Tiempo de comunicaciones rotas

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miércoles, 24 de marzo de 2010

LOS HOMBRES QUE MIRABAN FIJAMENTE A LAS CABRAS


Bajo este título tan surrealista, se cobija la no menos surrealista versión cinematográfica del best-seller homónimo del periodista inglés Jon Ronson.
Después de ver la película, no se comprende como puede ser una de las más vistas de la cartelera en toda la geografía española, con más de 350.000 espectadores en su haber, porque en su debe tiene demasiadas cuentas pendientes en su contra, para que merezca tal seguimiento.
El tono hippie y fingidamente transgresor de todo aquello que se esconde tras el concepto de "guerra", y más concretamente, sobre la tan sufrida, terrible, desvastadora, cacareada y últimamente filmada Guerra de Iraq, hace que en esta ocasión, el lado de niño rebelde que se empeña en mostranos George Clooney haya fracasado.
En Los Hombres que Miraban Fijamente a las Cabras se ha servido de la historia de otro (¿dicen que el relato daba para otra película?), para retratarnos una realidad que por tan excéntrica resulta difícilmente creíble. No obstante, su soporte como actor no se resiente, pues una vez más, se adapta a la perfección al personaje, y nos muestra un registro muy cercano al mentalista que interpreta.
No cabe duda, que el reclamo de actores de primera línea hacen apriori atractiva esta diatriba del ejército de la paz para la guerra, y del poder de la mente sobre el poder de las armas, pero para aquellos que piensen que van a rememorar el personaje de "El Nota" en la figura de Jeff Bridges en esta intepretación del Comandante de la Unidad de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos está equivocado, porque a lo más que llega Bridges, es a caerse de tejados y mirar con ojos de fumado y drogado, en una actuación que apenas si arranca una sonrisa de vez en cuando. A este gran actor, hay que unir a Kevin Spacey, Stephen Root y Stephen Lang, que junto a Ewan McGregor en el papel de coprotagonista junto a Clooney nos dejan con la sensación de haber perdido el tiempo.
Dispuestos a salvar algo de esta fallida palícula, habría que apuntar a la fotografía de un desierto que se asemeja a un bellísimo territorio lunar, y quizá, el intento de contarnos la historia de amistad de Clooney y McGregor en tono de road-movie.

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