Tiempo de comunicaciones rotas

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lunes, 19 de noviembre de 2012

PASAJERO, RADIOGRAFÍAS: CANCIONES QUE NARRAN LA ARMONÍA DE LOS SUEÑOS

Pasajero nos invitan a subir a un tren cuyo único plan de viaje es detener el tiempo para plasmarlo en placas a modo de radiografías. Esas fotos fijas (a modo de claroscuros), de las que están hechas nuestras vidas, son también los contrastes que nos muestran esa otra materia que nos pertenece, y que aquí aparece representada como fugaces suspiros. ¿Hay una entelequia mayor que la de parar el tiempo? Pasajero son capaces de eso y mucho más, porque nos colapsan el corazón de las sensaciones con un barniz, en el que las canciones que han compuesto para este Radiografías, nos narran la armonía de los sueños en una sucesión de historias que van desde la fuerza más arrolladora del rock experimental al pop más electrizante, pasando por sonidos netamente indies. Fuerza, garra y destellos de genialidad son sólo algunos de los adjetivos que caben emplear para definir uno de los mejores trabajos del año en el panorama musical español. Pero no sólo por eso, sino también por su brillantez, por esa sonoridad que te llega y te llena, y por la versatilidad que Daniel Arias (voz, bajo), Josechu Gómez (batería, percusión), Eduardo Martín (guitarra, coros) y Edu R. Paynter (sintetizadores, pianos, coros) tienen a la hora de mostrarnos la gran multitud de registros que han sido capaces de esculpir en su primer disco como Pasajero. A lo que sin duda hay que añadir la producción de Manuel Cabezalí, una vez más, como claro referente dentro de la música indie patria.

El contraste estilístico del disco, en este caso en forma de claroscuros sonoros, está clarísimamente planteado desde el principio, porque el tema elegido para abrirlo, El pozo y el péndulo, es un perfecto devenir entre la oscuridad y el vaivén del paso del tiempo, donde un falso inicio (en el que la voz de Daniel Arias se asemeja a la de Pucho) nos sumerge en un espejo en el que el contundente éxito de Vetusta Morla les ha servido a Pasajero de reflejo donde mirarse para reinterpretar la fuerza arrolladora que nos lleva al abismo más existencial. En la siguiente propuesta, el péndulo se balancea hacia terrenos donde las melodías juegan a llevarnos hacia la luz del horizonte. Volverme a preguntar tiene esa cualidad innata de las grandes canciones que son capaces de crear una imagen tras otra en nuestro cerebro. Imágenes que luego luchan por apoderarse de nuestros sueños, un lugar donde la voz de Daniel Arias hace las veces de eco placentero y sublime: “persigues esa luz/ ¿¿o ella te persigue a ti?/ te puede deslumbrar y no dejarte ver”. Ecos que se tornan en secuencias menos líricas en Perdóname pues se convierte en un contrapunto más neutro y oscuro, en el que las guitarras se comportan con un lirismo más abigarrado hasta que nos trasladan a una última parte del tema plena de notas de rock mitad sinfónico mitad psicodélico. La batalla parece que se detiene en busca de un pequeño armisticio en Accidentes, un tema de profundos ecos intimistas en el que todo parece girar hacia un epicentro donde sólo existe la palabra salvación, mientras que la voz de Dani repite una y mil veces: accidentes, accidentes, accidentes, y un solo de guitarra nos quita la ropa para hacernos ver de la materia de la que estamos hechos.

Borro mi nombre es el tema elegido como primer estandarte de este Radiografías; pura adrenalina directamente aplicada a nuestras venas a través de bajos potentes que recuperan viejas sensaciones a lo Joy Division, y que directamente se enlaza con Mañana, una nueva sensación de relax que nos invita a reflexionar sobre la inmediatez de nuestras vidas en un tono evanescente que llena de una fina capa de niebla los sonidos de Pasajero, lo que hace transportarnos hacia cuevas no exploradas. Random es una declaración de guerra por parte de un bajo que reclama su espacio dentro del mundo sonoro de Pasajero, al que se unen unos teclados que llenan un amplio espacio experimental en la onda del rock que plasman en sus directos Nudozurdo; “ensayo-error, ensayo-error” nos recuerda Dani en una dicotomía en la que Pasajero se maneja a la perfección, dando forma de una manera brillante a este nuevo terreno estilístico y sonoro del que salen victoriosos.

La copia de otra copia se sube al caballo de las sensaciones poderosas, y se convierte en una demostración más de esa experimentación que tan bien saben traducir Pasajero, y en esta ocasión lo hacen con una guitarra que posee una portentosa sonoridad que nos lleva hasta The Edge y de ahí hasta el final de una batalla pletórica que nos permite gritar: ”invencibles, invencibles a la oscuridad”. Extasiados llegamos hasta Platos rotos que gira en torno a la derrota desde la desnudez de un piano que se convierte en un huracán sonoro, en donde la inercia arrolladora del grupo, nos deja de nuevo muestras de destellos rítmicos muy intensos. Con Tu circo regresamos a los medios tiempos que Pasajero agarran y sueltan con habilidad, y como mejor expresión de la fusión de sonidos que son capaces de unir en sus composiciones y que esta vez nos llevan a Paul Weller y su concilio del estilo. Un intermezzo musical que nos sitúa En la mitad, canción que se comporta como una nube en donde las sensaciones se dan cita para arrebatarnos los sentimientos más cercanos a la derrota. Ecos de Chris Isaak que nos traen la arena del desierto y esa sensación de pérdida teñida de una falsa esperanza. La sencillez que adorna a este tema lo hacen tan directo que sin duda es el gran descubrimiento del disco, pues aúna todo lo mejor que una gran canción puede tener para quedarse en nuestros corazones. Aquí la guitarra suena a pura gloria y el sonido envolvente de los teclados no hace sino aumentar esa sensación placentera en la que nos encontramos sumergidos. La magnitud de la derrota se amplifica con Autoconversación pues es un tema que sigue muy en la onda de En la mitad, como si Pasajero quisiera que nos quedásemos con esa sensación de estar vivo en mitad de la sala de espera, pues quizá este tipo de canciones son las que mejor nos narran la armonía de los sueños.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

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