus discos, y la notable secuencia de sonidos que ha logrado sacar al grupo. Sin embargo, lo primero a tener en cuenta es que, con este disco, Second componen —o al menos salen a la luz— las primeras canciones del grupo en español. Un cambio que se refleja muy bien en el título porque, como en alguna ocasión he oído a Sean, la palabra invisible tiene la misma escritura y significado, aunque distinta fonética, en español que en inglés. Una forma muy acertada de remarcar ese trasvase que será definitivo con el disco Fracciones de un segundo en el año 2009. 

Invisible se caracteriza por ser el disco que marca el nacimiento de un sonido que Second seguirá profundizando a lo largo de su discografía, y que tiene sus raíces en él, donde los matices, tanto en las letras como en la melodías, los elevarán a un lenguaje musical propio que, con algunas variaciones, seguirán colonizando los sonidos del grupo murciano y que tendrán su punto más álgido en su último cd, Flores imposibles, donde la textura de sus canciones expresan una madurez antes no conseguida, pues aúnan como en ningún otro trabajo la profundidad de un sonido y unas letras sencillamente magistrales. Invisible también fue el disco que los confirmó como una de las bandas habituales en todos los festivales indies patrios, lo que les proporcionó una mayor visibilidad y una recompensa en forma de ventas y número de seguidores. Un logro que ya no se interrumpirá a lo largo de los años. Dentro de su faceta estrictamente musical, este larga duración se abre con la canción que da título al álbum, Invisible. Un tema todavía cantado en inglés y heredero del resto de la discografía editada hasta ese momento por la formación de Murcia. Algo que también ocurre con Her diary, pero en una versión más intimista y que ya presagia el gran dominio que de los medios tiempos tiene Second en muchas de sus canciones. Incluso la voz de Sean es más clara y armonizada con la melodía de unas guitarras siempre atentas a la explosión de un sonido que busca una brillantez poco frecuente. De alguna forma, Horas de humo es nuestro primer encuentro con una canción del grupo murciano en español. Un giro en su labor compositiva que facilita el camino hacia sus futuros hits, y que será una de las marcas de la casa de Los Cuatro de Murcia, y en lo que sin duda, Raúl de Lara tiene mucho que ver. «Las horas sucedieron como era previsto que iban a ser/ Luces que se encienden/ Parece que alguien lo ha escrito así». Una letra premonitoria que, como nos dice: alguien lo ha escrito así. También podríamos decir lo mismo de temas como: Algo, Nada te dirige, Tu inocencia intacta, No existen o Línea imaginaria. El contrapunto perfecto de grandes cortes como son el magnífico Fortune day o On an island que les sirven de homenaje sonoro a sus dos trabajos anteriores. 

Respecto de mi relación con este disco puedo decir que es otro de los que me firmó Sean Frutos en su momento. Un trabajo al que llegué tarde en el tiempo —año 2009, cuando ya había desgastado por el uso su posterior Fracciones de un segundo donde se encuentra su gran éxito: Rincón exquisito—. De ahí que, quizá, la primera reseña que hice del mismo estuviera más centrada en el entorno que en el año 2009 rodeó al grupo, pues por fin parecía que daban el salto definitivo a la primera línea de la música indie española. Aparte de todos esos matices, en lo primero que me fijé entonces fue en el sello discográfico, Dro Atlantic, en el que fue editado; un sello del grupo Warner Music, y que a mí enseguida me llevó hasta el sello del grupo tecno Aviador Dro, es decir, DRO, que en su época de esplendor ochentero se encontraba situado en la calle Fundadores, muy cerquita de la última ubicación de la archi-conocida Sala Universal —uno de los templos musicales de la post movida madrileña—. 

Ya entonces anotaba en esa reseña que el 2006 significaba que hacía tres que Second no publicaba nada. Un período, sin duda, de madurez y de encontrar un camino, que para mí, es muy esclarecedor y acertado. Digo esto, porque las canciones de Invisible son grandes apuestas por unas melodías en muchos casos cercanas a la mejor música pop anglosajona de todos los tiempos. Aquel año recomendaba las canciones Her diary, Useless Junk y la magistral On an Island que cierra este trabajo, dejando de lado los temas compuestos en español de una forma injusta, porque el paso del tiempo nos han demostrado que son dignos de ocupar un lugar en lo más alto del pop español actual. Además, aludía a que echaba de menos la versión que habían hecho de la canción Sin Aliento de los malagueños Danza Invisible, entonces sólo disponible en internet. Una canción maravillosamente ejecutada por el grupo murciano. Para finalizar hacía mención a que algo parecía que por fin se movía, porque visitando su blog me había enterado que habían estado en el programa de Andrés Buenafuente con un magnífico directo acústico de Rincón Exquisito, y en Hablar por Hablar, programa nocturno de la Cadena Ser, amén de sus apariciones en la 2 de TVE y en el cierre del Telediario 1 de la misma cadena. 

