Tiempo de comunicaciones rotas

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lunes, 28 de noviembre de 2011

JAVIER CERCAS, SOLDADOS DE SALAMINA: LA FRAGILIDAD DE LA MEMORIA.

¿Quién se acordará de nosotros cuando hayamos muerto? El gran anhelo del ser humano de ser inmortal se desvanece con la misma rapidez que su recuerdo cuando ya nadie evoca su vida, porque ¿qué difícil es atravesar la barrera del tiempo? Escritores, artistas, políticos o personas que llegan a teñir de negro sobre blanco una escueta reseña biográfica en la Wikipedia, pueden pensar que a ellos no les dejarán caer en el olvido, pero ni así, tienen la certeza que alguien entre dentro de sus datos o lean sus novelas o vean sus cuadros, porque grandes genios y personajes ilustres de la Historia de la Humanidad también duermen en el cementerio de los justos, ese que nadie visita, ni nadie sabe dónde está.

La trampa de la memoria parece ser el mecanismo final con el que Javier Cercas nos remueve la conciencia y la memoria para recordarnos el heroísmo de aquellos que perdieron la guerra y la posibilidad de su recuerdo y sentido homenaje, porque de los perdedores nadie se acuerda. La única grieta que se atisba en todo este “relato real” en palabras del narrador, es la excusa última que sobrevuela sobre todo el entramado de esta historia, al dotar a Sánchez Mazas y los cien falangistas existentes en España en la década de los treinta de un poder infinito (“porque por culpa de Sánchez Mazas y por la de cuatro o cinco tipos como él había pasado lo que había pasado…”) sin reparar en ningún caso en su afán de reconstruir la historia de España de esos años, en la formación del Frente Popular en las elecciones del 34 y en el consiguiente fracaso de la Segunda República hasta su desembocadura de la Guerra Civil. Pero hechos históricos aparte, hay que convenir como hace el gran maestro Vargas Llosa, que el gran acierto de este relato es la introducción del propio narrador dentro del mismo, pues convierte a este relato real, en una historia dinámica muy literaria, a veces hasta divertida, con la que consigue llegar a las entrañas más profundas del ser humano, (por ejemplo cuando Miralles le pide al narrador que le abrace), porque como muy bien titula Vargas Llosa en el artículo que encumbró de lectores a esta novela, El sueño de los héroes tiene el encanto de las historias de perdedores, que a nivel literario, siempre son mucho más seguidas que las de los ganadores.

La introducción de la realidad dentro de los relatos de ficción, no es algo novedoso dentro de la Historia de la Literatura, porque por ejemplo, Julian Barnes ya lo hizo en su novela El loro de Flaubert, donde reconstruye parte de la vida del gran escritor francés Gustave Flaubert, pero que en el caso de Soldados de Salamina, Javier Cercas prefiere denominar relato real, cuando en realidad, se trata de un relato de ficción que parte de datos reales, al que de una forma muy astuta, Cercas ha dotado de todos los ingredientes de la buena literatura y donde no faltan el tesón, la poesía, el desánimo, la trascendencia o la intriga. El relato se encuentra divido en tres partes (Los amigos del bosque, Soldados de Salamina y Cita en Stockton) cuyos títulos nos dicen mucho y son una nota más del acierto del autor, pues desde su inicio, son un elemento más del carácter novelesco de este libro, al que Cercas con muy buen acierto, y ayudado al final por la casualidad de la diosa fortuna, supo dar un cierre original y cuando menos acertado, pues el relato de Miralles que cierra la novela, es sin duda, el mejor de los tres, porque tiene la capacidad de dejarnos sumidos en la derrota que siempre supone perder la batalla del tiempo por la fragilidad de la memoria.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

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