Tiempo de comunicaciones rotas

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domingo, 26 de septiembre de 2010

CORAZÓN REBELDE: LA MÁGICA ATRACCIÓN DE LOS PERDEDORES


Los infinitos cielos azules del Estado de Texas teñidos de sus grandes y difuminadas nubes blancas, se entremezclan en bellas imágenes junto a los colores anaranjados de las puestas de sol, como la otrora fama del protagonista Bad Blake se imponía en su vida y en el mundo del country desconociendo su actual y errática existencia. Esas plásticas y hermosas instantáneas capaces de cubrir toda una vida, ya nos anuncian que lo que en principio podría parecer como una aburrida película sobre la música popular americana, resulta ser una conmovedora a la vez que sarcástica, historia de un perdedor y su singladura por los rincones y garitos más olvidados del Estado de Texas.

Jeff Bridges consigue ganar la partida a todos sus detractores con una sólida y magnífica interpretación que no en vano le ha valido por fin un Óscar en el año 2010, y que en cierta manera nos recuerda a su gran personaje "El Nota" en El Gran Lebowsky, pero en este caso, Bridges proporciona sin tapujos (a la ex-estrella del country Bad Blake a la que interpreta) de unos certeros y verosímiles registros de todas sus experiencias como cantante y compositor (no hay que olvidar que tiene un álbum grabado y publicado). Unos matices interpretativos, a los que él se encarga de dotar con grandes dosis de cercanía y empatía, conocedor del intrínseco atractivo del personaje que interpreta, y que él sabe que contiene la mágica atracción de los perdedores. Un personaje a la deriva que es consciente que ya no encontrará su lugar en el mundo, o eso al menos es lo que él creía, pues el destino (aunque el protagonista se halle perdido en medio del desierto tejano) se puede presentar en la vida de cualquiera y cambiarlo todo.

Corazón Rebelde se nutre de los componentes clásicos con los que una buena película siempre cuenta: una historia que te engancha, un protagonista con el que empatizas y una chica que enamora y se enamora del protagonista, que en esta ocasión viene encarnada por la solvente Jean (Maggie Gyllenhall). Y si esos ingredientes están bien mezclados y servidos, es seguro que van a actuar como elementos infalibles para que el espectador se identifique con la historia y sus personajes. Y eso es lo que ocurre en esta película, que engendra una historia sin más pretenciones que la de hacernos pasar un rato agradable y a la que Bridges dota de las cualidades suficientes para subirla un peldaño más arriba y llevarla a la categoría de las buenas películas. Su intepretación está inspirada, entre otros, en Kris Kristofferson, pero él es capaz de algo más, haciéndose acompañar simplemente de su cálida voz y el manejo tan peculiar como familiar de su guitarra o su furgoneta, lo que nos recuerda a los antiguos cowboys, pero esta vez se trata de un jinete perdido en el mundo de los grandes avances tecnológicos. Pero Bridges se resiste a renunciar a lo que él considera como auténtico, y de ahí, que no entienda las nuevas formas de hacer su amada música country o el endiosamiento de las figuras actuales a las que él mismo ha enseñado, y por tanto, deudores ante él, pues de él han partido, y que en esta ocasión interpreta un Collin Farrell alejado de las grandes superporducciones.
Mención aparte se merece la banda sonora, magnífica combinación de canciones a cargo de T-Bone Burnett, entre las que destacan el tema central Hold On You o la final The Weary Kind o la existosa Fallin & Flyin con las que Bridges se maneja a la perfección y nos deja la impronta de sus dotes como cantnate.
En definitiva, Corazón Rebelde se sitúa más allá de la típica película sobre la música country a la que Jeff Bridges y su magnífica interpretación sobre la dulce estética de los perdedores, hace de ella una película entrañable.

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