martes, 22 de septiembre de 2026

VÍCTOR COLDEN, VENTICINCO DE HACE VEINTICINCO: MELODÍAS DE LOS DÍAS Y SUS NOCHES

 


La melancolía que envuelve a la nostalgia del pasado es una fuerza centrípeta que nos obliga a dar vueltas y vueltas sobre la incertidumbre que engendra a nuestras vidas. De esa forma nacen las melodías de los días y sus noches que, como los ecos infinitos de las canciones que una vez nos obsesionaron, nos susurran al oído aquello que fuimos y ya no volveremos a ser. Y nacen igual que cuando alguien intenta atrapar la luz, como si eso fuera posible con tan solo estirar el brazo y cerrar el puño sin darse cuenta que el paso del tiempo es un animal salvaje, a veces herido y otras inescrutable, porque su materia prima es la de los recuerdos que por mucho que los hagamos presentes nunca llegarán a ser fieles a lo que vivimos por esa intrínseca manía de nuestra memoria de ser selectiva y, sobre todo, caprichosa. Víctor Colden en este entrañable y magnífico librito titulado Veinticinco de hace veinticinco se atreve a confrontar aquel año de 1988 y sus consecuencias veinticinco años después. Y, de esa mirada hacia su pasado, surge una majestuosa narrativa del yo sin más límite que el de la propia pericia de narrar las melodías de sus días y sus noches de una forma muy literaria, porque como dice Julio Llamazares en El río del olvido: «La literatura de viajes no significa para mí más de lo que significan otras, esto es, una forma de indagar en mis ideas y un modo de contrastarlas con la realidad que vivo». Algo que el escritor madrileño lleva al terreno de sus experiencias vitales de una forma sencilla y a la vez contundente, por lo bien expuestos y narrados que están estos pequeños bocados de vida que él ha elegido para trazar un atlas vital donde cabe la literatura y su profundo conocimiento de la literatura clásica y, en particular, italiana, sin olvidarnos de los autores españoles del siglo XX que nombra, o sus menciones a Proust o Borges. Un rasgo metaliterario que ejerce de perfecto compañero de este viaje exterior e interior que es Veinticinco de hace veinticinco, en el que, además, la literatura se da la mano con la música de Los Secretos, Nacha Pop o Aztec Camera y su cantante-leyenda que ya es Roddy Frame. Músicas y músicos que son el perfecto aliado de la vida y su último anhelo: el amor, porque sin duda, de esa sinergia es desde la que se construyen las melodías de nuestros días y sus noches. 

Ángel Silvelo Gabriel.

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