miércoles, 12 de agosto de 2009

PREFAB SPROUT


A este pequeño rincón de sonidos y palabras en el que se está convirtiendo Fragmentos, hoy os traigo la música de uno de mis grupos favoritos, Prefab Sprout. Este grupo de Durham es la invención de Paddy McAllon y su hermano Martin a los que se unieron Neil Conti en la batería y Wendy Smith en las voces. Mi primer contacto con ellos fue a través de su Lp Steve McQueen (donde se encontraban joyas como Appetite o When love breaks down), y a partir de ahí, ya me ganaron como uno de sus seguidores. La música de este grupo inglés es música pop de la buena (algo de lo que carecemos casi por completo en la actualidad) y a mí al menos, la audición de su música me hace sentirme capaz de derribar mis barreras cotidianas y personales, ¿es capaz de hacerme soñar?

Paddy McAllon ha obtenido el reconocimeinto de la crítica musical de su país, algo de lo que él mismo no se vanagloria sino todo lo contrario, y ha llegado a ser etiquetado como uno de los mejores compositores ingleses de todos los tiempos, comparándolo incluso con John Lennon. En mi caso, que ya en uno de los primeros post me confesé beatlemaniano, Prefab Sprout son como una de esas joyas que guardamos en una caja con nuestras cosas más queridas, y a las que de vez encuando volvemos para reconfortarnos, de ahí, el tremendo palo que nos supuso la noticia de la casi cierta ceguera de Paddy y su retirada del mundo de la música.

La necesidad de llenar este espacio con propuestas personales lo más interactivas posibles, me ha hecho incluir en el blog un buscador de vídeos de Youtube, para si os apetece, insertar el nombre de los grupos musicales que aquí os propongo y así escuchar su música (que en el fondo es de lo que se trata), a la vez que podéis seguir leyendo el post o el resto del blog.

Qué lejos queda ya aquella sencilla e intimista actuación en el Pabellón de Baloncesto que el Real Madrid tenía en su Ciudad Deportiva, un lugar por otra parte nada apropiado para actuaciones musicales. Pero, sin embargo, el sonido hueco del local se fundió a la perfección con la timidez y fragilidad de la voz de Paddy y su compañera Wendy, llenándonos los corazones de grandes y positivos pensamientos.

Encuadrado dentro de la corriente del pop elegante ("Sofistipop", término acuñado por la prensa musical inlgesa) junto a intérpretes y grupos como Bryan Ferry, Aztec Camera o China Crisis, el grupo de Durham es de ese tipo de experiencias vitales que te hacen sentir que merece la pena vivir la vida. Yo, por mi parte, les rendí un pequeño homenaje al introducir parte de una de sus letras incluida en su trabajo Andromeda Heights en mi segunda novela, Estaciones. Os inserto la letra de una de sus canciones: When Love Breaks Down


My love and I, we work well together
But often we're apart
Absence makes the heart lose weight, yeah,
Till love breaks down, love breaks down
Oh my, oh my, have you seen the weather
The sweet september rain
Rain on me like no other
Until I drown, until I drown
When love breaks down
The things you do
To stop the truth from hurting you
When love breaks down
The lies we tell
They only serve to fool ourselves,
When love breaks down
The things you do
To stop the truth from hurting you
When love breaks down,
When love breaks down
My love and I, we are boxing clever
She'll never crowd me out
Fall be free as old confetti
And paint the town, paint the town
When love breaks down
The things you do
To stop the truth from hurting you
When love breaks down
The lies we tell
They only serve to fool ourselves,
When love breaks down
The things you do
To stop the truth from hurting you
When love breaks down
The lies we tell
They only serve to fool ourselves,
When love breaks down
The things you do
To stop the truth from hurting you
When love breaks down
You join the wrecks
Who leave their hearts for easy sex
When love breaks down,
When love breaks down

LA NOCHE DEL CAZADOR



La alargada sombra de la tragedia ciñéndose sobre los niños protagonistas de la película enmarcada en un blanco y negro lleno de sombras amenazantes, y todo ello envuelto en la gran depresión norteamericana en el Estado de Virginia, podría servirnos de envoltorio para presentar esta extraña y entrañable película que a modo de cuento moralizante nos presenta ese gran actor, y en este caso director, que fue Sir Charles Laughton.