Una reseña que fue el prolegómeno a su concierto en la Sala El Sol de Madrid —en el mes de noviembre de 2009—, en la que iban a actuar como teloneros Cool Frog a las 22:45 horas, y Second a las 23:35 horas. Justo unos días antes de que disfrutase del concierto de Depeche Mode en el anteriormente conocido como Palacio de los Deportes de Madrid —actual WiZink Center—.

Ángel Silvelo Gabriel.

FINLANDIA, DIRIGIDA POR PASCAL RAMBERT E INTERPRETADA POR ISRAEL ELEJALDE E IRENE ESCOLAR: EL UNIVERSO CERRADO DEL “YO”

 


¿Cuál es la imagen del instante en que sin darnos cuenta nos enamoramos de la persona que creíamos que sería nuestra pareja para el resto de nuestra vida, o cuál es la primera vez que nos dimos cuenta de que aquel instante cayó difuminado por el tiempo y la convivencia? El amor siempre como tabla de salvación, pero también como fosa común de la lucha entre parejas. El amor como derrumbe y final. El amor como empalizada que construimos entre el nosotros y el yo. Al ver Finlandia asistimos a ese dilema que existe entre la ceguera que no nos permite más allá, y la esperanza escondida bajo nuestras entrañas y que la ira no la deja asomar. Amores rotos retratados y consumados en multitud de ocasiones como, por ejemplo, en la película El honor de los Prizzi de John Huston, o en la obra de teatro ¿Quién teme a Virginia Wolf? de Edward Albee, y también en La clausura del amor del mismo autor de Finlandia, Pascal Rambert, donde se nos muestran a parejas en continuo conflicto que, sin embargo, no saben vivir sin él. Lo que nos lleva a plantearnos que la máxima que dice aquello de «los amores queridos son los más reñidos» sea cierta. A pesar de todo, tampoco se nos debe olvidar que en todas ellas hay pasión y delirio a partes iguales, tanto al principio como al final. Y necesidad del otro. Y pérdida de la propia identidad que, por extraño que parezca, termina prevaleciendo, sobre todo, en los tiempos que corren, donde sólo se conjuga la primera persona del singular. Un yo final que arrastra ese nosotros inicial del que apenas nos acordamos como si fuésemos enfermos del olvido.  En este sentido, y de algún modo, Rambert nos propone empezar por el final para acabar en el recuerdo de cuando todo empezó. Ese viaje en sentido contrario es el que se desliza por la obra de teatro Finlandia; un texto de Pascal Rambert que de nuevo explora las relaciones de pareja. Aunque en esta ocasión, se centra en la disputa por la custodia de la hija común. Un viaje a la inversa donde volvemos a asistir a la destrucción del ser humano cuando todo se centra en ese universo cerrado que el yo. Viaje de ida y vuelta, por lo que tiene de metafórica la distancia entre la ciudad italiana de Procida —donde se inicia esta historia de amor— y la de Helsinki, en la se produce la acción dramática de este texto de Rambert, que de nuevo se nos muestra muy teorizado a través de largas disertaciones, y donde el discurso político que se nos exhibe coarta el sentido más universal del amor y su decadencia, algo parecido a lo que ya ocurría en La clausura del amor. Ahora, el dramaturgo francés, que también dirige la obra, apuesta por el valor y la reafirmación de la mujer. Mujer protagonista de un lenguaje múltiple, tanto en las ideas y su cuerpo como en los ámbitos del sexo y los sentimientos. Cualidades que buscan sin llegar a lograrlo una libertad plena, donde su máxima es la manifestación de un nuevo yo femenino. En este sentido, Irene Escolar da vida a ese modelo desde una armoniosa a la vez que impetuosa coreografía de brazos, piernas, gestos y voz. Un todo que limita y acorrala a su contrario. Un Israel Elejalde al que Rambert ha pintado como un militante de izquierdas trasnochado que se deja llevar por todo lo contrario a aquello que defiende. Así, su figura se materializa en un hombre dominado por los celos, la paranoia, la necesidad de posesión y la negación de la pérdida de su estatus dominante por otro compartido. Aquí, cabe decir, que Rambert ha dotado a este personaje de unos clichés muy manidos, a los que en ocasiones trata de rebajar con unos pequeños toques de humor, lo que supone todo un acierto. 

