En Fragmentos tienen cabida la literatura, la música, el cine, el teatro, el arte y, de vez en cuando, se cuela algún microrrelato.
domingo, 4 de diciembre de 2016
MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO: ÉL NO ES BARRY WHITE
Cada mañana me levanto pensando en él.
Nadie sabe nada acerca de lo nuestro, ni siquiera mis compañeros diarios de
viaje por los vagones y pasillos del metro de Madrid. El silencio es mi mejor
aliado, justo hasta que oigo su voz. Entonces todo se transforma en algo
parecido a un poema; un papel en blanco que él escribe y que yo leo
ensimismada. Sus canciones me hacen soñar de una forma diferente, porque me
sacan del letargo en el que me encuentro. Y así me acerco hasta el lugar donde él
permanece varado. No es Barry White,
pero a mí me lo parece. Da igual que cante en a capela o acompañado por un equipo de música que vomita las
melodías que interpreta, porque cada mañana es capaz de ponerme los pelos de
punta. Entre vergonzosa y atemorizada, siempre le dejo unas monedas sobre la
vieja gorra que ha depositado en el suelo con una pegatina en la que se lee: trovadores in the tube. Nos miramos a
los ojos sólo un instante, pero justo el suficiente, para permitirme adivinar
que hay un vínculo superior al silencio que nos ampara, nos une y nos protege.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel
sábado, 3 de diciembre de 2016
TEATRO TRIBUEÑE: PROGRAMACIÓN DEL MES DE DICIEMBRE DE 2016

“Tribueñe rinde culto a la poesía y la belleza. Esto es teatro.”
Javier Villán - El Mundo
“Irina Kouberskaya, ha firmado una de las revisiones más potentes vistas por estos pagos del Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte”
El Mundo
“Hay momentos verdaderamente mágicos...Vayan a verla si aman el arte”
Blog la Conocida, María José Cortés Robles
“Un texto que ama los detalles, que ama las formas y los sentidos y que te lleva a través del viaje de la imaginación a lugares donde los deseos ocultos puede llegar a convertirse en realidad”
Estrella Savirón - A golpe de efecto
“Nada de obra menor, obra grande, dura, teatro maldito, teatro de vísceras hecho con el corazón y con mucho, mucho cariño”
Alberto Morate – Blogdeentradas.com
“Montaje imprescindible para los apasionados del teatro y, particularmente, para los lorquistas”
Azay Arte Magazine – Laura Esteban
“Alarde de Tonadilla es un gran espectáculo del teatro musical español que nos descubre la geografía musical de España”
martes, 29 de noviembre de 2016
EN EL 81 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE FERNANDO PESSOA
Mañana 30 de noviembre del año
2016 se cumplirán los primeros 81 años de la muerte del poeta portugués, Fernando
António Nogeira Pessoa, en el hospital de San Luis de los Franceses en
Lisboa. El 28 de noviembre, antes de salir de la vivienda que ocupaba en el
número 16 de la Rua Coelho da Rocha pidió que le afeitaran, tal y como recoge
el escritor italiano Antonio Tabucchi en su magnífico
relato Los tres últimos días de Fernando Pessoa:
«Antes tengo que afeitarme, dijo él, no quiero ir al hospital con esta barba,
se lo ruego, vaya a llamar al barbero, vive en la esquina, es el señor Manacés».
Sin embargo, y por si acaso, tampoco quiso descuidar su aspecto más íntimo y
poético, y mientras el taxi esperaba y el barbero le afeitaba se puso a leer
las poesías de su amigo Sá-Carneiro.
El resto fue una tenue nebulosa
provocada por una cirrosis hepática hasta que poco a poco se fue. Una nebulosa que
la sabia narrativa de Tabucchi
ficciona a modo de despedida a través de la visita que le rinden en su habitación
sus heterónimos más importantes (Bernardo Soares, Coelho Pacheco, Álvaro Campos,
Alberto Caeiro y Ricardo Reis). Todo está narrado como si fuera un sueño o un
último delirio literario del portugués más universal, en el que en apenas unas
hojas, se recorren —en una prodigiosa
elipsis— su vida, su obra y ese constante desasosiego que no le abandonó ni tan
siquiera al final, pues poco antes de morir cuentan que aún le dio tiempo a
escribir: «I know not what tomorrow will bring…», que traducido al castellano
queda como: «No sé lo que traerá el mañana…» En este sentido, como no hay mejor
manera de rendirle homenaje a un escritor como a través de su obra, aquí queda
uno de sus numerosos poemas.
