Tiempo de comunicaciones rotas

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jueves, 27 de febrero de 2014

VELOURIA, PRESIDENTE: AL RESCATE DE LA NACIÓN BAJO CONSIGNAS POST-PUNK


 
Resultones como un cabezazo al fondo de las mallas en el minuto noventa, Velouria deja a un lado los falsos artificios para pegarnos una bofetada en plena cara y despertar de esta narcótico llamado crisis perpetua, al que asistimos anestesiados. Su propuesta es tan clara como arrolladora, y se refugia en una potente maza en forma de guitarras arrolladoras y sintetizadores demoledores que no dejan títere con cabeza. Su mejor arma es el descaro y una propuesta directa, tal y como ellos entienden el Estado de la Nación; una nación que en este caso es la música. Voces refugiadas en la profundidad de unas tinieblas amparadas en la oscuridad de los años ochenta-noventa, porque quizá hacía ya mucho tiempo, si exceptuamos a Angelik Acid, que no escuchábamos unas canciones tan ancladas en esa nocturnidad y alevosía de la post movida, donde la sensación de pérdida era tan palpable como ahora lo es la de la derrota. Aniquilados, o no, por el paso del tiempo, nos dejamos llevar por este Presidente donde Velouria nos propone un viaje a las tinieblas de la sinrazón, en el que las entrañas se vuelcan sobre la mesa y el miedo y la pasión están a flor de piel. No hay espacios intermedios en este disco, porque todo es un torrente de ritmos arrebatados (los cinco cortes del Ep son de más de cuatro minutos cada uno), donde los desgarros nos atrapan como las sogas a los prisioneros, y no solo eso, porque también nos zarandean invitándonos a bailar el famoso baile de los malditos. 

Metrópolis es el inicio de una travesía no apta para panolis a los que les da miedo el riesgo, porque Velouria ha interpretado su nuevo trabajo como una apuesta a todo o nada: "nuestro destino es fingir, nos maquillaremos por ti", como si fuera una propuesta de falsos espejismos, como las propuestas de nuestros políticos: "nuestro destino es la destrucción ya nos aburrimos de esta función... somos sangre, somos niebla... en tu cara no hay nada... religión y moda el gran armazón"; un futuro desgraciadamente demasiado cercano. Sin embargo, un rayo de sol en forma de guitarra resplandece cuando suena Nosquiero, en un perfecto ensamblaje muy Nirvana, magnífica canción donde los ecos de ese gran rock camuflado en forma de grunge resplandece como la luz al amanecer; una gran propuesta que atrapa desde el inicio: "eres la perfecta melodía, como esa canción que no se me olvida..." Y ahí nos quedamos pegados hasta que resuenan los primeros acordes de Bloque Negro II en algo así como un combate a tumba abierta, en el que la melodía se torna post-punk, entre guitarras y teclados envueltos en una atmósfera de profundo delirio a lo The Mission: "si las distancias crecen  las mentiras vuelven, serán nuestros momento,s tildemos nuestros miedos... si no escuchas al gritar, si no nos dices la verdad, que la estrellas caigan". Un caos existencial y armónico que se enquista ya sin miedo en Fragmentos Holográficos, donde las guitarras ya comienzan a hacer piruetas sobre sus cuerdas, y la sensación que se transmite es de pura emoción desgarradora: "venga muérdeme", y cual sinfonía made in Velouria se proyecta como una gran ópera rock del estilo de las que nos brindaban los Queen, pero en formato menos lírico, pero mucho más histriónico. Una sensación de libertad que se expresa en toda su amplitud en Silencio, donde el equilibrio instrumental se refuerza en la seguridad en la búsqueda de un sonido muy distinto al de la gran mayoría de grupos españoles del momento, pues Velouria intenta afianzar su propuesta musical en raíces distintas, aunque todas procedan de la misma tierra; la música: "iremos al infierno, su presencia ya no cuenta nada... la locura agudiza es la hora, rezaremos, adiós". De adiós nada, pues tras lo escuchado podemos decir: Velouria, bienvenidos al rescate de la nación bajo consignas post-punk. 

Ángel Silvelo Gabriel. 

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