Este verano madrileño de ausencia de compromisos académicos y opositores, se me revela además, con una sorpresa tras otra en la parrilla televisiva con grandes películas y obras maestras en un horario asequible para una persona con resposabilidades laborales a primera hora de la mañana, como es mi caso. Y de paso, el blog se está convirtiendo en el canal de comunicación más adecuado para expresar estas experiencias vitales tan gratificantes. Ayer tropezamos con esta película en el espacio que el director español José Luis Garci tiene en Telemadrid y LaOtra y su proyección se nos presentó como una oportunidad que no podíamos dejar escapar.
La noche del cazador está considerada como una de las grandes obras maestras del mundo del cine, pese a lo cual, rara vez es programada en algún canal televisivo. Nosotros no la habíamos visto, pero es la típica película que siempre tienes pendientes de ver, y después de su visión, no puedo decir otra cosa que reafirmarme en todos aquellos comentarios que la alaban y la elogian como una de las joyas cinematográficas de todos los tiempos. Su rareza, y el lirismo expresionista que desprende esta aventura de blancos y negros metálicos (como he leído en alguna crítica) no te deja indiferente, y logra inundarnos de esa victoria del bien sobre el mal que nos reserva un final esperanzador.

Robert Mitchum roza la perfección en esta interpretación, con una galería de gestos realmente increíble, que nos hace sentir la presencia del mal y el suspense en cada toma, y cuya máxima expresión quizá sea la canción que silba y que nos anuncia que algo terrible está a punto de ocurrir.

La noche del cazador fue una película que pasó desapercibida en 1955, y esa fue la circunstancia que Charles Laughton desistiera de dejarnos la posibilidad de disfrutar con otra historia particular de su mundo fílmico, sin duda entrañable y enigmático.

martes, 11 de agosto de 2009

MIRANDA JULY, NADIE ES MÁS DE AQUÍ QUE TÚ: LA RAREZA HECHA LITERATURA


Lo primero que llama la atención de este conjunto de relatos es la rareza de las historias que en él se cuentan. Bajo la apariencia de personas totalmente normales y vulgares, se esconde un mundo interior que, se vuelve mágico o trágico según se mire, cuando sus mentes abandonan el mundo real y nos adentramos en ese espacio que no le pertenece a nadie sino a uno mismo (como es el de los pensamientos), y ahí es donde July le da una vuelta de tuerca profunda y efectista a sus historias. Sus protagonistas llegan a un punto indeterminado en el espacio de sus vidas, donde todo se detiene y parece que cualquier cosa es capaz de ocurrir.

La indeterminación de los espacios geográficos, hacen perfectamente acoplable la escenografía a cualquier parte o lugar. No obstante, esos no lugares, recuerdan mucho a la inmensidad e indeterminación de los espacios presentes en toda la literatura norteamericana. Como ejemplo de todo lo que he dicho, baste decir que uno de sus cuentos trata sobre las clases de natación que una chica joven da a un grupo de personas mayores en su casa, donde una palangana hace las veces de piscina.
Que más decir de Nadie es más de aquí que tú y su autora, que nos encontramos ante una artista global, ya que Miranda July a pesar de su juventud (Barre -Vermont- 1974) es a la vez que escritora, directora de cine, actriz, cantante y creadora de perfomances.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel

INDISCRETA (1958)


Haciendo zapping, y por tanto de una manera totalmente accidental, mi chica se sorprendió al ver que en el horario de sobremesa se repusieran películas de este tipo, y por ello, no perdió la oportunidad de grabarla para verla más tarde. Esta vuelta al cine clásico fue una estupenda y agradable sorpresa, de esas que te alegran el día. Indiscreta es una comedia romántica con final feliz, y donde las interpretaciones de unos maduritos Ingrid Bergman y Cary Grant te enganchan desde su inicio.

El guión de Norman Krasnar (basado en su obra de teatro Kind Sir) rebosa sencillez y originalidad tanto en el planteamiento, como en su desarrollo y desenlace, dotando a la película de un ritmo e interés crecientes, y en donde un secreto finalmente desvelado casi desmonta el idilio desenfrenado de estos dos enamorados, cuyas interpretaciones hacen ganar mucho a la película. Una película, por otra parte, sofisticada y elegante que nos reconforta con el buen cine clásico de siempre, y que nos deja más fríos si cabe al comprobar la escasa originalidad de la cartelera actual, llena de una enorme falta de ideas.

