Tiempo de comunicaciones rotas

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miércoles, 29 de junio de 2016

VIVIAN MAIER EN LA FUNDACIÓN CANAL DE MADRID: LA CUALIDAD DEL ANONIMATO



Vivian Maier, la anónima fotógrafa de la calle, realizó más del cien mil fotografías a lo largo de su vida; FOTOGRAFÍAS que jamás enseñó a nadie. Esa íntima necesidad de la ausencia colectiva, la ensalzan, sin ella quererlo ni saberlo, a los altares de aquellos que hacen de sus pasiones la forma oculta de seguir viviendo. Ese doble plano entre vida pública y vida privada, entre sueño y deseo, ficción y realidad, revierte en el caso de Maier en una suerte de instantáneas que recogen la vida, así, sin más. Vidas oscuras, vidas anónimas, vidas cortadas, a las que ella da luz y protagonismo. Los personajes de muchas de sus fotografías son el símbolo mayúsculo de esas voces sin voz que pueblan las calles de las grandes ciudades de todo el mundo, pero son, también, la transfiguración de un deseo, porque la cualidad del anonimato que tan bien representa Vivian Maier se difumina cuando se autorretrata o roba esos primeros planos a las personas que hace partícipes de su obsesión. Nada se resiste a su mirada, pues su objetivo deambula con soltura tanto por las mudas arquitecturas como por las poses de aquellos que han perdido el miedo a su cámara, acortando de esta manera la distancia de las historias de la calle que tanto le gustaba fotografiar, pues si algo destaca de sus retratos, es la solemnidad que le proporciona a las clases más populares donde, de una forma inteligente, nos provoca admiración, al saber apreciar la belleza de una simple mirada; mirada que, por cierto, nos narra una vida.

Testigo de una época y notaria de los cambios que se van produciendo a lo largo de las décadas en los EE.UU., Maier nos proporciona, quizá sin proponérselo, la medida justa de aquello que denominamos como progreso, aunque en este saco, sea bajo una mirada más sociológica y no tanto tecnológica (que también). Gracias a ella disponemos de una gran arsenal fotográfico de cómo eran y cómo se manifestaban los menos favorecidos que, a lo largo de sus múltiples instantáneas, nos recuerdan el valor de las pequeñas cosas, pues esa es, sin duda, una de las característica de las fotografías de Vivian Maier: la majestuosidad de lo cotidiano, porque a buen seguro, no hay nada más apabullante que una sonrisa, un beso o la verdadera dimensión de un gesto de contrariedad o sorpresa, donde la naturalidad y lo espontáneo juegan un papel primordial.

La exposición que nos ofrece la Fundación Canal hasta el próximo 16 de agosto en Madrid, bajo el estricto nombre de Street photographer, está divida en diferentes espacio teñidos de múltiples colores que abarcan campos temáticos como: la infancia, retratos, formalismos, escenas de calle, autorretratos, fotografías en color y algunos vídeos, en los que la espontaneidad de las escenas se hace en ocasiones enternecedora, cuando no nos arranca un gesto de sorpresa, por lo que esas imágenes tienen de documento ilustrativo de una época ya difuminada por el paso del tiempo. Del mismo, modo, la sección dedicada a las fotografías en color, nos muestran a una Vivian Maier más libre a la hora de elegir sus objetivos, pues la ligereza de su cámara fotográfica ya le permite prescindir del trípode a la hora de captar tanto a sus anónimos héroes como a las arquitecturas que le llamaban la atención.

En definitiva, gracias a la cualidad del anonimato de Vivian Maier, hoy podemos disfrutar de un impresionante mundo fotográfico, en el que somos conscientes de cual fue su distancia como artista respecto de las historias de la calle.

Ángel Silvelo Gabriel

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