miércoles, 14 de diciembre de 2011

MARVIN GREEN PUBLICA SU NUEVO LP "LOS DÍAS DE LOWERSIDE"

Marvin Green es una banda formada por Queco Kabariti, Arturo Giner, Héctor Giner, F.J. Curra y Simón Velázquez que ofrece una atractiva combinación de ingredientes musicales. La receta es sencilla, por una parte la combinación del sentimiento del soul, la frescura del funk y la fuerza del rock.

Receta en apariencia sencilla, pero no fácil. El resultado es un repertorio de temas llenos de una energía que se contagia con letras directas y melodías pegadizas, entre las que se pueden descubrir influencias de bandas contemporáneas como The Black Crowes, Kula Shaker, Jet, The Black Keys, Little Barrie o The Blue Van, pero bebiendo al mismo tiempo de los grandes referentes de los 60’s y 70’s.

En su primer lp, Los días de Lowerside, grabado a comienzos de 2011 con la mano mágica en la producción de Ramiro Nieto (The Right Ons, Jet Lag) y masterizado en los estudios Q Division de Boston (Eli ‘Paperboy’ Reed, Franz Ferdinanz, Aimee Mann,…), han sabido plasmar toda la esencia de su directo. Dentro del cóctel energético y sabroso de sus doce temas se pueden encontrar las colaboraciones de gala de The Right Ons y Martí Perarnau (Mucho, The Sunday Drivers, M-Clan).

En Los días de Lowerside, el rock toma diversas personalidades para que bajo su esencia no nos encontremos con un trabajo denso, sino por el contrario aparentemente minimalista pero complejo. La frescura e insolencia de sus sonidos nos hacen sentir que estamos ante música con alma, su descaro y atrevimiento nos presentan al rock y los ritmos que invitan a bailar y las estructuras con soul ponen la etiqueta funk a su música.

Los días de Lowerside se distribuye bajo licencia Creative Commons y está disponible en descarga gratuita en la web oficial de la banda http://www.marvingreen.com.

MARVIN GREEN en la red:

martes, 13 de diciembre de 2011

EXPOSICIÓN DE LA PINTORA IMPRESIONISTA BERTHE MORISOT EN EL MUSEO THYSSEN BORNEMISZA DE MADRID: LA PINCELADA LARGA DE LA MUJER DE NEGRO.

La pincelada larga que marcha rabiosamente adherida a una intensa paleta de colores (que contrasta con su costumbre de vestir de negro), describe como infinitos mensajes la vitalidad trepidante de sus obras, que a veces también se transforman en una sensualidad pálida e íntima que capta el recogimiento de un instante único por su capacidad para transmitirnos las sensaciones más puras de aquello que vemos. Esa necesidad de hacernos llegar a todos los recovecos de su mundo interior, consigue que sus obras sean una espléndida forma de transitar al unísono por su vida privada y su carrera artística. Y es esta circunstancia, la que de una forma inteligente ha aprovechado la comisaria de la exposición, Paloma Alarcó, para presentarnos las 40 obras que se exhiben en el Thyssen hasta el próximo 12 de febrero, lo que unido al acierto de su división en diferentes etapas que se caracterizan cada una de ellas por el valor intrínseco de mostrarlas como oposición a cuadros significativos de otros artistas de esa misma época (p. ej.: Corot y la pintura al aire libre o Manet y el retrato íntimo), hacen de esta muestra una magnífica ocasión de repasar, aunque no sea de una forma profusa, la biografía de un movimiento pictórico como el impresionismo, que a finales del siglo XIX se opuso a la pintura hasta entonces establecida.

Ese valor de ruptura con la época que le tocó vivir, hacen que Berthe Morisot se convierta en un estandarte innovador y rompedor con el mundo existente en el siglo XIX. Una mujer pintora entre hombres (Corot, Manet, Degas, Monet, Boudin, Renoir y Pissarro), que supo transmitir a su vida y a sus lienzos una fuerza, que unida a la entereza y firmeza de sus convicciones como mujer y artista, dieron como resultado una extensa obra que hoy en día sale de nuevo del injusto ostracismo al que se vio sometida en el siglo pasado, y que en marzo de 2012 de nuevo verá la luz en una magna exposición en el Museo Marmottan Monet de París. Olvidos innecesarios aparte, la exposición que estos días nos ofrece el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid, se inicia con la enigmática El espejo psiqué, donde ya podemos apreciar la intensidad de su pincelada y el mimetismo que desprende la figura de una mujer ensimismada ante el espejo, que nos transmite como nadie, la sensualidad e intimidad pigmentadas de una pureza casi nívea por el color blanco en sus diferentes matices que Morisot ha elegido como contrapunto a un suelo de tintes rojizos.