La dirección de Stanley Donen no se queda atrás, y nos muestra unos estupendos planos contraplanos de los protagonistas; y donde la ausencia de planos exteriores, no nos deja huérfanos de la recreación en nuestras mentes de las imágenes preconcebidas de la ciudad de Londres, o de la cercanía de París, y sus escenarios más sofisticados. Si a todo eso le unimos la compañía de la persona adecuada, ya sólo nos queda comernos el pastel con guinda incluida.

lunes, 10 de agosto de 2009

RETROSPECTIVA DE JUAN MUÑOZ EN EL REINA SOFÍA



Ayer estuve dando una vuelta por el Centro de Arte Reina Sofía y sus alrededores. Respecto de los alrededores, prefiero no hablar, porque llevo unos años en los que me traen muy malos recuerdos, a veces incluso, cercanos a la pesadilla. En cuanto al Museo, deciros que hubo un tiempo en el que me convertí en asiduo del mismo, es verdad, que no siempre era para visitar sus colecciones de arte, sino que iba allí para compartir la información del taller de radio que realizaba en Radio Luna con uno de mis compañeros de fatiga, pues él trabajaba en el Museo.

Pero como digo, eso fue hace mucho tiempo, y ayer la idea era visitar las esculturas de Juan Muñoz. Mi escaso conocimiento de este escultor español venía precedido de la restrospectiva que del mismo ofreció la Tate Gallery en Londres al poco tiempo de su fallecimiento, y por haber sido el marido de la escultora española Cristina Iglesias, autora entre otras obras de una de las puertas de acceso a las nuevas salas de ampliación del Museo del Prado. De ahí, que en ese desconocimiento, mi sorpresa vino al contemplar parte de lo que fueron sus primeras obras: barandillas, puertas, ventanas o letreros que en principio nada se parecen a sus posteriores figuras en tonos grises de pequeños hombrecillos, la mayor de las veces sonrientes.

Después del leer el folleto que nos ilustra un poco la visita, y dado que yo no soy un especialista en arte, ni este blog va dirigido a especialistas en el mismo, puedo decir que comparto con Lynne Cooke esa sensación que nos transmiten sus composiciones de aislamiento dentro de la colectividad, con un sonido sordo o de sonrisas sin carcajada sólo acompañadas con el gesto de la sonrisa. Esa percepción de falta de comunicación, se vuelve más consistente, cuando sólo en una de sus composiciones, los dos personajes de la misma, están entrelazas por un pequeño alambre entre oído y oído que no se trata de un hilo de unión simple, sino de un hilo lleno de pequeños hombrecitos (símbolo de la comunicación universal?).


Una de las composiciones escultóricas que más impresionó, fue la que está formada por un gran número de figuras repartidas por toda la sala en pequeños grupos, y que además, se pueden visitar por un número muy reducido de visitantes, lo que te hace sentirte cómplice de sus gestos y movimientos, y donde me acordé una vez más de un concepto que ya he utilizado antes y que también expresé en mi segunda novela Estaciones aludiendo a La Tercera Vía de Anthony Guiddens, el concepto no es otro que el de la individualidad dentro de la colectividad, pues son figuras muy próximas, pero a la vez también distantes.

También están presentes en esta retrospectiva, sus bailarines sin piernas, figuras sustentadas por grandes bases redondas y que incitan al movimiento o al baile, como pequeños acróbatas de circo, lo que me lleva a resaltar su interés por el circo y sus personajes (veánse los enanitos).












La última sala concluye con su famosa escena del hombre mirándose al espejo, pero no se trata de una visión directa de un hombre observando su rostro, sino que la figura agacha su cabeza cuando la pega al espejo, como temerosa de verse a sí mismo. Para mí, parte de la simbología de la obra de Juan Muñoz representa eso, la huida de uno mismo, quizá hacia un mundo diferente o quizá simplemente a otro lugar, como esa extrañeza que a veces nos asalta cuando vemos nuestro propio cuerpo u oímos nuestra voz ¿Por qué sentimos miedo de nosotros mismos?