EN MÍ INÚMEROS VIVEN
En mí innúmeros viven,
Si pienso o siento, ignoro
quien es quien piensa o siente.
Soy tan sólo el lugar
donde se siente o piensa
Yo tengo más de un alma.
Hay más yos que yo mismo.
Existo sin embargo
indiferente a todos.
Hágolos callar: hablo.
Los impulsos cruzados
de cuanto siento o no
disputan en quien soy.
No cuentan. Nada dictan
a quien me sé: yo escribo.
Poema En mí innúmero viven de Fernando Pessoa a través
de su heterónimo Ricardo Reis.
Traducción de Carlos Clementson.
Ángel Silvelo Gabriel
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domingo, 27 de noviembre de 2016
LA LITERATURA JUVENIL A DEBATE. Un artículo de Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz
Como se puede comprobar en los listados de libros más vendidos que aparecen en Internet, los términos de literatura infantil y juvenil están profundamente unidos en el panorama editorial español. Si a esto añadimos que muchos piensan que la literatura juvenil es un fenómeno inexistente fruto de los mercados y las editoriales, nos damos cuenta de lo difícil que es analizarla por separado.
Con la obra Matilda, de Roald Dahl pasa algo muy curioso. Es uno de los 100 mejores libros juveniles de todos los tiempos, según la revista Time y sin embargo ese libro, y en general toda la obra de Roald Dahl (con cuya mención le homenajeamos en el centenario de su nacimiento), es muy leída también por adultos. En ocasiones así, las etiquetas pueden estar de más y en literatura, como vemos en este caso, únicamente son útiles para distribuir los libros en las librerías.
Lo que no podemos negar es que la literatura juvenil está creciendo en estos últimos años: Los juegos del hambre, Hush Hush, El teorema Ktherine, Ciudades de papel, El corredor del laberinto, Las luces de septiembre, Melocotón loco, Bajo la misma estrella, Divergente, Cazadores de sombras son algunos de los libros más vendidos. Constantemente nos bombardean con abundante número de títulos y propuestas de nuevas colecciones que dan gran dinamismo a este sector. En esto tienen mucho que ver los autores porque a los consagrados a la literatura juvenil como Jordi Serra i Fabra, Alfredo Gómez Cerdá, Andreu Martín, Care Santos, Enric Lluch o Fernando Marías se han unido nuevas promesas como Felipe Juaristi, Laura Gallego, Gonzalo Moure y otros muchos más que habitualmente escriben para adultos, pero que han visto grandes posibilidades en este mercado: José María Merino, Rosa Montero, Marina Mayoral o Gustavo Martín Garzo.
Según el Ministerio de Cultura en su informe sobre la literatura infantil y juvenil del 2007 “el sector más difícil es la población juvenil, de 12 a 17 años, por sus especiales características de desarrollo y socialización y las preferencias de ocio entre los jóvenes”. Ya tenemos el baremo de edad de los consumidores de literatura juvenil. Dicho informe añade: “A los jóvenes les interesan las lecturas de entretenimiento y aventuras y aquellas cuyo contenido tienen relación con sus problemas y su psicología”. A tenor de esta afirmación, nos damos cuenta de que no podemos decir que la diferencia entre literatura juvenil y la de adultos difiera en los temas ―que al final son los mismos grandes temas de todos los tiempos: el amor, la guerra, el poder, las injusticias etc.― sino en las características de los elementos narrativos, como señala Silvia Adela Kohan en su libro “Escribir para niños”. Si hojeamos cualquier libro de los citados anteriormente, podemos comprobar que los personajes son perfilados para que se identifiquen con el público al que va dirigido; la interiorización psicológica disminuye en favor de la acción y los géneros narrativos se entrecruzan y fusionan.
