Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

martes, 20 de junio de 2017

ÁNGEL SILVELO PRESENTA SU NOVELA, "EL JUEGO DE LOS DESEOS", EN EL EPISCOPIO DE ÁVILA, A LAS 20:00 HORAS, DENTRO DEL CICLO DE AUTORES ABULENSES QUE ORGANIZADO EL AYUNTAMIENTO DE ÁVILA


 
El juego de los deseos es la historia de tres mujeres que, aparte de luchar contra sí mismas y su destino, tendrán que hacerlo contra un caso de acoso sexual dentro las Fuerzas Armadas que, en este caso, el autor aborda desde el punto de vista garantista de su marco jurídico y normativo. El acoso sexual, pero no sólo éste, sino también las consecuencias que la guerra tiene sobre las mujeres que allí prestan sus servicios en las Unidades del Ejército en las que están destinadas, sirven de marco existencial para esta aventura narrada en un tono poético y a veces desgarrador, y que está concebida, en cuanto a su esencia, como la película Thelma y Louise. 

En este sentido, y al final de ese dilema, Laura manifiesta un lamento: «Mi trabajo, aquí, consiste en ayudar en las labores de reconstrucción de este país en guerra: un objetivo que la sociedad civil española desconoce por completo, pero este, es un matiz que no me importa, porque cuando atravieso la frontera fortificada a la que he sido destinada, inicio mi labor de aprendizaje...» 

Adela, en un momento de su vida, lo único que quiere es huir lo más lejos posible de la muerte y la derrota, y lo hace sobre las ruedas de un autobús donde lo más cercano es hacerlo por el letrero de salida de emergencia sobre el que apoya su cabeza y sus recuerdos: «me vence el desánimo y creo que este viaje no tiene salida, quizá por eso no pienso y me limito a contemplar el paisaje a través de la transparente protección de un cristal que hace las veces de una salida de emergencia, como si ese fuera mi mejor escudo protector, un fino y transparente vidrio que deja al descubierto mi cara, mi cuerpo y mis sueños…» 

Por otro lado, Galiana se muestra incapaz de traspasar la frontera que le lleve hacia una nueva vida, porque no concibe el mundo sin el recuerdo de la marca familiar que marcha pegada a su pasado de una forma trágica y cruel. «¿Por qué no nací más dócil e ingenua?, pero por mucho que lo piense, sé que estoy dominada por un potente ciclón que siempre consigue que no me calle ante lo que yo creo que es injusto. Ya sé que es mi criterio, y que puedo estar muy equivocada, pero es un instinto al que no puedo renunciar», confiesa esta joven mujer soldado.

En El juego de los deseos se concitan las encrucijadas del odio y del amor, y lo harán, mirada tras mirada, deseo tras deseo, silencio tras silencio, porque igual que Píndaro y sus cantos al vino, Laura, Adela y Galiana se comportarán como las odas que los bardos componen en las raíces oscuras de una noche sin luna, pues nunca encontrarán algo de paz en ellas. Sin embargo, esa será también la única posibilidad que les quedará para vencer a la melancolía capaz de romper las barreras del tiempo, para de esa forma, tejer con los restos del naufragio algo de ese amor con el que siempre han soñado. «No era sexo, tampoco vicio./ Esa noche lánguida, de nombre impronunciable,/ perseguida y angustiada,/ quiso no ser menos./ No hubo ni humo, ni colillas, ni tráfico./ La torpeza hizo que la sensación de olvidar diera paso a recordar./ La ciudad se había empequeñecido,/ y de la sombra sobresalía una casa» (extracto del poema, El hogar de los vientos, de Manuela Pérez Masedo). 

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