Tiempo de comunicaciones rotas

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viernes, 4 de agosto de 2017

CORTÁZAR, DE JESÚS MARCHAMALO Y MARC TORICES: UNA BIOGRAFÍA ILUSTRADA ENTRE GAULOISES Y CRONOPIOS


 
Entre gauloises y cronopios; escuelas, institutos y universidades; jardines y soledades; guerras y claroscuros; viajes y trenes; humos y leyendas. Todo ello, adornado por viñetas: grandes, pequeñas; coloridas o en blanco y negro; sugerentes o explícitas; aterradoras o esperanzadoras; limitadoras y sin límites. Así transcurre esta biografía ilustrada del escritor argentino Julio Cortázar concebida por los textos de Jesús Marchamalo y las ilustraciones de Marc Torices. Un encuentro metaliterario que se desarrolla entre el profundo conocimiento de la vida y la obra del escritor argentino por parte del periodista, y la arrebatadora imaginación del joven ilustrador. Uno y otro han sabido darle a este libro ese cariz de único que tiene desde la primera hoja, donde ya asistimos a ese universo único, vital y literario, de un Cortázar alto y desgarbado que siempre estuvo rodeado de una estela de misterio y de acciones a la contra, en ocasiones propiciadas por el despiste, y otras, por la genialidad del que vive para leer y escribir. Abarcar ese mundo tan intrincado y complejo, sin embargo, no parece que haya sido una tarea difícil para Marchamalo, pues nos distribuye esta biografía ilustrada (un magnífico documento didáctico para todos aquellos jóvenes y no tan jóvenes que se quieran adentrar en el universo literario de Cortázar) a través de capítulos, sin otro hilo argumentativo, que el del ensalzamiento de la vida y la obra del escritor argentino, al que como siempre, Marchamalo nos presenta a través de la anécdota que nunca se te olvida, el rasgo que te mantiene en vilo hasta el final, o el matiz que nunca llegarías a sospechar que el protagonista de sus libros tuviera. De nuevo, aquí, el periodista-escritor nos lleva a su terreno, con ese gran poder de la síntesis que posee y la visión del mundo literario desbordante y persuasivo que él atesora. En este sentido, no se nos ocurre un mejor maestro de ceremonias que Marchamalo para dar vida a un personaje literario. Así, en el campo de las anécdotas literarias asistimos, por ejemplo, al encuentro entre Cortázar y Borges cuando el primero aún era un perfecto desconocido, o a las traducciones de la obra de Poe, o como no, a la visita en Roma a la casa donde murió el poeta británico John Keats, a través de cuya ventana se nos sugiere un mundo lleno de libertad y belleza, lo que le llevó a escribir un ensayo que, él nunca quiso que se publicara, sobre el poeta: Imagen de John Keats. 

No obstante, todo lo dicho carecería de un sentido pleno si no fuera por las magníficas ilustraciones de un Marc Torices en estado de gracia, pues gracias a sus dibujos, asistimos sin darnos cuenta a las múltiples transformaciones que él nos propone sobre Cortázar. Un Cortázar, a veces gigante, y otras doblado en su gigantismo para entrar dentro de la viñetas, pero también sugerido a través de ese humo infinito de sus gauloises, muy bien fundido con el de la locomotora como expresión de viaje, libertad y nuevas oportunidades. Cortázar bebé, Cortázar niño, Cortázar joven. Cortázar con barba y sin gafas, Cortázar con barba y gafas, nada se le resiste a este joven ilustrador que ha tardado dos años en darle vida a este hombre alto de uno noventa y tres de estatura; un hombre cargado de leyenda y contradicciones, como no podría ser de otra manera; un hombre de bicis, motos, Citroën dos caballos, o caravanas con las que recorría una autopista por el mero hecho de convertir esa ruta en un hecho literario, como hechos literarios fueran sus relaciones sentimentales o sus viajes en tren, cuando ligero de equipaje, compraba libros de bolsillo a los que iba cortando las páginas según las leía. Quizá, ahí, en esa metáfora de la literatura y el mundo, se encuentre la esencia de esta acertada biografía literaria, única por muchas razones, pues nos permite adentrarnos en un universo literario de la mano del misterio que engendran el humo de los gauloises y los cronopios, y que nos deja con ganas de más, como sólo lo hacen las cosas que merecen la pena ser vividas. 

Ángel Silvelo Gabriel. 

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