¿Y los jóvenes, qué libros leen en el periodo escolar? ¿Leen los que están dirigidos a ellos y son actuales? En este periodo de la Educación Secundaria es donde los alumnos tienen el primer contacto con la asignatura de Literatura y es el momento en el que abordan a los principales autores y las obras maestras de nuestras letras. Con el tradicional corpus de obras clásicas, estamos viendo que no se consiguen los índices de lectura deseados, más bien todo lo contrario: desciende el interés por la lectura, pues enseguida el alumno asocia esas obras a una imposición del profesor. En vista de ello, sería interesante contar con esta literatura juvenil en el currículo escolar, ya que tanto por su forma como por su contenido puede llegar con mayor facilidad a este sector de la población. Pedro Cerrillo en su artículo “Educación literaria y canon escolar” afirma lo siguiente:
“Todo canon escolar de lecturas debiera estar formado por obras y autores que, con dimensión y carácter históricos, se consideran modelos por su calidad literaria y por su capacidad de supervivencia y trascendencia al tiempo en que vivieron, es decir, textos clásicos. Pero, junto a ellos, pueden incluirse en un canon otros libros, de indiscutible calidad literaria, que no hayan alcanzado esa dimensión de “clásicos” porque no ha pasado aún el tiempo necesario para que sea posible ese logro”.
Ahora viene el mayor problema: elegir los libros que formen el corpus literario escolar. Deberían tener unas determinadas características para cumplir un objetivo fundamental: facilitar el hábito lector. Para ello, competencia lectora y adecuación del léxico tendrían que ir de la mano. Habría que lograr un progresivo perfeccionamiento verbal de los alumnos para lo que se debe apostar por una gradación en la dificultad del léxico de las obras literarias elegidas y también en la complejidad temática, estilística y narrativa.
Esta literatura prepararía al alumnado para dar el paso hacia los grandes clásicos. Actuaría como una literatura de transición que, además, propondría un diálogo más o menos inteligente entre libro y lector. Para ello, habría que trabajar con actividades planteadas después de la lectura para comprobar el nivel de comprensión. Así se uniría el placer estético a la finalidad didáctica.
También debería ser una literatura basada en la experiencia, capaz de mostrarles conflictos propios de la juventud y la forma de resolverlos. Si la obra es de suficiente calidad, conseguirá que el joven y su entorno se identifiquen con los personajes literarios y así, ofrecerles una educación literaria más que una enseñanza de la literatura.
Y, por último, esta literatura tendría que huir de tabúes y moralinas. La necesidad interior del escritor por contar determinada historia y que todos los temas tratados con veracidad, rigor y calidad tuvieran su espacio sería lo que debería primar en la balanza.
Lo que está claro es que los índices de competencia lectora de los estudiantes españoles están a la baja, según se demuestra en el informe Pisa de 2012. Algo habrá que hacer si con la lectura de los clásicos, en la cual sin duda debe sustentarse la formación humanística de nuestros jóvenes, no acertamos. Ahora viene muy a cuento esa anécdota que corre por Internet sobre Borges acerca de cómo una estudiante le preguntó que qué podía hacer si Shakespeare la aburría:
“No hagas nada, simplemente no lo leas y espera un poco. Lo que pasa es que Shakespeare todavía no escribió para vos; a lo mejor dentro de cinco años lo hace.”
Por lo tanto quizás, mientras les llega la hora de tener madurez de pensamiento y capacidad de análisis para disfrutar de esas obras, sea posible dar cabida en las aulas a esa emergente literatura juvenil.
Artículo de Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz.
JAMES SALTER, TODO LO QUE HAY: EL SEXO, EL AMOR, LAS MUJERES, EL HOGAR…, Y EL PASO DEL TIEMPO
Mirar la vida a través de una ventana infinita que nos
lleve más allá de lo que vemos, y observarla como si asistiéramos a un
prodigioso travelling que sólo nos proporciona esos destellos en verdad
importantes y necesarios para seguir viviendo —pues surgen en nuestra memoria
acotados por los reflejos de la realidad—, es quizá, una de las mejores herramientas
con las que cuenta la ficción para atraparnos en los entresijos de la otra vida,
y eso es lo que hace James Salter en su última y
magnífica novela, Todo lo que hay. Un rasgo que comparte con otra obra maestra de
ese género que es narrar toda una existencia basándose sólo en lo esencial: la
novela Stoner de John Williams, con la que
además comparte que también está escrita poco antes de morir su autor. Además, Todo lo que hay, tiene la singularidad
de combinar flashes y fotografías que, en no pocas ocasiones, se confunden con
la ficción que nos proporcionan la imaginación y los sueños, para de ese modo,
asistir a una suerte de partitura de las emociones por la que deambulamos a
través de unos fuertes impulsos que nos transportan mucho más allá de lo que
vemos..., porque tenemos que admitir, que existe un territorio propio más allá
del que observamos a través de la ventana; un espacio gobernado por el
desasosiego que, como un calendario alternativo a la realidad, juega con
nuestros sentimientos igual que el aire lo hace con una cometa en lo más alto
de la colina. En este sentido, hay una última y esencial necesidad de dibujar
ese mapa íntimo de nuestras vidas cuando estamos llegando a su final, y como
las mariposas se van posando en cada flor antes de morir, los seres humanos
necesitamos extraer ese último néctar de nuestra existencia a través de los
recuerdos. Así, el sexo, el amor, las mujeres, el hogar…, y el paso del tiempo
son los verdaderos protagonistas de James Salter en su última novela, Todo
lo que hay, y nos los muestra con esa precisión de quien sabe lo que
cuenta, y lo que quizá sea más importante, de lo que quiere contar.
