Ahora que la lucha por la libertad conlleva en muchos casos perder la vida, no resulta baladí acudir a este principio para valorar aquello que tenemos, más si cabe, cuando nuestra existencia pende de un fino hilo, por más que no seamos conscientes de ello. La rutina, la falta de nuevas expectativas, o el aburrimiento, nos sumergen en las aguas tranquilas de un aburguesamiento oscuro hasta que, de repente, la llama de la pasión se enciende y nos conduce a terrenos peligrosos sin la más mínima precaución. Ese estado de beatitud pasajera es el que juega con la parte invisible que nos trastorna y nos posee e, incluso a veces, nos alienta: la otra vida. Esa que nos anuncia que nos puede llevar a muchos destinos. De ese ímpetu inesperado que nos transforma y también nos lleva al abismo parte en esta ocasión Stefan Zweig para, una vez más, mostrarnos esa parte del alma humana que demasiadas veces olvidamos: la íntima necesidad de dar rienda suelta a nuestros sueños. Esta nouvelle escrita a principios del siglo XX es, sin duda, una nueva manifestación de que la esencia del ser humano permanece invariable a lo largo de los tiempos, porque su actualidad es tan significativa que produce miedo. Así, Miedo es una crítica a esa sociedad alejada de la realidad; una sociedad aislada en sí misma como un cofre cerrado. De ese enclaustramiento sale Irene Wagner, la protagonista de esta historia en aras de hallar el deseo fortuito que permanecía dormido tras una vida cómoda y sin deberes. Vida ociosa y burguesa llena de teatros, bailes y cafés en la ciudad de Viena. Un escenario que Zweig conoce muy bien y retrata con gran habilidad y maestría psicológica, porque lo importante en este caso no es el riesgo de saltarse las reglas que marca la sociedad para disfrutar de una aparente pero falsa libertad, sino las múltiples sensaciones y el proceso de autodestrucción que va experimentando la protagonista que va, desde el pánico a la lucidez, pasando por situaciones intermedias de desasosiego y desamparo ante la más que probable asunción de la verdad.
Stefan Zweig indaga en esta obra acerca de la expiación de la culpa y, por ello, nos plantea si es justo poner a prueba una pasión frente a la posibilidad de que esta salga a la luz a través del chantaje. Porque ese es otro de los dilemas que se nos presenta: ¿merece la pena dar rienda suelta a nuestra libertad en perjuicio de la familia? De ahí, nacen una serie de interrogantes y, sobre todo, experiencias que sacan del letargo a la dulce y bella dama protagonista de esta historia. Unos y otras la llevan a transitar por sendas desconocidas hasta ese momento en su vida. Ese camino de vuelta de una libertad, fugaz, le lleva consigo a Irene Wagner a tener que asumir un precio a pagar por sus deslices extramatrimoniales sin conocer que lo más importante no va a ser que su marido descubra la verdad y, con ello, la pérdida de su status quo, sino verse perdida en sí misma sin llegar a saber si será capaz de encontrar la valentía suficiente para afrontar su nueva realidad. Es en esta dura diatriba de falsas pasiones y nuevos dilemas a través de los que Zweig jugará con sus lectores para plantearles interrogantes no esperados y posiciones en apariencia inverosímiles que acabarán en un final sorprendente digno de un gran novelista.
Ángel Silvelo Gabriel.

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