Dicen que el color negro es sinónimo de elegancia a la hora de vestir, y ese era el color preferido de la pintora impresionista Berthe Morisot a la hora de ponerse un traje, y quizá por eso, buscó en el contrapunto de los colores del impresionismo la fórmula de acercarse a ese otro universo personal, que aparte de la moda, era la pintura para ella, en la que también encontramos unas espléndidas y coloristas imágenes de parques y jardines, que son sin duda su expresión más típicamente impresionista, y que como un cliché estético que busca el clasicismo académico impregnado de una naturaleza colorista, se transforma en una sosegada observación del cuerpo femenino en La pastora tumbada, que junto a La pastora desnuda tumbada nos transmiten ese equilibrio natural de la figura de una mujer observada por la cálida mirada de otra mujer, consiguiendo que ese cuerpo se acople perfectamente con la naturaleza, como si ambas se necesitaran y se buscaran mutuamente.

No obstante, la parte más íntima de su obra es la que aborda los cuadros donde pinta a su marido Eugéne Manet o a su hija Julie, como muestras de esa simbiosis perfecta entre vida y obra, a la que sin duda también le ayudó su posición social (que supo aprovechar) y su inmediata aceptación e incorporación al movimiento impresionista, en cuyas exposiciones anuales en el Salón de París casi siempre estuvo presente, lo que la llevó a ser reconocida en vida, y a que muchos de su coetáneos suspiraran por ella, a lo que sin duda contribuyó su prolongada soltería como un símbolo más de su rebeldía ante las costumbres de los tiempos que la tocaron vivir. Enigmático y firme se alza la figura y el recuerdo de Berthe Morisot, sin duda, una adelantada a su tiempo, que ahora tenemos la oportunidad de disfrutar a través de su obra, que como un estandarte cargado de pinceladas largas definen la trayectoria de esta gran dama de la pintura a la que se conoció como la mujer de negro.
Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

sábado, 10 de diciembre de 2011

ELADIO Y LOS SERES QUERIDOS MUESTRAN SU LADO MÁS CONTUNDENTE EN EL CONCIERTO DE LA SALA LA RIVIERA DE MADRID.

El panorama musical autodenominado “independiente” está lleno de currantes de verdad, que a pesar de no copar portadas de revistas o vender cantidades indecentes de discos mantienen la ilusión por la música y su fuerza, y para ello no escatiman esfuerzos y dejan atrás trabajo y familia, sobre todo, cuando la ocasión lo merece. Ese era el caso ayer de la banda gallega capitaneada por Eladio Santos, que tuvo claro desde el primer instante su carácter de teloneros de Vetusta Morla, y por eso aprovechó su corta estancia en el escenario para hacer llegar su música a una Sala La Riviera que ya estaba casi llena cuando ellos iniciaron su actuación. El repertorio que eligieron fue contundente (aunque distorsionó un poco en los dos primeros temas), y una vez que se rompió el hielo entre grupo y público, se produjo esa química que nadie sabe muy bien de donde sale. En el día de ayer, Eladio y los Seres Queridos lo hicieron imprimiendo a sus canciones la fuerza de la ilusión, convirtiéndolas en un puro derroche de energía y power pop mezclado con teclados electrónicos, que se hizo con toda la platea de la Sala La Riviera, hasta que sonó Miss Europa y un halo de tristeza melancólica arropó a todos los presentes (es una magnífica canción), pero que el grupo de Vigo, aprovechó como contrapunto para catapultarse hacia un discurso sonoro pleno de ritmo y vitalidad, como muestra de la buena música que se hace en el noroeste español.