En una novela no demasiado extensa, el escritor
norteamericano, sin embargo, es capaz de sintetizar tres décadas de la vida de
su protagonista, el editor Philip Bowman, y de la historia de los EE.UU.,
en un ejercicio literario y metaliterario magistral, por lo que tiene de
esencial su manejo de la elipsis, pues a través de ella, proporciona a esta
historia la plenitud de las grandes gestas, ésas que perdurarán a lo largo del
tiempo, porque por sí solas, son capaces de abarcar en negro sobre blanco la esencia
de las vidas de aquellos que salen retratados en la misma. Lejos, muy lejos, de
rebuscados misterios y tramas plagadas de trampas de cara a hacer más atractivas
las historias al lector, Salter se centra en lo que en verdad
importa: características inherentes a la novela del siglo XIX y que la
convirtieron en esencial en el siglo XX. La vida aparece aquí como la verdadera
protagonista, sin otra necesidad de artilugio pseudo literario, porque quizá,
no exista un mayor misterio que aquel que abarca la vida en sí misma.
Todo
lo que hay es la metamorfosis de las
pulsiones vitales de su protagonista, Bowman,
a través de un completo calendario de las emociones que se refleja en su innata
necesidad de encontrar un hogar y una estabilidad a través del amor. Un amor
que deviene en otra fuerte pulsión en la que, se combinan y fusionan a la
perfección, las mujeres y el sexo, porque otro de los grandes aciertos de esta
novela y del estilo narrativo de Salter no es únicamente su perfecto
manejo de la elipsis, sino esa portentosa capacidad a la hora de desnudar en
palabras y reproducir en imágenes todo aquello que sólo se siente, y de esa
forma, dejarnos sin margen de maniobra. Esa capacidad de mostrarnos la vida tal
y como es, y tal y como la imaginamos, se reproduce de una forma nítida en las
escenas de sexo, pues el narrador parece dejarnos claro que esa es una de las
maneras de atrapar el alma de la otra persona. Esa búsqueda de las entrañas a
través del sexo es, sin embargo, la herramienta de la que se sirve Salter
para exponer toda una teoría de la existencia que, no se nos debería
pasar por alto, tiene un último objetivo: la persecución de la estabilidad personal
a través de un hogar físico y sentimental donde poder dar rienda suelta a la
otra vida a través del sexo, el amor, las mujeres, el hogar…, y el paso del
tiempo, en un infinito travelling, ficticio y real, que vemos a través de la
ventana por la que cada día contemplamos el mundo.
Ángel Silvelo Gabriel
martes, 22 de noviembre de 2016
ODA A JOHN KEATS: RESEÑA NÚMERO 3.000 DEL BLOG FRAGMENTOS
Esta es la
reseña número 3.000 de mi blog, Fragmentos,
desde que publiqué la primera —entre temeroso e indeciso—, un 20 de enero del
año 2009, hace poco más de 7 años y 10 meses. Se la quiero dedicar a John
Keats, mi compañero literario estos últimos 5 años, y no se me ocurre una mejor
forma de hacerlo que publicando la Oda a John Keats que, compuse y cierra, la
que hasta el momento es mi última publicación, la obra de teatro titulada:
Fanny Brawne, La Belle Dame de Hampstead. Además, quiero expresaros mi
agradecimiento a todos los que me habéis seguido desde entonces, y me habéis
hecho comprender que el esfuerzo, casi diario de publicar una reseña —más de la
mitad son de mi autoría—, es un camino que, ha merecido y merece, la pena
seguir recorriendo a vuestro lado.
