Tiempo de comunicaciones rotas

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jueves, 7 de febrero de 2013

ARTHUR SCHNITZLER, DOCTOR GRAESLER (MÉDICO DE BALNEARIO): LOS DIFERENTES CAMINOS QUE LLEVAN AL AMOR

La lectura de esta novela corta de Arthur Schnitzler nos lleva sin ningún esfuerzo a recordar otras, como por ejemplo, las del también escritor vienés Stefan Zweig, o por qué no, las de Iréne Némirovsky, pues todos ellos y sus composiciones, poseen la característica principal de retratarnos con suma maestría el perfil psicológico de sus personajes, que a pesar de pertenecer a épocas y costumbres muy diferentes a las actuales, son como un proyector cinematográfico que nos visiona imágenes y sensaciones que nos trasladan a lo que podríamos denominar como de “relatos de época”. Sin embargo, cualquiera de ellos, y por ende el propio Schnitzler, despliegan con suma habilidad su conocimiento sobre la gran amalgama de sentimientos que posee el ser humano y donde el amor podría acaparar el corolario de todos ellos, lo que de nuevo nos sitúa en el espacio universal de las luces y sombras que nos atenazan a lo largo de nuestras vidas, reconvirtiendo sus narraciones en intemporales. En este sentido, el Doctor Graesler, médico de profesión (como el propio Schnitzler hasta que la abandonó por la literatura) representa el inicio de la edad madura. Hombre soltero y de mundo que ya no tiene cargas familiares tras el fallecimiento de su hermana (también soltera) representa como nadie ese último canto del cisne vital antes de pasar al retiro. Arthur Schnitzler va a poner a prueba los sentimientos de su protagonista a través de tres mujeres, que podríamos decir que funcionan como meros arquetipos de lo que tildaríamos como de los diferentes caminos que llevan al amor. A lo largo de esos intricados trayectos será por donde deberá transitar el Doctor Graesler que, sin apenas darse cuenta, caerá en la trampa de sus propias pasiones y errados juicios.

Por otra parte, Arthur Schnitzler utiliza al Doctor Graesler (médico de balneario) como su alter ego y altavoz de las ideas que cuestionan los buenos usos y costumbres de lo que él denomina en su obra y en su vida como de pequeñoburgués. Un concepto que se desplaza a lo largo de finales del siglo XIX y principios del XX y que representa como nadie la idea de inmovilismo contra el aperturismo; un concepto que el propio Schnitzler combatirá con todas sus fuerzas, pues tanto su vida como su obra, serán el reflejo de una perfecta amalgama de acontecimientos donde se darán la mano de una forma abierta las diferentes pasiones del ser humano en su lucha con las costumbres de la época, y donde el amor y sobre todo el sexo, sin llegar a ser explícito, será planteado de una forma nueva, distinta y con suma naturalidad por encima de las convenciones al uso, así como, la mezcolanza entre personas de diferentes clases sociales, lo que derriba de un plumazo muchas de las barreras existentes en la época, y para las que una buena parte de la sociedad de entonces todavía no estaba preparada. Un contrapunto que en ocasiones llegó al escándalo y que alcanzó su máxima expresión a la hora de su muerte, pues a pesar de ser discípulo y amigo de Sigmund Freud, o del propio Stefan Zweig y de que sus obras disfrutaran de éxito y reconocimiento, acabó en el mayor de los ostracismos por parte de los estamentos oficiales a los que combatió e intentó cambiar, y tal y como recoge Zweig en su diario: “informe sobre el entierro de Schnitzler. Ningún mensaje de condolencia del presidente de la República, ningún ministro junto al féretro, la Universidad calla (bueno, las cosas claras). No pactar con esta gente, rechazarlos a todos” (Stefan Zweig, correspondencia con Sigmund Freud, Rainer Maria Rilke y Arthur Schnitzler, Editorial Paidós). Lo que nos lleva a tildar a este escritor austriaco como de rebelde con causa, y sin duda, precursor de lo que más tarde llegaría de una forma más explícita al mundo de la literatura con autores como Henry Miller o Anaïs Nin, y de ahí hasta llegar a la beat generation o el mayo del 68. Todos ellos afanados en romper la barrera de lo que conocemos como buenas costumbres, y cuya última intención, quizá no sea otra que la búsqueda de la propia identidad del individuo frente a la sociedad, y por ende, el encuentro con la ansiada libertad.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

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