En la presentación de El tiempo futuro, Eladio presentó la canción como muy importante para ellos y pidió la colaboración del público con un oh, oh, oh, que se convirtió en un coro colectivo al instante. La cruz nos devolvió hacia los valores seguros de los temas pop más potentes, y con España a las ocho abordaron unos de sus hits más reconocidos; una fiesta a la que se unió Tarcio a la guitarra, y que no abandonó hasta el final del concierto. Con el corazón en la mano se mostraron arrolladores, una apoteosis final que continuaron con Nos iremos a vivir al Himalaya que fundieron con el tema Forever Young de Alphaville y que el público disfrutó y aplaudió con fuerza, dejando con un buen sabor de boca a todos los asistentes.

Eladio y los Seres Queridos cumplieron a la perfección la misión que tenían encomendada en su actuación de ayer en la Sala La Riviera de Madrid, pues su fuerza y tesón a buen seguro no pasó desapercibido para el gran número de futuros seguidores que con toda seguridad ayer se les unieron, y que hoy tendrán de nuevo la oportunidad de disfrutar con las buenas canciones de este grupo gallego denominado Eladio y los Seres Queridos.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

CONCIERTO DE VETUSTA MORLA EN LA SALA LA RIVIERA: LOS COLECCIONISTAS DE SUEÑOS SE HACEN GRANDES.

Envueltos en un manto sonoro que los funde desde la primera nota con sus fans, Vetusta Morla volvió a demostrar ayer el por qué de su infinitos seguidores. La sala estaba llena, y nada más sonar los primeros acordes de Los días raros, todo se convirtió súbitamente en un delirium tremens, en el que todos aquellos que habían venido de Murcia, Jaén, Cáceres, Ávila, Córdoba e incluso Madrid, cayeron rendidos ante lo que estaban viendo como fantasmas en la noche, y enseguida borraron de su mentes el esfuerzo que habían tenido que hacer para disfrutar de dos horas de la mejor música que se pueda disfrutar en el panorama nacional. Después de lo visto y lo vivido ayer, es fácil concluir que Vetusta Morla es el más claro ejemplo de cómo la normalidad se puede transformar en una pócima mágica que tiene como destino el éxito. Y si la Coca-Cola disfruta de la fórmula magistral de las bebidas burbujeantes, los madrileños atesoran esa otra ecuación que ahora mismo los convierte en la formación del momento y los nomina como los próximos reventadores de estadios de fútbol y palacios de los deportes del territorio patrio.

Letras enigmáticas que deambulan entre los universos kafkianos de Cenas ajenas o épicas como Boca en la Tierra, se funden a la perfección con las mentes de sus fans que las corean y cantan de principio a fin en una solución de continuidad que no deja de llamar la atención. Jóvenes entregados a una causa que viven como suya, y a la que Pucho en la voz les da mil y un argumentos, pero que enseguida se traslada a una base musical donde la percusión aplasta a todas las mentes incrédulas que todavía no hayan caído rendidas ante tan magno espectáculo, porque Vetusta Morla ayer demostró sobre el escenario que sus medios tiempos se convierten en pura dinamita en directo, con una intensidad que deviene en infinita y que mantiene alterados los corazones de sus seguidores de principio a fin.
Todo ello nos lleva a concluir que si alguien tenía alguna duda todavía de cuál era el grupo español con más futuro en el panorama musical español, que se pase por los tres conciertos que todavía le quedan al grupo madrileño en la Sala La Riviera para darse cuenta del inmenso potencial que tienen bajo sus pies Pucho y sus compañeros. Las cifras a veces que hablan por sí solas y las 30.000 copias vendidas de su último disco Mapas, o las 12.500 entradas vendidas (sold out los cinco días) en los conciertos de la Sala La Riviera son sólo dos datos de que estamos ante el nuevo estandarte del panorama musical español. Por no hablar de su reciente desembarco en México (junto a Zoé en alguno de sus conciertos), o su regreso a Houston (Texas) o de nuevo a México después de las Navidades.