I
Mírame a
través del tiempo, dulce amor,
despójate de
tus fríos sudores.
Tiembla,
sufre, ojalá tu alma solo se estremeciera por mí.
Implora un
instante a mi lado, dulce amor,
acariciemos el
rocío de la mañana hasta
yacer juntos y
exhaustos por el olor de las flores.
Toca de nuevo
tu arpa cual ruiseñor del bosque, y
enamórame como
si fuera tu bella Eurídice.
Lira sin
cuerdas, testigo de sus noches sin luna,
enséñame la
senda donde se depositaron sus tormentos…
II
Ronroneo con
fauces afiladas sobre el tiempo, dulce amor.
El destino
sucumbe tras las raíces del sauce porque,
ya nadie acude
a ti —con los pasos sincopados del AMOR—,
nadie quiere
cobijarse del sol bajo tu sombra, y solo yaces.
Yo acudo allí
cada tarde,
antes de que
anochezca, con
lágrimas
postreras hundidas entre las rendijas del bosque.
Y lloro. Lloro
bajo la sombra de tus ramas.
Lloro sabiendo
que a mí solo me cura tu mirada.
Lloro, dulce
amor, yo que solo vivo para amarte.
III
Amor, hieres
mis recuerdos mientras surges de entre las flores.
Amor, ¿dónde
están tus suaves y poderosas manos?,
coge la parte
de mi cuerpo que ya no sangra con ellas.
Disfrazado con
los colores del bosque acude a mí y,
déjame posarme
entre tus ramas y,
así, yo las
adornaré, una a una, como si fueran los pálidos versos de tus poemas.
Dulce canto el
del ruiseñor que busca la inmortalidad
en el cálido
silencio de una tarde soleada.
Cántame,
ruiseñor, con tu voz suave.
¿quieres, tú,
señor ruiseñor?
IV
Anhelo morir a
tu lado y, no volver a extrañar tu cuerpo.
Salid, sin
duelo, lágrimas corriendo…
Poséeme por
donde mi cuerpo se convierte en seda.
Quiero ser
tuya en la sinuosidad del bosque,
en un lugar
donde solo crezcan las flores
¿Recuerdas?
«¡Naturaleza
curandera, deja sangrar a mi espíritu!
¡Oh, libera a
mi corazón de la poesía y déjame descansar!»[2]
No, dulce
amor, yo te llevaré a lo más frondoso del bosque,
a un lugar
donde no necesitaremos de adormideras.
V
Cántame, dulce
amor, como si fueras el misterioso viento de la noche,
llena de
versos mis sueños y,
con ellos,
reúne a todos los dioses.
No quiero que
estés solo y,
no poder
decirte un buenas noches.
Volvamos a
buscar nuestro gozo de nuevo entre las flores.
¡Belleza dulce
y radiante, no le dejes solo! y,
concédeme el
deseo de ser suya más allá de las grietas del tiempo.
No te sientas
solo, dulce amor,
porque
volveremos a contemplar cómo crecen los manzanos.
VI
¡Versos acudid
a calmar la desazón de mi alma!
Llevadme a
donde, por fin, seré suya, solo suya…
¿Quién se
opondrá ahora a mi más profundo deseo?
¡Dejadme
disfrutar de este festín de glotonas miradas!
Salid, fuera
de mí, sombras sin escrúpulos y cargadas de desvelos.
Entre volantes
acudiré a su encuentro,
recuperando el
olor de nuestro recuerdos.
Dicha,
atavíame del aroma de la pasión,
ayúdame a
decirle cómo le quiero.
¡Dejadme…,
dejadme disfrutar de este festín de glotonas miradas!
VII
John,
depositemos nuestras promesas en el lenguaje de las flores.
Dulce amor,
enséñame el camino de tu lecho,
rompamos las
cuerdas de tu conciencia y,
naveguemos
bajo las aguas del Leteo.
Nadie vendrá a
preguntar por nosotros,
condenados por
los dioses a no dejar rastro de nuestros encuentros.
Dulce amor, el
tacto tiene memoria,
y marchará de
nuestro lado a través de las grietas del horizonte.
