Tiempo de comunicaciones rotas

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domingo, 1 de junio de 2014

ZOÉ EN LA SALA LA RIVIERA DE MADRID (ESPAÑA): LA MAGIA DE UNAS NOTAS MUSICALES, PRODIGIOSAS E INFINITAS, QUE NOS INVITAN A SOÑAR UNA Y OTRA VEZ


 
Llegaron Zoé a España y lo volvieron a hacer. Sí, dibujaron el firmamento con sus notas llenas de estrellas para dejarnos absortos mirando a ese cielo azul teñido con sus canciones. Portentosos en la recreación de ambientes como pocos y, por mucho que sean deudores de ese sonido envolvente y oscuro de las mejores bandas anglosajonas de los años ochenta, poseedores del embrujo propio de los elegidos, pues saben engendrar como nadie ese conjunto de notas musicales, prodigiosas e infinitas, que nos invitan a soñar una y otra vez (solo hace falta escuchar esa maravilla titulada Arrullo de Estrellas). Esa capacidad de absorción sobre nuestros sentidos ya empieza en esa forma tan particular y contagiosa que León Larregui tiene a la hora de bailar y moverse sobre el escenario, al que acompaña con una voz, entre apagada y arruladora, que se funde como la mejor de las magias sobre las canciones de amor que se prolongan en nuestro subconsciente de una forma infinita (perfecto adulador de almas perdidas).
 

En un intercambio de papeles que hace unos meses llevó a Vestusta Morla a ser los teloneros de Zoé en México ahora, al darle la vuelta al mapa, les ha llevado a estos mexicanos, cargados de un gran baúl de canciones preñadas de alma, a ser los teloneros de Vetusta en España (no se me ocurre una combinación más perfecta para un concierto para el año 2014). Sea como fuere León Larregui y el resto de la banda hicieron su aparición muy pronto, quizá demasiado, sobre las tablas del escenario de La Riviera en Madrid, cuando apenas si había un cuarto del aforo de lo que horas más tarde sería un horno de pasión. Esa ausencia de botes innecesarios y comentarios insolentes, nos hicieron disfrutar de sus canciones de una forma especial, porque las distancias eran cortas y las sensaciones poderosas. Zoé tiene esa rara cualidad en la que parece que no sucede nada en el escenario, por el aplomo con el que interpretan sus temas, pero a escaso metros de donde ellos se encuentran los corazones laten a un ritmo endiablado arrullados por la voz de Larregui y la música del resto del grupo. Sí, Zoé son unos magníficos trovadores de sueños que nos hacen planear por nuestros más luminosos deseos. Poco a poco fueron sonando algunas canciones de su último álbum Prográmaton, donde nos encadilaron con temas como Cámara Lenta, en el que la intensidad de las cuerdas de la guitarra de Sergio Acosta nos hicieron recordar a los mejores The Cure, pero bautizados por una luz muy especial, casi mediterránea, procedente desde la mejor esencia mexicana, en una muestra de esa especie de psicodelia adictiva que deviene en una magistral partitura emocional, hipnótica y adictiva a partes iguales, por no hablar de Arrullo de estrellas, otro medio tiempo que nos sumerge en un letargo onírico que, como dice la letra de la canción: "nos lleva hasta el infinito". Zoé son grandes creadores de atmósferas, y esta canción es una gran muestra de ello, pues su sonido a veces se hace tan envolvente que nos transmite la sensacion de una libertad plena de sosiego, como el mejor de los láudanos.
 

De una forma inteligente, el grupo mexicano intercaló temas de Prográmaton con los grandes clásicos de la banda. Nada, fue uno de ellos que para no aburrir a sus fans con la misma versión de este tema como el resto de los clásicos que tocaron, se reinventaron en una nueva versión más electrónica, pero esta vez con una larga intro que nos recordó a la salida del sol por el horizonte cada mañana: "nada que no pueda ser", hasta que un cambio de ritmo la convierte en puro éxtasis electrónico. O Poli, ejecutada desde la melancolía de los sueños. O Soñé, interpretada de una forma aplastante en cuanto al juego de guitarras : "todo el tiempo estoy pensando en ti". Otro tema interpretado en clave electrónica con una guitara portentosa y envolvente que distorsiona a nuestros sentidos hasta llevarnos a un oasis en mitad del desierto. Extraordinaria muestra de fuerza que nos lleva hasta otro de sus grandes clásicos para terminar, No me destruyas, donde nos muestran su cara más potente, rápida y potente, a la vez que mágica, lo que nos hizo reconciliarnos con el mejor de los sueños. Zoé, ayer en la Sala La Riviera de Madrid lo hicieron de nuevo, estuvieron ¡magníficos!

 
Ángel Silvelo Gabriel.

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