Sin embargo, llega un momento donde todo ese discurso volcánico se derrumba en la profundidad de una noche, larga y fría, porque de un modo inesperado, como le ocurre a todos los seres humanos, la acción nos deja entrever la verdadera intimidad de la pareja; una intimidad que la próxima ruptura no ha logrado socavar. Y ese en ese instante de oscuridad y miedo, pero también de cariño y conexión, en el que la pareja deja a un lado lado el yo para centrarse en el nosotros. Un fugaz instante en el que retoman la necesidad del otro que tanto necesitamos a lo largo de nuestra vida. Sentimientos que trastocan es inicio nervioso y agresivo de un Israel Elejalde que, con voz una profunda, arremete con firmeza contra una Irene Escolar que despliega toda una lección de baile con sus movimientos de cabeza y de pelo, sus entradas y salidas del escenario, o sus arrebatos de furia y sexualidad explícita con los que se defiende y acorrala a su ya ex-pareja. En este sentido, hay que decir que Pascal Rambert acierta en la elección de los actores, pues entre ambos se establece un complemento idóneo en el escenario —tipo Ikea— que reproduce la habitación de un hotel de Helsinki. Un equilibrio que va más allá de la puesta en escena, y se prolonga en la complicidad entre ambos actores a la hora de dar vida a ese monumental fracaso que representa el universo cerrado del “yo”. 

Ángel Silvelo Gabriel.

viernes, 15 de septiembre de 2023

SECOND, HOMENAJE A SUS 25 AÑOS DE CARRERA (II): POSE, 2003

 


Habían transcurrido tres años desde la publicación de Private life cuando vio la luz Pose, el segundo larga duración del grupo murciano. Un disco con sus doce temas todavía cantados en inglés —por un Sean cada vez con más presencia vocal— y que, desde su portada con la it girl de larga cabellera cobriza y aspecto psicodélico, nos anuncia un ritmo eléctrico y electrizante que ya comienza con Accident, la canción que abre pista; un tema donde las guitarras son las verdaderas protagonistas de esta apertura todavía canonizada por sonidos británicos entre metálicos y oscuros que van desarrollando una narración musical más madura, en la que sin duda, tienen algo que ver los productores de esta colección de canciones: Robbie France y Tim Oldfield. No en vano, con Pose ganaron el Concurso internacional de bandas GBOB en Londres, lo que les permitió acceder a una gira que les llevaría por las ciudades más importantes de Reino Unido, como Londres, Manchester, Birmingham o Brighton. Este galardón les permitió, a su vez, empezar a tocar en los festivales españoles de música indie. Un circuito que ya no abandonarán. 

¿Cómo eran Second allá por el año 1999 o el 2003? No lo sabemos, pues no podemos trasladarnos a esos años en una máquina del tiempo. Lo que sí está a nuestro alcance es tirar de la memoria y los recuerdos, y afirmar, que vistos desde la perspectiva que nos proporciona el paso del tiempo, ahora sus canciones se nos presentan como rutas que nos conducen por las arterias de nuestras vidas. Arterias que siempre tienen un inicio, y que muchas veces nuestra memoria y las ansias de vivir nuevas experiencias no nos permiten apreciar en toda su plenitud. No se nos debería olvidar que la génesis donde todo comienza es un lugar que olvidamos con el transcurso de los años, por mucho que en ella se encuentre el por qué de todo lo que viene detrás, y más en la vida de un artista, o como este caso, de un grupo musical. Pero sin necesidad de responder a mi anterior pregunta, enseguida he caído en la red de lo sentido y vivido como mejor esencia de unas canciones que sólo inundan mi cabeza de buenas imágenes cada vez que las escucho tanto tiempo después. Sus notas son como una película que nunca te cansas de ver por mucho que la hayas visionado cientos de veces y ya te sepas el final. Canciones como Different Levels, Living in London, Star Glasses o Situation me hacen revivir ese tiempo donde todo parecía que podía ocurrir, y que como un regalo a punto de ser visualizado, te dejan con la boca abierta. Las  grietas oscuras de las que nacen las notas de estas canciones se sustentan en las experiencias que uno guarda dentro de ese pequeño cajón que abre cada vez que necesita saber cuáles son sus orígenes como sustento para poder seguir adelante. Es cierto que los ecos de Morrisey o las guitarras de The Smiths o The Cure recorren de nuevo sus sonidos con total libertad, pero lo que no se les puede discutir a Second es ese sello tan personal a la hora de afrontar una nueva aventura con cada canción, a la que sin duda, proporcionan esas gotitas de esencia puramente Second y que nos permiten reconocer en este Pose —con permiso de Private life y su magistral Watching the moon— como los inicios de una banda que con el paso del tiempo se ha ido haciendo cada día más grande y no sólo por su música, sino también por el gran número de personas que día a día caen hipnotizados en las redes musicales de este grupo, a los que un servidor, desde este disco, rebauticé como Los Cinco de Murcia. 

Singladuras de una senda que tiene sus propias intrahistorias. Pequeñas anécdotas que son las que conforman nuestro individual baúl de los recuerdos. En el caso de este disco, Pose, están relacionadas con el regalo que el grupo me hizo de un cd del mismo —en aquella época, al menos, estaba descatalogado y de ahí la ofrenda— con una amable dedicatoria de Sean Frutos, por entonces todavía conocido como José Ángel Frutos. Anécdota que se produjo uno de los días que había quedado para hablar con el grupo de su música y próximos proyectos—aquel día iban acompañados por Mónica Caballero de Promociones sin fronteras—. Y todo ello, gracias a la mediación de mi hermana África, que en aquel momento trabajaba en el grupo Vocento. 

