Tiempo de comunicaciones rotas

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martes, 29 de octubre de 2013

GRAVITY: PERDIDOS EN EL ESPACIO

No puede haber una sensación más potente de estar perdidos en el espacio, que lejos de la Tierra, el sol y la luna, donde la oscuridad es omnipresente y su fuerza, más oscura, se apodera de nuestros sentidos. Ni en el sueño más profundamente onírico seríamos capaces de sentirnos tan libres como viendo Gravity, donde la ingravidez como facultad de poder flotar en la inmensidad de la nada nos deja atónitos…, y de nuevo perdidos en la infinitud de un espacio irreal por bello, majestuoso e imposible. ¡Qué difícil es atravesar los límites de nuestras propias fronteras!, sobre todo, cuando lo hacemos para perder todas aquellas referencias con las que hemos crecido y nos hemos educado. De ahí, que en la más estricta soledad, ya sea ésta lunar, espacial u onírica, nos encontremos perdidos en un mar sin agua, un océano sin olas o un torrente sin cascadas, pues allá arriba, en el lejano espacio, el rozamiento es otro y la vida también. Sin embargo, no debemos pasar por alto que, tras esta cortina circense, donde asistimos narcotizados a los mejores trucos de magia que podamos imaginar, a las más bellas imágenes que nuestra imaginación nunca supo que existían, y a los mejores efectos especiales que la técnica es capaz de crear para transportarnos a ese mundo soñado, se esconde la historia personal de la astronauta Ryan Jones, una magnífica Sandra Bullock que, con el poder de su mirada, profunda, aterrorizada y melancólica, es capaz de hacernos olvidar por momentos dónde nos encontramos, pues el arrebato de los sentimientos al que nos invita es tan hipnotizador que, sin ningún problema, nos alejamos de la ingravidez y el espacio oscuro que la rodean, para centrarnos en ese otro espacio narrativo de los sentimientos, pues al fin y al cabo, más allá de la técnica somos humanos.


Gravity es el sueño que un día tuvo su director, el mexicano Alfonso Cuarón, y después de ver la película, sólo podemos decir que fue un sueño maravilloso, en el que la necesidad de un hilo conductor y narrativo, lo ha convertido en épico, ya que el regreso al planeta Tierra de la astronauta Ryan Stone es una especie de conquista de la Tierra, en contraposición con la del espacio, y no sólo eso, pues se trata de un viaje plagado de heroicidades del ser humano contra los elementos, de lo más pequeño contra lo más majestuoso, y de los más grandes y universales accidentes geográficos que rodean a los hombres (como pueden ser el espacio, las estrellas…), contra la soledad. En este sentido, la intrahistoria a la que da vida Sandra Bullock, en su papel de heroína del espacio, es un magnífico ejemplo de la materia única de la que está formado el ser humano; una argamasa fundamentalmente compuesta por los sentimientos. Nuestros miedos, ilusiones y contrariedades se dan la mano en una ausencia casi total de diálogos que, en este caso, la protagonista suple con sus expresiones y esa transformación que experimentamos cuando nos vemos al borde de la muerte. En este sentido, Gravity no es una película de aventuras, aunque lo parezca; Gravity tampoco es la quinta esencia del 3D ni de los efectos especiales; Gravity es el mejor ejemplo de lo pequeño que se siente el ser humano, pero no en la inmensidad del espacio, sino dentro de uno mismo, donde las fisuras del alma nos hunden más veces de las deseadas. 

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.  

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