Pósate dentro
de mí, en el infierno de mis más íntimos deseos,
ámame tan
despacio que no me dé tiempo a olvidarlo, te deseo.
VIII
Dulce amor,
guarda en lo más hondo de ti la esencia de nuestro encuentro.
Lucha contra
los dioses para que no nos castiguen con el silencio.
Apenas nos dio
tiempo a nada,
ni tan
siquiera a descifrar el espíritu de nuestras miradas.
Resucito
contigo, amor, en los laberintos del tiempo,
en las simas
prolongadas de la nostalgia.
Miedos
alojados en el último confín de los vientos.
Luché contra
ti, dulce amor, pero aún te llevo dentro.
En el
manicomio de nuestro amor,
todavía supuro
el dolor de tus llagas.
IX
Dulce amor,
juntos pasearemos por sendas iluminadas por lunas de seda desde,
donde
remontaremos nuestro último vuelo.
¡Dime cuán
necesaria es mi presencia!
ya sin miedo a
unir nuestros deseos.
Y arribaremos
en cálidas fuentes donde calmaremos nuestros desvelos.
Sedientos
caminaremos hasta el fin y,
ya nunca
volveremos a vivir más en ayer.
Dulce amor, el
infierno de nuestros temores dejará de existir y,
volaremos,
cual ruiseñores, por cielos sin tormentas ni nubarrones,
en un edén
donde de nuevo las mariposas se posarán sobre nuestros deseos.
X
Dentro de poco
ya no volveré a preguntarme
qué hare yo
sin ti, dulce amor,
seremos la
envidia de aquellos que desprecian el amor y,
solo buscan la
falsa naturaleza de las pasiones.
Quiero que
cada noche recorra nuestros cuerpos el néctar de las flores y,
dibujes en mis
labios el rocío de los placeres.
Allá a donde
iremos ya no nos harán falta las falsas deidades, porque
tu Fanny, más
torpe que bella,
más triste que
radiante,
será toda tuya
para siempre.
Ángel Silvelo Gabriel
domingo, 20 de noviembre de 2016
LA LIBERTAD Y EL SOL.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO
El sol y sus rayos anaranjados, apenas
iluminaban los matorrales sobre los que estaba camuflado. Esperaba la señal
junto al resto de sus compañeros. No los veía, pero los sentía cerca. Oía sus entrecortadas
respiraciones e intuía sus taquicardias. Evitaba pensar, para ahuyentar el
miedo. Nadie sabía que estaban allí, solos, en medio del campo. Dispuestos a
cumplir su último desafío, sin vallas, sin normas, en plena libertad y
henchidos de gloria. Se acordó de los amigos de la peña que se negaron a
participar en su alocada aventura, y visualizó perfectamente la cara de Juan, cuando
le dijo, que para él, participar en este encierro al aire libre era como ser
libre de nuevo. Pero ahora, tumbado en el suelo, su cándida inocencia le decía
que todo era diferente. No estaba seguro del significado de esa bella palabra,
pues en la tensa espera hasta la llegada de los toros, le había surgido una
duda. ¿Qué era la libertad para él?, pero no supo encontrar una respuesta, y pensó
que la libertad en este caso, sólo era la de los animales cornúpetas, que a
buen seguro cuando los viesen surgir de la nada y correr delante de ellos como unos
auténticos autómatas cargados de adrenalina, dudarían entre envestir a unos
locos con camisa blanca y pañuelo rojo, o simplemente seguir las órdenes del
capataz y no hacerles ni caso. De todas formas, ya quedaba poco, porque un leve
temblor en el suelo le avisaba de la cercanía de los caballos y los toros. Afinó
su escucha esperando la orden para levantarse y salir corriendo. No obstante,
su mayor desconsuelo era que todavía no era consciente de lo que hacía allí, y
mirando de reojo a sus pies, vio que tenía suelto uno de los cordones de sus
zapatillas. Sin embargo, todo sucedió tan rápido, que no le dio tiempo a preocuparse
por este nuevo imprevisto, porque su amigo Julián, bajándose de su potente Land
Rover, les dijo a voz en grito que se levantaran, que todo se había suspendido.