Ángel Silvelo Gabriel.

jueves, 14 de septiembre de 2023

SECOND, HOMENAJE A SUS 25 AÑOS DE CARRERA (I): PRIVATE LIFE, 2000

 


¿Dónde estábamos en el año 2000? El punto de partida del que esperábamos tanto y, al final, nos llenó el futuro de más incertidumbres. Para superarlas, siempre nos quedará el refugio de la música, de sus melodías, letras, ritmos, imágenes, conciertos y cadencias. Nada es igual tras adentrarnos en la música, escuchar ese disco que tanto nos gusta y a la postre nos abre nuevas ventanas, o ese concierto del que salimos con una sonrisa de felicidad que antes de entrar no se dibujaba en nuestros rostros. Rostros anónimos que se dan cita alrededor de un grupo y sus canciones. Este año, también, fue en el que apareció el primer larga duración del grupo murciano Second, Private life, una colección de canciones en inglés que nos transmiten esa vida privada que se encuentra dentro de nosotros antes de que vea la luz. Private life es el resultado de vivencias y ritmos que nos acercan a la música inglesa de años atrás, cuando la libertad y la provocación no causaban sarpullidos ni estragos, pues todo se cernía a la búsqueda de una felicidad que se conseguía derribando barreras. En este disco, todo comienza con My little girl, un medio tiempo de los que tanto saben Los Cinco de Murcia —como en su día los rebauticé en relación con el grupo de Liverpool, The Beatles—, y que ahora he renombrado como Los Cuatro de Murcia: Sean, Jorge, Nando y Fran, tras abandonar Javi la formación. Esta es su primera aventura musical, a pesar de que el grupo se fundara en el año 1997, y en ella asistimos entre sorprendidos e hipnotizados a esos aires ingleses de los grupos de los años ochenta que tan bien reinventan ellos en este disco, que cabría decir que es más londinense que inglés, por el acento urbano y cosmopolita que derrocha. 17, Sunday’s hit o In my life van surgiendo como lo hace el sol en la campiña inglesa cada mañana cuando vence a esa sempiterna niebla que muchas veces le acompaña. Ese sol radiante es el que ilumina a estas composiciones musicales por muy oscuras que nos parezcan alguna de ellas, porque todas, en su conjunto, desprenden una extraordinaria brillantez desde las cuerdas de unas guitarras que nos hablan del pasado y la vida —aquella que vivimos en la movida madrileña, por ejemplo—, y que nos llevan hasta esos clubs repletos de modernos o siniestros con sus crestas y ropas total black. No cabe un solo reproche a este disco —muy elemental en su producción, es verdad—, pero sobresaliente en el resultado por lo limpio e inmaculado de las voces, cuerdas y guitarras que nos invitan una y otra vez a revisitar a The Smiths —como por ejemplo en 17, Sunday’s hit…— 

Private life funciona como un eco que nos devuelve a una juventud perdida en las encrucijadas del tiempo, y que quizá por ello, nos resulta tan vital y llena de una energía única y envidiable, en la que podemos volcar aquellos recuerdos que nos acompañaron en nuestros primeros escarceos amorosos, conciertos y compra de discos. Todas esas vicisitudes vitales fueron las responsables de que con los años creásemos nuestra particular biografía musical; una biografía  donde Second llegó con la naturalidad que surge cuando sin saberlo te encuentras en el lugar adecuado. Temas como Whisper it o los espléndidos You are a short song y My game its over nos lo confirman, pues son canciones que ya forman parte de nuestra banda sonora personal, esa que se asoma ante nuestros ojos cada vez que los escuchamos. Un disco que acaba con esa pequeña obra maestra que es la canción Watching the moon, más The Cure que nunca, y que ya nos anunciaba lo que nos esperaba. 

Ángel Silvelo Gabriel. 

PD: dar las gracias a Ana M. Sabikilla por colgar en su canal de Youtube este disco —el único que no tengo de toda su discografía—, pues gracias a ella he podido escribir esta breve reseña que inicia una serie que recorrerá mi particular senda al lado del grupo a lo largo de estos años, y que acabará con el concierto del 18 de noviembre en Madrid.

martes, 12 de septiembre de 2023

HILARIO J. RODRÍGUEZ, UN ASTRONAUTA PERFECTO: LAS CIUDADES COMO ALGO PENDIENTE DE SER INVENTADO

 



Como dice el autor de este literario libro de viajes: «Soy consciente de que escribir es fracasar. Las palabras son siempre insuficientes, inadecuadas. Nos dejan a mitad de camino porque no son capaces de llegar hasta el final». Quizá, por eso, viajar consista en atravesar fronteras. Constructos mentales más que físicos que arrancan de nuestro acervo cultural y que están ahí para ser derribadas. Y eso es lo que hace Hilario J. Rodríguez en este caluroso y fulgurante acopio de experiencias viajeras por Centroamérica en el verano del año 2016. Experiencias que siempre van muy bien acompañadas de cine y literatura, y sobre todo, de la memoria. Memoria propia y universal que ejerce como un cabo al que sujetarnos de la marea del viaje y las olas de su fuerza. De ahí que, para observarlo todo, no haya nada mejor que comportarse como un astronauta perfecto capaz de seguir el ritmo sincopado del mundo. 

