Tiempo de comunicaciones rotas

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martes, 13 de enero de 2015

NOSTALGHIA, LUZ ABISAL: EL OSCURO DESTELLO DE LOS SUEÑOS


La fractura del tiempo nos sumerge en la letanía de los olvidados como si en este mundo de alimañas en el que vivimos solo hubiese espacio para el odio. Frente a la agonía de los mediocres la única opción que nos queda es dinamitar el puente de la sinrazón. Y qué mejor forma de hacerlo que a través del oscuro destello de los sueños. Nostalghia nos nutren la mente de imágenes que nos hacen romper con la rutina del fracaso y nos incitan a rebelarnos contra la regla del todo vale. Sus resonancias musicales suenan a tiempos donde la verdad tenía un gran valor, de ahí, que en esa necesidad de refugiarse en la silente oscuridad de la noche, donde los perdidos encuentran el paraíso, ellos nos regalan las afiladas cuerdas de sus guitarras para hacernos comprender que todo no está perdido, como su música, que busca un espacio en el planeta indie a base de canciones articuladas en la pasión de los sueños: «volar, volar, soy aire...» como nos recuerda Ricardo Barbosa. Luz abisal es el segundo larga duración de este grupo afincado en Madrid que verá la luz el próximo 19 de enero y es la culminación del trabajo que ya iniciaron en 2012 con su primer disco titulado Nidos de piel.

 
La fina capa con la que Nostalghia cubre sus canciones, las hacen más brillantes y cercanas, lo que denota una gran seguridad en su trabajo. Una aseveración que se va notando a media que avanzan las canciones del disco, pues si en un principio tienen un sonido al que podríamos denominar como más vetustiano, a partir de, En el fondo solo hay ruido, asistimos a un magistral final de canción donde las guitarras se reivindican de una forma gloriosa; un gran epílogo para una poderosa canción, en la que el diálogo sonoro alcanza cotas muy altas; soberbia. Un ritmo que no se altera lo más mínimo en, Quédate con tu mansión, donde los destellos siguen siendo magníficos: «quédate en tu mansión, contigo dentro arde mejor». Dinámicas sonoras que rastrean territorios de un pop-rock intenso que dinamita las falsas intenciones. Algo que corrobora la luminosa Entre las grietas donde, una vez más, las guitarras se alzan victoriosas sobre una mágica melodía donde el medio tiempo es igual a la ausencia de una libertad no programada: «libre, libre entré en la grietas», y así hasta despertarnos de un ensimismamiento sin sentido, pues Andrés y Ricardo nos aguijonean los sentidos con su simpar destreza sobre los mástiles de sus guitarras. Unos ritmos intensos que se apaciguan con Destino, azar, una balada con una fuerte personalidad que nos incita a soñar con el infinito. Metáforas aparte, la fuerza compositiva y conceptual de Nostalghia se hace más palpable en temas como Seres invisibles, donde vuelven a esa oscuridad perenne y perpetua que nos sumerge en lo más profundo de un cielo color azabache. Un espejo negro que articula las pulsiones del desamparo en Revierto el fin: «la enfermedad prendió, en silencio estaba/ y tu voz fue el bálsamo» en una mítica consecución de objetivos musicales, pues el tobogán rítmico al que nos someten Nostalghia nos hace disfrutar de unas subidas y bajadas muy acertadas.

 
La última parte del disco, quizá, sea lo mejor del mismo. Este último tramo cargado de aciertos comienza con En la tormenta, una de las mejores muestras del buen hacer del grupo que encabeza Ricardo Barbosa como voz principal y guitarra. Tormenta de argumentos sonoros que derrotan a cualquier reticencia hacia sus propuestas musicales; un tema en el que, por cierto, brillan de una forma singular los teclados. Una buena pista que nos deja preparados para escuchar la mejor canción del disco, Si no es tarde, aquí Nostalghia logran reunir en poco más de tres minutos todos las virtudes de este Luz abisal: la conjunción perfecta de melodía, letra e instrumentos; un gran medio tiempo pleno de fantasía, pues a medida que avanza nos invita a soñar: «ya espero llegar, si hay camino siempre hay final». Vykup es la lógica de los encuentros no forzados, pues de nuevo somos testigos sonoros de una canción instrumental que se sumerge en la necesidad de buscar el sueño imposible que, por utópico, es más deseado, pero Nostalghia no quiere dejarnos mal, y por eso nos regala Y ya duermes, una especie de balada sinfónica donde los ecos de la batería nos ganan a cada golpe de baqueta, pues es el complemento perfecto de los coros que la acompañan, como si por fin, fuésemos capaces de tocar el oscuro destello de los sueños.


Ángel Silvelo Gabriel. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por desvelarnos con tus palabras el significado de ese LP de Nostalghia, grupo al que sigo desde hace tiempo.

Un abrazo.

Samuel