Quizá una de las claves del éxito de Vetusta sea la facilidad con la que transmiten imágenes y sonidos que se convierten en sueños, en una sucesión continua e intensa de sensaciones que atrapan el subconsciente de sus seguidores, porque no en vano en su día ya los definimos como los coleccionistas de sueños, y esa es una virtud que a día de hoy es muy difícil de atesorar, inmersos como estamos en un devenir oscuro e incierto. Y como no hay mejor ejemplo para definir lo dicho que una imagen, que todos aquellos que tengan la fortuna de ir a alguno de los conciertos que todavía les quedan, que se preparen para el final apoteósico con el tema Cuadratura, pues tardarán bastante en despertar de ese onírico viaje que ayer Vetusta Morla nos regaló en la Sala La Riviera de Madrid.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

viernes, 9 de diciembre de 2011

JANE EYRE: LA INQUEBRANTABLE PUREZA DEL ALMA.

La necesidad de libertad a veces se transforma en un delirio que nos deja ciegos ante el amor y sordos ante la desdicha. Huir es la primera opción, pero la huida en sí misma no es la solución, porque algo dentro de nuestras entrañas hace que nuestra cabeza estalle una y otra vez en un grito mudo que nadie más que uno mismo puede oír. Si además ese grito que nos lanza el corazón viene expresado por la inquebrantable pureza del alma, no cabe mayor fuerza en la tierra que sea capaz de doblegar la voluntad del ser humano. Jane Eyre abandona Thornfield House abatida por la mentira y derrotada por el poder oculto de una de las figuras más míticas de la literatura de todos los tiempos, “la loca del ático”, que como un vendaval arrasa su dicha. Esta simbología empleada por primera vez por Charlotte Brontë, se va a desplazar a partir de entonces por innumerables autores, novelas y relatos de la historia de la literatura, lo que poco a poco irá acrecentando su fama de mito. Y así, la cadencia pura y romántica que envuelve a este maravilloso cuento de hadas deviene en realidad oscura, a la que su protagonista sólo es capaz de vencer a través de la virtud. Es en ese instante, cuando la mirada de Mia Wasikowska (Jane Eyre) se funde en una miel pura bajo el color avellana de sus ojos, que su tez blanca y su pelo recogido, sólo aumentan más y más hasta el infinito. Ese juego de colores limpios, se funden magistralmente con la inmensidad del paisaje. Todo es natural en Jane Eyre, sus sentimientos y el entorno que la acogen bajo la tenue luz inglesa.

Quizá una buena parte de los espectadores que van a ver el film, no sean del todo conscientes que se encuentran ante algo más que una película romántica con tintes góticos, que tanto la realización de Cary Fukunaga, como la fotografía de Adriano Goldman elevan hasta límites sublimes y conscientemente bellos y estéticos. “No me da miedo la soledad” confiesa Jane Eyre, y todo el equipo técnico de la cinta se pone al servicio de tal afirmación, donde la música sencilla y directa del piano y el violín se transforman en vehículos cargados de sonidos vírgenes que nos llevan, a través de las imágenes, por un viaje pleno de emociones, donde el amor se comporta como la mayor de las manifestaciones de la libertad y la pureza. Entrega sin límites y pasión contenida en los ojos de Jane y en las palabras de un magnífico Michael Fassbender en el papel del Sr. Rochester, que conjuga como nadie ese contrapunto de la soledad de la mujer en una época en la que estaba destinada al ostracismo. De ahí, que la importancia de este cuento de hadas no sea el envoltorio de la historia de amor en la que se nos presenta, sino que su máximo valor está en la percepción que tiene la protagonista de su propia existencia, de la pérdida y la soledad a las que debe vencer para vivir su propia vida, porque Jane Eyre es el principio de muchas cosas, que a medida que pasa el tiempo, la engrandecen cada día más. Esa soledad ante la vida a la que su autora Charlotte Brontë y sus hermanas se enfrentaron, se refleja de una forma mítica y maravillosa en los páramos que recorren las heroínas de sus novelas allá por el inicio del siglo XIX, donde la necesidad de libertad y de realización de la propia persona, las empuja a ellas y sus personajes una y otra vez contra el muro de la incomprensión y el olvido.

Uno de los grandes aciertos de Cary Fukunaga a la hora de afrontar esta nueva versión de la novela de Charlotte Brontë, es el respeto hacia el texto original, lo que deviene en una extraordinaria manifestación del romanticismo de la época, a veces gótico en el rodaje de los interiores escasamente iluminados y otras naturalista en la vasta e infinita dimensión de la campiña y los páramos ingleses, que como un océano sin dimensiones abarca los límites inabarcables de esta historia de encierro y escape que encuentra en las interpretaciones de Mia Wasikowska y Michael Fassbender dos estupendos aliados, que dan una perfecta réplica, a este drama romántico que a lo largo de la historia se ha comportado como el inicio de una senda plagada de grandes hallazgos.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

jueves, 8 de diciembre de 2011

MACBETH EN LOS TEATROS DEL CANAL: LA AMBICIÓN TEÑIDA DE NEGRO.