En este profundo periplo por Costa Rica y Panamá que va del yo al ellos asistimos a esa mirada entre desconfiada e incisiva del viajero que marcha pegado a una realidad fragmentada que irá anotando en su libreta, para más tarde, dar vida a aquello que surge como un magma que ya no es el fiel reflejo de lo experimentado ni lo apuntado, sino que se transferirá en una experiencia de experiencias que nacen del corazón, por ser éste el lugar donde habitan nuestros mejores recuerdos. En este sentido, pasión, sueño y realidad se unen en este libro —que supone un nuevo punto de partida en su obra— con la fuerza de los titanes, para de ese modo, luchar contra lo que el autor nos apunta: «Hoy ya no parecemos viajar para descubrir sino para constatar». De esa realidad inconclusa por auto-impuesta surge lo que «Cao Xueqin decía en El sueño del pabellón rojo que “la verdad se convierte en ficción cuando la ficción es verdadera, y lo real se vuelve irreal cuando lo irreal es real”», como nos apunta Hilario. En este juego de palabras es donde se halla esa otra realidad que nos ofrece el viaje: la de transformar nuestro propio mundo. De ahí que, en Un astronauta perfecto, el viaje también se nos presenta como sanador de la mente y como confrontación a nuestra propia verdad y prejuicio. El viaje surge así como la posibilidad de explorar lo desconocido y todo aquello que tiene que ver con los recuerdos y nuestra autobiografía. Ahí es donde la naturaleza del viaje es la propia del abismo que trata de salvarnos de la mentira. Mentira preconcebida y embrujada, por lo que tiene de armazón caprichoso. Un armazón que cubre un mundo tan relativo como el propio. Nos dice Hilario J. Rodríguez que: «En aquella época aún no sospechábamos que el mundo no se descubre, ni siquiera se intuye o se revela, porque el mundo es en realidad algo pendiente de ser inventado, creado. Ignorábamos que lo real no siempre es realista, para serlo necesita estar hecho a nuestra medida y eso nadie puede hacerlo a no ser nosotros mismos mismos». 

Un astronauta perfecto como camino que uno mismo debe recorrer, y también, como lucha contra nuestros propios fantasmas, porque como nos recuerda su autor: «Escribir es un juego de fantasmas», a lo que podríamos añadir que leer es la opción de adentrarnos en ellos para perder el miedo a lo misterioso como fuente de incertidumbre, y por ende, de desasosiego e introspección. ¿Entonces, si el viaje es transformación, tiene el viajero la capacidad de cambiar las ciudades que visita? Una más que sugerente pregunta que Hilario J. Rodríguez nos desentraña con la habilidad del artista que conoce muy bien los límites del viaje y el viajero: «En manos de los viajeros, las ciudades suelen convertirse en cadáveres. Por eso los viajes suelen convertirse en lecciones de anatomía […] Lo cierto, sin embargo, es que toda ciudad y sus habitantes se niegan a ser definidos, a dejarse fosilizar ni tan siquiera por la prosa más eficaz. Se oponen, se insinúan tan sólo para contradecirnos, nos evitan, nos excluyen, se esconden. 

    Cuando sus visitantes finalmente se van, ellas siguen allí. Y es en realidad el viajero que muere con ellas y no son ellas las que mueren con él.» Tal vez, porque las ciudades son algo pendiente de ser inventado. 

Ángel Silvelo Gabriel.

lunes, 11 de septiembre de 2023

RAY LORIGA, CUALQUIER VERANO ES UN FINAL: LA BANALIDAD DE LA MUERTE


 

