Tiempo de comunicaciones rotas

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lunes, 21 de julio de 2014

LOS ÚLTIMOS PASOS DE JOHN KEATS EN EL ABC CULTURAL DEL 19 DE JULIO DE 2014




Cuando todavía uno se encuentra sumido en esa especie de sueño que ha sido el acto homenaje que, precisamente hemos hecho el 19 de julio de 2014 al poeta romántico en su tumba del cementerio protestante de Roma, el destino me tenía reservada otra fantástica noticia a mi regreso a Madrid. Una noticia en la que comparto espacio con personas que uno tiene en alto aprecio como Julián Rodríguez de la editorial Periférica, y como no, con mi editora Noemí Trujillo que siempre vela por una buena parte de mis sueños literarios, y que, gracias a su gran trabajo y empeño por sacar adelante el proyecto literario de Playa de Ákaba, ha conseguido que el ABC Cultural del pasado sábado se haya fijado en ella, e incluido en la amplia sección dedicada a Los otros best sellers, mi novela Los últimos pasos de John Keats. Un proyecto que aprovecho para decir que no es solo mío, sino de Noemí Trujillo, Anamaría Trillo, Lorenzo Silva..., y por supuesto, de los nueve valientes que me acompañaron el pasado fin de semana por las calles perdidas de Roma, porque si algo distingue a Manuela, África, Mayte, Teresa, Daniel, Alfonsina, Pablo, Juan y Anamaría es la ilusión por una novela que es tan suya como mía.

 

Es verdad, que hubo momentos en los que uno sintió esa especie de vértigo cuando se descubren nuevas tierras o terrenos inexplorados, aunque en ocasiones, nadie entienda que un escritor español editado por una editorial española, escriba sobre un poeta romántico inglés y vaya a rendirle homenaje a Italia, en concreto Roma. Es verdad, que en muchas ocasiones la literatura derriba muchas barreras, pero no es menos cierto que, el ser humano, en otras tantas, se empeña en levantar fronteras donde no las hay. El hombre y sus sentimientos son tan universales como la lluvia que nos moja o calor que nos sofoca, como hizo días atrás a estos nueve valientes y a mí Roma. Pero nada pudo con ellos, ni las condiciones meteorológicas ni el innumerable público que nos miraba atónitos mientras leíamos poemas en español, inglés o italiano, por no decir de los grupos de anglosajones que no paraban de hacer fotos del evento. Todo especial, mágico y único, por lo menos para nosotros, que éramos los actores de esa escena que, una vez más, era nuestro más sincero homenaje al poeta cuyo nombre estaba escrito en el agua. ¡Gracias por todo Sr. Keats, le debemos tanto!

 
Ángel Silvelo Gabriel. 

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