La ambición desmedida que se traslada a la traición como mejor soporte para llevarla a cabo, unida a la falta de escrúpulos, que no de conciencia, arremeten una y otra vez sobre la mente de Macbeth. Héroe reconvertido en villano o humano transformado en sombra (en su propia sombra), que se mira y no se reconoce. Sí, la ambición teñida de negro inunda bajo una profunda oscuridad el escenario del Teatro del Canal, que poseído de una perenne niebla, vaga como un alma en pena en busca de su descanso definitivo. Pero ¿hay descanso para un alma herida por su propia espada? Y bajo este manto autodestructivo, la presencia del verbo shakesperiano se alza una y otra vez sobre sus personajes como una luz que no se agota y que nos zarandea las conciencias. Esa violencia verbal, se incrusta como una daga en nuestros oídos, y nos deja sobrecogidos y temerosos de nuestros actos, como si los espectadores también fuéramos partícipes de esta tragedia con mayúsculas, otra de tantas a las que el ser humano sucumbe hoy sí y mañana también. Pues no cabe sino sobrecogerse ante la carga crítica sobre la que se cierne este Macbeth, porque lo hace sobre una sociedad actual herida de muerte por la flaqueza del alma del ser humano, que pobre de espíritu y valores, vaga sí, como un alma en pena arrasando los desechos de una sociedad en destrucción.

Pero ¿qué tiene este Macbeth de la Compañía UR Teatro bajo la dirección escénica de Helena Pimenta que lo hace tan distinto y único? En primer lugar, cabría apuntar que la puesta en escena es brillante, con un uso del 3D magistral, donde como un personaje más, las sombras y los personajes que nos proyectan se abaten sobre el escenario y la historia que allí se nos cuenta. No cabe mejor ejemplo para poner en las escuelas de arte escénico de cómo introducir las nuevas tecnologías al servicio del mundo del arte o el teatro, como es este caso. A lo que hay que añadir, el buen hacer sobre el escenario de José Tomé (Macbeth) pero también hay que resaltar su gran labor como escenógrafo y director de los audiovisuales. Unas sillas es todo el mobiliario utilizado para esta obra, que lejos de ser insuficiente, magnifica el poder simbólico que tiene la de Macbeth, que a modo de trono, entra, sale y yace sobre el escenario. Esa simple silla, es el trono de la desdicha, el símbolo de la sinrazón más absoluta y oscura por la que un hombre y un pueblo pierden sus vidas, ¿acaso cabe mayor poder bajo la simbología de un objeto en apariencia sencillo y sin valor?

Otro de los grandes aciertos de este rotundo Macbeth, es sin duda el vestuario de la Primera Guerra Mundial que se ha elegido para vestir a los personajes, pues se comporta como un nexo de unión más cercano y reconocible para el espectador actual, que lo traslada sin dificultad a ese mundo de las tinieblas en el que ser humano yace cada cierto tiempo. Si Macbeth es pura destrucción, el simbolismo militar bajo el que se empañan los abrigos y los cascos de los personajes, es un majestuoso icono bélico, bajo el que nos identificamos sin dificultad con la barbarie, que sólo se salva con el Coro de Voces Graves de Madrid, que se alza como el testigo y el plano moral dentro de la obra, y que bajo el soporte musical de Verdi resplandece y llena de un eco de esperanza el oscuro escenario del Teatro del Canal, que como un viaje hacia las tinieblas nos muestras las consecuencias de la destrucción del ser humano, cuando a su ambición la tiñe de negro.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.

EL NUEVO VIDEO DE COLDPLAY,CHARLIE BROWN EN DIRECTO

SECOND CELEBRA SUS PRIMEROS QUINCE AÑOS EN LA MÚSICA CON LA GRABACIÓN DE UN DISCO EN DIRECTO EN EL TEATRO CIRCO DE MURCIA.

