Tiempo de comunicaciones rotas

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viernes, 27 de enero de 2012

EL CONFERENCIANTE

Él terminó de exponer su alegato de defensa como si acabara de dar una conferencia, y lo hizo sin derramar una sola lágrima. Ella sabía que si no lo había hecho, no era por falta de ganas, sino porque su férrea doctrina labrada bajo las manos firmes de un severo juez, no le permitía tales deslices. En apariencia nada era distinto, sólo un desahucio más. Pero su frágil memoria, le avisó que ahora sería él quien pagaría el pato, que como una apisonadora, le aplastaba las rejillas de sus recuerdos. Ella le miró a los ojos, y no supo reconocerle bajo ese tamiz blanquecino en el que se había transformado su pelo. Sí, él era su padre, un abogado que se había convertido en un conferenciante de alegatos sin defensa, y que despojado de su memoria y de su auctoritas, ahora sólo le quedaba espiar su maltrecho pasado.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

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