Muy recomendable muestra de arte, que todavía permanecerá en el Reina Sofía hasta el próximo 31 de agosto en Madrid.

domingo, 9 de agosto de 2009

CANARY WHARF: LONDRES.


Ese día nos levantamos tarde, porque trasnochamos el día anterior y nuestras piernas no estaban preparadas para afrontar las seis o siete horas de dura caminata por la ciudad de Londres. Por eso, decidimos quedarnos en casa y salir después de comer a dar una vuelta por los alrededores. Nuestra idea inicial fue dirigirnos en sentido contrario al que siempre íbamos, de ahí, que exploramos la zona que se encontraba pegada al ríoTámesis, pero en sentido sur. Cuando pasamos el parque y el lago lleno de patos y pequeños veleros, giramos a la derecha y nos metimos de nuevo en un barrio residencial de pequeñas casas de dos plantas, típicamente inglesas, pero que la cercanía del río y esa brisa que te refresca la cara y que te engaña en el esfuerzo, no nos hacía presagiar que nos encontrábamos en Londres, sino quizá, en ciudades con Bath o Brighton.
Atravesamos pequeños puentes elevadizos de madera y tabernas con sus terracitas y bancos también de madera, que resultan ideales para tomar algo al caer la tarde, y seguimos andando hasta que dejamos a un lado tan idílico paraje para acabar en un barrio obrero del East India (creo que ya lo he comentado en alguna ocasión, pero si por algo se caracteriza el espacio geográfico londinense es por la mezcla de razas y por la proximidad entre lo mejor y lo peor en apenas unos metros y separados por una pequeña calle).

De nuevo giramos a la derecha, dejando a un lado la estación del metro de la línea verde DLR (West Indian Quay) que recorre los Docklands, y que deberíamos haber cogido para hacer más llevadera nuestra espontánea excursión. Cuando parecía que la cuesta que habíamos empezado a subir no tendría fin, a pesar de que el inmenso hotel que teníamos enfrente parecía que se encontraba muy cerca de nosotros, giramos a la izquieda dejando a un lado un paso subterrráneo, y por fin, empezamos a deslumbrarnos por el gran tamaño de los rascacielos de Canary Wharf. Pero a mí, lo que más me llamó la atención en ese momento, fue el bar español que había al inicio del canal, en el que se anunciaba los partidos de la Eurocopa junto a las raciones de jamón ibérico.
Más que contaros la grandiosidad de ese pequeño Manhattan londinense, a mí lo que más me sorprendió, amén de los inmensos canales con puentes y los barcos veleros de madera, fue el increíble hormigueo de personas a la salida del trabajo. Estando allí, entre tanto ejecutivo con corbata, te sientes como si hubieses profanado un lugar que al que no has sido invitado, y te das cuenta de varias cosas. Una de ellas, es la sensación de que allí está pasando algo, y en este caso me refiero a lo que ocurre dentro de los edificios (más tarde me enteré que Canary Wharf es uno de los tres centros financieros más importanes del mundo, si lo unimos a la City) y otra, es la necesidad de comuncación que tenemos los seres humanos. La salida del trabajo en ese maravilloso día de verano no era la de las típicas personas que hablan del trabajo, o al menos eso me pareció a mí, sino que sus caras reflejaban que hablaban de ellas mismas, ajenas al mundo financiero que transcurría a pocos metros de distancia. Esa fue la otra gran sensación que me atrapó de ese lugar, que personas con currículums brillantes de todo el mundo, se reunieran entorno a las mesas de elegantes bares y restaurantes contándose parte de sus vidas, sus anhelos y sus sueños, algo que a mí me pareció muy emocionante.
A la vuelta, nuestra valentía inicial nos había pasado factura en nuestros maltrechos pies, y decidimos volver a casa en Metro. Lo hicimos estrenando la estación de Metro de Canary Wharf diseñada por Norman Foster y que posee una larguisíma escalera mecánica (dicen que proporcional a la altura de los rascacielos) y que acaba en un no menos gandioso hall. Estupefactos de tanto flash e imagen guardados en nuestras retinas, cogimos la Jubilee Line cogidos de la mano y sólo pensábamos en tomarnos una pinta en el Pub del Ahorcado cuando llegáramos a casa.

