Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

martes, 3 de marzo de 2015

PRESENTACIÓN DE LOS POEMARIOS DE NOEMÍ TRUJILLO Y ELÍAS GOROSTIAGA EN LA LIBRERÍA LÉ DE MADRID: LA NECESIDAD DEL AMOR Y LA GEOGRAFÍA DEL SILENCIO UNIDOS POR LA POESÍA


 
Un lugar con nieve es como un deseo que surca los parámetros del tiempo para buscar cobijo en un hueco de nuestras entrañas; un lugar, mágico, donde estar a salvo del rastro de las pisadas del miedo, ese que nos impidió una vez decirnos te quiero; ese lugar donde las palabras dibujan los reflejos de un alma perdida, y lo hacen solas, en la inmensidad de una niebla infinita, allí donde el amor se transforma en un efímero instante en el que la pasión ilumina una nueva vida. Un lugar con nieve es también el ámbito donde los copos imaginados se funden con el contacto de los deseos. Deseos, deseos, deseos…, con los que apoderarnos de la persona amada: «Me quemo por ti,/ me quemo por dentro./ Mi mano ahuyenta soledades./ Mis piernas tiemblan,/ tapadas con tu sombra. Me llena una ausencia de hambre/ y un dulce calor de saliva. Te llamo y no vienes».

Ángel Silvelo Gabriel
 

Tierra de invierno es como ese camino que se abre paso a través de las entrañas del páramo, agrietado y duro por la omnipresencia de una escarcha milenaria e infinita, que cual plaga bíblica, no despega su maldición del suelo. En esa tierra dura es donde se rompen los terrones a golpe de maza mientras el zurrón y la bota de vino esperan su turno, justo cuando el cigarro apagado se caiga de los labios amarillentos por el humo del día a día que, como una hoguera sin leña, surca los límites del horizonte. Ahí es donde esta tierra de invierno se detendrá mientras que observa el castillo que domina la única loma; una fortaleza que nadie habita y a la que nadie quiere conquistar, porque el destino de esta nueva ruta de pasos perdidos es otro. En el silencio del páramo aún nos quedará tiempo para regresar a ese bosque que nos llevará hasta nuestra verdadera casa. Justo a ese lugar donde los leños se estremecen por el calor de un fuego milenario e infinito y en el que esperamos reencontrarnos con quien fuimos a buscar: «Y cuando vuelvo, yo/ solo veo un único paisaje. Me acuerdo de mi madre».

Ángel Silvelo Gabriel.

 

 

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