El Alcalde se había enterado de su encierro ilegal al aire libre, y le acababa
de decir que lo había prohibido terminantemente avisando a la Guardia Civil
para que tomara cartas en el asunto. Pero a él no le importó, porque ya sabía
de antemano que la libertad tenía un precio, por eso, sin dudarlo, se levantó y
comenzó a correr como tenía previsto, mientras el resto de sus compañeros se le
quedaban mirando sin comprender todavía qué hacía.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel
miércoles, 16 de noviembre de 2016
DOS DESEOS.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO
La fría brisa que recorría el campo poco antes del
amanecer la sacó de sus ensoñaciones. Lo hizo de golpe, sin tiempo para
reponerse. La recordó que un día atesoró algo muy valioso y que incluso fue
capaz de poseer un sueño. Un sueño que la apartó de la realidad, como si ese
fuese el único camino en el que desaparecían sus iguales desigualdades. Miró a
la luna y, esta vez, vio su cara reflejada en su superficie. No le fue difícil
reconocer a una mujer que se encontraba perdida, y que quería poseer aquello
que el destino le había vaticinado que no le correspondía, como si todos sus
anhelos se redujeran a los mandamientos de una biblia cargada de deseos
incumplidos. Bajó los brazos y se refugió entre los últimos destellos de la
noche, porque en esa calima oscura, era el único lugar donde lograba huir de
sus miedos, y donde construía un mundo que no existía, y donde anhelaba una
vida que ya no viviría. Se vio a sí misma en medio de un dique seco donde sólo
existían los sueños rotos. Sin embargo, esta vez sintió algo distinto, como si
una especie de luz la empujara y la obligara a saltar una línea imaginaria.
Todavía no había tomado forma, pero lo sentía como si una incógnita la
persiguiera en el refugio infinito que rodeaba a los límites del campo. Era un
sentimiento que la removía las entrañas y al que no tenía el valor de
enfrentarse. Empezó a temblar como si un terremoto en su interior provocara que
todo se moviera a su alrededor. Y se acordó de ella. Su voluntad comenzó a
derrumbarse. En ese momento, algo se resquebrajó en su interior y, por primera
vez en mucho tiempo, supo que por fin estaba preparada para romper los
designios de su futuro. Esta vez sus manos buscaron algo en lo que poder
escribir, y por fin supieron darle utilidad a la libreta que últimamente la
acompañaba. La sacó del bolsillo trasero de su pantalón e imaginó un nuevo
poema. Cuando lo acabó, formuló dos deseos…
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel
martes, 15 de noviembre de 2016
PRESENTACIÓN EN MADRID DEL POEMARIO "EN CUARENTENA", DE SIRACUSA BRAVO GUERRERO
Siracusa Bravo Guerrero presenta su nuevo libro en Madrid, titulado: En cuarentena (Maclein y Parker)
Será en la Librería Nakama, calle Pelayo, nº 22 (metro Chueca, también Gran vía, Tribunal y Alonso Martínez).
Próximo viernes 18 de noviembre, a las 21 horas.
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Cinco años después de su última obra publicada, la autora vuelve con En cuarentena, una celebración de la vida, la poesía y el amor, temas habituales de la autora, pero tratados desde una perspectiva diferente. De esta manera, este nuevo poemario ilustrado está escrito desde el amor —inherente al dolor— , desde la esperanza, en el que se mantiene el amor en un estado de latencia, de suspensión en el tiempo y el espacio, y en el que se desgranan los momentos de creación del silencio, del vacío, que se convierte en el punto de partida de un nuevo proceso creativo. En cuarentena cuenta con las ilustraciones de Siracusa Bravo Guerrero, que señalan el recorrido preciso que traza la historia completa, y se convierte en una carta abierta —literal y figuradamente— que invita al lector a entablar un diálogo con la autora de una manera directa y personal. Para las ilustraciones, Siracusa Bravo Guerrero ha utilizado el zentangle, una técnica que usa el dibujo de patrones y líneas simples como parte de un proceso íntimo de cura y meditación, dejando que la emoción del momento se mezcle con el proceso creativo. Así, los textos y las imágenes forman un todo indisoluble. Tal como explica la propia autora, “el libro está en cuarentena porque mi proceso de escritora no ha terminado. Aún no me he desligado de los poemas. No los leo como lectora, están paralizados en el momento en el que fueron escritos, trabajados pero no superados”. Un concepto que transmite con una de las citas que abre el poemario: “Un poema no se termina, se abandona”, de Paul Valéry.
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