Tiempo de comunicaciones rotas

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viernes, 24 de octubre de 2014

JEAN-CLAUDE LALUMIÈRE, EL FRENTE RUSO: LA FAMILIA Y LA ADMINISTRACIÓN, DOS EXTRAÑAS PAREJAS

“La historia de una vida es siempre la historia de un fracaso”. Esta dura sentencia con la que se cierra el libro, nos da el resultado final de la tesis que Jean-Claude Lalumière nos presenta, en este, su primer libro, El frente ruso. Sin embargo, no nos debemos llevar a engaño, porque esta concatenación de anécdotas y desastres existenciales y laborales que rodean a esta historia, nos presenta de una forma más que original a la familia y a la Administración como esas dos extrañas parejas que nos van a acompañar el resto de nuestros días, configurando cada una de ellas, esas dos partes de la esfera vital de cada uno de nosotros de las que, en principio, no nos podemos desprender. Por un lado, la interior, es decir, la familia, cuya membrana muchas veces queremos que sea totalmente impermeable al exterior; y por otra, el mundo laboral, en esta caso representado por la Administración, en la que desarrollamos una buena parte de nuestras habilidades sociales, si es que las tenemos. En tono de fina ironía británica o del más genuino esperpento español, asistimos entre risas y muestras de incredulidad a todas y cada una de las experiencias del protagonista de este libro de aventuras al más puro estilo quijotesco del siglo XXI. Al principio lo hacemos con asombro, pero luego nos rebozamos junto a este especie de Don Quijote en las miserias de una Administración arcaica, ilógica y empotrada en una forma de ver e interpretar el mundo cuando menos llamativa y muy alejada de la sociedad actual. Todos aquellos empleados públicos que realicen sus desempeño profesional en cualquiera de las áreas o Administraciones existentes, podrán corroborar sin mucha dificultad esa histeria intrascendental que mueve a muchos de sus superiores, e incluso compañeros que, sin ellos ser conscientes de su desenfreno esquizofrénico, dibujan un cuadro de lo público anclado en el pasado.

Jean-Claude Lalumière ha optado por contraponer la familia y la Administración como mejor forma de dar luz a un universo personal que fácilmente podemos trasponer en un ámbito más amplio y general, donde situarnos cual espectadores de todo un teatro del mundo que refleja las inquietudes, pero también las miserias del ser humano. Ese tono desenfadado que emplea el autor, nos sitúa, si cabe, de una forma más natural en el entorno que nos retrata y en esa esfera del mundo en la que ninguno de nosotros quiere admitir que se encuentra. Los ambientes viciados de la propia familia constreñida en el caso del protagonista a la mínima expresión (al ser hijo único), nos revela sin embargo esa fobia que muchas veces expresamos ante los espacios cerrados, que aquí, se transmutan en un padre y una madre tristes y opacos y sin muchas metas en la vida. Y lo hacen en contraposición a ese otro territorio más amplio que en forma de Ministerio de Asuntos Exteriores representa en un principio la necesidad del sueño a cumplir, y más tarde, la constatación del fracaso como meta a la que hemos ido a parar sin saber cómo.

El frente ruso es una suerte de novela inteligente, irónica, divertida, trepidante, reveladora… que nos traslada sin darnos cuenta hasta el final de una historia que nos habla de esa tierna concepción que, en nuestra juventud, tenemos de los ideales, los más altos ideales, cabría añadir; un espejismo que si nos somos capaces de alcanzar, se convierte en un mal sueño, si no en pesadilla, porque no hay nada más amargo que comprobar lo diferente que es el mundo a como lo habíamos imaginado.

Ángel Silvelo Gabriel

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