Tiempo de comunicaciones rotas

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jueves, 22 de enero de 2015

VICENTE PÉREZ MASEDO, ANTÁRTIDA: SUEÑOS ATRAPADOS EN EL HIELO

Un hielo que se pinta los labios de rojo. Una nieve que aparece detrás de nuestros insomnes sueños. Hielo y nieve, nieve y hielo poseídos por un final: volver para contarlo. ¿Qué hay detrás del hielo?: un viaje sin retorno. Todas son razones que no entienden de lógica o líneas rectas que no unen distancias, sino que, unas y otras, disfrazadas de metáforas, enredan, y se enredan. Sueldo bajo, frío intenso, peligro constante, honor y reconocimiento en caso de éxito… nos recuerda el anuncio publicado en la prensa británica un mes antes de la partida, y que encabeza este poema. ¡Qué más da perder la vida por una leyenda! Antártida y Shackleton, unidos para definir el frío, el hielo, la nieve; unidos también para derribar la barrera del hambre y la supervivencia. Vivir sin matar, regresar sin heridas. Auxilios del hombre que no entienden de esperanza. Focas, sangre, cicatrices que rompen la rotundidad de las líneas rectas. Y tras ellas, la esclavitud de las aguas, la profundidad de unas entrañas que buscan una piel, tu piel, para de una vez por todas desentrañar el enigma de la vida: «Lo que atrapa el hielo no lo suelta/, dijo el capitán. Somos tumbas en movimiento». Tu piel, tus muslos, tus muñecas, tu cuello, tus arterias, todo bajo la esclavitud del hielo: «Grita el viento porque no nos reconoce/ y el hielo/ se pinta de rojo/ los labios,/ y acepta la esclavitud,/ las agujas atravesando las encías/ y abre de punta a punta/ sus piernas/ y dice mi/ vientre produce todos tus peligros». Antártida reconvertida en mujer, en pasión, en sexo. No hay lágrimas en este muerte, solo necesidad de dejar de ser deseo: «y dice mis muslos producen todos tus peligros/ y dice mis ingles/ imaginan todos tus/ peligros/ y clava sus muñecas en nuestros sueños, y/ abre su cuello/ sobre/ nuestras arterias».
 

Como se nos recuerda en la presentación de este poema, premiado en el XXV Certamen de Poesía La Bufanda, el jurado del mismo tuvo a bien otorgarle el accésit de este certamen poético: «Por la justicia de unas metáforas, que ni avasallan ni desertan. Por su audacia, por tomar la aventura como proyecto, y el proyecto como aventura, por bordear al hombre frente al límite, por pisar el enigma. Por el fluir delgado, a veces leve de sus huellas y a veces como nieve en alud, impetuoso. Por ser capaz, con mano sabia, de mantener el pulso a las palabras a lo largo del largo y enhiesto poema que constituye el libro. Por anotar las alucinaciones que el frío blanco alza en los hombres que cruzan su frontera; y volver, y contarlo con ansia de poeta». En este sentido, Vicente Pérez Masedo se refugia en la cadencia de las distancias cortas y nos hipnotiza con unos versos que huyen de lo banal, para centrarse en lo trascendente, y lo hace cargado de metáforas propias, donde la aventura es riesgo y tragedia, pero también vida; una opción que se tiñe de un ritmo poético portentoso, que nos lleva y nos trae, igual que si estuviésemos en un mar de olas antes de estancarnos en la quietud del hielo. No hay sirenas en este poema, pero sí la contemplación de la erosión de un tiempo perverso que nos incita a realizar el último viaje. Allá donde no hay puertos. Allá donde no queda nada salvo nuestra dañada conciencia. ¿Qué hay detrás del hielo?
 

Ángel Silvelo Gabriel.

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