viernes, 30 de octubre de 2026

SIRI HUSTVEDT, HISTORIAS DE FANTASMAS: HISTORIAS DE FANTASMAS COMO HISTORIAS DE AMOR

 



La pérdida y su espacio emocional precisan de un tiempo y unos lugares comunes en los que reconstruir los recuerdos de la persona que ya no está a nuestro lado. Por ejemplo, a Siri Hustvedt, en este diario de ausencias, la presencia de su marido, Paul Auster, encuentra su auxilio a través del olor a tabaco de sus cigarrillos que, en su momento, ascendían por las plantas de su casa de Brooklyn mientras ella estaba trabajando o regresaba de la calle. Ese espacio emocional a través del otro es el que Hustvedt intenta rellenar con anécdotas, recuerdos, cartas y, también, visitas a hospitales, medicamentos o artículos de medicina sobre el tipo de cáncer que padecía Auster. Todos ellos, son una manifestación de amor hacia el ausente, o como ella misma dice: el amor es un elemento orgánico, como lo es por ejemplo un árbol que es partido por la mitad por un rayo y una parte se queda seca y otra sigue floreciendo. Y esa es su labor en este libro, no sólo seguir viviendo y salir hacia adelante, sino también florecer la voz del otro, porque como ella misma también confiesa al final de este libro, estas historias de fantasmas funcionan como historias de amor. Un arranque que muy bien puede tener su génesis en el deseo del propio Auster de regresar como un fantasma tras su muerte; un buen indicio, sin duda, sobre la necesidad de estar o permanecer de aquellos que se van. Con un estilo narrativo fragmentario que se asemeja a los recuerdos Hustvedt construye un libro híbrido a medio camino entre el ensayo, la auto ficción, el diario o la crónica memorística. Trazando de ese modo un crucigrama temporal donde se entrecruzan el pasado y el presente: «Por extraño que sea el tiempo —o lo que sea que signifique la palabra tiempo— los recuerdos siempre ocurren en el presente.». Un presente que se pelea contra la ausencia del ser amado y reivindica esa historia de amor que fue y ahora toca vivir de otro modo y, es en este punto, donde las historias de fantasmas se transforman en historias de amor y, si no, no hace falta más que ver la fotografía elegida para ilustrar este libro en el que, entre otras cosas, nos enteramos de la utilización que hacía el propio Auster de las anécdotas de su vida para tiempo después introducirlas en sus novelas, o de la complicidad literaria y creativa de un matrimonio que vivía por y para la literatura. Cómplices antes que adversarios. Francos antes que aduladores. Navegantes de un océano de risas y contradicciones que amarraban sus anclas en la familia y sus múltiples consecuencias. 

En Historias de fantasmas también hay un generoso espacio para el arte de escribir, y todo aquello que conlleva la escritura en sí misma. «Por qué se escribe, porque tienes que hacerlo», dice Auster a través de las palabras y recuerdos de Siri. Una aseveración que ella misma amplía unas páginas más adelante: «Es una necesidad, no una elección. Este libro surge de esa necesidad; no lo he elegido». A lo que añade, parafraseando a Auster, «no es por dinero, no es por la gloria, no es por los lectores, no es por nada, excepto porque tienes que hacerlo». Una última intención que nace desde lo más profundo del ser humana; una entelequia como es el deseo de atrapar la luz, el tiempo, o ese futuro que tanto nos sorprende: «Cuando escribes, lo importante no es lo que ya sabes, sino lo que descubres que sabes al escribirlo», y de esa enseñanza nacen estas historias de fantasmas como historias de amor. 

Ángel Silvelo Gabriel.

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