Tiempo de comunicaciones rotas

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jueves, 30 de enero de 2014

ÁNGEL SILVELO GANA EL PRIMER PREMIO NACIONAL DE RELATO CORTO "SAN JUAN BOSCO" DE POZOBLANCO

Acabo de recibir la agradable noticia vía telefónica. Aunque un poco tarde, siempre es bien recibido ser destinatario de buenas noticias. Desde aquí quiero expresar mi más sincero agradecimiento al jurado del concurso, ya que gracias a ellos, hoy han conseguido que sea uno de esos días redondos en mi vida, sin duda, el mejor a nivel literario de mi corta carrera como escritor. En estos momentos solo puedo decir: ¡gracias!
 
Y como siempre, os dejo el principio del relato: 
LA ESTILOGRÁFICA
En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor… A partir del inicio de El Quijote, componga un relato breve coherente con las clases de literatura del trimestre. Se valorará el uso del castellano antiguo. Tiempo: dos horas.
Lo primero que pensó, nada más acabar de leer el encabezamiento del examen, fue en cómo eliminar a su profesor de Lengua y literatura, y la única condición que se puso fue no mancharse las manos de sangre. Todo tenía que suceder de una forma más sutil, más literaria...
Mientras pensaba en ello, se limitó a permanecer con la cabeza agachada y pegada al pupitre, porque no quería que su adversario se diera cuenta que todavía no estaba preparado para hacerle frente. Él también necesitaba plantear su estrategia y no comportarse como el hidalgo de la Mancha ante los molinos de viento, o quizá sí, aunque intuyó que su lanza se convertiría en una inocente estilográfica. Su profesor no lo sabía, pero él estaba seguro que su poder no era tan grande, y por primera vez en mucho tiempo se planteó qué habría hecho si en vez de su profesor hubiera sido su padre quién le hubiese retado tan abiertamente. Sin embargo, se deshizo de su inútil furia rápidamente, porque en el fondo, sólo buscaba una excusa, bueno no, una excusa no, él necesitaba una buena estrategia, pero no una cualquiera, sino una ejemplar que dejara las cosas claras de una vez. Y todo, porque su traductor simultáneo tenía más palabras en su memoria que su tutor en su cabeza. También desechó este pensamiento, y de nuevo se repitió a sí mismo que lo más importante ahora era mantener la mente despejada e intentar sacar una idea para la redacción, y además en castellano antiguo, porque esa era la única salvación para librarse de tan ejemplar castigo. ¡Qué lástima no poder disponer de San Google!, porque él a buen seguro le daría una respuesta eficaz a todas sus preguntas. Por más que lo pensaba, todavía no acababa de entender qué había de malo en aprovecharse de los avances tecnológicos que ahora tenía a su alcance, lo que le llevó hasta el Smartphone que tenía en el bolsillo, porque él sin duda, también le podría sacar del apuro con tan solo un golpe de tecla. Si la filosofía y los clásicos de la literatura antes eran los oráculos de la sabiduría, ahora esa faceta del saber estaba en las maquinitas diabólicas (como las llamaba su profesor) que, además, se comportaban como una fuente de conocimientos a la que no había que darle las gracias por la información, pues su existencia se basaba en la ley de la oferta y la demanda. Por ejemplo, para él, no había nada más aburrido que leer las noticias en un voluminoso periódico de papel, que aparte de mancharte las manos de tinta, era un laberinto sin salida. Y eso nadie se lo podía discutir, ni siquiera el erudito de su profesor, porque sólo hacía falta darse cuenta como estaba el mundo de esos profetas de la palabra impresa. Sin salir todavía de su asombro, pensó que cuándo se darían cuenta sus mayores que ahora las noticias se leían en internet, y no sólo eso, sino que además tenían la fabulosa propiedad de ser maravillosamente cortas, y a veces, hasta estaban cargadas de imágenes, lo que las hacía más amenas. Sin embargo, la solidez de sus argumentos esta vez también se vio vencida por la impotencia y el desconsuelo al ver cómo sus dedos aún sujetaban la estilográfica. Eso es, la estilográfica pensó...

Extracto del relato corto de Ángel Silvelo

2 comentarios:

Ramón Zarragoitia dijo...

Mi más sincera enhorabuena y un abrazo grande.

asilgab dijo...

Ramón eres increíble. Un fuerte abrazo.