MI NOMBRE ES HARVEY MILK



La película que hoy os comento recibió dos Óscar en 2009. Es un film que está a medio camino entre el cine y el documental. Digo ésto, porque su director, Gus Van Sant, tira de imágenes ya rodadas, sobre todo, para intentar imbuirnos en el ambiente social, político y geográfico de esta historia, y lo consigue.
El relato de la película abarca el período que va desde 1970 hasta 1978. Se inicia con una escena en el metro de Nueva York, donde Milk (Sean Penn) liga con el que será su pareja durante casi los ocho años que le quedan hasta su muerte, dato que la propia película proporciona al inicio de la misma, y que hace que el relato fílmico se convierta en un flash back a través de la grabación que el propio Milk dejó poco antes de morir. A modo de premonición, ese día que resulta ser el de su cuarenta cumpleaños, le confiesa a su nueva pareja que todavía no ha hecho nada en su vida que merezca ser recordado, y que cree que no llegará a cumplir los cincuenta.
Esa declaración, le sirve al guionista Dustin Lance Black para mostrarnos el relato de la persecución de un ideal y una trepidante historia de ocho años de duración, y que si bien comienza en Nueva Yok, se desarrollará en el barrio del Castro en San Francisco.
Milk es interpretado por Sean Penn, y si bien, su inmersión en este personaje de activista gay es correcta y creíble, quizá no llega a ser suficiente como para ganar el Óscar, cuando en esa puja participaba Mike Rourke con su magistral interpretación en el Luchador. Pero Penn, quizá se vio favorecido por la regla no escrita de los componentes de la Academia de premiar a aquellos personajes que se salen de la normalidad (ciegos, paralíticos y parece ser que para ellos, todavía los homosexuales) a lo que yo añadiría, que los puritanos académicos ya se habrían curado de espanto si hubiesen visto algunas de las primeras películas de Almodóvar, en donde hay escenas explícitas de sexo entre homosexuales.
Pero pareceres personales aparte, el discurso narrativo de la película está perfectamente armado para mostrarnos el activismo gay y su lucha por defender su modo de vida y sus derechos en una sociedad tan consevadora como la norteamericana. Y visto el resultado final, está magistralmente conseguido (de ahí el merecidísimo Óscar al guión original), pues a medida que avanza la historia, nos vamos identificando cada vez más con el personaje y su lucha; y en un mundo tan materialista como el actual, no hay nada más bonito que morir por una idea (sobre todo si es en una película, y se nos permite ser uno más, en el tiempo que estamos sentados delante de la pantalla contemplando las imágenes que nos lo cuentan).
En definitiva, Mi nombre es Harvey Milk es una película recomendable, que nos muestra de forma didáctica, el inicio del activismo gay y una parte de la historia norteamericana de los años setenta.

martes, 4 de agosto de 2009

ANDANDO SOBRE NUESTRO PASADO



Aprovechando que Madrid se encuentra cerrado por vacaciones, y que uno mismo hoy acaba su primera etapa de las mismas, mi chica y yo, nos hemos cogido el Metro hasta Sol y nos hemos dado una vuelta por el centro de la ciudad, y sin quererlo, por nuestro pasado y nuestros recuerdos. Hemos recordado aquel día que ella me vio allí mismo, cuando iba a coger el autobús a casa, después de que yo acabara de hacer mi primer examen de conducir y ella estuviera haciendo pellas de la Facultad junto a una amiga; y también aquella noche de sábado que pasamos juntos en un hotel cercano, para nosotros, una de nuestras primeras noches...

Pero todas esas imágenes sólo son recuerdos, aumentados con la lupa del paso del tiempo y de nuestra dicha por seguir todavía juntos. Lo demás es diferente, salvo los edificios que como perennes observadores contemplan los cambios que los gobernantes de turno se encargan de hacer a su alrededor. Sí, es verdad que todo está mucho mejor y los peatones hemos ganado mucho terreno y que también puedo ir a Sol directamente en Metro desde mi barrio (La Elipa) algo impensable no hace tanto, pero nos faltan las imágenes cercanas de nuestros recuerdos.