Algo cambia cuando en la frontera de la muerte una luz, inesperada, nos muestra el camino de vuelta hacia el mundo de los vivos. Un no final que nos obliga a concebir la vida de una forma distinta, por esa innata fuerza que tiene la determinación de la supervivencia. Nada es igual tras esa experiencia que nos recuerda la debilidad de nuestras determinaciones y, sobre todo, de nuestra existencia. Arribar de nuevo a puerto conlleva la necesidad de volver a empezar y verlo todo desde la incredulidad del que se siente un héroe interior si serlo. Ante esta disyuntiva caben varias opciones o caminos. Uno de ellos es el de proclamar la importancia de la vida, y a su vez, la banalidad de la muerte. En este término es donde Ray Loriga sitúa la acción y la esencia de su última novela, Cualquier verano es un final, donde el autor madrileño vuelca su experiencia vital a la que se tuvo que enfrentar justo antes de que fuésemos encerrados por la pandemia. Un viaje de vida o muerte que él venció con la certeza de que no hay que tomarse en serio a uno mismo, y menos, cuando la guadaña se acerca a nuestro cuello. En este sentido, la historia de amor y amistad entre Yorick y Luiz es el resultado de ese desapego. Un desapego plagado de desconexiones y situaciones que evitan la gravedad o la trascendencia en loor de la sencillez de esa amistad platónica que Yorick expresa sobre Luiz. Una vaguedad que despoja de todo interés literario a la novela y convierte a su título en lo mejor y más acertado de la misma. Es cierto que la capacidad metaliteraria que Loriga vierte sobre la historia que narra, trata de evitar esa falta de intensidad narrativa: «Les contaré lo peor que me ha pasado: confundir, en un sueño, una oca con un alce después de haberme obsesionado durante muchos días y sus correspondientes noches con un poema de Elizabeth Bishop. Según parece, hay que fijarse en los detalles. La realidad tiene engranajes y piezas muy pequeñas». Y es en ese engranaje de las piezas pequeñas donde Loriga se pierde a través de una secuencia de situaciones que se nos antojan caprichosas e inverosímiles, cuando no banales, acerca de lo que es la vida y la muerte, lo que no dejar de sorprender por la cantidad de comentarios elogiosos que el autor ha recibido por esta fallida, sin duda, novela. Y cuya única salvedad, tal vez se centre en el efecto doble que el escritor establece entre los dos protagonistas —caprichosos y hedonistas en grado sumo—. Un planteamiento que nos lleva a pensar que ambos personajes son una única persona, en la que Yorick se desdobla en Luiz en aquello que quizá siempre quiso ser sin lograrlo. En esa multiplicidad es donde Loriga explora de nuevo la frontera entre realidad y ficción que tanto atrae a muchos lectores, lo que sin embargo delimita su capacidad literaria de abstracción en beneficio de la historia que se nos quiere contar, y además, lastra su experiencia lectora, La literatura es literatura en sí misma sin más, y sin esa necesidad —ajena— de explorar aquello que hay de autobiográfico en cada novela, pues todo es vida: real o ficticia. 

Cualquier verano es un final es el reflejo de una sociedad en constante huida hacia el abismo. Una sociedad que trata de evitar el dolor, la muerte o la realidad en pos de un buenismo cada vez más lastrante y agresivo. Un buenismo que poco a poco está construyendo una posverdad que sólo existe en un mundo digital plagado de insulsas fotos y falsas sonrisas. Un hedonismo hueco y sin sentido al que Loriga ha intentado tratar con cierta ironía. Un matiz inteligente que, sin embargo, se difumina en una trama caprichosa y sin sustancia, de la que sin duda su mejor arma es su punto de partida: su título. 

Ángel Silvelo Gabriel.

martes, 18 de julio de 2023

ÁNGEL SILVELO, LOS DIOSES PERDIDOS (PREMIO JOSÉ MARÍA PEREDA DE NOVELA CORTA 2022): A LA VENTA EN LIBRERÍAS Y PLATAFORMAS DIGITALES



Luis, el protagonista de Los dioses perdidos se encuentra atrapado por un pasado que nunca imaginó que existiera en su familia. De ahí, que busque un futuro sin recuerdos y sin la perversa necesidad de mirar atrás, porque como decía Saramago al modo de un innato explorador: la tierra espera. Lo que él no sabe, y tardará en descubrirlo, es que la verdad, aquella que él ansía encontrar, reposa más allá de lo obvio. Decía Pessoa que la vida es un «teatro de máscaras» cuyos «moldes de realidad» conforman «el álgebra del misterio». Un misterio en el que se embarcará nuestro protagonista para desentrañar el oscuro devenir de la existencia de su abuelo de la mano del poeta portugués Fernando Pessoa y de la inmensidad de su vida interior y de su obra. Llegar al alma de Pessoa es complicado, porque su universo es un conjunto de sombras y fantasmas que no dejan huellas en el camino. Luis enseguida se da cuenta de ello y sabe que tiene que adivinarle más allá de la línea de lo obvio, entre las luces y las sombras de sus paradojas, a lo largo y ancho de las múltiples voces de sus heterónimos y en la reinterpretación de los ismos que inventó y con los que situó a Portugal en el mapa europeo de la cultura. No es extraño, entonces, que esta novela sea un collage espontáneo de palabras y frases, dudas y sentencias, donde Pessoa emerge en la vida de Luis sin necesidad pensarlo, como si todo a su alrededor fuese un mundo conformado de marionetas en la mano del tiempo. «Una geometría del abismo», así lo definió él. «Mi destino pertenece a otra Ley […] y está cada vez más supeditado a la obediencia a Maestros que no condescienden ni perdonan.» Esos Maestros, en este caso, son los que conforman los dioses perdidos que dan título a esta novela; una metáfora con la que su autor, Ángel Silvelo, escenifica la posibilidad de conjugar la palabra DIGNIDAD como el hallazgo vital que nos permita seguir adelante. 

