Tiempo de comunicaciones rotas

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martes, 29 de enero de 2013

THOMAS E. LAWRENCE, CAMINO DE ÁKABA (TRADUCCIÓN DE LORENZO SILVA): LAS CLAVES DE UNA ODISEA

Decía Paul Bowles que uno no vuelve a ser el mismo después de visitar el desierto, porque esa sempiterna línea imaginaria que divide el cielo azul de la tierra caliente se adhiere a la parte más íntima del ser humano para no soltarla nunca jamás. En este sentido, su célebre novela, El cielo protector, se convierte en la intrahistoria de un alma herida (la de Port, alter ego de Bowles) que convertirá su viaje hacia el desierto en una aventura de difícil retorno. Esa vena existencial que los occidentales desarrollan de una forma tan esporádica pero intensa en los confines que separan Oriente de Occidente es la que transpira por las cartas que componen este Camino de Ákaba; una intrahistoria epistolar que nos pone de manifiesto las claves de una odisea. Todo ello, bajo la cínica mirada de una época actual, donde la falta de valores parece el bien más preciado. Pero como suele suceder en las películas de buenos y malos o de princesas y hadas madrinas siempre hay un último refugio, que en este caso, nos llega de la mano de Thomas Edward Lawrence y gracias a la más que acertada traducción de Lorenzo Silva (por limpia y ágil) de las cartas que a lo largo de 1917 escribió este oficial inglés (más conocido como Lawrence de Arabia), y que nos dan las coordenadas de una época y una historia que trata de transmitirnos la posibilidad de alcanzar “lo imposible”. Ese luchar para no vencer, a veces, se transforma en una victoria inesperada y convierte una odisea en una hazaña perdurable en el tiempo. Y para ser conscientes de ello, baste sólo recordar el manual del perfecto agente secreto que, a lo largo de veintisiete puntos, describe las cualidades que se deben de tener para ganarse la confianza de los árabes. Lo que convierte a esa carta en un testamento vivo y más que llamativo del poder y la inteligencia de Lawrence, pues no deja un cabo suelto, aparte de dejarnos muy claro sus grandes dotes como estratega.

Además, y aparte del relato de la campaña que Lawrence hace a sus mandos, donde expresa con suma energía y rapidez los acontecimientos que cambiaron lo que hoy conocemos como Oriente Medio, cabe resaltar ese otro lado del personaje, más íntimo y cercano, a través de las cartas que escribe a su familia, en las que podemos apreciar a un ser culto y preocupado por el arte y la cultura en general, pues no se nos debe pasar por alto su vertiente de arqueólogo primero y de brillante escritor después, como transmisor de sus vívidas experiencias, que plasmó en las novelas autobiográficas Los siete pilares de la sabiduría y El Troquel. En definitiva, Lawrence fue un hombre intrépido, que supo vivir en la frontera que divide la realidad de los sueños; una dualidad que quedó muy bien retratada en su famosa frase: “existen dos clases de hombres: aquellos que duermen y sueñan de noche y aquellos que sueñan despiertos y de día… esos son peligrosos, porque no cederán hasta ver sus sueños convertidos en realidad”.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

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