Como decía la vieja canción quince años no son nada, o ¿quizá sí? Para salir de dudas, Second ha decidido recordarnos a todos su aventura musical en ese período de tiempo; y lo han hecho de la mejor forma posible, disfrazados bajo las notas de sus canciones, que comenzaron en un lejano 1997 bajo la batuta de Sean Frutos (vocalista) y Jorge Guirao (guitarra), a los que más tarde se unirían el resto del grupo: Nando Robles (bajista), Fran Guirao (batería) y Javi Vox (guitarra/teclados).

Desde entonces, las señas de identidad de este grupo murciano han sido siempre las mismas, porque su objetivo no ha sido otro que el de transitar por la senda de los soñadores, un lugar mágico repleto de sonidos que siempre buscan la verdad del instante de una forma sencilla, sin necesidad de despistarnos con falsos artilugios. Si todos sus seguidores corean ya sin dificultad los últimos éxitos de sus dos últimos discos, Demasiados Soñadores y Fracciones de un Segundo, no es menos cierto que adentrarse en esa otra aventura que es escuchar sus tres primeros trabajos, es hacerlo en el interior más profundo de una intrahistoria muy rica en matices, que con el paso del tiempo, se nos antojan cada vez mejores. Sólo hace falta detenerse en canciones como Watching the moon de su primer disco Private Life para darnos cuenta que nos encontramos ante cinco generosos músicos que tienen la necesidad de transmitirnos sensaciones, imágenes y sentimientos con los que alimentar a nuestro imaginario colectivo, que en un mágico viaje, se funde con una de las épocas más fructíferas de la música popular, porque por sus notas encontramos la esencia de los mejores The Smith, The Cure, y otros tantos, que hicieron de la música pop algo grande, y que en su segundo trabajo alcanza cotas altísimas en temas como Differente Levels, Living in London, Sweet Caffeine o Great Failures. Unos pasos en el mundo de la música, que les llevaron con toda justicia hasta lo más alto, con su triunfo en la Final Mundial de los GBOB Awards, que desgraciadamente se convirtió en un falso espejismo de lo que en verdad debería haber sido ese galardón.

Pero Second no desesperó, y continuó componiendo buenas canciones, que como una premonición, recogieron bajo el nombre Invisible (se escribe igual en inglés que en español, aunque no se pronuncia exactamente igual), y en ese nuevo tramo del camino, sus temas se tornan más cálidos, como su tierra mediterránea, y esta vez sí, el castellano comienza a hacer su aparición en las letras de sus canciones, aunque Invisible, Her Dairy o On an Island siguen teniendo ese duende oscuro y anglosajón que tan bien han sabido atesorar Second, como si se hubiesen postulado como los mejores guardianes de un tesoro que nunca deba desaparecer o perderse. Pero en esta ocasión, también nos encontramos con esos otros ritmos que poco a poco se van abriendo camino en su música, y canciones como Algo, Nada te dirige o Tu inocencia intacta son el anticipo de lo que será su gran irrupción en el panorama musical español con su álbum Fracciones de un Segundo y su hit Rincón Exquisito, un tema rabiosamente pop, que tiene la característica de atraparte desde la primera nota. Pero lo mejor de este disco no es sólo este tema, sino el compendio de grandes canciones que se reúnen en el mismo, como Palabras, su archiconocida Rodamos con la que acostumbran a terminar sus conciertos, y que a su vez, se funden con total naturalidad con la densidad sonora de Más Suerte, como ejemplo de esa otra forma de ver la música que tiene Second, lo que los convierte en exploradores de sonidos al alcance de muy pocos y les lleva a estar nominados como mejor grupo nuevo y mejor videoclip en los premios 40 Principales. Un disco, que entre otras muchas cosas, nos dejó el gran sabor de boca de su concierto final de gira en la Sala Joy Eslava del 22 de abril de 2010.