Ahora que la sociedad ha renunciado al poder de las palabras, Los dioses perdidos nos permite revisar ese proceso destructivo que supone el final de una época. La historia que se nos narra trata de ser el eco de una metáfora que no para de dar vueltas dentro de nuestra cabeza y nos posibilita volver a tener esperanza en aquello que de verdad importa. En este sentido, la metaliteratura es el cauce elegido por el autor para mostrarnos que, aunque sea imposible, merece la pena intentar atrapar la luz con tan sólo cerrar nuestra mano. Un deseo imposible, como en muchas ocasiones es imposible el amor o la renuncia a la tiranía del móvil y las redes sociales. Ese último resquicio, a través del que avistamos la esperanza, en la novela se transforma en un espacio donde se concitan pensamientos, ocurrencias, paradojas, poemas y un falso diario con el que nos vamos tropezando acompañados por Pessoa y la sensibilidad extrema de aquel que nació adelantado a su tiempo y se sintió extraño en su entorno y dentro de sí mismo. 

Los dioses perdidos es un falso diario que, en muchas ocasiones, utiliza palabras tales como: alma, esencia, vida, sombra, fantasma, reflejo, espejo…, pero en el que también están presentes el amor y Lisboa; una encrucijada, contradictoria e imprescindible a la vez, en la que gracias a Pessoa podemos divisar la línea del horizonte y pensar que otra vida es posible.

ENLACE A LA NOTICIA: Ángel Silvelo, Mar Sancho y Rosario Díaz ganan los premios de novela corta, poesía y cuentos de Cantabria (europapress.es)


lunes, 17 de julio de 2023

MILAN KUNDERA (1929-2023): LA COSMOLOGÍA QUE DIVIDE A LA FANTASÍA Y EL AMOR

 


Si como dicen, el amor es el gran motor que mueve el mundo, la fantasía sería el gran sustento que precisa ese amor para sobrevivir. Desde esa extrañeza que hay entre lo vivido y lo soñado, podríamos decir que Kundera, a través de la importancia que durante toda su carrera literario dio tanto al sentido del humor como a su particular concepción musical presente en sus trabajos, forjó un emblema que parte de una compleja técnica narrativa que va desde una aparten sencillez a una compleja búsqueda por descifrar el alma humana. Alma recortada por sus acontecimientos biográficos de los que intentó huir, pues hizo de su análisis particular un continuo ensayo sobre la vida de Occidente de la segunda parte del siglo XX. Esa búsqueda y las decepciones que la acarrearon le hicieron desconfiado, lo que a nivel de su vida y su obra le llevó a no conceder entrevistas ni a consentir que le tradujeran sus propias obras (lo que sólo consiguió en parte). Ciudadano sin patria, a la que le condenó el comunismo, buscó en París ese lugar desde donde poder seguir escribiendo y reflexionando desde un anonimato plagado de éxitos literarios y reconocimientos que, con el paso del tiempo le fueron llegando sin que por ello la Academia Sueca le concediese el Nobel de Literatura, a pesar de las veces que se le propuso. De ese desarraigo físico y literario arranca lo que podríamos denominar como la cosmología que divide a la fantasía y el amor, pues esas podrían ser dos de las premisas de las que parte Milan Kundera a la hora de plantearnos el conflicto entre los personajes de sus novelas. A las que cabría unir la necesidad del hallazgo no encontrado. Sin embargo, la ambición del narrador va más allá y transita sobre la realidad y la ficción, el espejo y su imagen como herramientas o artilugios que le sirven al autor para hacernos pensar sobre nuestra vida real y aquella que soñamos, y así de paso, llevarnos a su terreno; un campo de batalla que representa muy bien esta frase del propio autor: «Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca». En este sentido, siempre hay alguien que en tono jocoso nos recuerda: “ten cuidado con lo que deseas porque corres el peligro de que se haga realidad”, y esa es la terrible tragedia de los deseos cumplidos en la que acaban sumidos sus protagonistas que, en su vertiente femenina, viene plasmadas en personajes de mujeres poderosas, enigmáticas y duales, como duales son sus acciones y sus pensamientos, sus sentencias declaradas y sus deseos no confesos. A lo largo de nuestra vida nos pasamos anhelando cosas materiales, deseos, experiencias, sentimientos, pero nos suele ocurrir que, cada vez que éstos se hacen realidad, no nos satisfacen como habíamos previsto. Quizá, porque deseo y realidad nunca se corresponden al cien por cien. Ese enigma que navega en el mundo de los deseos y la ruptura, sin embargo, no va a aceptar el momento que éstos se convierten en realidad. De ahí, que el amante que trata de complacer y demostrarle su amor infinito y eterno, al otro, también sea víctima de sus propios deseos. Complacer nunca resulta fácil y menos en la figura de una mujer que, cuando ya lo ha perdido todo, no necesita buscar, sino sentir. Libre de ataduras reales necesita encontrarlas en las encrucijadas de sus pensamientos, que rebotan en su vida de una forma distinta y desfigurada como el reflejo de su propio cuerpo en un espejo, idéntico pero no igual. Entonces, es cuando esa mujer no se reconoce a sí misma en sus actos, como nosotros tampoco nos reconocemos delante de nuestros particulares espejos, que cada vez más, se empecinan en devolvernos nuestra propia imagen deformada y con más aristas. Las experiencias que conllevan el paso del tiempo son esas huellas que no vemos reflejadas en ninguna parte, salvo en el alma, pero que sin duda están ahí, dentro de nosotros mismos en forma de accidentes vitales. 