Luego hemos subido por la calle Preciados hasta la Gran Vía y he vuelto a mirar los escaparates de aquellas zapaterías donde una vez me compré aquellos zapatos azules terminados en una punta imposible. Cruzamos la Gran Vía y nos adentramos en la calle Fuencarral, nuestro pequeño rincón anglosajón y alternativo de la ciudad. Sí, también peatonal y apenas reconocible a como yo me lo encontré con dieciocho años. Cerca de allí trabajé durante cinco años, y cada rincón parecía decirme algo (el Horno de San Onofre, el restaurante asturiano, la ferretería...)

Un poco más allá, San Mateo Seis y casi enfrente, Pachá y But, donde he disfrutado de la música de algunos de mis grupos anglosajones favoritos (p. ej: Inmaculate Fools, China Crisis, etc). Giramos a la derecha y llegamos a las inmediaciones de Alonso Martínez, donde un cartel anómino de comida rápida sustituye al primer local de Pizza Hut de la ciudad, en el que había que esperar grandes colas para poder entrar. En las bocacalles que lo cercan, pasé muchas de las tardes noches de mi primera juventud, con amigos, amigas y contigo. Allí también descubrí una tienda de avalorios que me pareció original, como los pendientes que un día le regalé a mi hermana África. A pocos pasos de allí, mi chica se compró su chupa motera de cremalleras y no mucho más lejos, antes te podías encontrar a Miguel Bosé, José Coronado...

Nos tomamos una cerveza en Santa Bárbara antes de volver a casa, y después, dejamos descansar a nuestros pasado,mientras con una cómplice sonrisa nos encaminábamos de nuevo al Metro para volver a casa.

sábado, 1 de agosto de 2009

LLOYD COLE AND THE COMMOTIONS



Este maravilloso e intrincado juego en el que se está conviertiendo el blog, me está sirviendo, entre otras cosas, para casi accidentalmente rescatar viejos sonidos aparcados en un mueble de cd's, y que a medida que rescato alguno para compartir con vosotros mis inquietudes musicales presentes y pasadas, no paro de llevarme una agradable sorpresa. En este caso se trata de Lloyd Cole y su banda. Tras esa cara de dandy anglosajón y de niño bueno y enigmático, rezuman grandes melodías del mejor pop inglés de los años ochenta, y que dejando atrás falsos estereotipos y similitudes exactas, a mí me recuerda en algún matiz musical y visual al posterior y norteamericano Chris Isaak y ¿al mítico Elvis Preysley?
Pero fuera similtudes caprichosas por mi parte, la recopilación que hoy os comento está milagrosamente cargada de grandes canciones, que al menos para mí, aguantan magníficamente el tirón del paso de los años, y como ya he comentado antes, se trata de composiciones frescas, sencillas y limpias, donde se distinguen a la perfección la guitarra acústica de doce cuerdas de propio Lloyd Cole y el bajo contundente y la batería totalmente rítmica de la banda.
Considerada como una de las mejores bandas indie pop de los ochenta, y tras una malograda aventura americana donde Cole perdió hasta su buen aspeto físico, hoy nos queda un magnífico ejemplo de la mejor música pop de todos los tiempos con canciones como Are you ready to be heartbroken? (Estás preparado para que te rompan el corazón), Perfec Skin, Perfect blue, My bag, Jennifer she said, o la deliciosa y magistral Mr. Malcontent, con unos toques de guitarra excelentes.

NUNCA SERÉ ABOGADO

Abro la puerta de casa y me la quedo mirando con estupefacción y horror: está llena de cajas y operarios, cuadros descolgados y muebles desarmados. Sí, estamos de mudanza. De repente, veo al perro correr tras el gato. Éste lleva unos papeles en su boca, y sólo espero que no sean parte del Código Civil que mi padre deja tirado en cualquier parte. Nadie lo diría entre tanto desorden, pero mi padre es juez y mi madre una de las abogadas más prestigiosas de la ciudad. ¡Y ellos de verdad quieren que sea abogado!

Salgo al jardín en busca de un poco de paz, pero no doy crédito a lo que ven mis ojos, el perro y el gato parece que han resuelto su particular contencioso y comparten a lametazos un sorbete de limón. Me rindo, me siento en el césped y me les quedo mirando con cara de payaso.

Microrrelato presentado al I Concurso de Microrrelatos abogados.es