Tiempo de comunicaciones rotas

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martes, 18 de marzo de 2014

CARLOS LUNA Y PANORAMA DE LOS INSECTOS EN EL CAFÉ LA PALMA DE MADRID: ACARICIANDO LO IMPOSIBLE

 
Imposible es navegar por el asfalto con un barco velero sin ruedas, como imposible es pensar que algún día la música nos rescatará de la ciénaga de nuestras penas. Sin embargo, hay ocasiones en los que la luz se cuela por esa última rendija de nuestra esperanza, y aquello que creíamos que nunca viviríamos se convierte en realidad. Algo así te ocurre cuando acudes a una puesta en directo del universo de Carlos Luna y panorama de los insectos, porque para que nada sea como lo habías imaginado se parapetan con la poesía a babor y el sentimiento más profundo que nace de la última brizna del corazón a estribor. Nunca un conjunto de músicos sentados en unas viejas sillas desplegaron con tanta energía y entusiasmo las notas de unas canciones que más que melodías eran un compendio de gritos contra el ruido. Y así desplegaron sus velas estos valencianos para presentarnos sus canciones en directo. Pura mascletá  que fusiona el jazz con la música circense o las bandas sonoras de las grandes películas italianas con destellos de un flamenco barnizado de psicodelia. Porque no hay otra razón, que la intensidad de unas manos que se desplazan sobre las cuerdas de una guitarra, un bajo, el mástil de un violonchelo, las teclas de un piano o las cajas de una batería, para acariciar lo imposible. 
 

La enérgica voz de Carlos ya nos inundó nuestros sentidos en esa especie de larga intro aderezada de poemas que han llamado como al grupo, en la que los ecos de la luna se ceñían sobre nuestros oídos de una forma apocalíptica. Una rabia que no se diluía con Toda la tristeza, un tema en clave de ragtime explosivo que ya nos proporcionó las coordenadas de aquello a lo que íbamos a asistir, y que nos llevó hasta Pequeño vals vienés, que les sirve a Carlos Luna y panorama de los insectos para adaptar un texto de García Lorca en tono de cabaret: "en Viena... donde juegan tu boca y los ecos.../ toma este vals con la boca cerrada / hay frescas guirnaldas de llanto", con un estribillo muy de película de Fellini con su orgía de personajes andando por las playas desiertas o rondando las noches de las plazas desangeladas de los pueblos. Una reinterpretación de nuestro universo fílmico que nos lleva hasta Agua bailada en el agua, metáfora recogida con los acertijos de una larga intro que le sirve al grupo para demostrarnos sus habilidades musicales que van desde los sonidos que emite una máquina de escribir hasta una copa llena de agua, y que se funden con la profundidad interpretativa de un Carlos Luna entregado.
 

Todo lo posible nos proporciona otra expansiva intro hasta que llega ese profundo quejido en forma de palabra: "y la balanza se equilibra a martillazos... despierta que ya no hay soledad", donde suena muy bien el piano que baja y luego sube bajo el símbolo portentoso de la voz de Carlos Luna que deviene en puro jazz rabioso. Con Minuet Carlos no presenta al resto del grupo. Freddy Plata a la batería, Luzz Vegas al piano, Ezequiel González al chelo, Clara Carbonell al bajo y Carlos Luna a la guitarra, pero esta presentación solo es un intermedio para llegar a un eco de música porteña que se prolonga en una larga banda sonora plena de imágenes de mar y verbena. Una fiesta que se traduce en pasión rota con Miércoles, donde Clara toma el mando de la voz: "roto el corazón.. silencio me viste nuestro sin pudor/ despierto y existen las palabras/ al final, deseo... el adiós de un tren". Voz en forma de raíles sonoros que se desplazan por el universo musical de este grupo. Hasta que llegamos a La nana precedidos por una nueva intro instrumental que se prolonga bajo el brillo de la luna: "reloj de arena mojada"; profunda balada que se transmuta en puro sentimiento, como si fuera un sueño. Sueño que se abate sobre No volver: "y han vuelto a caer las flores muertas", flores muertas que se abalanzan sobre nuestros oídos como puñales que se rompen y se recomponen con suma facilidad. Lo que nos lleva a un nuevo inicio muy felliniano con Ella, que irrumpe como la versión más comercial del grupo, con una intensidad que rompe hasta las cuerdas: "recibe estas noticias detrás de tu ventana... hacerlo sin más razones..." Con Manos de mujer rota Carolo nos advierte que es el inicio de todo y como perfecto epílogo se comporta: "y yo me habré ido y las palabras no abrirán las puertas". Contundencia, ritmo, profundidad, raza, fuerza y deseo como mejor forma de acariciar lo imposible.  
 

Ángel Silvelo Gabriel. 

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