Milan Kundera enfrenta el concepto de amor como identidad del otro, lo que nos lleva a mimetizarnos con él y a diluirnos en su esencia. Esa necesidad de amar y ser amado se transfigura en la unión física y espiritual del cuerpo y el alma. Amar para perderse en el fondo de la persona amada. Amar para no tener que revisar nuestro pasado y simplemente cargar con él. La técnica narrativa que emplea Milan Kundera para, hacernos ver la experiencia identitaria de una misma experiencia, es sumamente sencilla, pero acertada a la vez, pues en una misma escena, primero nos la narra el escritor a través de un personaje (desde la lejanía de la tercera persona), e hilando una frase o un pensamiento, la traslada al otro, en capítulos cortos y encadenados que, como los pensamientos, se van solapando en múltiples flashback mentales. En ese rico universo de los pensamientos muchas veces no expresados, reside otro de los puntos fuertes de su narrativa que, poco a poco va creciendo en intensidad, hasta acabar en un ejercicio narrativo onírico y caprichoso con el que el autor nos quiere dejar pensando, pues el amor como gran motor que mueve el mundo, para Milan Kundera, es un magnífico espacio para la reflexión.  

El escritor checo Milan Kundera falleció el pasado 11 de julio de 2023,a los 94 años de edad, en París, donde residía desde 1975. 

Ángel Silvelo Gabriel.

miércoles, 5 de julio de 2023

MANUEL MOYA OPINA ACERCA DE LA NOVELA LOS DIOSES PERDIDOS DE ÁNGEL SILVELO, PREMIO JOSÉ MARÍA PEREDA DE NOVELA CORTA 2022

 


No imagino mejor comienzo que este para mi novela, Los dioses perdidos, sobre todo, porque viene de la mano del escritor Manuel Moya, traductor y estudioso de la obra de Fernando Pessoa, y el mayor experto que a día de hoy existe en España sobre su vida y su obra. A lo que hay que añadir, que recientemente ha publicado la novela Lluvia oblícua, en la que recrea los últimos días de la vida del poeta, así como la extensa y pormenorizada biografía El hombre de los sueños, donde pone en valor muchos de los aspectos más desconocidos de Pessoa, y en la que la mismo tiempo, desmonta alguno de los falsos mitos acerca de su obra personal y literaria, como es por ejemplo, la llamada noche triunfal del 8 de marzo donde alumbra por primera vez a sus heterónimos más importantes. Gracias, Manuel, por tu buena acogida hacia la novela.

«Ayer por fin acabé Los dioses perdidos […] me puse a leer frenéticamente esta novela magnífica, en la que hay una biografía fragmentada y encubierta de Pessoa en una lectura que me parece apasionante. Muy bien urdido ese doble juego del abuelo torero/Pessoa. Realmente es una historia fascinante, la de esa búsqueda de la identidad y de los ocultamientos por parte de su protagonista, con todo ese cruce de identidades entre los personajes, el torero y el otro torero lisboeta, Fernando Pessoa. Una novela deliciosa, muy muy bien escrita, con el tempo justo para ir asimilándola y con la intriga suficiente como para estar en vilo. Una gran novela, un Pessoa realmente ajustado, salvo quizás lo del 8 de marzo, pero esa es la tradición, esa es la leyenda, por lo que está perfectísimamente puesto en la novela. Hay además una comprensión profunda de Fernando Pessoa que muy muy pocos poseen. Gracias por escribir esta pequeña joya [...] esta novela está sin duda a la cabeza de cuantas novelas pessoanas —y ya van unas cuantas— existen […] Me ha gustado el tono, las citas muy bien imbricadas, los personajes, en fin, me lo he pasado en grande».

Manuel Moya