La carretera y la furgoneta como compañeras inseparables de su deambular por el mundo de la música, se convirtieron en protagonistas de su último trabajo Demasiado Soñadores, porque el mismo nació entre concierto y concierto, festival y festival en un proceso febril y creativo que les llevó a repetir hasta el infinito la grabación de alguna de las canciones, y que de la mano de Raúl de Lara (el conocido como sexto Second), recupera la garra de sus inicios, con sonidos más contundentes y guitarreros, como señas de identidad una vez más de la fuerza y el empuje de este grupo murciano. Demasiado soñadores atesora una selección de canciones destinadas a quedarse en lo más profundo de nuestra memoria, que se inician con una enigmática y arrebatadora N.A.D.A., pero siendo esta una gran canción, no podemos olvidarnos de esas otras que no se quedan atrás, como Muérdeme, Mañana, Autodestructivos o Psicopático… que les ha llevado a ganar el Premio Pop-Eye 2011 al Mejor Artista Nacional y al Mejor Videoclip por Muérdeme.

Todas ellas ahora se funden en un nuevo salto al vacío en forma de disco en directo (un disco que se comporta como un gesto más de esta senda de los soñadores por donde Second nos invita a transitar cada día), con el que Sean, Jorge, Nando, Fran y Javi, les quieren dar las gracias a todos sus seguidores y amantes de la buena música, porque como decía la vieja canción, quince años no son nada, o ¿quizá sí?

Ángel Silvelo Gabriel, diciembre de 2011, Madrid.

martes, 6 de diciembre de 2011

INCENDIES: UNA BIOGRAFÍA DE LA SINRAZÓN.

La firmeza de los sentimientos rotos se sobrepone a casi todo, excepto al destino. Denise Villenueve, el director y productor de Incendies, la define como un “campo de minas”, porque en esa aparente frialdad visual en la que está rodada bajo un pálido espectro cromático, los cortes en la yugular se suceden unos tras otro sin darle tiempo al espectador de filtrar tanto odio y destrucción. No hace falta más que atender a la frase inicial de la película: “la infancia es un cuchillo clavado en la garganta”, mientras suena el tema You and whose army? de Radiohead, para darnos cuenta que estamos ante una historia sin concesiones sentimentales ni comerciales. Dura, árida y difícil de ver, Incendies sin embargo tiene esa extraña cualidad de las historias que te atrapan hasta el final, pues el espectador se identifica con esa necesidad de saber el por qué de aquello que se le está contando, y eso, a pesar de la lentitud con la que está rodada.


El por qué de esta biografía de la sinrazón, comienza con un enigma que enseguida adivinamos que se ha propiciado por la ruptura del amor por causas religiosas a las que la protagonista Nawal (Lubna Azabal) tendrá que hacer frente por ese avatar endémico que enfrenta al ser humano desde el principio de los tiempos. La muerte del ser amado y la desdicha que ello conlleva, en este caso se convierte en el motor que mueve la voluntad de la protagonista, que tras dar a luz al hijo del padre muerto y ser desposeída de él, le promete ir a buscarle algún día.

Pero esa es la intrahistoria de esta biografía repleta de odio, muerte, destrucción y perdón, porque Villenueve nos la presenta a través de la mirada de los dos hijos menores de Nawal (Jeanne y Simon) que como una adivinanza macabra deben hacer frente a los designios de una madre muerta que los invita a desentrañar el verdadero significado de sus vidas. La búsqueda de un padre al que ellos daban por muerto y de un hermano del que desconocían su existencia, se convierte en una vía exploratoria que nada tiene de detectivesca, sino que más bien se nos presenta como una terapia que va del amor a la muerte para terminar en el perdón.

Otro de los grandes aciertos del film, es la presentación del mismo a través de pequeñas historias-secuencias que ensambladas magistralmente nos ayudan a componer el puzzle de esta biografía de la sinrazón, en un perfecto juego que nos muestra el presente confrontado con el pasado en unos parajes áridos e inhóspitos como la propia vida de Nawal, una víctima más de la confrontación religiosa que desangra a Oriente Medio. Esas dosis de pequeñas adivinanzas nos van dando las pistas de la intrahistoria de la historia, que a medida que avanzan nos proporcionan los datos de una gran ingravidez existencial, pues como espectadores, en algún momento necesitamos de un hálito de esperanza que sólo nos llegará al final.

Incendies es en sí misma un incendio rojo (como el cartel de la película), que se asemeja bastante a lo que algunos podemos entender que es el infierno, donde el alma nunca puede encontrar una morada donde descansar, y así es la vida de Nawal, un viaje sin descanso.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel.