Tiempo de comunicaciones rotas

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jueves, 5 de mayo de 2011

ÁNGEL SILVELO FINALISTA DEL VI CONCURSO DE RELATO BREVE "JOSÉ LUIS GALLEGO"

Acabo de llegar de la entrega de premios. Esta vez, de los 340 relatos presentados, quedaron 23 como finalistas, entre los que se encontraba el mío, que lleva por título La pérdida de los recuerdos. En esta ocasión, me ha tocado conformarme con ser simplemente finalista, lo que no es un desdoro viendo el elevado número de relatos participantes. Aunque después de escuchar alguno de los relatos que se han leído y sí han recibido premio, uno se queda con la duda del criterio del jurado (no lo digo por mi relato). No obstante, esto es un suma y sigue en este infinito y farragoso mundo literario.

¡Hasta la próxima!

Esta vez os posteo el final del relato, para variar.

LA PÉRDIDA DE LOS RECUERDOS:
...De nuevo miró a su padre, y sin dudarlo, regresó otra vez a los recuerdos y anécdotas que le contaba cuando él era pequeño. A los relatos que su progenitor se empeñaba en contarle una y otra vez cuando salían a pasear hasta el Parque de la Fuente del Berro, donde cuando su padre era pequeño, disfrutaba junto a sus amigos de juegos que para él ahora le resultaban demasiado simples, y que después, se transformó en el escenario perfecto para que su hijo no perdiera la perspectiva de la historia, como a veces le decía mientras entre recuerdo y recuerdo, le echaban migas de pan a los patos del estanque cercano al edificio de la Quinta, donde siempre le contaba que en el edificio ese tan bonito que a veces se quedaban mirando, los viejos del lugar decían que había estado Napoleón. Pero de eso hacía ya mucho tiempo, porque el destino quiso que ese edificio tan bonito, fuese reconvertido en un funcional Centro Cultural como un nuevo ejemplo del cambio de los tiempos, donde las propiedades privadas, en algunos casos, habían pasado a ser espacios de disfrute colectivo. Pero también, tenía que reconocer que el parque en la actualidad había ido degenerando hacia una falta de interés por parte de sus visitantes, y le había convertido en un espacio lleno de una tristeza abandonada, lo que delataba el desajuste en la forma de vida de los ciudadanos entre una época y otra. Para su consuelo, ese generoso espacio de naturaleza en medio de la ciudad, era vigilado desde hacía unos años por la alta torre de televisión que los ingenieros que la construyeron denominaron Torrespaña, pero que el pueblo llano bautizó con el nombre del Pirulí. Su mirada era tan profunda, que él siempre supo que les protegería de todo mal, de la misma forma que ahora le tocaba a él hacer de guardián de la memoria y los recuerdos de su padre, para que el olvido que gobernaba su mente no se hiciera dueño de ellos, y así sucesivamente.


Extracto del relato La pérdida de los recuerdos, de Ángel Silvelo Gabriel.

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